domingo, 9 de octubre de 2016

La tercera. La exposición de Andrés Guerrero en el Rincón del gato

Fue contarle a Andrés Guerrero que por desgana, porque ya van cinco o seis años casi a exposición mensual, porque hay que escribir los paratextos y editar las entradas del blog, porque a algunos jefes de departamento casi no nos dan una digna reducción horaria que compense el tiempo dedicado a su gestión, cada vez se me hacía más cuesta arriba montar las pequeñas exposiciones del Rincón del Gato... fue contárselo y ofrecerse a echar una mano de todos los modos posibles. Esta exposición, por lo que a mí respecta, debería llamarse la tercera mano (amiga). 
Mi otro colaborador, Ricardo Duerto, tambíen ha sacado de la recámara propuestas varias, que darán su fruto a lo largo del curso. Es más remiso que Andrés a la hora de enseñar sus cosas, sus espléndidas fotos, pero no pierdo la esperanza de que en algún momento algo, un pronto, un comentario, alguien, quizá, le lleve a hacerlo. 
En cualquier caso, tengo que decir que ellos dos no es que me ayuden, sino que nos ayudamos unos a otros. Están detrás, pero hacen tanta o más fuerza que yo para sostener lo que cada vez pesa más.
J. Brox




Texto de presentación escrito por Andrés Guerrero:


La Tercera

Para alguien como yo, a quien ni se le ocurre pensar en ponerse grados ni mucho menos calificativos, esto de estrenar una tercera exposición en el breve tiempo de siete años, se me hace algo casi milagroso.

La primera fue una recopilación de los linograbados que me dio por realizar en los 90. Me animaron Ricardo Duerto, Javier Brox y Alberto Martínez, viejos y queridos amigos, y fue una sensación especial.

La segunda fue una exposición de fotos con el Moncayo como tema único. Eran fotos de veinticinco años de andar errando por las faldas del Moncayo y de sus pueblos, mecido por sus fragancias y acunado por sus brisas e incluso zarandeado por el cierzo. Me encantó poder mostrar lo que he vivido y degustado durante tantos años y en donde lo determinante era mi ojo y su vinculación emocional y sentimental. Disfruté del resultado.

Y ahora la tercera: una tercera exposición donde hay una breve selección de lo que vengo realizando en estos últimos años: dibujos, acuarelas, serigrafías, grabados… todo lo que se me ofrece lo acepto y me entrego a la pasión de descubrir las posibilidades que tienen esas artes y técnicas en mis limitadas capacidades. Y me descubro al contemplar las primeras acuarelas y mis últimos dibujos. Me descubro al pensar en el poco tiempo pasado y en tanta inmensidad de visiones que me tocan el corazón y que debería y querría plasmar en papel.

Y en estos días de septiembre en que no sé si por la calentura de estas temperaturas que hemos sufrido o por el recalentamiento  global de mis neuronas, descubro un verso de Antonio Machado que me deja perplejo, porque lo descubro mientras paseo y tarareo uno de aquellos poemas  musicados por Serrat. Lo he tarareado y cantado tantas veces que me asombro de mi embotamiento al no haber descubierto mucho antes lo que un paseo de septiembre me muestra con una claridad meridiana.
El poema es el titulado “Las moscas” y el verso que me agita es el que dice:

“[…]Moscas de todas las horas,
De infancia y adolescencia,
De mi juventud dorada
De esta segunda inocencia
Que da el no creer en nada,
en nada[…]”

Y me encasquillo en la palabra inocencia y mi pensamiento se enrosca y, hendiendo el tiempo y mi historia, me sumerjo en recuerdos de mi primera inocencia, amplificado por descubrimientos, sensaciones, recuerdos y personas. Y veo mi primera inocencia como algo inconsciente, que duró lo poco que dura la inocencia en general, que se fue deshilachando al albur de las experiencias y de los aprendizajes, de los contactos, de las amistades y de ese destino que nos señala con frecuencia lugares inusitados donde podríamos haber naufragado mucho antes o donde habíamos de naufragar para ser lo que hoy somos.

Me detengo a rebuscar esa segunda inocencia de la que Machado habla y también la encuentro, demasiado cercana, aún incluso sin terminar de desenvolver. Una inocencia casi sobrevenida por el devenir de tanta acumulación de experiencias, por tanto haber vivido, y se me agria un poco la sonrisa. Ese escepticismo que no tiene nada de inconsciente como la primera inocencia, sino que  es más que consciente, casi diría doliente. Es un resultado, pero no algo primigenio. Ha perdido ese asombro para transformarse en distanciamiento y ajenidad.

Y me siento influenciado por esta tercera exposición y me pregunto en un momento de alta temperatura cerebral, casi febril: ¿Habrá una tercera inocencia?

Y pasan los días y la respuesta se va asomando a mi neurona. Y definitivamente afirmo que sí, que hay una tercera inocencia que no podría versificar sin caer en el ripio o afrentar a los poetas. Creo que hay una tercera inocencia que es la que da CREER: Creer en todo, creer en todos.

Es esta, a mi parecer, una inocencia hiperconsciente, ya que necesita como primer paso del ejercicio de olvidar, empezando por olvidarse de uno mismo, para poder recibir como novedoso cuanto se nos acerca, cuanto vivimos. Es una inocencia que tiene algo de primordial, ya que no es selectiva, sino que se extiende a cada criatura, a cada objeto, a cada brizna de luz.

Dice mi profesora de dibujo, Francisca Zamorano, que “Dibujar es una manera diferente de ver el mundo” y yo, desde esta tercera inocencia en la que disfruto instalándome, acepto y asiento como axioma que es. Solo podemos dibujar, pintar, grabar, artistear o como lo queramos llamar, desde una posición de inocencia: igual da la primera, la segunda o esta tercera por mí planteada. Inocencia entonces sería mirar la verdad de las cosas, la realidad de las cosas sin otro afán que vivirlo como un reconocimiento de esa instantánea vital que da plenitud a nuestras pupilas, a nuestro pensar y a nuestro sentir.

Andrés Guerrero Serrano
Zaragoza, octubre de 2016


Fotos de Algunas de las obras expuestas. Se incluyen también fotos del proceso de elaboración. Fuente: http://arsvitalis.blogspot.com.es/




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lunes, 15 de agosto de 2016

Ferragosto, el puente de la Asunción, en grupo: - ¿Qué vamo hacé? - Yo no sé, ¿tú, qué queré hasé?

"El número más bajo de personas que puede tener un grupo es tres, tal como yo lo veo. Esto se debe a que para que un grupo sea un grupo tiene que haber al menos una relación de la cual el individuo pueda verse potencialmente excluido; una relación en cual pueda confiar o no, que pueda o no ofrecerle ayuda y apoyo, pero que al menos en potencia se encuentre fuera de su experiencia y su control  directos: El popular refrán Dos son compañía, tres son multitud expresa muy bien, creo yo, la ambivalencia fundamental que sentimos hacia el grupo" (Arabella Kurtz, p. 109).

"... una experiencia de grupo, una experiencia en que la conciencia del propio ego es suprimida o bien se va apagando gradualmente. de pronto el mundo parece carecer de complicaciones. de pronto eres uno con tus vecinos, vives un éxtasis moderado, estás fuera de tu yo cotidiano.

... si tengo algún interés en los grupos (en el pensamiento y en la conducta del grupo) es porque, en el curso de mi vida, y pagando un precio, me he alejado por reacción de la regresión al grupo.
Y digo pagando un precio porque creo que la regresión es una parte natural de la vida humana. Yo llegaría incluso a decir que la regresión periódica tal vez forme parte de la economía psíquica natural, parte de nuestra forma de mantener la cordura (el equilibrio)" (J.M. Coetzee, p. 100 y 104-105).

Coetzee, J. M., Kurtz Arabella, El buen relato, Random House, 2015, trad. Javier Calvo.


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Pesadillas de verano: morena de bote en Biarritz

Murène verte
Nom scientifique : Gymnothorax funebris
Famille : Muraenidae
Taille : Jusqu'à 240 cm
Fuente de la imagen


E stringe forte i denti la bionda (P. Conte)
Fuente de la imagen

viernes, 29 de julio de 2016

Vibralanos, atímpuros, neofrenos y "orgullo sincero y dolor real". El Sacrario Militare Italiano de Zaragoza

Foto 1. Ingreso monumental al Sagrario

Ce matin, j'étais chez les prisionniers italiens. Il y en avait un, pas jeune, qui pleurait comme un veau (...) Tout d'un coup, furieux, il saute sur le banc, fait un discours en hurlements -dix phrases, on nous a trompés en Italie, etc.-  et hurle: "À mort Mussolini!". Réaction faible. Il recommence. Et les prisonniers, autour, répondent: "À mort!"... (L'espoir, A. Malraux)


Cuando mi abuela oía las primeras notas del himno nacional español se le dibujaba en la cara una expresión entre pícara e infantil y a continuación empezaba a musitar una letra que el himno no tenía:

Burro, zopenco
Pedazo de animal,
sólo le falta el rabo
para rebuznar

Aleluyas de la defensa de Euzkadi  
(RIVERO GIL, 1937) 
Comissariat de propaganda de la Generalitat de catalunya
En la Italia fascista, los chistes irreverentes hacia el régimen y en particular hacia Mussolini eran muy frecuentes, como en todas las dictaduras, por otro lado. Esa manera de aligerar el peso que supone el régimen autoritario sobre la vida cotidiana de sus súbditos debe ser el trasunto del desencanto que produce la rutina democrática, poco más que algo funcional a los dos sistemas, síntoma de un descontento inarticulado, liberación inocua de tensiones. Según el recientemente fallecido Christopher Duggan, los chistes irreverentes bajo Mussolini eran "un ingrediente onnipresente negli scambi sociali di tutti i giorni", aunque  "la policía intervenía raramente, incluso cuando, y era algo que ocurría a menudo, se ponían en la picota la rimbombantes declaraciones del gobierno, se aludía a la corrupción y a la ineficiencia, o se satirizaba el comportamiento de Mussolini o de algún otro de los grandes jerarcas (come el secretario del partido, Achille Starace, uno de los destinatarios predilectos de la crítica). Lo cual hace pensar que por lo general las autoridades creían que reírse del régimen no era una cosa especialmente peligrosa o perniciosa" (1).
Aleluyas de la defensa de Euzkadi
Busco en mi reciente visita al Sacrario Militare Italiano de Zaragoza algún motivo que sirva para poner el solfa la solemnidad del lugar, para hacer visible ese tremendo contraste entre los inalcanzables ideales fascistas y su turbia peripecia mundana. No es buen sitio, pero algún lapsus habrá habido en la gestación del monumento, en las lápidas, en las inscripciones, pienso por un instante. Me acuerdo a ese respecto de la visión de los himnos heroicos que proporciona Meneghello en Libera nos a malo (1963). Dos palabras que seducían a su alter ego infantil en esas extraordinarias memorias noveladas, vibralani y attimpuri, resumen la distancia sideral entre la retórica, tan intensamente vivida por algunos, y la vida a ras de suelo.
La primera de las dos palabras proviene del Himno Balilla:


Vibra l'anima nel petto
Sitibonda di virtù;
freme, Italia, il gagliardetto
e nei fremiti sei Tu!

La segunda la gritaba el cura durante las confesiones: Atti impuri! (¡Actos impuros!).

Salvando las distancias,  al niño protagonista de Libera nos a Malo, seducido por aquellas extrañas y deslumbrantes palabras, le pasaba algo parecido a lo que me ocurría a mí con ¡Help, ayúdame!, la canción de T. Ronald. Como la cantaba entre las brumas de la ducha, atento a que al calentador no se le acabara el agua caliente, el ¡Help, ayúdame!, se convertía en un salvífico ¡Gel, ayúdame!, quizá Moussel, sustraído del neceser de viaje de mi padre. Y es que mi inglés era tan escaso como rudimentario el italiano heroico de Meneghello.
"E noi del fassio siàn i conponenti", che belle parole: chissà cosa vorranno dire?", se pregunta el niño mientras salta sobre el colchón elástico de las palabras, sintiéndose un vibralano. No es de extrañar que los vibralanos, por lo demás, fueran aliados naturales de los atímpuros en la inefable batalla contra los neofrenos (nei fremiti sei Tu!: ¡nei freni ci sei tu!), pues representaban ideales distintos. Entre lo que siente el niño, entre su manera de vivir la exageración retórica fascista y la ambiciosa retórica misma, asoma la carcajada a través de la ingenua irreverencia. Quizá no es que no entienda, sino que entiende rectamente el mensaje por vía subliminal.
Aleluyas de la defensa de Euzkadi
Cuando el portero del Sacrario zaragozano me dice amablemente que puedo pasar, desmintiendo mi prejuicio sobre las necesarias visitas  programadas o en grupo, entro en el recinto con las palabras del reciente libro de Javier Rodrigo en la memoria:

"El fascismo en tanto que proyecto generador de un nuevo futuro, vivió una auténtica fiebre, no del oro, sino de la piedra: un afán no disimulado por la absorción de los símbolos pasados y por la monumentalidad del presente, de cara a la posteridad. La memoria de la intervención italiana en la Guerra Civil española recayó, bajo estos preceptos, en la gestión del recuerdo y del culto de sus caídos, de sus muertes como generadoras de vida, de su heroísmo y fe fascista" (2).

Fe fascista y orgullo por la empresa acometida es lo que sintieron los parientes de los muertos en combate, como la madre la mujer y la hija de Giuseppe Luciano Mele, caído en Jabalambre en 1938, medalla de oro al valor militar por lo siguiente:

Nell’imminenza di una importante azione affidata alla Divisione chiedeva insistemente ed otteneva di essere destinato ad un reparto di primo impiego. Alla testa di una compagnia di camicie nere e, quantunque subito ferito al petto, compiva atti di sublime eroismo, trascinando il reparto alla fulminea conquista di due forti capisaldi nemici, dai quali i numerosi difensori erano costretti a fuggire atterriti. Colpito una seconda volta mortalmente in una pericolosa fase di contrattacco avversario, piegava esanime sulla trincea, proiettando la luce del suo spirito oltre la meta e verso la vittoria. Preclaro esempio di combattente legionario animatore; trascinatore e degno del nobile appellativo di eroe. Sierra de Javalambrc, 22 settembre 1938.

Puro gusto por la acción heroica, por la batalla, escenario privilegiado de una biografía fascista que se preciara, frente a los defensores aterrorizados que no podían por menos de huir ante el empuje de Mele, soldados del ejercito republicano, del ejercito leal al gobierno legítimamente constituido, fruto de unas elecciones democráticas. Aunque, quizá no estoy siguiendo la vía justa para subir por la rampa de acceso a la torre, un proyecto, por cierto, que se quedó a medias, como el proyecto mismo de una Europa fascista federada al que está ligado. A medias, porque mide poco más de cuarenta metros, cuando debería haber medido algo más de ochenta. La rampa de este cementerio vertical, un cementerio ideal, como las ciudades ideales renacentistas, construido su misura para unos muertos que fueron ordenados alfabéticamente, es un compromiso entre una escalera convencional y una plataforma continua, parecida a la del Torreón del Palacio ducal de Urbino, o, siglos después, a la escalera monumental helicoidal de acceso a los Museos vaticanos (G. Momo, 1932). Ya se sabe que el fascismo reinterpretó la historia italiana anterior a su llegada como una suerte de prefiguración que conducía a una etapa superior, la de a la tercera Roma, va la vencida.

Pero no hago sino escaparme del tema, que no es otro que la legitimidad del impresionante mausoleo que estoy visitando, un tema irresoluble. Y es que los motivos por los cuales 78.846 soldados (3) vinieron a España son variados, socioeconómicos, como los del personaje que recrea Sciascia en una de las novelle de Gli zii di Sicilia,  L'antimonio (1960)  o los que llevan a Cameroni a enrolarse en la aventura fascista española en  Dientes de leche (Martínez de Pisón, 2008) (4), ligados al proyecto vital de cada uno, que podía buscar la aventura, la fulgurante carrera militar, pero sobre todos ellos se concentra la nube fascista que unificaba, conformaba destinos, verdadero catalizador de la voluntad que llevó a tantos italianos a morir en suelo ajeno : "Fascistas que se embarcaron en Italia y empuñaron las armas en España por distintos motivos, seguramente uno (o más) diferente para cada Aldo, Giovanni, Marco, Giuseppe o Enrico, pero también por ideas comunes, por deseos compartidos que, por fuerza, debían pasar por el tamiz de la identidad personal y a la vez colectiva, la de ser fascistas" (5). No nos olvidemos, en ese sentido, de que en las dictaduras europeas de entreguerras estuvieron activamente presentes miembros de la alta burguesía y de la aristocracia, pero también tantos personajes provenientes del lumpen.

Hoy, sin embargo, a casi ochenta años de distancia, aunque todavía me duela nuestra guerra civil, en este lugar,  especie de serpiente constrictora  para un visitante solitario, domina la magnitud de la muerte casi sobre cualquier otra consideración. Cuando ocurrió todo (las autoridades italianas estaban perfectamente al corriente de los preparativos del golpe del 17-18 de julio y lo apoyaron desde el inicio)  hubo, sí, tanto dolor,  aunque también "orgullo sincero, por más que cueste aceptarlo. Orgullo sincero y dolor real", apostilla J. Rodrigo en el corolario de su estudio citado. Honorable memoria, pues, o al menos respeto, intento decirme, por quienes murieron en suelo ajeno, colaborando  para derrocar un régimen democrático "en defensa de la Santa Causa de la España de Franco", dando "su vida por Dios y Nuestra Patria". Ahí quizá radica la quiebra de la retórica fascista, en morir por cosas así, ideología justificadora de intereses espurios, ideología en el sentido materialista del término, ideología de vibralanos, atímpuros y neofrenos, para el protagonista de Meneghello. De "reliquias de mártires", habló el embajador F. Lecquio en el acto de colocación de la primera piedra del Sacrario, el 3 de mayo de 1942 (6), cuando Mussolini todavía dirigía la gloriosa misión imperial a la que Italia, tan estrecha geográficamente como amplia de miras, había sido llamada. Difícil es casar las dos cosas, así es que me dejo llevar por el carácter lúgubre del sitio, inaugurado el 25 de julio de 1945, cuando mucho habían cambiado las cosas en el panorama europeo y en el italiano, en particular. Terminada la guerra civil, liberada Italia de los nazis, seguramente alguien se vio forzado a cambiar el proyecto original de inscripción que preside el ingreso  para introducir ese tutti de L'Italia a tutti i suoi caduti, un tutti que sabe a ultracorrección, sin duda sobrevenido y al que acabaron ajustándose un poco los designios de la torre, cuando en  1987 fueron enterrados veintidós de los más de quinientos brigadistas italianos que habían luchado a favor de la República. En algunas de

sus lápidas figura una placa que los distingue de quienes estaban en el otro bando. Juntos, sí, cosas del ángel de la historia, pero algo menos que revueltos. Claro que, si miramos con detalle las cosas, tantos de los brigadistas eran de filiación comunista, ideología que si defendió la democracia parlamentaria en algún momento, lo hizo de forma meramente coyuntural, estratégica, por utilizar un término al uso. Nuestra Guerra Civil fue un anticipo o un banco de pruebas de muchas cosas, no sólo intencionadamente, lo fue hasta de  la Guerra Civil italiana. Como es sabido, en Guadalajara, se enfrentaron italianos en los dos bandos. Malraux se hizo eco en L'espoir: "Il montrait du pouce la direction de Guadalajara, où le vent portait sous les nuages bas une odeur de charnier, et vers quoi se dirigeaient les prisonniers italiens. (...) Au loin, au bataillon Garibaldi, jouait un accordéon" (7).

Gris por doquier, como conviene a la verdad, siempre veteada de impurezas. En un libro reciente sobre la justicia que hizo la Italia republicana con la precedente Italia fascista y sobre los turbios hechos que marcaron la memoria de P. Levi, involucrado en el ajusticiamiento de dos jovencísimos partisanos (8), S. Luzzatto resumía así la trascendencia de  la Guerra Civil en Italia, “resultaría tranquilizador pensar que en una guerra (más aún en una guerra civil) el enemigo se encuentra siempre y en cualquier caso fuera de nosotros…Vista desde cerca, la guerra civil italiana  –en relación a la cual a nadie le debería costar por lo  menos restrospectivamente escoger su propio campo, habiendo sido uno de los dos campos el de la humanidad y el del derecho y el otro en de la falta de humanidad y el del abuso– cuenta una historia distinta. Junto con la historia de un bien, el de la impagable lucha contra el nazifascismo, cuenta la historia de un mal insondable, el mal del que ningún hombre… puede sentirse libre. Entre el blanco y el negro aparecen las numerosas tonalidades del gris. A veces, la historia de los partisanos tiene el encanto simple de los contrastes. Más a menudo, tiene la compleja verdad de los matices” (9). Mucho de esto se puede decir también de la Guerra Civil española. La gran diferencia fue que en nuestro país venció el bando opuesto. El angelus novus que mira hacia la grisura de esta sorprendente construcción, no encuentra los escombros de los que habla Benjamin, sino un monumento varado en el tiempo, como señala J. Rodrigo, pero que evoca la mala digestión de este ácido cóctel:  "ocho mil trescientos millones de liras. Dos millones de bombas de mano. Ciento treinta y cinco mil horas de vuelo. Ciento cinco mil fusiles. Setenta y ocho mil ochocientos cuarenta y seis soldados. Once mil quinientas toneladas de explosivos lanzadas desde el aire. Cinco mil trescientas veintiocho incursiones aéreas. Cuatro mil vehículos. Tres mil cuatrocientos cadáveres. centenares de viudas, de madres sin hijos. Centenares también de víctimas, decenas  de niños y niñar destrozados por la meravigliosa Aviazione Legionaria. Ochenta y siete toneladas de pólvora. Setenta y dos barcos. Cuatro jefes. Dos naciones hermanadas por la sangre de sus caídos. Una torre" (10). El huracán que se enreda en las alas del ángel y le empuja hacia el futuro aquí se ha tomado un descanso.
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(1) Duggan, Chistopher, Il popolo del duce, Laterza, 2012, Roma, trad. G. Ferrara degli Uberti, p. XI y 196. Los procesos por ofensas al Duce fueron muy numerosos: cf. Luzzatto, S. Il corpo del duce, Einaudi, 2011, Turín.
(2) Rodrigo, Javier, La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española 1936-1939, Alianza Editorial, 2016, Madrid, p. 317-318.
(3) Rodrigo, ibid. p. 334.
(4) Comparando al protagonista de su libro reportaje sobre José Robles, Enterrar a los muertos (19) y el patriarca negado de la saga familiar de Dientes de leche, Mártínez de Pisón contesta en una entrevista lo siguiente:
"- ¿Dónde se encuentran los sueños de José Robles, protagonista de Enterrar a los muertos, con los de Cameroni, héroe de esta novela?
- Robles, republicano asesinado por republicanos, fue un mártir de nada y de nadie. Cameroni es un italiano que viene a España huyendo de la pobreza y que acaba abrazando el fascismo. Los de Robles son sueños que chocan violentamente con la realidad. Cameroni, en cambio, es un superviviente nato.
- ¿Cuáles fueron las principales dificultades a la hora de reconstruir las vidas de los fascistas italianos durante y tras la guerra?
- La mayoría de los italianos que vinieron a pelear en el bando nacional eran hombres de extracción social modesta y después no dejaron por escrito sus experiencias en el frente. Esa falta de documentación la he tenido que contrarrestar acudiendo al trabajo de algunos historiadores".
(5) Rodrigo, ibid. p. 29.
(6) Rodrigo, ibid. p. 319. Cfr también el siguiente blog: http://zaragozaciudad.net/dimas/2009/010403-el-sacrario-militare-italiano-de-zaragoza.php
(7) L'espoir, Maraux, André, Éditions Gallimard, Folio plus, 1996, p.598, 601.
(8) La cuestión ha sido incorporada por Patricio Pron en su reciente novela No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, Random House, 2015.
(9) Luzzatto, Sergio, Partigia, Bestsellers Mondadori, 2014, p. 19).
(10) Rodrigo, ibid., p. 334.

Fotos:

Maqueta del proyecto original







Detalle de la foto anterior

Leyenda explicativa del origen de la bandera







lunes, 4 de julio de 2016

Lectura de verano de lecturas de otoño: Gil de Biedma lee las Escrituras y se mantiene firme a lomos del corcel

I classici sono quei libri di cui si sente dire di solito: «Sto rileggendo...» e mai «Sto leggendo...» (I. Calvino)

El año que yo nací, el lluvioso martes 1 de septiembre, Gil de Biedma, por primera vez en su vida, dedicó un rato a leer las Escrituras: "El efecto ha sido deplorable, tan deplorable que habré de leer más, pues difícilmente podría apoyar una opinión tan negativa, un disgusto tan radical como el experimentado en sólo sesenta minutos de lectura. La verdad es que no concibo cómo hay quien puede sentir apego y gusto hacia esos libros, sino es por motivos confesionales. Una vez apeados de su categoría de textos inspirados por la divinidad y relegados a la categoría de tesoro literario de un pueblo remoto, no siente uno e menor escrúpulo en darlos de lado en favor de la Odisea, de Heródoto o de los Siete contra Tebas -incluso se siente uno inclinado a postar por la posible inspiración divina en el caso de estos últimos." (G. de Biedma, Diarios 1956-1985, Edición Andreu Jaume, Lumen, 2015, p. 355). 
Confieso que si yo me acercara a la Escrituras, lo haría en términos de Sto leggendo y no de sto rileggendo, pero mi fe en Biedma es grande y entre 1959 y 2016 ha pasado demasiado poco tiempo como para que las cosas hayan cambiado en cuestión de gustos. Lo cierto es que Calvino, que todo lo sabía, también había previsto que la llama pudiera no prender en la lectura de un clásico: "Se la scintilla non scocca, niente da fare: non si leggono i classici per dovere o per rispetto, ma solo per amore. Tranne che a scuola: la scuola deve farti conoscere bene o male un certo numero di classici tra i quali (o in riferimento ai quali) tu potrai in seguito riconoscere i «tuoi» classici. La scuola è tenuta a darti degli strumenti per esercitare una scelta; ma le scelte che contano sono quelle che avvengono fuori e dopo ogni scuola". Aunque también pudiera ser que Biedma quisiera epatar o simplemente dar una opinión radical., en la línea de lo que expresaba Benet:  
“Yo creo bastante en la eficacia de la impertinencia, sobre todo en la de determinadas opiniones impertinentes… En cierto modo esas opiniones son, por impertinentes, las más útiles, las más atractivas. Si las opiniones se matizan, pues se vulgarizan, y entonces caen en el lugar común. En cierto modo, la opinión radical puede hacer daño, pero no deja de ser un extremo del campo de la opinión, lo linda… Una opinión tajante es más atractiva que una opinión mesurada. Me gusta ir por el mundo con ideas radicales. Ya que uno no puede radicalizarse en la vida pública, sí al menos en la vida privada.”  (Benet, Juan, Ensayos de incertidumbre, edición de Ignacio Echevarría,  Barcelona, Debolsillo, p. 477).

viernes, 1 de julio de 2016

Houellebecq llora a su perro. Literatura cínica


El san Roque de G. B. Tiepolo que puede verse en el Caixaforum de Zaragoza


Dice Houellebecq en una entrevista que para escribir literatura hay que encontrarse en un estado de semicomprensión de las cosas, que no entender del todo, estar un poco sorprendido por lo que se entiende parcialmente, es un état d'esprit poétique que permite cobrarse la distancia justa sobre lo real Y él, que ha perdido a su adorado can hace no mucho, dice que esa distancia ideal es la misma que mantiene el perro en relación a la agitación que caracteriza a los humanos, un extraño entre nosotros. Valéry ya lo señalaba: "hay algo de humano en su mirada". Y esa humanidad incompleta, que le mantiene ajeno pero semejante (más ajeno que semejante, no lo olvidemos) es la misma que nos caracteriza a nosotros respecto a ellos. También los humanos tenemos mucho de perro, aunque la diferencia sea, en el mejor de los casos, más que notable. por eso, en el juego parcial de espejos que se produce entre el dueño y su animal, hay tantos escorzos reveladores, tantas siluetas que iluminan nuestro interior. Mi perro refleja tanto lo que soy como lo que no soy. La literatura quizá se mueve en ese margen: lo que falta, lo que me sobra, lo que soy.


San Roque sin perro en la Leyenda Dorada: