(reuters)
Alicia Murillo:
Beatriz Gonzalo:
Never, under any circumstances, commit a pet name to print. People will find it and think less of you, even years after you're dead.En realidad, no creo que conocer los apodos pueda llevar a tener peor opinión sobre alguien (to think less of), porque habrá pocos no pecadores que puedan tirar la primera piedra. Si acaso, es de uno mismo de quien se podría tener peor opinión por entrar a cotillear en estos terrenos privados. Pero, en fin, ya que estamos metidos, démonos un buen baño en la intimidad ajena, en este caso, a través de una foto de R. Burton y E Taylor que pertenece a una exposición sobre la indiscreción fotográfica. En realidad, no es el beso lo que da pudor mirar, sino esos pies emocionados de la actriz y el cuerpo maduro del actor, cuidadoso hasta el límite de la lesión lumbar Es el detalle lo que hace sentir la inconveniencia de la mirada del fotógrafo y la nuestra, aunque supongo que también es el bendito detalle lo que añade el morbo que excita al voyeur.

querido amigo y maestro, amigo querido, amigo del alma, amigo mío del alma, cariño, caro, mi amado, mi bien, mi ratón, ratoncito, ratonciño, ratonciño del alma, arrastradiño, diletto, vita ed anima mia, seductor, vita ed anima mia, mono, minino, felicidad mía, miquiño adorado, miquiño del alma, miquiño mío del alma, corazón, maestrillo, fachita, miquito amado, monín, mi dulce bien, nenito, almita, vidiña mona, alma mía, almita amada, miquito, miquiño tonto, Garganelli mío, pánfilo de mi corazón, mi ratonciño amado, fachiña amado, niño, nenito, mi amigo e inquilino eterno del consabido mío principal, querido de mi corazón, mi ratón querido, cariño mío, Malek-Adel, amado roedor mío y caro roedor literario.
tu Porcia, peinetita, Doña Opas, tu Suriña, ratona, tu rata, su amiga, su amiga verdadera, tu Borriquita.
Viaje al sur de Francia. Fotos fuera de concurso (I)
Publico una segunda tanda de fotos que participan en el concurso fotográfico convocado entre los alumnos de la E.O.I., 1 de Zaragoza que viajaron al sur de Francia entre los días 20 y 23 de abril de este año.
Sofía Millán:
Sergio Gómez:
- Il-y-a un abîme entre Pépée et les animaux, comme il-y-a un abîme antre nous et les animaux, quoi, l’abîme du raisonnement, quoi.
- Vous placez Pépée donc pratiquement comme un être qui raisonne, pense.
- Oui, mais c'est pas moi qui la place, c'est qu'elle raisonne, elle pense. On dit malin, n'est-ce pas?
- On dit malin, oui.
- Moi, je dis que d'abitude on dit malin comme un singe, moi je dis qu'elle est malin, maline comme un homme... (Léo Ferré)(Fuente de la imagen)
Las apariciones de las celebridades del mundo del espectáculo en el mundo globalizado de la información dejaron de ser el equivalente de las apariciones de los seres divinos en la civilización predigital. A fuerza de insistir, los dioses menores desgastaron el efecto que producía su visión durante unos instantes en los mortales. A veces, sin embargo, ese efecto milagroso se renueva a través de fotos de la infancia virgen de los héroes, o de los testimonios de sus pasadas reencarnaciones, cuando fueron simples mortales que trabajaban, qué se yo, en una cafetería o asistían a reuniones vecinales.
El verdadero relevo de las apariciones milagrosas lo han tomado la pilladas, esas fotos en las que a un famoso de primer orden, habiéndose confabulado otros dioses en su contra y a veces con cierta negligencia por parte de la deidad misma que es pillada, se le ve o se adivina algo de ese cuerpo que los demás mortales intuimos distinto del nuestro. Por fin, vemos la verdad, lo otro, eso que renueva los sueños y los deseos del primer día de la creación.
Eva Longoria acaba de ser víctima en Cannes de su modisto, la lluvia, los tacones, el bolso de fiesta, los guardaespaldas…, demasiado, hasta para una diva. Lástima que los media, como hacía la iglesia a la hora de gestionar las apariciones milagrosas, se lo queden para ellos solos.
(Fuente de la imagen)Enlace a una galería de imágenes de mayor tamaño
(17 janvier 1889) Le savant généralise, l’artiste individualise (Renard, Jules, Journal 1887-1910) Trad.: El sabio generaliza, el artista individualiza; el sabio abstrae, el artista concreta
O quizá sea al revés:
John Dickie sobre G. Andreotti, recientemente desaparecido:
LUCIANO FABRO
Italia, 1969 (Fuente)
Empieza el festival de Cannes y me acuerdo de una de las cosas que más me desazonan del cine, los títulos de crédito, en particular cuando una buena parte se encuentra al principio de la película y estás obligado a tragártelos. Menos mal que, a menudo, alguna mano piadosa se ha ocupado de mezclarlos con el principio de la acción y, aunque molestan, la retahíla de nombres y oficios se puede sobrellevar. Leo que Caballero Bonald se quedó hasta el mismito final de El cielo protector (Bertolucci) para saber si aparecía su nombre entre los títulos, porque había rescatado una “tonada de raíz arabigoandaluza” que se utilizaba en la peli. Así se entiende la cosa, como también se entiende que uno agote el metraje de la cinta cuando le inquieta algún detalle, que en mi caso suele ser el autor de una canción. Pero, a pesar del interés, me desespero esperando el nombre y, con las luces encendidas siempre me vuelvo a mirar con estupefacción a esos espectadores que mantienen la mirada fija en la pantalla casi con más atención que antes del final de la acción, mientras leen nombres y más nombres que se han ocupado de las cosas más insospechadas de la película.
Ya sé que el cine es un producto fruto de un trabajo colectivo en una medida infinitamente mayor que, por ejemplo, la literatura. Pero es que si aplicáramos a los libros la minuciosidad de los títulos de crédito, podríamos conocer hasta quién compró el papel en el que está impresa la historia, pasando por el nombre del agente literario que gestionó la venta de la obra, el del dueño de la editorial o el de los correctores de pruebas. Quizá, como mero espectador, se me escapan motivos que expliquen una exhaustividad de los títulos que no alcanzo a entender. Me permito, en este caso, no ponerme en el lugar de nadie y señalar lo tedioso que me resulta el trance.
F Scott Fitzgerald. Photograph: American Stock/Getty Images
Coda. Si a mí me sirven los títulos de crédito para algo útil es para recordar de quién no debo ir a ver la próxima película que estrene. Mucho me temo que es lo que me va a ocurrir con El gran Gatsby, de Baz Luhrmann. Con lo sencillo que sería que apareciera el nombre del gran Scott Fitzgerald junto al del atrevido director y al del guionista, eso sí separado el primero de los otros dos por un espacio suficientemente grande como para dejar claras las cosas.
Mia Farrow y Robert Redford en la versión de El gran Gatsby dirigida por Jack Clayton en 1974 versión of The Great. Photograph: c.Everett Collection/Rex Features (Fuente)
Enlace a cuarenta y cinco tapas del la novela de Scott Fitzgerald