Detalles de las exposiciones Aquí estamos, de Richard Avedon, Richard Billingham, Paz Errázuriz y Lilla Szász y Mar de afuera, de Manuel Vilariño (PHotoEspaña, 2012):
Animalojos:
Famojos:
Detalles de las exposiciones Aquí estamos, de Richard Avedon, Richard Billingham, Paz Errázuriz y Lilla Szász y Mar de afuera, de Manuel Vilariño (PHotoEspaña, 2012):
Animalojos:
Famojos:
Voy andando por la calle de Alcalá, después de haber tomado una horchata en Alboraya (3’20 euros el tamaño mayor), cuando a la altura del teatro Alcalá, ahora Nuevo teatro Alcalá, veo llegar un cadillac descapotable rojo de los años setenta y, al fondo, un agitado grupo de periodistas armados con potentes cámaras fotográficas. Dudo un instante si salir corriendo o acercarme. Al poco, un fuerza interior me hace sacar del bolsillo mi móvil e incorporarme al grupo de fotógrafos. Entre cada disparo que voy haciendo, me asaltan de nuevo las dudas, que agrupo aquí en un solo paquete: ¿qué hace un chico como tú en un sitio como este, me van a decir algo, tengo derecho a hacerlo, les sentará mal a los fotógrafos que también a ellos les haga fotos, se van a poner a reír los que llevan un objetivo de no menos de 8 centímetros de largo de un móvil como el mío, que más que inteligente es border line? Esas eran la dudas que me entraban, pero cada vez con menos fuerza, porque nadie parece reparar en mí ni en mi aparatejo fotográfico, quizá porque soy una figura, la del advenedizo paparazzo, no tan infrecuente. Por fin, me relajo. Ocurre cuando hasta el padre de la artista, Amador Mohedano Jurado, bien trajeado, con la melenilla sin teñir y al que, un poco apartado del grupo, se le cae la baba por su hija, me pide disculpas por haberse cruzado en la trayectoria de mis instantáneas. Entonces ya, dueño del instante, hasta me acerco a Chayo para decirle, como he visto que hace los paparazzos de verdad, mírame, ponte de este lado , que no me das la cara, Chayo de mi vida. Y ella, toda simpatía, toda promoción de su nuevo espectáculo, el Musical Habana pasión, llena de deseo de agradar, se levanta un poco la falda, pone morritos, se atusa sensualmente su hermosa cabellera o dibuja un hollywoodiano escorzo de cuello.
Mientras tanto, los verdaderos bailarines cubanos están en la puerta del teatro meneándose al son de los instrumentos de percusión con los que se acompañan. Me distraigo un instante y no puedo evitar pensar en lo curioso que resulta que no sean ellos los protagonistas de la situación. Por fortuna, me saca de mi melancolía la intervención de un jefecillo que los mete a todos para dentro a toque de corneta nada sabrosona. Pero ellos no se ofenden ni dan muestras de sentirse maltratados, sino que obedecen y, a paso de baile, van despareciendo. Vuelvo a mirar a Chayo y noto que el encanto, la fiebre de paparazzo por un día que me había entrado ha remitido. Guardo mi móvil y me retiro. A mis espaldas, oigo decir a la vedette que se quema el culete con la chapa del capó sobre el que se había sentado a instancias de otro fotógrafo, porque a mí, neófito en la actividad, no se me habría ocurrido pedirle que se sentara ahí el primer día.
¡O amador! si tu amiga quisiere que penes, pena; e si quisiere que mueras, muere; e si quisiere condenarte, vete al infierno en cuerpo y alma (Sermón, Diego de san Pedro) / libre te quiero, pero no mía, ni de dios, ni de nadie, ni tuya siquiera (A. García Calvo)
Como detalle anecdótico puedo referirle que en el momento de cortar la tarta, los circunstantes reclamaron a los novios, uniendo sus voces según se estila en tales ocasiones, que se besasen. más tarde supe que era la primera vez que Chacho y Mari Nieves juntaban los labios. A Chacho le dedicaron algunas burlas por lo rojos que se le pusieron los mofletes. De pronto se envalentonó y repitió la acción. Mi prima se sometió al rito con visible repugnancia…A Chacho un pariente suyo le cortó la corbata para vendérsela a trozos a los invitados. Otro le aplastó un trozo de tarta en la frente, ignoro si en cumplimiento de alguna tradición (Aramburu, Fernando, Años lentos, Tusquets, 2012, p., 142).Leo que causan furor entre los novios ingleses las figuras que se colocan encima de las tartas nupciales, los llamados wedding cake toppers, que hasta donde mi conocimiento previo llegaba, solían ser una pareja de poco expresivos novios que, muy elegantemente vestidos para la ocasión, en pie y cogidos de la mano, miraban al infinito porvenir con una mezcla de indiferencia y asombro. Parece ser que estos nuevos muñecos cuestan entre los 25 y los 50 euros y se suelen vender en tiendas online especializadas. Las escenas representadas no se salen de los tópicos, nuevos o casposos, novias que esperan, con el velo y el vestido nupcial aún puesto, a que el marido acabe de ver la tele, o que lo pescan con sedal y anzuelo, o que sujetan las llaves del grillete que acaban de ponerle. Y es que en la mayor parte de las escenas la mujer aparece como cazadora de maridos, eco quizá de esa figura castradora que resuena en la mitología masculina, fantasías sobre el poder femenino dentro de la pareja, que queda simbolizado en una pelirroja que, todavía con el ramo de novia en la mano, ya se ha puesto los pantalones del chaqué de su recién pescado marido. Pero, también hay algún novio que arrastra a la novia cogida de los pies o le ofrece un anillo que cuelga de una caña de pescar. Los más romanticones presentan a la pareja abrazada, pero en movimiento, no en pose fotográfica como la del nuñecotes tradicionales. Ella, por ejemplo, es representada con las piernas separadas, subida a la cintura de él, o tocándole el trasero, puestos de espaldas los dos. En fin, tópico tras tópico sacado del imaginario sobre el tópico matrimonio.
Como detalle anecdótico puedo referirle que en el momento de cortar la tarta, los circunstantes reclamaron a los novios, uniendo sus voces según se estila en tales ocasiones, que se besasen. más tarde supe que era la primera vez que Chacho y Mari Nieves juntaban los labios. A Chacho le dedicaron algunas burlas por lo rojos que se le pusieron los mofletes. De pronto se envalentonó y repitió la acción. Mi prima se sometió al rito con visible repugnancia…A Chacho un pariente suyo le cortó la corbata para vendérsela a trozos a los invitados. Otro le aplastó un trozo de tarta en la frente, ignoro si en cumplimiento de alguna tradición (Aramburu, Fernando, Años lentos, Tusquets, 2012, p., 142).Leo que causan furor entre los novios ingleses las figuras que se colocan encima de las tartas nupciales, los llamados wedding cake toppers, que hasta donde mi conocimiento previo llegaba, solían ser una pareja de poco expresivos novios que, muy elegantemente vestidos para la ocasión, en pie y cogidos de la mano, miraban al infinito porvenir con una mezcla de indiferencia y asombro. Parece ser que estos nuevos muñecos cuestan entre los 25 y los 50 euros y se suelen vender en tiendas online especializadas. Las escenas representadas no se salen de los tópicos, nuevos o casposos, novias que esperan, con el velo y el vestido nupcial aún puesto, a que el marido acabe de ver la tele, o que lo pescan con sedal y anzuelo, o que sujetan las llaves del grillete que acaban de ponerle. Y es que en la mayor parte de las escenas la mujer aparece como cazadora de maridos, eco quizá de esa figura castradora que resuena en la mitología masculina, fantasías sobre el poder femenino dentro de la pareja, que queda simbolizado en una pelirroja que, todavía con el ramo de novia en la mano, ya se ha puesto los pantalones del chaqué de su recién pescado marido. Pero, también hay algún novio que arrastra a la novia cogida de los pies o le ofrece un anillo que cuelga de una caña de pescar. Los más romanticones presentan a la pareja abrazada, pero en movimiento, no en pose fotográfica como la del nuñecotes tradicionales. Ella, por ejemplo, es representada con las piernas separadas, subida a la cintura de él, o tocándole el trasero, puestos de espaldas los dos. En fin, tópico tras tópico sacado del imaginario sobre el tópico matrimonio.