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martes, 1 de julio de 2014

Yo receptor (de Pessoa). Pessoa y España en la Biblioteca Nacional

 

PinturaPessoaDeCastane_3201(Fuente de la imagen)

Fernando Pessoa en España se llama la exposición que se puede visitar estos días en la Biblioteca Nacional. Además de algunos textos autógrafos

17_TP_357del poeta y alguna que otra imagen de Lisboa y de escritores españoles relacionados con él , el núcleo de lo expuesto está lo forman  los libros del poeta portugués publicados en España y las monografías de autores españoles dedicadas a él. En mi memoria lectora, Pessoa está presente sobre todo en torno a 1979, cuando mi novia me regaló la Antología de Alvaro Campos (J.A. Llardent, 1978, E.N., Editora nacional, sí, sí, nacional), uno de los volúmenes expuestos. Está comprado en El Brocense, aquella gran librería de Fernández de los Ríos que dejó de ser, quizá porque imponía demasiado entrar en ella, o allí, para no ser cursis. Después, entre otras tantas cosas, Poesía, la señera revista dirigida por Gonzalo Armero, le dedicó un número doble (7-8) en 1980. Es una pequeña joya, parecida a lo que después se ha llamado álbum. Formulo la frase con el sustantivo en singular, porque huyo de su requetefeo plural. Seguramente, los album… publicados recientemente, por ejemplo, el de la Residencia de Estudiantes dedicado a Cernuda, están inspirados en los de la Pleaide, que tan buen mercado de segunda mano tienen en Francia. Lo cierto, es que o se me pasó en mi rápida visita o el número doble no está incluido en la exposición.

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En cualquier caso, tengo a esos años, los que van del 78 al ochenta y tantos como los años dorados de la recepción de Pessoa en España entre un público restringido, claro, pero abundante. A Pessoa se le veía en el metro de Madrid de la mano de los estudiantes de filología y se le veía en las playas de Cádiz de la mano de mujeres jóvenes a las que empezaba a pesarles el tedio de la vida, porque el reflujo de los entusiasmos de los primeros setenta hacía del poeta un buen caladero de sentimientos crepusculares. Después, poco a poco, fue perdiendo visibilidad, aunque, por ejemplo, la reedición del Libro del desasosiego en los Clásicos Contemporáneos Internacionales de Planeta, con traducción de Ángel Crespo, es del 98. Si Acantilado, con los altos precios que se gasta, lo retomó en su catálogo, será porque aun colea comercialmente. Su edición del Libro del desasosiego (trad. de Perfecto E. Cuadrado), corregida y aumentada, eso sí, se cotiza a 27.00 €. La de A. Crespo se puede comprar en las librerías de viejo por unos 3. Los otros 24 dan para mucho. Por cierto, seguirán siendo tan baratos los bonitos volúmenes de las Obras completas en portugués (y en inglés los Poemas ingleses) que publicaba Edições Atica.

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Una parte de la Exposición está dedicada a documentar las relaciones de Pessoa con escritores afines.

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Otra parte de la exposición versa sobre los poemas dedicados a Iberia y otras rarezas:

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jueves, 15 de mayo de 2014

Fotos de un viaje a San Petersburgo (una ciudad rebautizada) en sus detalles (5).

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles,1)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 2)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 3)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 4)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles. Fotos fuera de concurso, 6)


Fotos y textos: Palmira Anadón Cortés

P4140134
Paso de cebra
Al cruzar, debes hacerlo siempre por tu derecha, como indican las flechas, de este modo, nunca vas a chocar con nadie. Las personas que vienen de frente pasarán por tu izquierda. Me pareció bastante curioso.

P4140146
DelicatessenMuñecas de chocolate, una obra de arte. ¿Realmente, nos las comeremos? Da pena destrozar esos hermosos vestidos de volantes. Me recuerda Andalucía

Esta foto esta tomada en la tienda de delicatessen que hay en la avenida Nevsky.




miércoles, 14 de mayo de 2014

Fotos de un viaje a San Petersburgo (una ciudad rebautizada) en sus detalles (4).

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 1)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 2)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 3)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 5)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles. Fotos fuera de concurso, 6)

Fotos y pies de foto: Margarita Depain

P1290681Sin comentarios (está más claro que el agua).

P1290432Внимание, говорит москва.
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Fotos y poemas: Alfonso Gamero Arrese

El héroe ausente
El héroe ausente
Teñido el cielo de llamas de ocaso
errático el rumbo hacia el camposanto
de Alejandro Nevski, ya escucho el canto
que desde su coro invita al parnaso.
Tu postrer morada me llega al paso
humilde su estrella, inmortal acanto,
mudo el adiós de los que dieron tanto
ya sólo un hierro sobre el suelo raso.
La mayor oblación, tu sacrificio,
la ausencia que dejaste entre tu gente,
se tornan con el tiempo un artificio.
El Mal sigue avanzando indiferente,
devorando su propio beneficio,
creyéndose a salvo del héroe ausente.


El oso disecado
El oso disecado
Llegueme a la posada
reseco por el polvo del camino
y en plena mascarada
me creí por desatino,
al ver a este oso tan galano y fino.
Aunque de mudo gesto,
adivinábase en su compostura
que se alzaba en su puesto
para mostrarnos presto
los cantos y bailes de su cultura. 
Esperé allí parado
sin que el oso mudara su semblante.
“Es que estoy disecado.
–me susurró entre dientes, apurado–
No se crea que soy un arrogante”.





























lunes, 12 de mayo de 2014

Fotos de un viaje a San Petersburgo (una ciudad rebautizada) en sus detalles (2).

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles,1)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 3)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 4)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 5)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles. Fotos fuera de concurso, 6)

Fotos y textos: Carmen Fernández Ullate

PIE-DE-SAN-PEDRO_thumb1DETALLE DEL MOSAICO DE SAN PEDRO EN LA CATEDRAL DE SAN ISAAC (SAN PETERSBURGO)
Un ‘trabajo de chinos’ en un mosaico ruso que representa a Simón o Simeón, apóstol de Jesucristo y primer jefe de su Iglesia. De carácter fuerte, Simón se granjeó el sobrenombre de Pedro. Se lo puso Jesús al señalarle como la «piedra» (petra en latín) sobre la que habría de edificar su Iglesia.
¡Pues piedras, chinas y/o teselas no faltan en este mosaico! Me encantó el detallismo, la factura y lo metafórico del pie desnudo de San Pedro.

RECOGIMIENTO-EN-CATEDRAL-DE-KAZAN-1_MOMENTO DE RECOGIMIENTO EN LA CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE KAZAN (SAN PETERSBURGO)
En medio del caos de tráfico del centro de San Petersburgo, y entre el incesante ir y venir de gentes por las aceras de la Avenida Nevsky, un momento para el silencio y el recogimiento en la Catedral de Nuestra Señora de Kazan en plena Semana Santa. Una mezcla de tradición, religiosidad, respeto, arte y belleza intercalado en el bullicio.
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Foto y texto: Guillermo Perdomo Ferrer

 P1020196_thumb1Pero he aquí que, de pronto, aquella noche hube de verme envuelto en una sorprendente aventura.......
A unos pasos de mí, de codos en la barandilla ,estaba una mujer que parecía observar con gran atención el agua turbia del canal..............
!Dios mío! !Un instante de felicidad! , ¿no es eso suficiente para toda una vida?
Noches blancas, Dostoievski

P1020065_thumb1Echa a correr por la desierta plaza,/pero escucha tras él,/con rugido del trueno desatado,/el poderoso galope que sacude el pavimento/y,por la luna pálida alumbrado,/con el brazo tendido hacia la altura/el jinete de bronce le persigue/montado en su caballo retumbante.
El jinete de bronce, Pushkin





domingo, 11 de mayo de 2014

Fotos de un viaje a San Petersburgo (una ciudad rebautizada) en sus detalles (1).

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 2)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 3)
(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 4)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles, 5)

(- Fotos de un viaje a San Petersburgo -una ciudad rebautizada- en sus detalles. Fotos fuera de concurso, 6)



“Durante el reinado de Pedro, un súbdito de la corona rusa tenía la limitada posibilidad de elegir entre ser llamado a filas o enviado a construir San Petersburgo y resulta difícil saber cuál de las dos opciones era más mortífera…” (Brodsky, J., Menos que uno. Ensayos escogidos, trad., C. Manzano, Ed. Siruela, 2006, p. 71)
La Semana santa pasada, del 12 al 19 de abril, el Departamento de Ruso de la E.O.I.1 de Zaragoza organizó un viaje a San Petersburgo. Entre los participantes, se convocó un concurso fotográfico con el lema San Petersburgo en sus detalles. Las fotos que aparecen a continuación son las primeras de una serie que se irá publicando sucesivamente. Al principio de cada entrada, figura una serie de enlaces a las otras entradas que contienen el resto de fotos. Cada imagen va acompañada de un texto escogido por el viajero como ilustración. Desde hoy, día 15 de mayo,  se puede visitar una exposición con todas ellas en la E.O.I.1. de Zaragoza.

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Entre San Petersburgo y Leningrado: Los nombres de las cosas –entre veras y bromas.

1.
Los escritores podrían dividirse en dos categorías, la de los que creen que en los detalles está el diablo y la de los que piensan que en realidad en los detalles está el ángel de las cosas. Los mejores, claro, son los que beben de las dos corrientes. Lo cierto es que los detalles, cuanto más discretos e insólitos son, más honda huella dejan en el observador. El turista común busca, claro, no perderse los grandes monumentos en las ciudades que visita, pero está sediento, a poco que sea sensible, de descubrir esa mezcla de insólito y familiar que hace que lo pequeño cobre mucho espacio en la memoria. Los ruidos, los olores, el tacto no se pueden fotografiar, pero muchas otras cosas menudas  frecuentemente se pueden  retratar. Es eso lo que busca el flâneur, el curioso caminante  dispuesto a dejarse las suelas de los zapatos en una ciudad desconocida. Su vista se vuelve rapaz, no sabe dónde mirar, tantos son los reclamos, hasta que, por oscuras razones, se casa con una imagen, disfruta y, a veces, como se pidió que hicieran a los participantes en el presente concurso, la fotografía, se une con ella con ella en un instante de intenso acuerdo, de comunión. Eso, si no ha sido el desdén o la rabia lo que ha provocado el chispazo. Y, como ave hambrienta, el viajero sigue adelante, a la búsqueda de nuevas piezas, de nuevas presas.
Brodsky en el texto al que me refiero en el punto 2 de esta presentación refiere algunas preciosas gemas peterburguesas que pertenecen a lo más excelso del paraíso de los detalles, los que están a mitad de camino entre la invención y los hechos, los frágiles recuerdo poéticos, que es mejor no ir a buscar en la realidad, pero que no se olvidan:
Una de esas joyas tiene que ver con los reflejos y con el Neva, que “se bifurca justo en el centro de la ciudad, con sus veinticinco tortuosos canales, grandes y pequeños, [brindando] a esta ciudad tal cantidad de espejos que el narcisismo resulta inevitable” (1)El agua, así, parece filmar una ciudad cuyos sueños van a desembocar en el golfo de Finlandia, donde todas esas imágenes se depositan en el más bello y perecedero archivo nunca inaugurado. No es extraño Pedro I, quien quiso esta ciudad, conocedor de su luz “pálida y difusa, una luz en la que la memoria y la vista funcionan con una penetración inhabitual” (Brodsky, ibid.), y acostumbrado como estaba a los grandes espejos, se hiciera una barca casi con sus propias manos.  Él, que para justificar la construcción de su capricho urbano “no podía esgrimir sus terrores infantiles”, “el pánico (sentido) en Moscú, sobre todo en el Kremlin, donde había contemplado y aprendido, con ojos de niño, la terribilidad del poder” (2), se inventó “una razón de estado” para dejar viuda de corte a Moscú, la anterior capital. Quizá, en un momento de tortuosa  lucidez infantil recobrada pensó, como el otro Pedro, que quería volver a ser solo un humilde pecador, pescador de imágenes en el Báltico:
Di, Jesucristo, ¿por qué
me besan tanto los pies?
Soy Pedro I, aquí a caballo,
en bronce inmovilizado,

Haz un milagro, Señor.
déjame bajar al río,
volver a ser pescador,
que es lo mío (
Pseudo R. Alberti)
2.
Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo (El golem, J.L. Borges)

Guía para una ciudad rebautizada así  es cómo J. A. Brodsky (Иóсиф Алексáндрович Брóдский) tituló el hermoso texto que dedicó a su ciudad natal, haciendo referencia al cambio de denominación que ha sufrido en distintos momentos. De San Petersburgo, en efecto, pasó a llamarse Leningrado en el periodo soviético, entre 1924 y 1991, con un breve paréntesis anterior en el que, rusificado su nombre, fue conocida como Petrogrado (Петрогра́д), entre 1914 y 1924. Desde 1991 volvió a llamarse San Petersburgo.
En su texto, que es de 1979, Brodsky dice que, en realidad, los peterburgueses, con querencia por lo europeo, tienden a llamar cariñosamente a la ciudad Peter, no Pyotr, que sería el verdadero nombre del emperador en ruso. Que una ciudad tenga un apelativo cariñoso no creo que  cree problemas de ningún tipo a nadie. Al fin y al  cabo, llevando la comparación a otro terreno, son muchas las personas a las que, según el ambiente en el que se encuentren, se les llama de distinta manera. Don José y Paquito, por ejemplo, suelen convivir felizmente en el mismo cuerpo. Solo en casos extremos, como el de la copla, nos acercamos al desvarío. Así,  La caprichosa Dolores quiere que Francisco la llame Lola, un nombre con olor a amapola,  y además pretende que él  a sí mismo no se llame con su verdadero nombre, Francisco, sino Antonio, pues así se llamaba de su primer novio. Inmenso lío que, sin embargo, no le resta un ápice de gracia a la canción y añade sabor a la relación amorosa evocada. Cosas alucinantes, ya lo decía Serrat, tu nombre me sabe a hierba.
Otra cosa son los cambios  nomino(i)lógicos  -¡en realidad, se dice nominales!- impuestos por el poder, dictados al albur de las miserias o grandezas históricas. “Jamás se da un documento de cultura sin que lo sea a la vez de la barbarie”, decía W. Benjamin en su Séptima tesis de filosofía de la historia. Y este fenómeno de los cambios de denominación, para seguir con las ideas de Benjamin, sería un correlato de un documento de cultura y al tiempo una especie de fantasmagoría que por un instante hace patente en el hombre de a pie hasta qué punto la gran historia no le pertenece y se puede reescribir a golpe de boletín y callejero, porque no es, a menudo, sino un discurso interesado en legitimar al poder. Yo,  hace años, vivía en una calle que se llamaba Padre Marcellán Mayayo, un sacerdote que participó en aquella División Azul que se fue a hacer cosquillas bélicas al ejército bolchevique durante la Segunda Guerra Mundial. Con tan infausto motivo, el cura trabucaire fue eliminado del callejero por franquista. Sea, nada que objetar. Pero es que el  nombre que le pusieron  a continuación a mi calle es insoportable, peor que aprenderse los números de teléfono móvil de los hijos: Valero J. Ripol Urbano, la llamaron, donde J. está, según unos, por Julián, y por Julio, según otros. Entre los iniciados se ha convertido en calle Valero Ripol, que fue por cierto un valiente maño que participó en los sitios de Zaragoza. Casi pierde la vida, pero ganó condecoraciones y una calle por su comportamiento. Por suerte, Google, tan servicial, aunque escribas un modesto V. Ripol, enseguida reconoce lo que quieres decir. Me resigno a que me cambien el nombre de las cosas, hasta en algún escaso caso puedo celebrarlo, pero pido un poco de piedad con el ciudadano, que alguna calle de un nuevo barrio se va acabar llamando Tres tristes tigres comían… , en recuerdo de Cabrera Infante.
Se acaba perdiendo la paciencia con, tanto  tanta justicia histórica realizada por los políticos a los que  la justicia presente asusta  como el agua caliente a los gatos callejeros. Pero no quiero soltar el tema sin señalar algo solo aparentemente distante, y es que la peseta frente al maldito euro –que sigue siendo, por más que duela, 166 unidades y céntimos sueltos de aquella– es como si fuera para mí un miembro amputado cuya ausencia siempre dolerá, porque con él se fue la sensibilidad fina, la de la emoción de los primeros gastos.
En fin, que, aunque, nunca entré en San Petersburgo, nunca vi San Petersburgo, me siento cercano de quien la llama Peter.

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(1)  Brodsky, J., Menos que uno. Ensayos escogidos, trad., C. Manzano, Ed. Siruela, 2006.
(2) Vázquez Montalbán, Manuel, Moscú de la revolución, Planeta, 1990, p., 14-15. En el índice onomástico, de San Pertersburgo se remite a Leningrado. Eran otros tiempos.

Javier Brox
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Fotos y pies de foto: Cristina Aguarón

Por la mañana en el rio, por la noche te frio.Por la mañana en el río, por la noche te frío.

Enciendo mi vela....Enciendo mi vela...

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Fotos y textos: Mercedes Quintanilla

DSC02146Al llegar al aeropuerto de SPB me llamó la atención ver a hombres que aguardaban  preparados con ramos de flores, e instantes después aparecían acompañados de sonrientes mujeres que portaban esos ramos. Al día siguiente, en nuestra visita a la Catedral de Smolny me sorprendió un banco bastante largo ocupado prácticamente entero por una pareja…. y su ramo; parecían estar posando, me acerqué, les pregunté si podía hacerles una foto y sonrieron mirando a la cámara. Es para mí la foto más entrañable de cuantas hice.

Me gustan las farolas. De ésta me llamó la atención las figuritas de los músicos que la rodeaban. Sólo después de haber hecho la foto me di cuenta de que iluminaba la entrada a una tienda de música.

martes, 29 de abril de 2014

Yo, pecador…Blow up, antes o después de entrar al Prado

“To possess the world in the form of images is, precisely, to re-experience the unreality and remoteness of the real” 

Poseer el mundo en forma de imágenes es precisamente volver a experimentar la irrealidad y la lejanía de lo real.

Susan Sontag, Sobre la fotografía

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