viernes, 18 de julio de 2014

Voces de verano. Reedición de entradas: Inventario perequiano y la primera vez que cantó Billie Holiday, de cuya muerte se cumplieron ayer 55 añazos.

Inventario de voces (resumen de una vida inconclusa):

1. Cuando preguntas, contenida, a través de la puerta, si estoy ahí;
2. La de los arrieros que al atardecer oyó Gil-Albert;
3. Aquella vez que dijo algo, no sé qué, invisible ella en medio de un grupo, supe que había venido, dejé de leer el periódico y fui feliz;
4. Cuando, yo con anginas, tú me tarareabas “A la luz del cigarro voy al molino”; 
5. Mi hija, ronca, de vuelta a casa tras una larga noche de fiesta, que dice, ¡hola papá!;
6. Rapunzel, encerrada en su torre sin puerta ni ventana, enamorada de un príncipe que oye cantar a lo lejos;
7. Desde la cama, a oscuras, la confusa discusión de mis padres. Un portazo al final;
8. Nina Simone, dulcemente áspera,  Love me, love me, say you do!;
9. Bette Midler, dibujando en volutas mi deseo adolescente, en Do you wanna dance?;
10. El descubrimiento, ¡oh, sorpresa!, a los 30, de mi odioso retintín de cura reprochón, gracias a una película que grabamos de Alicia, sin caer en la cuenta de que no solo se estaban grabando las imágenes;
11. Marcia, la protagonista de Némesis, la novela de Ph. Roth, al teléfono, cantando una nana a su novio, enfermo de polio, todavía latente. Una voz, por tanto, que nunca he oído;
12. Mis nombres, latiguillos, latigazos, ¡Javier, papá, hijo, señor, profesor, oiga Vd., no escuchas, no chilles, no hables de una habitación a  otra, si quieres decirme algo ven aquí!;
13. Roco, el perro que una vez cantó una canción de Enya, allá por el 2001, imitándote;
14. Alicia, en plena noche, con un pijama manta amarillo, junto a nuestra cama, de viaje desde su cuna, ¡(A)quí (es)toy!;
15. Yo, que grito, ¡mía!, porque quiero dar un buena volea y quedarme a gusto, bien a gusto;
16. La voz imaginada de Clelia, en La cartuja de Parma;
17. La envidia de la voz de Miguel, ligeramente nasal, tan mal amigo después;
18. Dos actores doblados por el mismo doblador, uno, una gran estrella y el otro, un buen secundario. Darme cuenta de que son el mismo;
19. Ricardo Vázquez Prada, pocos meses antes de morir, en una canción dedicada a su nieta, con la voz más joven que nunca le había oído;
20. Melanie, hombre y mujer, en Beautiful people.

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Cuando cantó B. Holiday

“One day we were so hungry we could barely breathe. I started out the door. It was cold as all hell, and I walked from 145th to 133rd … going in every joint trying to find work … I stopped in the Log Cabin Club, run by Jerry Preston … told him I was a dancer. He said to dance. I tried it. He said I stunk. I told him I could sing. He said sing. Over in the corner was an old guy playing the piano. He struck “Trav’lin,” and I sang. The customers stopped drinking. They turned around and watched. The pianist … swung into “Body and Soul.” Jeez, you should have seen those people—all of them started crying. Preston came over, shook his head, and said, “Kid, you win.” —Billie Holiday, Downbeat Magazine, Via)

Enlace a Body and Soul

(Fuente de la imagen)

(Fuente de la imagen)

“Una vez que empieza el balanceo de los acordes de Summertime, estos pasan a convertirse en un entorno en estado estacionario en el que una interprete de talento puede moverse a su gusto. Puede introducir inflexiones en las notas, añadir ornamentos, desplazar la línea hacia arriba y hacia abajo. Billie Holiday y Sidney Bachel hicieron de Summertime una creación propia” (Ross, Axel, El ruido eterno,  Seix Barral, 2009, p. 194).

jueves, 17 de julio de 2014

Una selección de la colección de dibujos del IVAM en la Aljafería: La libertad de la línea.

Un crítico de arte italiano señalaba hace algunos años cómo  el dibujo “relegado a funciones secundarias en relación a las llamadas artes mayores y que después de la justa revalorización realizada ya por la cultura humanista renacentista, de su encuadramiento y uso académico entre los siglos XVI y XVII y de las sucesivas exaltaciones idealistas del periodo romántico,  ha acabado por asumir el valor emblemático de la creatividad absoluta, de la iluminación intuitiva, para muchos de los promotores de las vanguardias de las primeras décadas de nuestro siglo XX y más tarde para casi todos los protagonistas del arte moderno, en especial para los que preconizan el valor de la forma pura, ya sea en su sentido místico alusivo o como plasmación excitada e incluso mediánica de las pulsiones de los sentimientos, o como acorde lírico y evocativo de la naturaleza” (Pirovano, Carlo, El signo de los escultores,  en Dibujos de escultores, Electa, 1989, p., 13).

Casi todo eso, en particular lo referente al dibujo del siglo XX, y alguna pieza más reciente, puede verse en la exposición La libertad de la línea, que acoge la Aljafería hasta el 21 de septiembre próximo con motivo de vigésimo quinto aniversario del IVAM. En todo caso, entre las veinte piezas expuestas no se cuentan solo dibujos en sentido estricto, sino obras sobre papel realizadas con distintas técnicas.

Eso sí, si Ud. quiere aprovechar la visita para contemplar algunas otras cosas del complejo de la Aljafería, se va a quedar con las ganas, porque en cuanto se sale del trayecto mínimo necesario para subir al salón donde están las obras expuestas, se lo hacen notar, que una cosa es entrar a ver la expo (gratis) y otra ir al palacio con entrada (5 euros, salvo los domingos). Por cierto, una de las dos credenciales que nos dieron incluía en la correa para colgarla del  cuello una pieza parecida a un abrebotellas. Pensé que sería de cuando España era un fiesta, aquellos tiempos en los que al oír la palabra cultura los políticos sacaban la chequera, como recordaba S. Ferlosio parafraseando a Goebbels –la S. vale por Sánchez y valdrá quizá por san en un futuro de excelencia no muy lejano. La reducción de aquellos desmanes arrastró consigo algo de lo bueno que tenían. Me refiero a la impresión de algunos excelentes catálogos. El de esta exposición no existe en papel. A cambio de ello, sin embargo, se puede descargar en pdf desde la página oficial de la Aljafería que he enlazado antes. Las fotos que aparecen a continuación provienen de ahí.

(Enlace a un reportaje en el que su comisario, Josep Salvador, presenta la exposición)

imageLUIS GORDILLO Estudio para los peatones, ca.1966, Técnica mixta sobre papel, 44,2 x 32,2 cm. Donación Juan Antonio Aguirre, Madrid

imageJulio GONZÁLEZ, Tête de Monserrat criant (Cabeza de Montserrat gritando), 1938. lápiz y tinta china sobre papel pergamino 27 x 21 cm

imagePABLO GARGAllO, Danseuse (Bailarina), 1929, Carboncillo sobre papel
71,9 x 50,8 cm

imagePABLO PICASSO, Figures (Figuras), 1967, Pluma y tinta sobre papel
35,5 x 52,3 cm. Colección Telefónica (en depósito en el IVAM)

imageHENRI MICHAUX, Sans titre (Sin título), 1956, Acuarela sobre papel Arches
56 x 75 cm

imageFRANCIS PICABIA, Dessin mécanique (Dibujo mecánico), 1916-1918, Acuarela sobre papel  entelado 40,2 x 29,6 cm

imageCLAES OLDENBURG, Soft Car (Coche blando), 1968, Acuarela y lápiz graso y grafito sobre papel 36,8 x 66,2 cm

miércoles, 16 de julio de 2014

Modesta contribución al año Greco. Carex Idaea. Cuento (1)

CAREX IDAEA

…demasiado deliciosamente poético para ser olvidado, demasiado personal para ser principio de una nueva tradición. (R. Longhi)
imageMe he pegado un verano entero de pichiciego a vueltas con el maldito pintor. Todo el rato me venía a la cabeza la frase de la película La bruja novata, “será un rembrant, un greco o un toulouse lotreco”. Los estudios Disney han acumulado unos cuantos brillantes retruécanos artísticos. “Si no es barroco es barraca”, decía con mucho sentimiento el amanerado mayordomo de La bella y la bestia. Con la alusión a los pintores, la bruja rendía seguramente homenaje a tres maneras inconfundibles de pintar el mundo. De las tres la única misteriosa es la del Greco. Después de muchos años, veinte, quizá, sin hacerle caso, he vuelto a frecuentar sus cuadros, como un reencuentro casual en el metro con una vieja amiga, en la estación en la que la besé una tarde. Me he puesto a hablar con ella y he sentido esa euforia que borra de un plumazo veinte años de ausencia. Lástima que no haya podido ir también a Toledo, a ver si algún recuerdo me asaltaba por las callejuelas. Pero la casa del Greco no debe estar ya como la conocí, y la estación del metro se llama Vodafone Sol. ¡Veinte son la hostia de años! El reencuentro con el Greco ocurrió en un cursillo de esos para cobrar los sexenios. Cursillos de formación et pecunia olent… y como una boa cincuentona con un exquisito antílope entre sus anillos he pasado todo el verano intentado digerirlo.
Fui y volví de la biblioteca cargado con libros. En el Vips de Neptuno compré los tomos de J. Álvarez Lopera, rebajados de ciento y pico euros a diez -el Greco siempre a vueltas con los segundos precios. Hasta hice fotos en la Academia de San Fernando de la biblioteca de Lafuente Ferrari, uno de los estudiosos que sufrió el picotazo del tifus theotocopulista. Todo, con tal de intentar aclarar las sombras de una emoción repentina. También estuve en el Jardín Botánico. Me parecía que una flor de Creta me daría una explicación de por qué había vuelto a encenderse aquella luz. Sólo quedaba la cartela (Carex Idaea), ni tallo ni flor, síntoma equívoco, que diría Deleuze. También dí con un bar por Moncloa con su nombre. Le pregunté al dueño por qué lo había llamado así. Me dijo que porque su mujer toledana, cuando eran novios, le decía que tenía dedos de Greco. Claro, le contesté, y me puse un poco colorado. Después, durante un viaje de trabajo, me quedé mirando el San Juan Evangelista de Valencia hasta comprobar que la guía con la que había hecho aquella visita tenía razón. El Greco usaba un pincel rácano de óleo sobre fondo uniforme. Le servía para un roto y para un descosido, y las sobras de pintura le bastaban para pintar nubes. Lo mismo que me estaba pasando a mí con los recuerdos. Retrasé la vuelta a casa para poder ver las obras del pintor de la colección del Patriarca, custodiadas, por cierto, por un enorme cocodrilo disecado que impone silencio a los visitantes.
Y entre tanto me acordaba de la guía de la visita de julio. Comentó cuatro obras de una exposición La belleza disecada, entre ellas, el Caballero anciano, -¡de no más de 40 o 45 años! - y la Huida a Egipto. Oyéndola, tenías la misma sensación que al volver a casa de niño después de las vacaciones de verano. Los mismos picaportes, los mismos muebles, todo igual, pero como si fuera extraño, como si lo conocido se hubiera renovado por efecto del mes de ausencia. En la exposición, el efecto estaba conseguido a través de un ámbito ficticio, un apartamento de 200 m2 en el que las obras, sacadas de las salas donde pueden contemplarse habitualmente, renacían. La guía dijo cosas pintorescas: que la combinación de colores de otro cuadro de san Andrés anticipaba las mezclas de tonos de Yves Saint-Laurent o que el retrato de Jerónimo de Ceballos era un Bacon avant la lettre, así, en francés, con buen acento. Yo que no enseño arte, sino lengua, aprecié el esfuerzo. Por lo demás, tenía un seductor deje castizo que contrastaba con su atuendo austero. Nada de trajes de chaqueta desestructurados, ni look deportivo inglés. Huía de la moda convencional por sendas de oriente. Blusas de seda mate y pantalones de tela fina sobre zapatos bicolor, marrones y blancos. Pendientes neojaponistas sin valor, con gusto, en inversa proporción. Llevaba gafas de miope y tenía un ligerísimo bozo casi transparente. Empezaba, pues, a insinuársele poderosamente la edad, pero cuando llamaba pintorazo al Greco, la luz del atardecer madrileño se doraba. Y es que que le llevo 10 años a Ceballos, en el mejor de los casos.
imageA los ponentes del curso les unía un modo de hablar del museo como si de una empresa en la que participaran en alma y cuerpo se tratara. Lo de la publicidad Apple o Ikea. Rollo gran familia disciplinada y bien avenida, como estoy seguro enseñan que debe ser en las facultades de empresariales. Así es que cuando, de repente, apareció ella con un discurso que no se apoyaba en adormecedoras fotocopias, aceptando el reto de medirse al público con sus conocimientos, me dejé llevar por su voz . Me quité el transmisor y de vez en cuando me volvía a mirarla a ella en lugar de a los cuadros.
Después, en las noches de calor de agosto, recordé mi visita adolescente a Toledo. Comencé entonces a pensar que mi interés renovado por el pintor era en realidad un reencuentro con cosas perdidas, con la juventud. El caso es que no dejaba de pensar en el Greco y en ella. Un tío que pinta a Cristo resurrecto como si fuera un bailarín de ballet clásico en puntas no podía ser un creyente, sino más bien un hábil infiltrado, pensaba. Según Scorsese entre los directores de del cine clásico americano hay ilusionistas, iconoclastas y, en medio, se encuentran los infiltrados. Hábiles como pocos, consiguen hacer casi lo que quieren aparentando sujetarse a las imposiciones de la industria, a las reglas de los estudios. Son los smugglers, los contrabandistas capaces de transformar lo rutinario -los temas contrarreformistas- en algo personal. Toques inusuales, motivos inesperados, posiciones extremas. Menos dinero, más libertad, insiste el director americano al hablar de J. Tourneur. Por eso, quizá, el Greco fracasó con los poderosos, reyes y cabildos, en sus trabajos de serie A, y tuvo éxito en los de serie B, más abiertos a la diferencia de sus creaciones. Refugiados del fascismo, expatriados, artistas que se alejan de sus raíces, de la tierra en la que nacieron para vérselas con otros códigos narrativos, otros públicos, otras exigencias. Ophuls, Preminger, Wilder, Sirk, Siodmak, el mismo Hichcock, A. de Toth, el Greco, capaces de adueñarse de lo nuevo sin abandonar lo viejo, de aprender otra lengua y hablarla mejor que los nativos sin perder del todo su acento de origen
En cuanto a ella, encarnaba un modelo de mujer hacia el que siempre he sentido ambivalencia, atracción de lejos y susto de cerca. Por suerte, estuvo lejos todo el rato, pero el tiempo suficiente como para que se reabrieran viejas dudas. Su voz -me pasa siempre- resultó ser como humedad para las plantas sedientas.
Pasaron los días y quedó casi solo el renovado interés por el pintor. Pocos artistas han sufrido semejantes intentos de apropiación para neutralizar lo incomprensible, taponar las rendijas por las que se escapa su misterio en cuanto te pones delante de sus grandes cuadros. A veces, hay quien se da la vuelta y no quiere ver más. Tira hacia Velázquez y se deja de historias. Pero también he visto a grupos de japoneses absortos delante de san Andrés y san Francisco. Entre los estudiosos pasa lo mismo. Hay quien se adorna y quien carga la suerte. Pero casi todos dan la sensación de estar intentando coger agua en un cesto de mimbre. Y entonces se rebotan, en lugar de ponerse al servicio del pintor, lo acomodan a sus prejuicios, a sus conocimientos, a sus tesis. Casi ninguno se atreve a aceptar el margen inefable que hay en él. Como decía alguien de la ciencia, se puede llegar a saber todo de algo sin haber entendido nada. Creo que era Marx.
De ahí las etiquetas que se le han colgado en unos cien años. En forma de nube de tags: Un paranoico pintor sabio madonnero di genio estrábico astígmata hipermétrope pintor bizantino a la vez bizantino y helénico europeo místico último representante famoso del arte ortodoxo occidental protoexpresionista integrante de la civilización latina consumidor habitual de haschisch pintor homosexual estrábico y astígmata hipermétrope home modernista de son temps mentalidad de degenerado artista puro precursor de la abstracción primer pintor que no quiso simular la naturaleza pintor veneciano cubista en su construcción verdaderamente castizo y nacional pintor de la vida interior exaltado simplemente un católico español l’un de ceux que le souci de plaire a le moins préoccupés hijo de la degradada sierva del turco. Desde que volvió a nacer hacia 1860 ha habido una necesidad creciente de calmar la desazón que producía su diferencia, como si mediante una clave interpretativa, un ábrete Greco, religioso, sexual, morfológico, ideológico, fuera posible entenderlo, reconducir la amenaza.
Han pasado siglos y sigue sin dar nombre a ninguna de las puertas de acceso al Prado. Pintorazo, como decía mi guía preferida por el infierno veraniego, sí pero que te compre quien te entienda.
(Quizá continúe)











Voyeur, flâneur, selfieur

 

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martes, 15 de julio de 2014

Reedición de entradas. Aniversario del nacimiento de W. Benjamin (15-7-1892): Benjamin según Scholem. Retrato impresionista sobre la idiosincrasia del príncipe o ¿quién lo hubiera dicho? (I).

- Benjamin según Scholem. Retrato impresionista sobre la idiosincrasia del príncipe o ¿quién lo hubiera dicho? (II).

“Bajo la mirada de sus palabras se transforma todo como si se hiciera radiactivo…Ninguna ocurrencia de aquel hombre inagotable tiene nunca aspecto de  ocurrencia mera” (Adorno, T.W., Caracterización de Walter Benjamin, Crítica cultural y sociedad, Ariel, 1969, p., 113, trad. M. Sacristán)

Klee-angelus-novus.jpgAngelus novus, P. Klee, 1920 (Fuente)

Las citas proceden de la edición francesa de Scholem, Gershom, Walter Benjamin, Histoire d’une amitié, Presses Pocket, 1975.

- Conviene señalar que Benjamin tenía una manera muy peculiar de colocar las comas (p. 9).
- Lo que no he podido olvidar, sin embargo, es su forma de hablar. Razonaba con  intensidad y se expresaba con gran perfección, sin mirar al público. Tanto es así que dejaba  la mirada fija en una esquina del techo, como si se estuviera dirigiendo un público que sorprendentemente se hubiera colocado en ese lugar (p. 12).
- Su habitación era grande y la conservaba con sumo cuidado. Contenía un gran número de libros. Tuve la impresión de encontrarme en el lugar de retiro de un filósofo (p. 15).
- Lo primero que me sorprendió de él, y que, por otra parte, iba a caracterizarle el resto de su vida, era su incapacidad para quedarse sentado  durante una conversación (p. 19).
- Chocaba el contraste entre la rigidez de su mirada y la vivacidad de sus gestos (p. 19).
- La frente, extraordinariamente alta y lisa, le hacía impresionante (p. 19).
- De espaldas, se le reconocía por su forma de andar y ese rasgo característico todavía se acentuaría más con el paso se los años. Bajo la frente, destacaban las gafas, de gruesos cristales. Tenía tendencia a quitárselas varias veces durante una discusión… (p. 20)
- De camino, me contó cómo había conseguido que le declararan exento del servicio militar al simular un temblor nervioso (p. 24).
- Le gustaba, por lo general, leer poemas en voz alta (p. 30).
- En la universidad, no teníamos ningún “maestro” (p. 399).
- …un comportamiento muy especial, basado en su manía por el secreto que podía llegar a proporciones extravagantes (p. 42)… evitaba, cada vez que podía, citar los nombres de los amigos y de las relaciones que aparecían en las conversaciones (p. 43).
- Para resumir, diría que la relación con Benjamin requería de mucha paciencia y contención (p. 44).
- Uno de los rasgos del carácter de Benjamin más sorprendentes era su extraordinaria sensibilidad al ruido (p. 45).
- Dora, a la que tuve ocasión de ver, me contó de forma totalmente confidencial, que había provocado en él, gracias a la hipnosis, ciertos síntomas parecidos a los de la ciática (p.60).
- De todas maneras, en  situaciones como esas,  su naturaleza radical le llevaba a comportarse de manera totalmente opuesta a la afabilidad y a la paciencia que mostraba en general en las relaciones humanas, hasta el punto de que no dudaba a la hora de las rupturas más lamentables (p. 69).
- …una novela teñida de ocultismo, ilustrada por el autor, de la que me dijo un día susurrando: “He conocido ese tipo de cosas en mis sueños” (p. 75).
- Su vida no coincidía con la extrema pureza que caracterizaba a su pensamiento (p. 85).
- Walter, hasta donde yo me acuerdo, no cantaba nunca (p. 120).
- Para ganar algo de dinero, Walter había decidido utilizar sus conocimientos de grafología, que eran en efecto considerables (p. 141).

Cuaderno de notas de Benjamin

domingo, 13 de julio de 2014

2000 metros por debajo de tu suelo…y sin embargo el tiempo pasa (y a ratos coule la Seine)

Huir, dejar lo que estás haciendo, el lunes que te amenaza, las paredes que se estrechan. Huir un rato al baño, quizá llorar bajo la ducha, poner la cara entre las manos sentado en el váter. O salir a fumar, no querer hablar, sentir que coger el tranvía te pone los pelos de punta, tener que agarrarte a la barra para no ser apalizado por los frenazos y las curvas de la vida. Huir de vacaciones, a los mares del sur, a las Seychelles en viajes para singles o a clubs de alterne para parejas, huir a la cama a oscuras, hacer como el empresario de Vázquez Montalbán, o lo contario, como Rimbaud o como Gauguin…Huir, aunque sea un rato, una tarde, a comer fuera, y encontrarte  contigo mismo en el Vips o a miles de quilómetros empeñado en construir la Maison de la joie  en un edén que no existe como demuestra la mirada triste, desolada, de las aborígenes que tanto gustan a Tita Cervera. Huir dos mil metros para abajo, a la cueva de Voronia o de Kruber (en georgiano: კრუბერის გამოქვაბული; en ruso: Крубера-Воронья), y al tocar de nuevo el suelo mirar el reloj –se me olvidó quitármelo- y volver a sentir la angustia.

(Fuente de las imágenes)

Georgia, nella grotta più profonda: 2mila metri sotto terra

Georgia, nella grotta più profonda: 2mila metri sotto terra

Georgia, nella grotta più profonda: 2mila metri sotto terra

Georgia, nella grotta più profonda: 2mila metri sotto terra

Georgia, nella grotta più profonda: 2mila metri sotto terra

Georgia, nella grotta più profonda: 2mila metri sotto terra

viernes, 11 de julio de 2014

El imaginario italiano a través de los fondos del Istituto Luce. Una exposición que se puede visitar en Roma



Para celebrar el nonagésimo cumpleaños del Istituto LUCE (Libera Unione Cinematográfica Educativa), poseedor de un ingente catálogo de imágenes de todo el S. XX, un buen número de instituciones italianas han patrocinado una exposición con parte de sus fondos en el Complesso del Vittoriano. El video de presentación ( https://www.youtube.com/watch?v=mK8vnm9gpqcno ) no  tiene desperdicio. Una voz de fondo, a través de frases entrecortadas, como una radio que pasara rápidamente de una emisora a otra, enumera desordenadamente acontecimientos, el fascismo, la guerra, el hambre, las victorias de la DC. Mientras tanto, una morenaza, a medio camino entre la Cardinale, la Bellucci y la gigantona de Amarcord, sonríe en una especie de gif animado que pone de manifiesto el contraste entre el gran discurso histórico y los anhelos mínimos del común de la gente, vacaciones en el mar y complacencia. La cosa recuerda los microvideos de El intermedio, en los que la imagen, convenientemente tratada, desmiente el mensaje de origen.

Antes de copietear alguna de las espléndidas imágenes expuestas, trascribo una hermosa cita de Gadda (Quer pasticciaccio brutto....). Ante el cadáver de la hermosa Liliana, el narrador reflexiona sobre esa mezcla de repugnancia y fascinación que produce la fotografía, incluso aquella que no viola la intimidad, quizá porque, cuanto mejor es, más le roba el alma a lo retratado. En cualquier caso, a través del intento de congelar el instante, la foto ensucia lo retratado, al oponerse al paso del tiempo. Lo decía S. Sontag: "fotografiar es apropiarse de lo fotografiado", "coleccionar fotos es coleccionar el mundo" (Sotag, Susan, Sobre la fotografía, deBolsillo, 2010, p., 13 y 14. Título original: On Photography, 1973) 


Poi riandò là: guardò, come per un commiato, la povera creatura sopra a cui stavano a disputà sottovoce li fotografi, badando non insudiciarsi pure loro o le loro trappole, con lampade, schermi, fili, treppiedi, macchinoni a soffietto. Aveveno già scovato due prese de dietro a du portrone, e aveveno già fatto sartà la varvola du o tre vorte, una de le tre varvole de l'appartamento. Si decisero per il magnesio. Aggeggiavano come du angeloni sinistri pieni de voja de falla franca, al di sopra di quella terrificante stanchezza: un freddo, un povero relitto, ora, della cattiveria del mondo. Le loro manovre de mosconi, queli fili, quelo strigne li diaframmi, quer mettese d'accordo sottovoce pe vedé de nun faje pijà foco a tutta la baracca... erano il primo ronzare dell'eternità sui sensi opachi di lei, de quer corpo de donna che nun ciaveva più pudore né memoria. Operavano sulla "vittima" senza riguardarne la pena, e senza poterne riscattare l'ignominia. La bellezza, l'indumento, la spenta carne di Liliana era là: il dolce corpo, rivestito ancora agli sguardi. Nella turpitudine di quell'atteggiamento involontario - della quale erano motivi, certo, e la gonna rilevata addietro dall'oltraggio e l'ostensione delle gambe, su su, e del rilievo e della solcatura dì voluttà che incupidiva i più deboli: e gli occhi affossati, ma orribilmente aperti nel nulla, fermi a una meta inane sulla credenza - la morte gli apparve, a don Ciccio, una decombinazione estrema dei possibili, uno sfasarsi di idee interdipendenti, armonizzate già nella persona.

Carlo Emilio Gadda, Romanzi e racconti II, garzanti, 1989, p., 69 

(Fuente de las fotos)


El zelepelín Italia - 1928
Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà


Un magnífico puesto de pepónides a la entrada a los estudios cinefatográficos de Cinecittà.  Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà

Durante el rodaje de 'Los  trabajos de Hércules' - Steve Reeves, Fulvio Carrara, Sylva Coscina - 1958 Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà


Mussolini a remojo si ritempra - 1934 Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà



Mussolini en Littoria durante la cosecha de trigo -  Super super man -1938 Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà



Ostia! 1931 Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà



Sesión de cinee del stituto Luce a Roma -  IVA 0% - 1932 Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà



Mujer Calabresa - 1951 - Versión local de la huida a Egipto (El Greco) Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà



Pareja de actores de cine muto, enmudecidos de la dicha 
Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà


Pelotón falangista en Palma de Mallorca -  Durante una pausa en la escritura de Réquiem por un campesino español - 1936 Foto: Archivio Storico Luce - Cinecittà



miércoles, 9 de julio de 2014

Breves lecturas de verano (1)

imageEmblema estival

Política cultural: Camarero, una de estado contra mal emprendedor.image

 

imageFragmento de la tarjeta de visita de Juan de Nogales

imageJardín botánico:  Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extrañoimage

domingo, 6 de julio de 2014

Sobre La aventura comunista de J. Semprún, de Felipe Nieto


Nieto, Felipe, La aventura comunista de Jorge Semprún. Exilio, clandestinidad y ruptura, Barcelona, Tusquets editores, 2014, 632 pág.


Al glosar la biografía de P. Levi escrita por Myriam Anissimov (1), Tony Judt, en un artículo publicado originalmente en 1999 en The New York Review of Books y recogido después en  Sobre el olvidado S. XX, se quejaba de que la biógrafa había hecho un esfuerzo “contraproducente por reordenar y parafrasear los escritos del proprio Levi”. Salvo su periodo partisano y su posterior envío a Auschwitz-Birkenau (uno de los Vernichtungslager, campos de exterminio), la  vida de Levi fue ordenada, nada aventurera; al contrario que la de Semprún, que fue una vida extremadamente agitada, muy a menudo pendiente de un hilo, por lo menos desde que en 1942 pidió el ingreso en el P.C.E y después se integró en la resistencia francesa hasta 1965, cuando, expulsado ya del Partido, inicia una nueva etapa “guiada únicamente por la terca aspiración hacia la lucidez”  (F. Nieto, p. 489). Sin embargo,  ambos personajes comparten experiencias esenciales, la temporada que pasaron en el infierno de los campos de concentración, aunque fueran de distinto tipo, su difícil supervivencia como víctimas y la necesidad común, distinta en cuanto a urgencias y modos, de narrar lo vivido.
Curiosamente, Levi y Semprún también comparten, en mi opinión, una característica que atañe a los libros que narran sus vidas. Así,  F. Nieto cuenta lo que ya ha contado Semprún en sus escritos, algo parecido a lo que que Judt reprochaba a Anissimov. Y es que, a poco que uno lo haya leído Adiós luz de veranos, Viviré con su nombre, morirá con el mío, La escritura o la vida, Aquel domingo, o las obras más noveladas, como La algarabía o La montaña blanca, siente que se está llevando a la boca un plato sin sabor, sin emoción. Valgan como ejemplo para los aficionados a Semprún el episodio del registro como estucador a su llegada al campo  (p. 38) o el del soldado nazi que se toma su último descanso en el camino cantando La paloma (p. 31).
Cabe reconocer, no obstante, que el equilibrio entre la cita textual y la paráfrasis es difícil de alcanzar. Es curioso que los textos originales del biografiado nos acerquen más a la verdad, “esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando decía que la poesía es más verdadera que la historia, más verdadera debido a su poder para condensar lo múltiple en lo típico” (2) que los textos parafraseados. En este sentido, el detalle preciso contado en primera persona, algo de lo que Levi sabía mucho, adquiere una fuerza nuclear que ilumina lo narrado. Entre el detalle emocionado y el dato crucial, que sería el equivalente en términos históricos, media la gracia literaria.
Otro de los reproches que se pueden hacer al texto de F. Benito es su descuidada redacción o presentación. Entre otros aspectos de carácter discrecional, como el uso de las comas, señalo lo siguiente:
Numerosas concordancias ad sensum: “Una parte de los intelectuales asimismo buscaron…” (p. 27), “De aquí,  la multitud de los resistentes detenidos de esta zona son transportados… (p. 33), “Más de un millar circulaban en manifestación…(p. 268);
formulaciones confusas: “El nombre del órgano de esta internacional comunista oficiosa propuesto por Stalin es bien expresivo: “Por una paz duradera, por una democracia popular.” (p. 125), a veces debidas a locuciones utilizadas impropiamente:“La elección de los participantes en el congreso fue decidida también desde la dirección. Se pretendía que la elección fuera democrática. De hecho la dirección nombra a los que tienen que estar presentes desde las distintas procedencia y sectores” (p. 217), o  a las que un cuyo les hubiera ido de perlas: “No debe confundirse con el pabellón de caza conocido como  Carinhalle, levantado por el gerifalte nazi  Hermann Göring en la misma zona…junto al Großdöllner See, del que apenas subsisten actualmente restos reconocibles de su megalómano esplendor” (p. 299);
erróneas divisiones silábicas, si consideramos que el nombre del premio Nobel suele pronunciarse a la italiana: “Al grito de ¡Pi-ran-de-llo!, ¡Pi-ran-de-llo! (p. 246);
erratas: “Espala franquista” (p. 141), “En Zaragoza, Miguel Labordeta, y en León, Lamoneda y de Pablos (p. 203),  “Celebran reuniones en el domicilio de Antoni Garrigues Díaz-Cañabate, franqueado por su hijo Juan Sebastián (p. 266), “sintieran” por sintieron (p. 276);
irregular uso de las mayúsculas: “…calumnias a dirigentes del partido y que, a partir de ahora, se sumen con entusiasmo a las próximas luchas de masas del Partido” (p. 337);
repeticiones poco justificables: “…al calor de quien fuera símbolo mayor del comunismo español con el que personalmente Semprún no tuvo confrontación personal (p. 494).
Dejando a un lado esas cuestiones, a mí el libro me ha resultado interesante en  otras cuestiones de mayor calado, como son el seguimiento del temprano gusto de Semprún por la escritura y el análisis de sus textos primeros, poemas, obras de teatro. También me parece  que la reconstrucción de la figura de Semprún como un comunista de tomo y lomo, incluso cuando su fidelidad al Partido podía resultar lesiva para otros militantes -caso Yourcenar (p. 72-76) o las purgas de finales de los años 40 (p.117-25)-, está bien hecha. Páginas interesantes son además las dedicadas a la visita de los dirigentes españoles a Stalin o a las huelgas de Vizcaya (1947) y y Barcelona (1951).
Queda, sin embargo, por dilucidar uno de los grandes enigmas del siglo pasado, el que aparece ligado al hecho de que grandes personajes, cultos, inteligentes, generosos hasta donde nos es dado conocer, fueran capaces de mantenerse al calor de partidos que cometían tropelías. Preferir un presunto horizonte de justicia a la rectitud moral inmediata, esgrimir las tinieblas exteriores para justificar la lealtad a una organización que da síntomas de putrefacción, son comportamientos que quizá solo sean comprensibles a la luz del enamoramiento entendido en los términos de matriz Stendhaliana que planteaba F. Alberoni en su lejano ensayo Enamoramiento y amor (1979). El enamoramiento comparte las bases en las que se sustentan  las conversiones religiosas o políticas. Cae en pedazos todo un sistema referencial que es sustituido por otro, construido alrededor de la persona amada. En el rápido proceso de desestructuración y reestructuración se produce el denominado stato nascente, en el que el individuo se funde con el objeto amado para crear una colectividad solidaria formada solo por dos seres, el partido y uno mismo.  Habría que añadir que el posterior paso de la pasión al llano del amor es muy complicado. Entre el largo noviazgo de Semprún con el comunismo, una aventura nada más,  y su frustrado matrimonio para toda la vida medió el rechazo de la amada y la progresiva entrada de luz por unas rendijas que de repente se hicieron grietas, esa vocación de lucidez de la que, si no me equivoco habla el escritor mismo en algún lugar. Siguió colgado por un tiempo tras su expulsión del Partido, siguió pensando que en el  materialismo dialéctico que le había servido para analizar el descosido de Nada (C. Laforet) y el roto de Ortega se hallaba una clave de comprensión universal, pero al cabo todo se fue metabolizando en aras de una lucidez democrática sobre la que, visto lo visto en estos ultimísimos años, sería interesante oírle hablar con su seductora voz.
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(1) Myriam Anissimov, Primo Levi o la tragedia de un optimista, Madrid, Editorial Complutense, 2001
(2) Coetzee, J. M., Mecanismos internos, 2007. DeBolsillo, 2010, Trad. de Eduardo Hojman, p. 249.

miércoles, 2 de julio de 2014

Viaje a Francia 2014. Ganadores del concurso de fotografía

 

Rocío Pérez Labanda (primer premio):

Liberté, égalité, fraternitéLiberté, égalité, fraternité

 

Marta García Anglada (segundo premio):

P1020731

 

Beatriz Gonzalo Aguado (mención especial):

Montpellier-Languedoc2014

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Gracias a tod@s por participar y por el buen nivel general de las fotos. La decisión sobre los premios no ha sido fácil. El próximo curso haremos una exposición  en la E.O.I., 1 con cuatro fotos de cada uno de los concursantes.

Javier Brox

Clica aquí para ver todas las fotos en concurso

martes, 1 de julio de 2014

Yo receptor (de Pessoa). Pessoa y España en la Biblioteca Nacional

 

PinturaPessoaDeCastane_3201(Fuente de la imagen)

Fernando Pessoa en España se llama la exposición que se puede visitar estos días en la Biblioteca Nacional. Además de algunos textos autógrafos

17_TP_357del poeta y alguna que otra imagen de Lisboa y de escritores españoles relacionados con él , el núcleo de lo expuesto está lo forman  los libros del poeta portugués publicados en España y las monografías de autores españoles dedicadas a él. En mi memoria lectora, Pessoa está presente sobre todo en torno a 1979, cuando mi novia me regaló la Antología de Alvaro Campos (J.A. Llardent, 1978, E.N., Editora nacional, sí, sí, nacional), uno de los volúmenes expuestos. Está comprado en El Brocense, aquella gran librería de Fernández de los Ríos que dejó de ser, quizá porque imponía demasiado entrar en ella, o allí, para no ser cursis. Después, entre otras tantas cosas, Poesía, la señera revista dirigida por Gonzalo Armero, le dedicó un número doble (7-8) en 1980. Es una pequeña joya, parecida a lo que después se ha llamado álbum. Formulo la frase con el sustantivo en singular, porque huyo de su requetefeo plural. Seguramente, los album… publicados recientemente, por ejemplo, el de la Residencia de Estudiantes dedicado a Cernuda, están inspirados en los de la Pleaide, que tan buen mercado de segunda mano tienen en Francia. Lo cierto, es que o se me pasó en mi rápida visita o el número doble no está incluido en la exposición.

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En cualquier caso, tengo a esos años, los que van del 78 al ochenta y tantos como los años dorados de la recepción de Pessoa en España entre un público restringido, claro, pero abundante. A Pessoa se le veía en el metro de Madrid de la mano de los estudiantes de filología y se le veía en las playas de Cádiz de la mano de mujeres jóvenes a las que empezaba a pesarles el tedio de la vida, porque el reflujo de los entusiasmos de los primeros setenta hacía del poeta un buen caladero de sentimientos crepusculares. Después, poco a poco, fue perdiendo visibilidad, aunque, por ejemplo, la reedición del Libro del desasosiego en los Clásicos Contemporáneos Internacionales de Planeta, con traducción de Ángel Crespo, es del 98. Si Acantilado, con los altos precios que se gasta, lo retomó en su catálogo, será porque aun colea comercialmente. Su edición del Libro del desasosiego (trad. de Perfecto E. Cuadrado), corregida y aumentada, eso sí, se cotiza a 27.00 €. La de A. Crespo se puede comprar en las librerías de viejo por unos 3. Los otros 24 dan para mucho. Por cierto, seguirán siendo tan baratos los bonitos volúmenes de las Obras completas en portugués (y en inglés los Poemas ingleses) que publicaba Edições Atica.

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Una parte de la Exposición está dedicada a documentar las relaciones de Pessoa con escritores afines.

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Otra parte de la exposición versa sobre los poemas dedicados a Iberia y otras rarezas:

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