jueves, 11 de febrero de 2016

Hipótesis titiriteras. De mal en peor. Si Charlie levantara la cabeza

—Deténgase vuesa merced, señor don Quijote, y advierta que estos que derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de pasta. Mire, ¡pecador de mí!, que me destruye y echa a perder toda mi hacienda.
Mas no por esto dejaba de menudear don Quijote cuchilladas, mandobles, tajos y reveses como llovidos. Finalmente, en menos de dos credos, dio con todo el retablo en el suelo, hechas pedazos y desmenuzadas todas sus jarcias y figuras.

Mal: El fiscal no vio  la obra. El juez tampoco. Tragarse una de titiriteros entre semana es duro.

Peor: El fiscal vio la obra, pero no la entendió. El juez no vio la obra. No desconfió... si hay que ir, se va, si no, a qué.

Peor todavía: Los dos vieron la obra, pero ninguno la entendió. Demasiado subtexto y cierto tufillo antisistema bastaron. Y luego hablan de la posición de los escolares españoles en los informes PISA. Había, además, niños en juego, carne del cielo, como la llamaba V. Verdú en un ensayo. "Sería preciso escribirlo en las paredes, por obvio que ello sea, no hay una mente infantil ni una mente femenina, no hay más que una sola mente humana; la infantilidad es un invento de la misma ralea que el de la fenimidad y estrechamente coordinado a éste: los niños y las mujeres son, por antonomasia, "los que se quedan en casa" (R. S. Ferlosio, Personas y animales en una fiesta de bautizo). Si los infantes, de la mano de sus padres, cuando salen de casa se encuentran lo que se representaba en el escenario, es que los adultos no hemos sabido defender su infantilidad. Nada de sinceras explicaciones: "Las afrentas pueden ser reales, pero no debemos olvidarnos de que lo que vulneran no es nuestra esencia, sino una ficción fundacional que suscribimos con mayor o menor entusiasmo"(Coetzee). Pero el momento de hacer comedia había llegado. Era hora de expiar culpas. 

Pésima: El asunto consistió en que es más cómodo sostenella que enmendalla, aunque enmendalla hubiera sido sin duda mancha que limpia. Sostenella cinco días ha acabado con mi fe.


Ondas gravitacionales: Juez y fiscal siguen pensado lo mismo. Churras y merinas maridan requetebien. La ley les ampara.

martes, 9 de febrero de 2016

Un gorila expiatorio: Inconveniencias en tres idiomas o de cómo cuecen habas por doquier

Podría ser el himno de una concentración anti sistema, de una reunión de personas con el carácter corroído, hartas de soportar a la familia, a los transportes urbanos, al ayuntamiento, a la judicatura, a las librerías que sólo tienen novedades, a la champions. Eso es lo que simboliza el gorila que se escapa de la jaula y la monta, la fuerza del que ve la ocasión de huir y, en vez de irse a los mares del sur, desata su instinto vengador, como una ola. Hay en la anécdota del gorila una suerte de desquite, de acto salvajemente compensatorio. Este gorila es del lumpemproletariado, ese que tanto despreciaba Marx, porque lo consideraba incapaz de organizarse, ajeno a la conciencia de clase, individualista, pero apto para la violencia y el pillaje insolidario. En su individualismo justiciero, no se parece desde luego a Espartaco, germen de una lucha colectiva.

La salida de tono, como común denominador de tantas composiciones, tiene innumerables  precedentes, en particular en la poesía tardomedieval. Los tiempo de crisis exasperan el humor como pocas otras cosas. A veces, la sátira vetea obras que parecían otra cosa, como en el caso del final del Corbacho. Entresaco una cita de Las Coplas del Provincial, compuestas entre 1465 y 1474, consideradas a menudo como un poema difamatorio sobre la monarquía,  ejemplo, en cualquier caso, de cómo se las gastaban a veces:

y es pública voz y fama/ que jodes personas tres:/a tu amo y a tu ama/y a la hija del marqués/jodes al rey y a la reina,/jodes las tres Badajoces/y todo el mundo se espanta que no jodes la infanta.

Ahí va el gorila en orden cronológico inverso:



Carbonell, Krahe y Sabina:

Ojo Al Gorila (G. Brassens)

A través de las anchas rejas
 de la jaula de un bello zoo,
contemplaba un grupo de viejas,
un gorila muy juguetón.
Sin ningún pudor las comadres/señalaban cierto lugar,
que como es natural mi madre,/me ha prohibido aquí citar.
¡OJO AL GORII III III III LAA! /De repente se abrió la puerta
de la jaula del animal. /¿Cómo es posible que esté abierta?
alguien debió cerrarla mal. /El mono, al verse sin grilletes,
en vez de "VIVA LA LIBERTAD", /dijo tocándose el paquete:
"HOY PIERDO LA VIRGINIDAD". /¡OJO AL GORII III III III LAA!
El guardián con gesto afligido /pensó para sí: "¡SANTO DIOS!
es un gorila reprimido/ y la culpa la tengo yo"
Y todas las viejas curiosas, /de que al principio les hablé,
pusieron pies en polvorosa /a pesar suyo, ¡yo lo sé!. /¡OJO AL GORII III III III LAA!/ Incluso aquellas que miraban
al gorila como a un Don Juan /fingieron estar asustadas
por aquello del qué dirán. /El fornicio les daba miedo,
pero Uds. y un servidor, /sabemos que el "quiero y no puedo"
es un suplicio mucho peor /¡OJO AL GORII III III III LAA!
Todo el mundo alocadamente /huye lejos del animal.
Salvo una vieja indiferente /y un joven juez sin moral.
El mono al ver el fracaso /y que todos huyen de él,
empezó a acelerar el paso /hacia la vieja y hacia el juez
¡OJO AL GORII III III III LAA!/¡BAH!, decía la solterona: /"Como el mono me va a querer /si al menos fuese yo una mona
pero soy toda una mujer" /Y el juez pensaba insobornable:
"que el elegido sea yo, /es completamente improbable",
ya veremos luego que no. /¡OJO AL GORII III III III LAA!
Supongamos por un instante, /que igual que el mono, debe Ud.
elegir como dulce amante, /bien a una vieja, bien a un juez.
Pienso que si esta alternativa /la debiera decidir yo,
la vieja aún sin ser atractiva, /seria objeto de mi elección.
¡OJO AL GORII III III III LAA!/Pero aunque el bueno del gorila
sea Tarzán haciendo el amor /por el contrario, cuando cavila,
da más gatillazos que yo. /Con que en vez de optar por la vieja
como haríamos Ud. o yo /agarrando al juez de una oreja,
bajo un árbol se lo llevó. /¡OJO AL GORII III III III LAA!
Lo que viene después es algo /que hubiera querido contar,
pero me estimo en lo que valgo /y no quiero degenerar.
Basta decir que el juez gemía/y que luego empezó a gritar
como el hombre al que aquel mismo día, /él había mandado ahorcar.
¡OJO AL GORII III III III LAA!

Fabrizio de André:



Sulla piazza d'una città
la gente guardava con ammirazione
un gorilla portato là
dagli zingari di un baraccone
con poco senso del pudore
le comari di quel rione
contemplavano lo scimmione
non dico dove non dico come
attenti al gorilla!/d'improvviso la grossa gabbia/dove viveva l'animale/s'aprì di schianto non so perché/forse l'avevano chiusa male/la bestia uscendo fuori di là/disse: "quest'oggi me la levo"
parlava della verginità/di cui ancora viveva schiavo/attenti al gorilla!/il padrone si mise a urlare/"il mio gorilla, fate attenzione"
non ha veduto mai una scimmia/potrebbe fare confusione/tutti i presenti a questo punto/fuggirono in ogni direzione/anche le donne dimostrando/la differenza fra idea e azione/attenti al gorilla!/tutta/la gente corre di fretta/di qui e di là con grande foga
si attardano solo una vecchietta/e un giovane giudice con la toga
visto che gli altri avevan squagliato/il quadrumane accelerò/e sulla vecchia e sul magistrato/con quattro salti si portò/attenti al gorilla!
"bah, sospirò pensando la vecchia,/ch'io fossi ancora desiderata
sarebbe cosa alquanto strana/e più che altro non sperata"/"che mi si prenda per una scimmia/pensava il giudice col fiato corto,/non è possibile, questo è sicuro"/il seguito prova che aveva torto/attenti al gorilla!/se qualcuno di voi dovesse/costretto con le spalle al muro,
violare un giudice od una vecchia/della sua scelta sarei sicuro/ma si dà il caso che il gorilla/considerato un grandioso fusto/da chi l'ha provato però non brilla/né per lo spirito né per il gusto/attenti al gorilla!/infatti lui, sdegnata la vecchia/si dirige sul magistrato
lo acchiappa forte per un'orecchia/e lo trascina in mezzo ad un prato
quello che avvenne fra l'erba alta/non posso dirlo per intero/ma lo spettacolo fu avvincente/e la "suspence" ci fu davvero/attenti al gorilla!/dirò soltanto che sul più bello/dello spiacevole e cupo dramma/piangeva il giudice come un vitello/negli intervalli gridava mamma/gridava mamma come quel tale/cui il giorno prima come ad un pollo/con una sentenza un po' originale/aveva fatto tagliare il collo./attenti al gorilla!

Y el autor, G. Brassens, ya muy mayor:


C'est à travers de larges grilles,
Que les femelles du canton,
Contemplaient un puissant gorille,
Sans souci du qu'en-dira-t-on.
Avec impudeur, ces commères
Lorgnaient même un endroit précis
Que, rigoureusement ma mère
M'a défendu de nommer ici.../Gare au gorille !.../Un jour la porte de la prison bien close/Où vivait le bel animal
S'ouvre, on n'sait pourquoi. Je suppose/Qu'on avait du la fermer mal.
Le singe, en sortant de sa cage/Dit "C'est aujourd'hui que j'le /perds !"/Il parlait de son pucelage,/Vous aviez deviné, j'espère !
Gare au gorille !.../L'patron de la ménagerie/Criait, éperdu : "Nom de nom !/C'est assommant car le gorille/N'a jamais connu de guenon !"/Dès que la féminine engeance/Sut que le singe était puceau,/Au lieu de profiter de la chance,/Elle fit feu des deux fuseaux !/Gare au gorille !.../Celles là même qui, naguère,
Le couvaient d'un œil décidé,/Fuirent, prouvant qu'elles n'avaient guère/De la suite dans les idées ;/D'autant plus vaine était leur crainte,/Que le gorille est un luron/Supérieur à l'homme dans l'étreinte,/Bien des femmes vous le diront !/Gare au gorille !.../Tout le monde se précipite/Hors d'atteinte du singe en rut,/Sauf une vielle décrépite/Et un jeune juge en bois brut;
Voyant que toutes se dérobent,/Le quadrumane accéléra
Son dandinement vers les robes/De la vieille et du magistrat !
Gare au gorille !.../"Bah ! soupirait la centenaire,/Qu'on puisse encore me désirer,/Ce serait extraordinaire,/Et, pour tout dire, inespéré !" ;/Le juge pensait, impassible,/"Qu'on me prenne pour une guenon,/C'est complètement impossible..."/La suite lui prouva /que non !/Gare au gorille !.../Supposez que l'un de vous puisse être,/Comme le singe, obligé de/Violer un juge ou une ancêtre,/Lequel choisirait-il des deux ?/Qu'une alternative pareille,/Un de ces quatres jours, m'échoie,/C'est, j'en suis convaincu, la vieille/Qui sera l'objet de mon choix !
Gare au gorille !.../Mais, par malheur, si le gorille/Aux jeux de l'amour vaut son prix,/On sait qu'en revanche il ne brille/Ni par le goût, ni par l'esprit./Lors, au lieu d'opter pour la vieille,/Comme l'aurait fait n'importe qui,/Il saisit le juge à l'oreille/Et l'entraîna dans un maquis !/Gare au gorille !.../La suite serait délectable,
Malheureusement, je ne peux/Pas la dire, et c'est regrettable,
Ça nous aurait fait rire un peu ;/Car le juge, au moment suprême,
Criait : "Maman !", pleurait beaucoup,/Comme l'homme auquel, le jour même,/Il avait fait trancher le cou.

Gare au gorille!

lunes, 8 de febrero de 2016

¡Gorrión cito, qué melancolía!

(…)Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.(…)


Claudio Rodríguez, "Gorrión"





"Respecto a ella [la función apelativa del lenguaje] hay tres clases de animales: los que no se llegan a dar por aludidos a ninguna señal de voz humana -un niño recién nacido, una tortuga-; los que gregariamente acuden a llamadas específicas -los gatos ("ps-bs-bs"), las gallinas ("pita-pita")-; los que singularmente atienden por su nombre individual -un perro adulto, los bueyes de una yunta. Sólo a esta última clase es pertinente la imposición y empleo de prosopónimos o nombres de persona. En los bueyes del carro o del arado es donde más estrictamente se ejerce la función, pues hay que estar apelando de continuo ora a uno ora a otro buey, si se retrasa o si hay que dar la vuelta, y ellos han de saber a quién habla en cada caso el labrador o el carretero." (Sánchez Ferlosio, R,  "Personas y animales en una fiesta de bautizo", en Ensayos I, Altos estudios eclesiásticos, Gramática, narración, diversiones, Ed. I. Echevarría, Debate, 2015, p. 6-7)





"Son los pájaros naturalmente las más dichosas criaturas del mundo. No lo digo porque si los ves o los oyes te alegren el corazón; sino porque resultan así en sí mismos, quiero decir que sienten alegría y dicha más que ningún otro animal. Se ve al resto de los animales normalmente serio y grave; y muchos de ellos parecen hasta melancólicos..." Elogio de los pájaros, Leopardi



"Sin saberlo, los pájaros tienen una función cósmica. La naturaleza que ha sobrevivido en estos tiempos modernos los ama naturalmente; y ellos aman a la naturaleza. Aman a la naturaleza y la hacen feliz. Con los hombres tiene una relación íntima: lo que nos parece gracioso a nosotros, se lo parece también a ellos; prefieren el espacio civilizado o artificial y las plantas cuidadas y ordenadas, los ríos ceñidos por sus márgenes. Es esos parajes su voz es más dulce y amable y su canto más modulado. Rehuyen sin embargo los terrenos  cuyo suelo quedó áspero e inculto. Cantando, ríen como los hombres, que en su alma tienen un lado pajaril, aunque casi siempre emperruchado: así es como ellos representan el ideal, la utopía de los hombres... Esas voces resonantes de alegría y solemnes, esos plausos a la vida universal, esos testimonios de felicidad de las cosas que nos llegan a través del canto-risa de los pájaros, son falsos, añade Leopardi en un inciso" (Citati, Piero, Leopardi, Mondadori, 2013, p. 272)




Literatura, vida y realidad, a tope ayer en el periódico

Se llenó ayer El País de disquisiciones sobre literatura y vida, aunque era domingo y no sábado, que es el día de Babelia. Mi conclusión es que casi siempre la vida (zona privada de la realidad toda) es un asquito, lenta desilusión que se convierte en topetazos al cabo de unos cuantos años -y vuelta a empezar. Pero qué sería de la literatura si no existiera esa realidad.
En cuestión de encuentros, quizá el mejor de mi adolescencia tardía fue Clelia, aunque no olvido detalles de la princesa Micomicoma, tan clara de piel que se le veía el vino pasar  por el pomo di adamo (nuez, para los prosaicos), de forma que siempre quise besarla. Antes, había estado enamorado de la novia de A. Adamov, pero a esa casi no la recuerdo. Me queda solo su foto cubierta de tiras de celo en una carpeta. Hace no muchos también tuve un affair (amorazzo) con Natasha, aunque también me atraía la princesa María. Pienso en la dificultad de elegir, en la grandeza moral que supone y pienso en especial en Machín, que decía querer a dos mujeres a la vez.
Pienso en todo eso y me digo que si no hubiera sido porque de camino al trabajo, después de comer, en el váter, un rato al levantarme, en fin, metido en la grietas de la realidad, podía leer aquellas páginas, no habría conocido lo mejor de la vida, la literatura que habla de la vida. No hay una cosa sin la otra y viceversa.

Recojo unas cuantas citas del País de ayer:

"¿Qué le preocupa de la realidad, de lo que es verdaderamente real? Juan Marsé me ha dicho más de una vez que me acerco “cautelosamente a la realidad”. Y yo todos los días me acerco cautelosamente a su frase. La estudio, la pienso, trato de averiguar qué ha querido decir. Sólo sé por el momento que la realidad es dolorosa, no descubro nada. Pero encontramos también a la realidad en el descubrimiento de que la literatura es lo mejor de la vida. Pero lo es a condición de que la vida sea lo mejor de la literatura". (Vila-Matas)


"Diré que no poseemos más conciencia que la literatura; que su función como conciencia es la de informarnos de nuestra incapacidad de aprehender el horrendo peligro de la fuerza nuclear. La literatura ha sido la salvación de los condenados; la literatura, la literatura ha inspirado y guiado a los amantes, vencido a la desesperación, y tal vez en este caso pueda salvar al mundo". (Fresán cita a

"En el taller de escritura hablamos mucho de la conversación como materia narrativa, así que envié a toda la clase a escuchar conversaciones. Tenía gente en el tanatorio, en el metro, en el autobús, en diferentes bares y cafeterías, en el mercado, en la consulta del pediatra, en el especialista de la piel… Yo mismo formé parte de una patrulla que recogió conversaciones de museo. No dejamos sector por cubrir en la idea de disponer al menos de un diálogo por situación novelesca. Estuvimos dos semanas transcribiendo las conversaciones grabadas y analizándolas sin hallar nada de interés en ninguna. Resultó que en los tanatorios se hablaba como en los tanatorios, en los autobuses como en los autobuses, en los bares y cafeterías como en los bares y cafeterías, etcétera". (J.J. Millás)


"Pero veo de un tirón los 10 capítulos de la primera temporada de la danesaBorgen y flipo. Con su argumento, su credibilidad, su ritmo, sus actores. Es muy buena. Y me habla modélicamente de una realidad fatigosa que vive nuestro enfangado país. Después de las elecciones no hay forma de que los partidos lleguen a un acuerdo para gobernar el país. Y comienza el yo te doy si tú me das, el transfuguismo, las alianzas que parecían imposibles, los chantajes entre colegas. Da igual su ideología. Se trata de pillar poder. ¿Les suena esta turbia movida?" (Boyero)

domingo, 7 de febrero de 2016

Carnaval (II). Reedición enmascarada de entradas: Las fotos de Charles Fréger

Llega el carnaval y da gusto ponerse máscaras, no como el resto del año, cuando el disfraz diario es tan pesado. Las verdaderas máscaras son las que llevamos en el trabajo, en el autobús de vuelta a casa, en el ascensor, hasta en casa, por momentos. Máscara con los vecinos, máscara de blog, máscara de facebook, máscara indignada, máscara sobre máscara, capa sobre capa, la máscara que sea con tal de no quedarte en cueros, pues cuero es lo que separa nuestro cuerpo, cadáver ambulante (denominación inventada por Quevedo para un síndrome que llegaría siglos después), del aire y no somos solo, shape without form, shade without colour, como decía otro poeta. Hasta que por fin llegan las tardes de carnaval y puedes quitarte por fin toda la cosmética para ponerte una máscara de mentira  salir a vacilar.

El fotógrafo francés Charles Fréger fotografió a setenta hombres salvajes (Wilder Mann, fruto del cruce, según algunas tradiciones legendarias, de oso y mujer) ligados a ritos carnavalescos de distintos países europeos, entre ellos Austria, Bulgaria, Croacia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Macedonia, Polonia, Portugal, República Checa, Rumanía, Escocia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suiza, Hungría, Inglaterra e Irlanda. Las fotos han sido expuestas y también publicadas en un libro. 
He aquí alguno de estos multiformes hombre salvajes, multicolores, hechos con diversos materiales, casi todos ellos unidos por la hermandad del palo, porra o estaca, y a menudo dotados de instrumentos que hacen ruido. Solo quien ha hablado con ellos sabe qué lenguas hermosas hablan, si es que hablan y no solo gruñen. Yo solo los he visto en foto y en algún sueño, pero seguramente viene a arrancarnos las máscaras.



Wilder, Tefs, Austria

Sonaggiaos, Ortueri, Cerdeña, Italia

Laufr, (el Saltador), Trebic, República Checa

Mascarita, Alsasua, País Vasco, España

Hueso, Zarramacadas de Mecerreyes, España


Trapajón, Silió, España


Schnappviecher, Tramin, Italia

Tschaggatta del Loeschental, Suiza

Luzifer und kleine Teufel e Schab, Tauplitz, Austria


Nevesta, Begnishte, Macedonia


Dziady Smigustne, Dobra, Polonia


Careto, Vila Boa de Ousilhao, Portugal


Juantramposos, España

Certi, República Checa

Strohmann, Alemania

Carnaval (I)




et l'un de vous tous pour l'ingénuité (esforzada traducción de  A. y Amelia Gamoneda)


Mallarmé, L'après-midi d'un faune.

sábado, 6 de febrero de 2016

Totó y Kafka (II)

Cuando veo algunas escenas de Totó no puedo evitar pensar en Kafka, en su lado cómico. Lo decía Brod en su libro sobre su amigo, cuando Franz les leía algunas de sus historias se partían de risa.
Totó es lo mismo, pero visto desde la otra perspectiva. Si en Kafka lo evidente es el peso dramático y lo cómico acecha, en Totó lo evidente es lo humorístico, pero a la vuelta de la esquina, cuando menos te lo espera entra en la zona de sombra trascendente. El humor profundo no consiste en otra cosa que en reírse de la condición humana, escatológica, término que como es sabido hace referencia tanto a lo más vulgar como a lo más elevado.



Totó contra Kafka

viernes, 5 de febrero de 2016

Las penas del joven Adam. galeotto fu Yeats. La ley del menor, última novela de McEwan

Leo La ley del menor (McEwan, Ian, Anagrama, 2015, trad. J. Zulaika) de tres sentadas y unas cuantas idas y vueltas en autobús de casa al trabajo. Tengo la sensación de que la traducción es insuficiente, pero una lectura así no me permite afirmarlo con rotundidad, como tampoco me permite profundizar en algunos detalles, los poemas que aparecen, las piezas musicales que se interpretan, el lío que empiezo a hacerme entre el domicilio y el club de juristas al que pertenece Fiona, la protagonista, una juez de menores en crisis conyugal tras muchos años de calma chicha, tantos como para haber llegado al borde de los sesenta sin haber cometido ninguna infidelidad. Tampoco su marido, profesor de latín en la universidad, parece haberse dejado llevar por devaneos. Pero en él la crisis de la edad unida a la calma chicha de su matrimonio, asexuado en los últimos tiempos, ha despertado la urgencia vital típica de quien está ya en primera fila frente a la de la guadaña. Que no les quedan muchos años buenos por delante y deben elegir entre una reconciliación plena y una separación definitiva, es algo que él recordará a su mujer cuando, por un lado, empiece a enquistarse en ella el rencor por lo ocurrido, y, por otro, superado el cabo de hornos de la crisis, la vida en común propicie de nuevo la intimidad. Lo ocurrido es que el marido ha tenido un despertar del apetito amoroso y el pobre ha pretendido saciarlo con una estadística (femenino de estadístico) más joven que él, sin por ello abandonar a su mujer.
Pero toda esa trama, cuya descripción podría haber consumido páginas y páginas, es resuelta enseguida, con mano maestra, dejando preparado el camino a la anécdota central.

Recuerdo un personaje presente en algunas películas de Pasolini, en particular en Teorema. Se trata de una especie de joven misterioso, puro e inocente y al tiempo atrevido, que se inmiscuye en la rutina de una rica familia burguesa, un ambiente en el que para el Pasolini de 1968, año de la película, se solazaban todos los males del alienante desarrollo capitalista. Todos los miembros de la familia se verán afectados por el paso del enigmático joven y gracias a él descubrirán una nueva vida, condenable desde el punto de vista de la moral dominante, pero mancha que limpia, vista desde el otro lado. La madre acabará en la cama con más de un joven, la hija, catatónica, el hijo pintor, y el padre regalando la fábrica de su propiedad a los trabajadores, antes de despojarse de sus vestidos y adentrarse en el desierto. la criada, por último, levita santificada por el joven ángel terrible.

En cuarenta años, la opción radical ha quedado reservada a personajes como el arrepentido pepero Marcos Benavent, neo hippie de diseño, tal vez sincero en su arrepentimiento y nueva vida, pero incapaz de renunciar a las marcas. Casi nadie se cae del caballo y se replantea su existencia, pocos son los que viven experiencias transpersonales decisivas, trascendentes. En consonancia con lo anterior, también el joven ángel terrible de Pasolini, actualizado a fecha de hoy, debía tener otra faz. La que le ha puesto McEwan no deja de ser irónicamente profunda, pues se trata de un joven testigo de Jehová, menor de edad por pocos meses, que se niega a recibir una transfusión de sangre en la que le va la vida. Fiona, que debe autorizar a que el hospital proceda a llevarla a cabo,  es profunda, sensata, madre sin hijos, pues ha sacrificado a la carrera esa querencia, elegante, culta, dotada para la música, pero es una mujer que en su vida apenas ha cometido locuras, apenas ha puesto en riesgo su bienestar. Sus únicas experiencias en el lado oscuro, consistieron en meras breves anécdotas juveniles en la penumbra, un fugaz noviazgo con un roquero y los gritos que pegaba al principio cuando hacía el amor con Jack, su futuro marido.

Pero lo cierto es que el caso del joven testigo de Jehová da la oportunidad a la juez de volver a vivir a sentir algo más que la comprometida rutina de su complicada profesión en la que a menudo está en juego la suerte de los momeros. Antes de decidir, Fiona adopta la insólita decisión de visitar  al joven hospitalizado. Durante la entrevista, los dos interpretan juntos una pieza musical en la que ella canta y él toca torpemente el violín, como los protagonistas de una antigua novela romántica. Los versos entonados (...In a field by the river my love and I did stand/ And on my leaning shoulder she laid her snow-white hand./ She bid me take life easy, as the grass grows on the weirs./ But I was young and foolish, and now am full of tears. Texto y traducción) se convierten en la columna sonora de su relación. El joven, sensible, inteligente, perseverante, atrevido,  hermoso como un personaje cernudiano, no deja de llamar la atención de Fiona, que mantiene con él una relación epistolar unidireccional y un fugaz e inolvidable brevísimo nuevo encuentro en el que se produce un "dulcísimo beso", apenas un roce. Adam le propondrá una especie de paideia heterosexual, le pedirá que sea su guía en el mundo laico de las ideas, querrá vivir a su servicio, en el mismo techo que  ella y su marido,  para aprender a vivir, acabr de descubrir lo que solo empieza a vislumbrar... Todo acaba de esas maneras:  la juez volverá a su vida cotidiana, a su bien ganada y remunerada zona de confort, al lecho conyugal compartido con su esposo, pero por un momento se habrá acercado a la verdad, habrá vuelto a vivir sin tantas protecciones, sin la armadura que le supone llevar una toga, la misma que le permite tutelar a los menores. En cuanto a Adam, mejor es callar.

martes, 2 de febrero de 2016

Bajo la lluvia. A los veinte años de la muerte de G. Kelly

"...los usos culturales imperantes imitan el sistema de valores de la publicidad, para la cual un Nombre es siempre un Nombre, como para los anunciantes de champaña catalán Gene Kelly, aunque salga embalsamado en salmuera de polvos de talco a dar dos o tres pasos de baile semiparalítico (...), será siempre incondicionalmente Geneee... ¡¡¡Kelly!!!, del que se sabe que no cobra precisamente cuatro reales por decir "kahrtah nevadahdah". (R. Sánchez Ferlosio)


Chapotear, jugar con el agua casa bien con la alegría, te devuelve a un estado en el que te confundías con lo que te rodeaba, como un niño en una inmensa playa, junto a un pequeño charco en el que concentra toda su atención. En la escena de Cantando bajo la lluvia, el mundo adulto está presente a través del sombrero, el traje, el ambiente urbano, pero lo desmiente la ligereza de los pies del bailarín, su desprecio del paraguas.

Mas la lluvia casa bien con la tristeza. Las gotas que te mojan el pelo, que llegan a los labios, son como un inmenso llanto del que te conviertes en un desheredado interprete. Tuve una amiga que en cuanto empezaba a jarrear salía a la calle a pecho descubierto a andar, a pasear su desvelo, a dejar que se emparara su tristeza.

Por mi parte, no soporto los paraguas, los pierdo y ni siquiera recuerdo haberlos perdido, me molestan colgados del brazo, con esos mangos  tan retóricos, tan rebuscados, tan pretenciosos. Y, además, son siempre pequeños, ni siquiera las sombrillas de los entrenadores ingleses de fútbol te cubren del todo, te aíslan de la humedad. Y si es así, mejor mojarse de verdad, sentir el efecto del agua, cómo te despeina, cómo pone en evidencia la edad, cómo, a partir de un momento dado, en lugar de gracioso o majico, pasas a ser patético y sientes que ni derecho tienes a estar triste bajo la lluvia.

domingo, 31 de enero de 2016

Leer a Cervantes, sentir como está escrito.

Leslau


- Nunca he vivido de ilusiones. Soy filólogo (Aub, Max, Campo Francés)

Según se van acercando las inciertas celebraciones del IV centenario de la muerte de Cervantes, arrecian las declaraciones de todo tipo al respecto. Las diversas instituciones encargadas no parecen ponerse de acuerdo sobre los contenidos y detalles de los futuros acontecimientos. Por otro lado, los especialistas van desgranando opiniones de las que deberían desprenderse las líneas maestras de los fastos. Hace poco menos de una semana, F. Rico subrayaba la doble vertiente de la principal obra cervantina, por un lado, un texto cuya mejor vía de acercamiento es la lectura, y, por otro,  un mito, una construcción ideológica que puede servir para un roto como para un descosido:

"Conviene aquí tener presente que el Quijote es un texto y es un mito, independiente del texto, no sujeto a él, y que hoy resulta casi imposible abordarlo sin falsillas previas. Las más pertinaces las fijó el romanticismo alemán: el tema de la obra, definía Schelling, es “la lucha de lo real con lo ideal”. ¿Por qué no? A mí me gusta lucubrar que El Quijote ilustra en grado soberano un aspecto esencial de la condición humana: vivir contándonos a todo propósito historias sobre nosotros mismos que se enfrentan con las limitaciones y condicionamientos de las circunstancias. Refútelo quien quiera. Porque, como fuere, la invitación a ir más allá de la letra, y aun a postergarla, forma parte de la grandeza y la vigencia del Quijote" (F. Rico).



Restos de una de las manifestaciones más extremas del trato que ha sufrido la figura del Quijote acabo de encontrarlo en Tumulto (Malpaso, Barcelona, 2016. Trad. Richard Gross) la entretenida obra de H. M. Enzensberger, no del todo bien traducida, un autorretrato en el que el polígrafo alemán pone en cuestión tanto como ensalza su propio diletantismo: 

"Sólo por Castro no sentiste excesivo entusiasmo.

La comparación con Don Quijote que se oye con cierta frecuencia se la tiene que atribuir (sic)  [¿hay que atribuírsela?] a sí mismo. "La Revolución ha mostrado que en Cuba hay más quijotes que sanchos", dijo en 1966. La novela de Cervantes fue una de las primeras publicaciones que mandó imprimir, un total de 150.000 ejemplares. Todos debían leerla. de su identificación con el protagonistas también da fe la estatua que hizo erigir en el jardín de la Unión de Escritores. representa al manchego como luchador antiimperialista". (p. 156)

Ahí queda, refútelo quien quiera, que decía Rico.


Lo cierto es que sería de desear que la conmemoración venidera propiciara la (re)edición de estudios sobre Cervantes. Sobre Shakespeare, por lo pronto, Debolsillo ha aprovechado para traducir la obra de Stephen Greenblatt,  El espejo de un hombre, publicada en inglés hace diez años.



Pablo L. Rodríguez, crítico musical del País contaba el sábado pasado una sabrosa anécdota en su reseña del último concierto de M. Pollini en Madrid. Preguntado el pianista Artur Schnabel sobre la tendencia a la que pertenecía, "a los que tocan como está escrito o a los que lo hacen como sienten", contestó: "¿no puedo pertenecer a los que sienten como está escrito?" (My life and music, 1961). Quizá sea esa una buena formulación del deber de la crítica literaria, hasta de la filología de autor, no renunciar al zeigeist en el que uno está inmerso, conocerlo, pero al tiempo no prevaricar retroactivamente, mostrar el debido respeto por los textos, por su contextualización histórica, por las determinaciones en medio de las que nacen. Quizá sea eso lo más difícil, no desaprovechar los conocimientos actuales para descubrir las diferencias y las líneas de continidad entre pasado y presente. Hablando de su formación, de sus maestros Jordi Llovet escribía hace unos años: "El discípulo polaco [Květolslav Chvatík] de Ingarden hizo que yo entendiera que la obra literaria posee una relativa autonomía con respecto a las determinaciones que llamamos históricas -el hecho es que la propia literatura siembra hitos históricos en el panorama de toda civilización, quizá con menos ruido que las batallas o las guerras, pero con una eficacia y un carácter perdurables-; el otro, un discípulo checo de Lukács y de la teoría marxista del arte, me hizo entender que las relaciones entre lo que llamamos Historia y las obras de arte de cualquier tiempo es una relación dialéctica: tesis, esta, que los mismos Marx y Engels terminaron por aceptar a las vista de las magníficas producciones del genio de los hombres en tiempo de miseria o tribulación" (Llovet, Jordi, Adiós a la universidad. El eclipse de las humanidades, Galaxia Gutemberg, 2011, p. 75. Trad. Albert Fuentes, ). Quizá, el reto de la crítica literaria y/o de la filología resida en ahondar en esa aparente contrariedad, la zona de fricción entre las determinaciones históricas de todo tipo y la transcendencia del hecho artístico, la perdurabilidad de obras como el Quijote, hijas de su tiempo, pero a la vez vivas en el nuestro.
Bien podría el IV centenario de la muerte de Cervantes para que las autoridades, en lugar de utilizarlo de mala maneara como producto cultural, esa cosa a medio camino entre el comercio y la política, incentivaran la producción de estudios de todo tipo sobre el autor y su obra, de divulgación, sin duda, pero también de auténtica investigación puntera.
Jordi Llovet, en el mismo libro, en un momento dado, clamaba al cielo por la cantidad actual de tesis "absurdas que descansan en los anaqueles de los decanatos de las facultades de Letras" (p. 167). Se esté de acuerdo con la inutilidad de la larga lista de extravagantes títulos que proporciona Llovet, difícilmente se podrá estar en desacuerdo con la rareza de las tesis sobre los grandes temas presentes en los grandes autores: "Ni una tesis sobre Cervantes, ni una sobre Goethe, ni una sobre Shakespeare" (p. 168). Sí, ya sé que es mucho más difícil escribir sobre ellos que hacerlo sobre tantas otras cosas, pero también es verdad que los libros capitales de las distintas tradiciones filológicas tratan de los grandes pesos de la tradición literaria y que escribirlos no debió ser nada fácil en su momento. El IV centenario debería servir (¿debería haber servido?) para acercar la figura de Cervantes a la actualidad en distintos niveles, debería ayudar (¿haber ayudado?) a renovar la tradición de la filología española, mucho más que a agrandar el mito. No vaya a ocurrir  con quienes desde el poder gestionan la cultura  como con ese personaje  que se ufanaba de no saber leer:

Leer no sé, mas sé otras cosas tales/que llevan al leer ventajas muchas/(...)Sé de memoria/todas cuatro oraciones y las rezo/cada semana cuatro y cinco veces/(...)Con esto y con ser yo cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano.

miércoles, 27 de enero de 2016

Sorrentino, la vida iba en serio, entre Las consecuencias del amor y la Grande bellezza. No pienso ir a ver Youth - Giovinezza


Se proyecta Youth - La giovinezza, la última película de
Sorrentino, por cierto ya en dvd a través de tiendas on line, a poco más del
precio de una entrada y media al cine, por lo menos aquí, en Zaragoza.



Entre Las consecuencias del amor (2004) (película entera en youtube)
y la Grande bellezza (2013), dos de las películas de Sorrentino, con T.
Servillo, el mismo actor protagonista, que tratan en buena parte del mismo
tema, la vida, "noiosa e ripetitiva", a partir de los cincuenta,
media una estética más efectista (qué querencia por los golpes de efecto, por
una música que subraya lo que debería dejar en silencio, al alcance de los
paladares afines) y seguramente mucho más dinero en la producción. Lo cierto es
que, a parte de eso, entre la brillante nada en la que hoza el protagonista
("il vortice della mondanità") de La grande bellezza, con un runrún
de fondo, que no es otra cosa que el tictac del reloj de la vida, y la condena
al exilio suizo del protagonista de Las consecuencias... ("io non sono un
uomo frivolo, l'unica cosa frivola che possiedo è il mio nome, Titta di
Girolamo") la distancia es más bien corta. Existencialismo de Antonioni,  irónica ensoñación felliniana,  pinceladas de humor y guiños por doquier, puro eclecticismo, el puente entre la Roma del escritor malogrado y el Cantón Ticino, Tesino, del educado colaborador de la mafia pasa por el verso de G. de Biedma, según el cual
la vida iba en serio, algo que, salvo raras excepciones, solo se entiende a partir de los cincuenta, y a menudo ni así.






Por todo ello, no pienso en ir a ver Youth- La giovinezza.

lunes, 25 de enero de 2016

El frío que ya no hace, que nunca volverá a hacer

París, Plaza de la Concordia(Fuente de la imagen) 

El aumento de la temperatura convirtió los sabañones patrios en un motivo costumbrista.  J. J. Millás en El mundo (Planeta, 2007), una autobiografía novelada  -la parte dedicada a su infancia es estupenda. El resto, no tanto-, escribe: "En el principio fue el frío. El que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida. Porque el frío de la infancia no se va nunca". Y se lanza a continuación a una perequiana serie de recuerdo. He aquí un botón: "Recuerdo los sabañones, Dios Santo, que se ponían a picar en medio de la clase de francés o de matemáticas, y recuerdo que si caías en la tentación de rascártelos sentías un alivio inmediato, pero en seguida respondían al estímulo multiplicando la sensación de prurito". 

                            El Sena helado a primeros de enero de 1880 (Fuente de la imagen) 

A mediados del largo noviembre en Madrid, en Zaragoza y hasta en Oviedo, te encuentras a gente en manga corta, a veces dando vueltas al árbol de navidad patrocinado por una multinacional. 

    
    Hace unos días en zaragoza (Fuente)

¿Por qué me gusta esta canción? Por varias cosas, creo yo. Por la voz de quien la canta, que desmiente la endeblez de su cuerpo, conservando, sin embargo, su delicadeza. Me transmite determinación, capacidad de atender al detalle y al conjunto, el grado justo de timidez y de conciencia de uno mismo y de sus sentimientos. Y además, me gusta la apariencia de sinceridad en la expresión, sin olvidar por un momento lo que de artificioso tiene cantar.
La letra no vale mucho, como ocurre a menudo con las canciones que más nos gustan. Pero la melodía sí y la imagen de esta chica que hablaba del frío del corazón hace cincuenta años, del amor como fuente precaria de calor, de energía, que decía sentirse desilusionada, cuando en la España oficial la mujer era todavía un cuerpo destinado al reposo del guerrero, me conmueve:

D'inverno il sole stanco/a letto presto se ne va/Non ce la fa più
non ce la fa più/La notte adesso scende/con le sue mani fredde su di me/Ma che freddo fa!/Ma che freddo fa!/Basterebbe una carezza
per un cuore di ragazza/Forse allora sì che t'amerei./ Cos'è la vita/ senza l'amore,/ è solo un albero/ che foglie non ha più
e s'alza il vento/un vento freddo/ come le foglie/ le speranze butta giù/Ma questa vita cos'è /se manchi tu./Mi sento una farfalla/che sui fiori non vola più/che non vola più/che non vola più.
Mi son bruciata al fuoco/del tuo grande amore/che s'è spento già
Ma che freddo fa!/ Ma che freddo fa!/ Tu ragazzo m'hai delusa,/hai rubato dal mio viso/quel sorriso che non tornerà.
Cos'è la vita/ senza l'amore,/ è solo un albero/ che foglie non ha più
e s'alza il vento/un vento freddo/ come le foglie/ le speranze butta giù/Ma questa vita cos'è /se manchi tu. /Cos'è la vita/Che freddo fa!/ se manchi tu.



Desde que Nada la cantó el tema, como se decía antes, cosa no ha hecho otra cosa que empeorar. Ella misma se encargó de perjudicarla en francés. Dalida tampoco se quedó corta:



Dans l'aube qui s'apprête /Déja s'ouvrent les lilas/Et pourtant j'ai froid/ Et pourtant j'ai
froid /Au bout de ma fenêtre/Le soleil se reflète sur les toits/ Et pourtant j'ai froid/ Et pourtant j'ai froid/Je me sens perdue/Mon lit est grand comme un désert/Et dans mon coeur sont revenus/Les jours d'hiver/La vie loin de toi/La vie loin de toi/C'est comme un ciel qui ne verrait jamais le jour/Ma chance et ma joie/Me viennent de toi /Et mes étés portent le nom de ton retour/Ne tarde pas, j'ai si froid /Sans ton amour/Ta place est encore chaude/Je l'entoure de mes bras /Et pourtant j'ai froid/Et pourtant j'ai froid/Mais ce n'est pas ta faute /Je sais qu'un jour ou l'autre tu me reviendras/Et pourtant j'ai froid /Et pourtant j'ai froid/Le bonheur vois-tu/Ce n'est peut-être qu'espérer/Et puis après s'être perdu/Se retrouver/La vie loin de toi /La vie loin de toi/C'est comme un ciel qui ne verrait jamais le jour /Ma chance et ma joie/Me viennent de toi/Et mes étés portent le nom de ton retour/Ne tarde pas, j'ai si froid/Sans ton amour/Ne tarde pas/Car j'ai si froid/Ne tarde pas/Car j'ai si froid/ Ne tarde pas
Car j'ai si froid.

A partir de ahí, la canción siguió viva, pero enferma de escepticismo:


Está cansado el sol de tanto y tanto caminar /Se va, se va, se va, se va,/Las sombras de la noche avanzan/Lentamente sobre mí,/Hace frío ya, hace frío ya,/Bastaría solamente recibir una caricia,/Para darte a ti mi corazón./Que es la vida, si no hay cariño,/Es como un árbol q sin hojas se quedó./Es como el viento, el frío viento,Que dejo triste y solitaria a la ciudad/Y es la vida q es, si faltas tú./Siento mariposa que a la flor no vuela más,/Que no vuela más, que no vuela más,/Quemada por el fuego de tu inmenso amor,Que apagado está, hace frío ya./Has borrado la sonrisa, q en mis labios yo tenia,/Y tu sabes q no volverá.Que es la vida si no hay cariño,Es como un árbol que sin hojas se quedó,Es como el viento, el frío viento,Que dejo triste y solitaria a la ciudadY esta vida que es si faltas tú.

Hasta que C. Gabarre la hizo mejorar algo, aunque la firme candidez de Nada haya quedado muy lejos:

miércoles, 20 de enero de 2016

Fantasmagorías: bendita agua. Cumpleaños de Fellini y muerte de Scola, pasado por el meridiano de la Fontana di Trevi y la playa de Palomares.

Se cumplen hoy los noventa y seis años del nacimiento de F. Fellini, justo el día después de la muerte de E. Scola, uno de los directores de la segunda generación neorrealista, artista con indudable personalidad propia, pero también con un gran pietas hacia sus parientes electivos, entre los que se contaba el maestro de Rímini. El calendario siempre depara paralelismos, correspondencias pseudomágicas que internet facilita. Son una tentación para las conexiones de alta velocidad, un recurso fácil para destilar entradas de blog como esta.

¡Nos estamos equivocando en todo! Ya voy,  recitaba Mastroianni en La dolce vita, quizá la película más lograda de Fellini, antes de meterse en las aguas con la Venus venida del norte, A. Ekberg, muerta también por estas fechas, hace un año:


En términos  benjaminianos, la escena es una fantasmagoria neopagana, un salto atrás a la inocencia, a la llamada del deseo, un bautismo purificador, trasunto del renacimiento.Volver a nacer:  Je est un autre (Rimbaud). Lo decía Jung, el hombre ha dejado de hablar con las plantas, con los ríos, hasta con la Fuente de Trevi, ejemplo de matrimonio feliz entre cultura y natura, monumento bien cocido por las manos de un masterchef, sí, chef. De hecho, lo que el personaje que interpreta Mastroianni hace es dejar a un lado por un instante todas sus dudas, su radical escepticismo y también, claro, el miedo a que aparezca la autoridad, un mensajero divino del padre Zeus para recordarle que no se puede cruzar el muro separa la mediocre vita cotidiana de un periodista romano del reino de las sirenas, aunque te llamen por tu nombre, como a Ulises, Marcello, Marcello, vieni. Vaya calentón erótico espiritual que se llevó el pobre. Chi me lo fa fare, quién me manda? debió salir pensando de allí, porque no nos engañemos, su conversión al amor dura lo que dura el temporizador del agua, que al poco manda silencio.





En 1966, seis años más tarde, las carnes tolendas de Fraga, nuevo Poseidón, salían de la Playa presuntamente radioactiva de Palomares, escoltado por sus tritones, uno de los cuales, en que aparece al fondo, más parece estar ensayando un baile regional que tomándose en serio el espectáculo. El acto protagonizado por el ministro franquista era un gesto de ficción secundaria, porque ya la sociedad del espectáculo se había adueñado de muy buena parte de la política. Nada nuevo en el Olimpo del Pardo, por lo demás. Se trataba simplemente de invitar a los españolitos de bien a compartir aguas del cocido achampanado en el que se había hundido el pepino radiactivo caído del cielo, del santo cielo, cruzado por los bombarderos americanos en pruebas.
A seis años de la reaparición de Venus en la Fontana, la distancia estética con la Europa democrática era notable, aunque no hay que desdeñar el fin común presente en las dos escenas, convencer, disipar dudas, volver al origen, agua clara. Por otro lado, en Italia, todo hay que decirlo, también cocían habas, pero lo nuestro eran calderadas con guarnición de porras sacudidas por los grises, en el mejor de los casos. 

Pero basta de aprovecharse de la conexión rápida a internet, que la mañana es corta y los deberes muchos. Recuerdo solo que Cohen, en el 67, una año después de Palomares, también habló del agua:

And Jesus was a sailor when he walked upon the water,
And he spent a long time watching from his lonely wooden tower,
And when he knew for certain only drowning men could see him,
He said "all men will be sailors then until the sea shall free them,"
But he himself was broken, long before the sky would open
Forsaken, almost human, he sank beneath your wisdom like a stone. (L. Cohen, Suzanne)

¿Será esa la tercera vía? Desde luego, el agua bendita sigue siendo la protagonista de la canción, el filtro que todo pone en evidencia. El piadoso Scola lo sabía: