lunes, 6 de febrero de 2012

Rincón de las monadas. Los pelegrinitos llegan a Roma y se la encuentran nevada gracias al alcalde Alemanno

Roma vestida de blanco acoge a los pelegrinitos después de más de setenta años de caminata. Ya no tienen 15 ni 17 ni casi saben a lo que van, ni recuerdan si son primos. En el camino han envejecido, pero todavía les une un hilo dorado de la mejor falda de ella, la que usaba su madre el día de fiesta. El Papa, al verla, no piensa que ojalá fuera peregrino él también para besarla, o tal vez sí, aún le queda un resto de ilusión entre las telarañas. Del sombrero de hule del pelegrinito cae una gota de agua helada que va a parar a sus manos entrelazadas en señal de aburrido acatamiento. El sombrero de ella, de terciopelo, está empapado, pero resiste. Piensa, para casarnos tal vez no valía la pena la caminata, total, el viaje ha sido nuestra vida, pero ver Roma nevada es un feliz sueño inesperado. Las campanas no repican por el hielo.

(Fuente)

Neve a Roma, le immagini dall'alto

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Clica aquí para ver videos y más videos de la nieve en Roma y del caos que ha provocado.

LOS PELEGRINITOS (en la adaptación que hizo Lorca en el 31)

Hacia Roma caminan
dos pelegrinos,
a que los case el Papa,
mamita,
porque son primos,
niña bonita,
porque son primos,
niña.

Sombrerito de hule
lleva el mozuelo,
y la peregrinita,
mamita,
de terciopelo,
niña bonita,
de terciopelo,
niña.

Al pasar por el puente
de la Victoria,
tropezó la madrina,
mamita,
cayó la novia,
niña bonita,
cayó la novia,
niña.

Han llegado a Palacio,
suben arriba,
y en la sala del Papa
mamita,
los desaniman,
niña bonita,
los desaniman,
niña.

Les ha preguntado el Papa
cómo se llaman.
El le dice que Pedro
mamita,
y ella que Ana,
niña bonita,
y ella que Ana,
niña.

Le ha preguntado el Papa
que qué edad tienen.
Ella dice que quince,
mamita,
y él diecisiete,
niña bonita,
y él diecisiete,
niña.

Le ha preguntado el Papa
de dónde eran.
Ella dice de Cabra,
mamita,
y él de Antequera,
niña bonita,
y él de Antequera,
niña.

Le ha preguntado el Papa
que si han pecado.
El le dice que un beso,
mamita,
que le había dado,
niña bonita,
que le había dado,
niña.

Y la peregrinita,
que es vergonzosa,
se le ha puesto la cara,
mamita,
como una rosa,
niña bonita,
como una rosa,
niña.

Y ha respondido el Papa
desde su cuarto:
¡Quién fuera pelegrino,
mamita,
para otro tanto,
niña bonita,
para otro tanto,
niña!

Las campanas de Roma
ya repicaron
porque los pelegrinos,
mamita,
ya se casaron,
niña bonita,
ya se casaron,
niña.

La versión de C. Linares:

La de E. Morente, por bulerías:

La de Pepa Flores (Clica).

Y un pastiche del equivalente italiano del No-Do español, hecho siguiendo los cánones de la más pura retórica fascista, pero en clave de parodia. ¡Gracias Alemanno! (el alcalde romano de oscuro pasado fascista) por haber traído la nieve, ya hace dos años. Por cierto, en la nevada de estos días, ante las dificultades que se estaban provocando, primero dijo aquello de… tranquilos, que aquí no pasa nada, para, ante la gravedad de la situación, acabar por excusarse, echando la culpa a los demás y recurriendo a definiciones que recuerdan el tono del video: “Furia epocale”, contubernio enemigo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Amistades dispares, días impares.

Guardian publica una serie de fotos de amistades dispares, cada una de ellas con una breve reconstrucción de cómo estos amici per la pelle llegaron a encontrarse. Es muy probable que dentro de un rato esta entrada anocillada haya desaparecido. Ni el frío reinante podrá darle una consistencia aceptable. Pero hay días en los que no cabe sino empalagarse hasta el hartazgo para después rebotar, salir de esas nubes que se instalan a la altura de las sienes . No hay peor sensación térmica, como gustan de decir los hombres del tiempo, denominación con la que Eliot dudó antes de encontrar los hombres huecos. 

Por mi parte, un pequeño esfuerzo de sacudirme la pesadumbre consistiría en decir que seguramente uno de los dos amigos se chivará del compañero o que el más grande se zampará al otro a la vuelta de la esquina o cuando se gire el fotógrafo, pero eso también pasa con los vecinos del quinto, los mismos de los que los inquilinos de otros pisos suelen decir que eran personas muy normales, con los que se saludaban siempre al cruzarse y a los que no habían oído nunca levantar la voz…Pero todo eso serían burdas racionalizaciones. Por eso les pido que hagan como si no lo hubiera dicho, que a buen entendedor pocas palabras bastan.

Las historia y las fotos parecen provenir de un libro en el que se cuentan 50 casos de cariños insólitos:

Unlikely Friendships

By Jennifer Holland

Paperback (other formats)

RRP £9.99

 

 

Cabe preguntarse si son tan insólitos o de lo más comunes. Lo podría confirmar la cita bíblica que, como siempre, ya lo anunciaba:

"Isaiah" 11:6: "The wolf shall dwell with the lamb, and the leopard shall lie down with the young goat, and the calf and the lion and the fattened calf together; and a little child shall lead them" (Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará)

unlikely-animal-friendships-in-picturesThe potbellied pig and the rhodesian ridgeback                     Photograph: Fame/Barcroft

 

Unlikely animals friends: The macaque and the cat

The macaque and the kitten (Photograph: Anne Young)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Unlikely animals friends: The African elephant and the sheep

The African elephant and the sheep (Photograph: Rex USA)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Unlikely animals friends: The greyhound and the owletThe greyhound and the owlet (Photograph: Rex USA)

 

Unlikely animals friends: The pitbull, siamese cat and chicksThe pitbull, siamese cat and chicks (Photograph: Helen J Arnold)

 

imageÉ un incontro di mani quest’amore (Foto: el menda)

sábado, 4 de febrero de 2012

Reedición de entradas. Añorando el otoño. Las hojas muertas, anhelos sin cumplir en un sieso día de cierzo.

El cuerpo humano produce humores que inequívocamente se asocian con ciertos estados. Las lágrimas son la materialización líquida de la tristeza, el sudor es trasunto del esfuerzo. También el hambre o la excitación producen fluidos. Creo que lo decía Santo Tomás y lo repite Coetzee, no somos dueños de nuestras erecciones.

Somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al tiempo tenemos un cuerpo (1). Entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, la voluntad, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, observadores de sí mismos, reflexivos.

La condición humana es fronteriza, en desequilibrio equilibrado permanente, en el mejor de los casos y no constituye tanto una categoría en sí misma como una negociación entre categorías. Si no existes más que en tu inmediatez, si sólo vives y experimentas, tu cuerpo es en demasía y corres el riesgo, por ejemplo, de tirarte pedos donde no debes, como un pequeño salvaje; si te distancias de tu experiencia inmediata, si tu cuerpo es demasiado tenido por ti a distancia tiendes, dicho vulgarmente, a mear colonia. Hay que bailar una danza imposible entre ser primario y/o secundario a cada instante. La naturaleza es y basta, no conoce la piedad, quizá por eso el sufriente R. Darío envidiaba a la piedra dura, “…porque esa ya no siente/pues no hay dolor más grande que el dolor de estar vivo/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.

Pero Natura también tiene sus fluidos y las hojas que caen, las hojas de otoño, son la materialización del tiempo que se va sigilosamente, un año más. Ella nos ignora, pero nos sirve para conocernos, para sentirnos. Mi parte pensante no puede dejar de ver en la hoja un anhelo incumplido, un momento feliz que se fue o no llegó a ser, hasta cubrir el suelo de hojarasca cada cierto tiempo. Cuando sopla viento, empiezan los remolinos de la inquietud, el amasijo de la desazón. Soy cierzomaniaco, siesomanío. Pero me recupero un poco y en seguida llamo a mi servicio de limpieza, que he externalizado y diversificado. Lo llevan empresas que funcionan bien pero con las que soy ingrato y mal pagador, amigos, lecturas, terapeutas, que me dan buenos barridos. No dejo que usen lejía, porque quiero quedarme con el regusto de lo que perdí, si no, en qué voy a pensar al ver caer las hojas de otoño, las mismas que me ahogan cuando se acumulan .

(1) Vid. Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010.

Parece que Prévert compuso la primera versión de la canción para la película Les Portes de la nuit (Marcel Carné), donde es interpretada por Yves Montand. Pero también leo que la primera grabación la hizo Cora Vaucaire.

LES FEUILLES MORTES  (paroles: Jacques Prévert, musique: Joseph Kosma):

Oh! je voudrais tant que tu te souviennes
Des jours heureux où nous étions amis
En ce temps-là la vie était plus belle,
Et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle
Yves Montand

Tu vois, je n'ai pas oublié...
Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
Les souvenirs et les regrets aussi
Et le vent du nord les emporte
Dans la nuit froide de l'oubli.
Tu vois, je n'ai pas oublié
La chanson que tu me chantais.
Cora Vaucaire       

REFRAIN:
C'est une chanson qui nous ressemble
Toi, tu m'aimais et je t'aimais
Nous vivions tous les deux ensemble
Toi qui m'aimais, moi qui t'aimais

Mais la vie sépare ceux qui s'aiment
Tout doucement, sans faire de bruit
Et la mer efface sur le sable
Les pas des amants désunis (bis).

A partir de 1949 se convierte en un éxito en inglés, cantada con una letra mucho menos feliz que la original, y también como standard instrumental de jazz. Hasta que K. Veneno no acabó con tanto echar de menos (Lo mismo te echo de menos que antes te echaba de más) el volcán del almíbar no se secó. Las versiones en inglés se cuentan por lo menos por decenas. He aquí algunas (Clica para leer UNA PEQUEÑA HISTORIA DE LA CANCIÓN, en inglés):

Eva Cassidy
Lyrics by Johnny Mercer and Music by Joseph Kosma

The falling leaves drift by my window
The falling leaves of red and gold
I see your lips, the summer kisses
The sunburned hands I used to hold

Since you went away the days grow long
And soon I'll hear old winter's song 

But I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall
Since you went away the days grow long  And soon I'll hear old winter's song                                                     Versión intrumental de J. Coltrane      But I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall
I miss you most of all, my darling
When autumn leaves start to fall

Y la de K. Jarret:

Hasta el tigre de Gales se sintió tentado por ella.

Y, hace poco, también Clapton:

Pero puestos a cantar al otoño, quizá sea Colchiques dans le près la canción más hermosa. Lo que pasa es que es difícil encontrar una interpretación a la altura del texto:

Colchiques dans les près
Fleurissent, fleurissent
Colchiques dans les près
C'est la fin de l'été
La feuille d'automne
Emportée par le vent
En rondes monotones
Tombe en tourbillonnant
Châtaignes dans les bois
Se fendent, se fendent
Châtaignes dans les bois
Se fendent sous nos pas.

La feuille d'automne/ Emportée par le vent /En rondes monotones/ Tombe en tourbillonnant

Nuage dans le ciel
S'étire, s'étire
Nuage dans le ciel
S'étire comme une aile
La feuille d'automne
Emportée par le vent
En rondes monotones
Tombe en tourbillonnant

Et ce chant dans mon cœur
Murmure, murmure
Et ce chant dans mon cœur
Appelle le bonheur (bis)

viernes, 3 de febrero de 2012

El acto de inauguración de la exposición de Charo de la Varga

De aquí a no mucho publicaré las fotos que hizo Ricardo Duerto del acto de presentación de la expo de febrero en el paredondondehelarte, un reportaje en papel couché electrónico de los momentos estelares del acontecimiento, con sus protagonistas en poses ora hieráticas, como convenía al tono de algunas de las

declamaciones, ora desenfadadas, pero comedidas, como no podía ser menos en una ceremonia tan formal.

Foto de autor desconocido en la que aparece Elizaveta Xióngmāo Kushnareva (sic), antigua alumna de la escuela.

Todo salió a pedir de boca, expresión que no consigo rehuir al recordar las exquisitas croquetas servidas en el bar, “cojonudas”, según una de las asistentes -de origen y vocación riojana-  al pequeño ágape con que concluyó la velada.

Publico también el poema que había pensado leer yo, pero que, por circunstancias en nada ajenas a mi voluntad, no leí. Como muchos, pertenezco a la fraternidad neomelvilliana de los que preferirían no hacerlo. En este caso, además, creo sinceramente que, de haberlo hecho, los oyentes hubiesen preferido que no lo hubiera hecho, ejemplo de actitud contrafáctica, quizá también Vila Matiana, de la que me siento cercano…¡Pura vanidad!

Ezra Pound, Canto pisano LXXXI (fragmento):

Lo que amas de verdad  permanece,

el resto son escorias

Lo que amas de verdad nadie te lo arrebatará

Lo que amas de verdad es tu verdadera herencia

¿A quién pertenece el mundo, a mí, a ellos o a nadie?

Primero fue lo visible, luego lo palpable

Elíseo, aunque a las puertas del Infierno,

Lo que amas de verdad es tu verdadera herencia

La hormiga es un centauro en su mundo de dragones.

Arráncate la vanidad, no fue el hombre

Quien creó el valor, o el orden, o la gracia

Arráncate la vanidad, arráncatela, te digo

Del mundo verde aprende cuál es tu lugar

Si en lo inventado a escala o en el arte verdadero,

¡Arráncate la vanidad,

Paquin, arráncatela!

El casco verde ha derrotado a tu elegancia

“Domínate a ti mismo, y te soportarán los demás”

Arráncate la vanidad,

Eres un perro apaleado bajo el granizo

Una urraca henchida al sol cambiante,

Mitad negro y mitad blanco

no distingues el ala de la cola

Arráncate la vanidad,

Qué mezquino es tu rencor

Alimentado de mentira.

Arráncate la vanidad,

Ávido de destrucción, avaro en caridad,

Arráncatela, te digo.

Pero haber hecho en vez de no haber hecho

Eso no es vanidad

Haber llamado con discreción

Para que un Blunt abriera,

Haber recogido del viento la tradición viva

O del hermoso ojo antiguo la llama inviolable

Eso no es vanidad

El error está en lo que no se ha hecho

En la desconfianza que hizo dudar.

Y recitado por Pasolini a partir del minuto 5’03 en este video en el que, además, entrevista al autor:

Otra lectura, también en italiano:

El texto original:

What thou lovest well remains,
the rest is dross
What thou lov’st well shall not be reft from thee
What thou lov’st well is thy true heritage
Whose world, or mine or theirs
or is it of none?
First came the seen, then thus the palpable
Elysium, though it were in the halls of hell,
What thou lovest well is thy true heritage
What thou lov’st well shall not be reft from thee

The ant’s a centaur in his dragon world.
Pull down thy vanity, it is not man
Made courage, or made order, or made grace,
Pull down thy vanity, I say pull down.
Learn of the green world what can be thy place
In scaled invention or true artistry,
Pull down thy vanity,
Paquin pull down!
The green casque has outdone your elegance.

“Master thyself, then others shall thee beare”
Pull down thy vanity
Thou art a beaten dog beneath the hail,
A swollen magpie in a fitful sun,
Half black half white
Nor knowst’ou wing from tail
Pull down thy vanity
How mean thy hates
Fostered in falsity,
Pull down thy vanity,
Rathe to destroy, niggard in charity,
Pull down thy vanity, I say pull down.

But to have done instead of not doing
This is not vanity
To have, with decency, knocked
That a Blunt should open
To have gathered from the air a live tradition
or from a fine old eye the unconquered flame
this is not vanity.
Here error is all in the not done,
all in the diffidence that faltered …

Y leído por él:

martes, 31 de enero de 2012

Reedición de entradas. Rincón de los escaparates. Fruterías de lujo

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En Cádiz, cuando llegaban los géneros de ultramar, los comerciantes se subían felices a las torres de sus casas a ver a los barcos acercarse por la bahía. Supongo que sus mujeres e hijos también se alegraban por las sorpresas que podían tocarles. La dicha que produce el objeto inesperado, insólito, capaz de colmar un deseo indefinido, pero que late a la espera de ser satisfecho, es enorme. Piedras preciosas, juguetes mágicos, mascotas parlanchinas, canicas que llevan dentro una tormenta tropical. Será que ya no soy niño ni tengo padre, pero me parece que hoy en día no queda casi nada de aquel sentimiento, a penas alguna rareza en forma de artesanía, o alguna pieza de diseño que se suele ir de precio. La globalización ha matado lo exótico. Quedan, eso sí, las rebajas, cuando el chollo aún es posible y  con suerte puedes irte a casa con el calorcillo de bienestar que producen los objetos con halo, esos que gusta llevar puestos encima durante unos días. Quizá sea el móvil el último mohicano de la especie. Recientemente, me he pillado con la mano en el bolsillo agarrando uno que había cambiado poco antes, como si llevara guardada una estampa de san Cristobalón y fuera a atravesar la mareante Pasarela del voluntariado. De pequeño, recuerdo que vivía cada nueva adquisición doméstica con emoción. Cuando llegó la primera lavadora automática,  me senté delante de ella y me vi el programa completo. Lo que más me gustó y me cortó el aliento fue el centrifugado, que debe de ser el equivalente de las escenas de cama en una película, un momento en el que el espectador deja de pensar y es todo ojos,  pero poco raciocinio. Una cosa alienante, pan y circo, vamos.

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Las únicas tiendas que siguen deslumbrándome como las antiguas tiendas de trenes eléctricos son las fruterías de lujo. Cerezas a 24 euros y del tamaño de un huevo de más de un pajarraco, bananas descomunales que se pueden guardar para la siguiente comida, unos melocotones que yo no me atrevería ni a pelar, y melones que si te caen en un pie te lo averían, amén de frutas tropicales, ajos del color violáceo del pelo de algunas ancianas y patatas con cutis de sueca, mandarinas que te provocan pesadillas al pensar en cómo deben ser las naranjas. Tanto me impresionan estos sitios que, aunque un cuarto de quilo me lo podría permitir, nunca he comprado nada, porque, además de lo tacaño que soy, me da reparo entrar y pedir una manzana. Y es que llevarme un quilo  me horroriza, porque en el fondo siento que hay algo imposible de creer en una compra al peso de lo excepcional. Esta frutería de la foto carece de puerta, como si el frío o el calor no le afectara, como si su género fuera tan especial que no estuviera sujeto a las inclemencias de esta ciudad, ciudad inclemente donde las haya.