domingo, 7 de febrero de 2016

Carnaval (II). Reedición enmascarada de entradas: Las fotos de Charles Fréger

Llega el carnaval y da gusto ponerse máscaras, no como el resto del año, cuando el disfraz diario es tan pesado. Las verdaderas máscaras son las que llevamos en el trabajo, en el autobús de vuelta a casa, en el ascensor, hasta en casa, por momentos. Máscara con los vecinos, máscara de blog, máscara de facebook, máscara indignada, máscara sobre máscara, capa sobre capa, la máscara que sea con tal de no quedarte en cueros, pues cuero es lo que separa nuestro cuerpo, cadáver ambulante (denominación inventada por Quevedo para un síndrome que llegaría siglos después), del aire y no somos solo, shape without form, shade without colour, como decía otro poeta. Hasta que por fin llegan las tardes de carnaval y puedes quitarte por fin toda la cosmética para ponerte una máscara de mentira  salir a vacilar.

El fotógrafo francés Charles Fréger fotografió a setenta hombres salvajes (Wilder Mann, fruto del cruce, según algunas tradiciones legendarias, de oso y mujer) ligados a ritos carnavalescos de distintos países europeos, entre ellos Austria, Bulgaria, Croacia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Macedonia, Polonia, Portugal, República Checa, Rumanía, Escocia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suiza, Hungría, Inglaterra e Irlanda. Las fotos han sido expuestas y también publicadas en un libro. 
He aquí alguno de estos multiformes hombre salvajes, multicolores, hechos con diversos materiales, casi todos ellos unidos por la hermandad del palo, porra o estaca, y a menudo dotados de instrumentos que hacen ruido. Solo quien ha hablado con ellos sabe qué lenguas hermosas hablan, si es que hablan y no solo gruñen. Yo solo los he visto en foto y en algún sueño, pero seguramente viene a arrancarnos las máscaras.



Wilder, Tefs, Austria

Sonaggiaos, Ortueri, Cerdeña, Italia

Laufr, (el Saltador), Trebic, República Checa

Mascarita, Alsasua, País Vasco, España

Hueso, Zarramacadas de Mecerreyes, España


Trapajón, Silió, España


Schnappviecher, Tramin, Italia

Tschaggatta del Loeschental, Suiza

Luzifer und kleine Teufel e Schab, Tauplitz, Austria


Nevesta, Begnishte, Macedonia


Dziady Smigustne, Dobra, Polonia


Careto, Vila Boa de Ousilhao, Portugal


Juantramposos, España

Certi, República Checa

Strohmann, Alemania

Carnaval (I)




et l'un de vous tous pour l'ingénuité (esforzada traducción de  A. y Amelia Gamoneda)


Mallarmé, L'après-midi d'un faune.

sábado, 6 de febrero de 2016

Totó y Kafka (II)

Cuando veo algunas escenas de Totó no puedo evitar pensar en Kafka, en su lado cómico. Lo decía Brod en su libro sobre su amigo, cuando Franz les leía algunas de sus historias se partían de risa.
Totó es lo mismo, pero visto desde la otra perspectiva. Si en Kafka lo evidente es el peso dramático y lo cómico acecha, en Totó lo evidente es lo humorístico, pero a la vuelta de la esquina, cuando menos te lo espera entra en la zona de sombra trascendente. El humor profundo no consiste en otra cosa que en reírse de la condición humana, escatológica, término que como es sabido hace referencia tanto a lo más vulgar como a lo más elevado.



Totó contra Kafka

viernes, 5 de febrero de 2016

Las penas del joven Adam. galeotto fu Yeats. La ley del menor, última novela de McEwan

Leo La ley del menor (McEwan, Ian, Anagrama, 2015, trad. J. Zulaika) de tres sentadas y unas cuantas idas y vueltas en autobús de casa al trabajo. Tengo la sensación de que la traducción es insuficiente, pero una lectura así no me permite afirmarlo con rotundidad, como tampoco me permite profundizar en algunos detalles, los poemas que aparecen, las piezas musicales que se interpretan, el lío que empiezo a hacerme entre el domicilio y el club de juristas al que pertenece Fiona, la protagonista, una juez de menores en crisis conyugal tras muchos años de calma chicha, tantos como para haber llegado al borde de los sesenta sin haber cometido ninguna infidelidad. Tampoco su marido, profesor de latín en la universidad, parece haberse dejado llevar por devaneos. Pero en él la crisis de la edad unida a la calma chicha de su matrimonio, asexuado en los últimos tiempos, ha despertado la urgencia vital típica de quien está ya en primera fila frente a la de la guadaña. Que no les quedan muchos años buenos por delante y deben elegir entre una reconciliación plena y una separación definitiva, es algo que él recordará a su mujer cuando, por un lado, empiece a enquistarse en ella el rencor por lo ocurrido, y, por otro, superado el cabo de hornos de la crisis, la vida en común propicie de nuevo la intimidad. Lo ocurrido es que el marido ha tenido un despertar del apetito amoroso y el pobre ha pretendido saciarlo con una estadística (femenino de estadístico) más joven que él, sin por ello abandonar a su mujer.
Pero toda esa trama, cuya descripción podría haber consumido páginas y páginas, es resuelta enseguida, con mano maestra, dejando preparado el camino a la anécdota central.

Recuerdo un personaje presente en algunas películas de Pasolini, en particular en Teorema. Se trata de una especie de joven misterioso, puro e inocente y al tiempo atrevido, que se inmiscuye en la rutina de una rica familia burguesa, un ambiente en el que para el Pasolini de 1968, año de la película, se solazaban todos los males del alienante desarrollo capitalista. Todos los miembros de la familia se verán afectados por el paso del enigmático joven y gracias a él descubrirán una nueva vida, condenable desde el punto de vista de la moral dominante, pero mancha que limpia, vista desde el otro lado. La madre acabará en la cama con más de un joven, la hija, catatónica, el hijo pintor, y el padre regalando la fábrica de su propiedad a los trabajadores, antes de despojarse de sus vestidos y adentrarse en el desierto. la criada, por último, levita santificada por el joven ángel terrible.

En cuarenta años, la opción radical ha quedado reservada a personajes como el arrepentido pepero Marcos Benavent, neo hippie de diseño, tal vez sincero en su arrepentimiento y nueva vida, pero incapaz de renunciar a las marcas. Casi nadie se cae del caballo y se replantea su existencia, pocos son los que viven experiencias transpersonales decisivas, trascendentes. En consonancia con lo anterior, también el joven ángel terrible de Pasolini, actualizado a fecha de hoy, debía tener otra faz. La que le ha puesto McEwan no deja de ser irónicamente profunda, pues se trata de un joven testigo de Jehová, menor de edad por pocos meses, que se niega a recibir una transfusión de sangre en la que le va la vida. Fiona, que debe autorizar a que el hospital proceda a llevarla a cabo,  es profunda, sensata, madre sin hijos, pues ha sacrificado a la carrera esa querencia, elegante, culta, dotada para la música, pero es una mujer que en su vida apenas ha cometido locuras, apenas ha puesto en riesgo su bienestar. Sus únicas experiencias en el lado oscuro, consistieron en meras breves anécdotas juveniles en la penumbra, un fugaz noviazgo con un roquero y los gritos que pegaba al principio cuando hacía el amor con Jack, su futuro marido.

Pero lo cierto es que el caso del joven testigo de Jehová da la oportunidad a la juez de volver a vivir a sentir algo más que la comprometida rutina de su complicada profesión en la que a menudo está en juego la suerte de los momeros. Antes de decidir, Fiona adopta la insólita decisión de visitar  al joven hospitalizado. Durante la entrevista, los dos interpretan juntos una pieza musical en la que ella canta y él toca torpemente el violín, como los protagonistas de una antigua novela romántica. Los versos entonados (...In a field by the river my love and I did stand/ And on my leaning shoulder she laid her snow-white hand./ She bid me take life easy, as the grass grows on the weirs./ But I was young and foolish, and now am full of tears. Texto y traducción) se convierten en la columna sonora de su relación. El joven, sensible, inteligente, perseverante, atrevido,  hermoso como un personaje cernudiano, no deja de llamar la atención de Fiona, que mantiene con él una relación epistolar unidireccional y un fugaz e inolvidable brevísimo nuevo encuentro en el que se produce un "dulcísimo beso", apenas un roce. Adam le propondrá una especie de paideia heterosexual, le pedirá que sea su guía en el mundo laico de las ideas, querrá vivir a su servicio, en el mismo techo que  ella y su marido,  para aprender a vivir, acabr de descubrir lo que solo empieza a vislumbrar... Todo acaba de esas maneras:  la juez volverá a su vida cotidiana, a su bien ganada y remunerada zona de confort, al lecho conyugal compartido con su esposo, pero por un momento se habrá acercado a la verdad, habrá vuelto a vivir sin tantas protecciones, sin la armadura que le supone llevar una toga, la misma que le permite tutelar a los menores. En cuanto a Adam, mejor es callar.

martes, 2 de febrero de 2016

Bajo la lluvia. A los veinte años de la muerte de G. Kelly

"...los usos culturales imperantes imitan el sistema de valores de la publicidad, para la cual un Nombre es siempre un Nombre, como para los anunciantes de champaña catalán Gene Kelly, aunque salga embalsamado en salmuera de polvos de talco a dar dos o tres pasos de baile semiparalítico (...), será siempre incondicionalmente Geneee... ¡¡¡Kelly!!!, del que se sabe que no cobra precisamente cuatro reales por decir "kahrtah nevadahdah". (R. Sánchez Ferlosio)


Chapotear, jugar con el agua casa bien con la alegría, te devuelve a un estado en el que te confundías con lo que te rodeaba, como un niño en una inmensa playa, junto a un pequeño charco en el que concentra toda su atención. En la escena de Cantando bajo la lluvia, el mundo adulto está presente a través del sombrero, el traje, el ambiente urbano, pero lo desmiente la ligereza de los pies del bailarín, su desprecio del paraguas.

Mas la lluvia casa bien con la tristeza. Las gotas que te mojan el pelo, que llegan a los labios, son como un inmenso llanto del que te conviertes en un desheredado interprete. Tuve una amiga que en cuanto empezaba a jarrear salía a la calle a pecho descubierto a andar, a pasear su desvelo, a dejar que se emparara su tristeza.

Por mi parte, no soporto los paraguas, los pierdo y ni siquiera recuerdo haberlos perdido, me molestan colgados del brazo, con esos mangos  tan retóricos, tan rebuscados, tan pretenciosos. Y, además, son siempre pequeños, ni siquiera las sombrillas de los entrenadores ingleses de fútbol te cubren del todo, te aíslan de la humedad. Y si es así, mejor mojarse de verdad, sentir el efecto del agua, cómo te despeina, cómo pone en evidencia la edad, cómo, a partir de un momento dado, en lugar de gracioso o majico, pasas a ser patético y sientes que ni derecho tienes a estar triste bajo la lluvia.

domingo, 31 de enero de 2016

Leer a Cervantes, sentir como está escrito.

Leslau


- Nunca he vivido de ilusiones. Soy filólogo (Aub, Max, Campo Francés)

Según se van acercando las inciertas celebraciones del IV centenario de la muerte de Cervantes, arrecian las declaraciones de todo tipo al respecto. Las diversas instituciones encargadas no parecen ponerse de acuerdo sobre los contenidos y detalles de los futuros acontecimientos. Por otro lado, los especialistas van desgranando opiniones de las que deberían desprenderse las líneas maestras de los fastos. Hace poco menos de una semana, F. Rico subrayaba la doble vertiente de la principal obra cervantina, por un lado, un texto cuya mejor vía de acercamiento es la lectura, y, por otro,  un mito, una construcción ideológica que puede servir para un roto como para un descosido:

"Conviene aquí tener presente que el Quijote es un texto y es un mito, independiente del texto, no sujeto a él, y que hoy resulta casi imposible abordarlo sin falsillas previas. Las más pertinaces las fijó el romanticismo alemán: el tema de la obra, definía Schelling, es “la lucha de lo real con lo ideal”. ¿Por qué no? A mí me gusta lucubrar que El Quijote ilustra en grado soberano un aspecto esencial de la condición humana: vivir contándonos a todo propósito historias sobre nosotros mismos que se enfrentan con las limitaciones y condicionamientos de las circunstancias. Refútelo quien quiera. Porque, como fuere, la invitación a ir más allá de la letra, y aun a postergarla, forma parte de la grandeza y la vigencia del Quijote" (F. Rico).



Restos de una de las manifestaciones más extremas del trato que ha sufrido la figura del Quijote acabo de encontrarlo en Tumulto (Malpaso, Barcelona, 2016. Trad. Richard Gross) la entretenida obra de H. M. Enzensberger, no del todo bien traducida, un autorretrato en el que el polígrafo alemán pone en cuestión tanto como ensalza su propio diletantismo: 

"Sólo por Castro no sentiste excesivo entusiasmo.

La comparación con Don Quijote que se oye con cierta frecuencia se la tiene que atribuir (sic)  [¿hay que atribuírsela?] a sí mismo. "La Revolución ha mostrado que en Cuba hay más quijotes que sanchos", dijo en 1966. La novela de Cervantes fue una de las primeras publicaciones que mandó imprimir, un total de 150.000 ejemplares. Todos debían leerla. de su identificación con el protagonistas también da fe la estatua que hizo erigir en el jardín de la Unión de Escritores. representa al manchego como luchador antiimperialista". (p. 156)

Ahí queda, refútelo quien quiera, que decía Rico.


Lo cierto es que sería de desear que la conmemoración venidera propiciara la (re)edición de estudios sobre Cervantes. Sobre Shakespeare, por lo pronto, Debolsillo ha aprovechado para traducir la obra de Stephen Greenblatt,  El espejo de un hombre, publicada en inglés hace diez años.



Pablo L. Rodríguez, crítico musical del País contaba el sábado pasado una sabrosa anécdota en su reseña del último concierto de M. Pollini en Madrid. Preguntado el pianista Artur Schnabel sobre la tendencia a la que pertenecía, "a los que tocan como está escrito o a los que lo hacen como sienten", contestó: "¿no puedo pertenecer a los que sienten como está escrito?" (My life and music, 1961). Quizá sea esa una buena formulación del deber de la crítica literaria, hasta de la filología de autor, no renunciar al zeigeist en el que uno está inmerso, conocerlo, pero al tiempo no prevaricar retroactivamente, mostrar el debido respeto por los textos, por su contextualización histórica, por las determinaciones en medio de las que nacen. Quizá sea eso lo más difícil, no desaprovechar los conocimientos actuales para descubrir las diferencias y las líneas de continidad entre pasado y presente. Hablando de su formación, de sus maestros Jordi Llovet escribía hace unos años: "El discípulo polaco [Květolslav Chvatík] de Ingarden hizo que yo entendiera que la obra literaria posee una relativa autonomía con respecto a las determinaciones que llamamos históricas -el hecho es que la propia literatura siembra hitos históricos en el panorama de toda civilización, quizá con menos ruido que las batallas o las guerras, pero con una eficacia y un carácter perdurables-; el otro, un discípulo checo de Lukács y de la teoría marxista del arte, me hizo entender que las relaciones entre lo que llamamos Historia y las obras de arte de cualquier tiempo es una relación dialéctica: tesis, esta, que los mismos Marx y Engels terminaron por aceptar a las vista de las magníficas producciones del genio de los hombres en tiempo de miseria o tribulación" (Llovet, Jordi, Adiós a la universidad. El eclipse de las humanidades, Galaxia Gutemberg, 2011, p. 75. Trad. Albert Fuentes, ). Quizá, el reto de la crítica literaria y/o de la filología resida en ahondar en esa aparente contrariedad, la zona de fricción entre las determinaciones históricas de todo tipo y la transcendencia del hecho artístico, la perdurabilidad de obras como el Quijote, hijas de su tiempo, pero a la vez vivas en el nuestro.
Bien podría el IV centenario de la muerte de Cervantes para que las autoridades, en lugar de utilizarlo de mala maneara como producto cultural, esa cosa a medio camino entre el comercio y la política, incentivaran la producción de estudios de todo tipo sobre el autor y su obra, de divulgación, sin duda, pero también de auténtica investigación puntera.
Jordi Llovet, en el mismo libro, en un momento dado, clamaba al cielo por la cantidad actual de tesis "absurdas que descansan en los anaqueles de los decanatos de las facultades de Letras" (p. 167). Se esté de acuerdo con la inutilidad de la larga lista de extravagantes títulos que proporciona Llovet, difícilmente se podrá estar en desacuerdo con la rareza de las tesis sobre los grandes temas presentes en los grandes autores: "Ni una tesis sobre Cervantes, ni una sobre Goethe, ni una sobre Shakespeare" (p. 168). Sí, ya sé que es mucho más difícil escribir sobre ellos que hacerlo sobre tantas otras cosas, pero también es verdad que los libros capitales de las distintas tradiciones filológicas tratan de los grandes pesos de la tradición literaria y que escribirlos no debió ser nada fácil en su momento. El IV centenario debería servir (¿debería haber servido?) para acercar la figura de Cervantes a la actualidad en distintos niveles, debería ayudar (¿haber ayudado?) a renovar la tradición de la filología española, mucho más que a agrandar el mito. No vaya a ocurrir  con quienes desde el poder gestionan la cultura  como con ese personaje  que se ufanaba de no saber leer:

Leer no sé, mas sé otras cosas tales/que llevan al leer ventajas muchas/(...)Sé de memoria/todas cuatro oraciones y las rezo/cada semana cuatro y cinco veces/(...)Con esto y con ser yo cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano.

miércoles, 27 de enero de 2016

Sorrentino, la vida iba en serio, entre Las consecuencias del amor y la Grande bellezza. No pienso ir a ver Youth - Giovinezza


Se proyecta Youth - La giovinezza, la última película de
Sorrentino, por cierto ya en dvd a través de tiendas on line, a poco más del
precio de una entrada y media al cine, por lo menos aquí, en Zaragoza.



Entre Las consecuencias del amor (2004) (película entera en youtube)
y la Grande bellezza (2013), dos de las películas de Sorrentino, con T.
Servillo, el mismo actor protagonista, que tratan en buena parte del mismo
tema, la vida, "noiosa e ripetitiva", a partir de los cincuenta,
media una estética más efectista (qué querencia por los golpes de efecto, por
una música que subraya lo que debería dejar en silencio, al alcance de los
paladares afines) y seguramente mucho más dinero en la producción. Lo cierto es
que, a parte de eso, entre la brillante nada en la que hoza el protagonista
("il vortice della mondanità") de La grande bellezza, con un runrún
de fondo, que no es otra cosa que el tictac del reloj de la vida, y la condena
al exilio suizo del protagonista de Las consecuencias... ("io non sono un
uomo frivolo, l'unica cosa frivola che possiedo è il mio nome, Titta di
Girolamo") la distancia es más bien corta. Existencialismo de Antonioni,  irónica ensoñación felliniana,  pinceladas de humor y guiños por doquier, puro eclecticismo, el puente entre la Roma del escritor malogrado y el Cantón Ticino, Tesino, del educado colaborador de la mafia pasa por el verso de G. de Biedma, según el cual
la vida iba en serio, algo que, salvo raras excepciones, solo se entiende a partir de los cincuenta, y a menudo ni así.






Por todo ello, no pienso en ir a ver Youth- La giovinezza.

lunes, 25 de enero de 2016

El frío que ya no hace, que nunca volverá a hacer

París, Plaza de la Concordia(Fuente de la imagen) 

El aumento de la temperatura convirtió los sabañones patrios en un motivo costumbrista.  J. J. Millás en El mundo (Planeta, 2007), una autobiografía novelada  -la parte dedicada a su infancia es estupenda. El resto, no tanto-, escribe: "En el principio fue el frío. El que ha tenido frío de pequeño, tendrá frío el resto de su vida. Porque el frío de la infancia no se va nunca". Y se lanza a continuación a una perequiana serie de recuerdo. He aquí un botón: "Recuerdo los sabañones, Dios Santo, que se ponían a picar en medio de la clase de francés o de matemáticas, y recuerdo que si caías en la tentación de rascártelos sentías un alivio inmediato, pero en seguida respondían al estímulo multiplicando la sensación de prurito". 

                            El Sena helado a primeros de enero de 1880 (Fuente de la imagen) 

A mediados del largo noviembre en Madrid, en Zaragoza y hasta en Oviedo, te encuentras a gente en manga corta, a veces dando vueltas al árbol de navidad patrocinado por una multinacional. 

    
    Hace unos días en zaragoza (Fuente)

¿Por qué me gusta esta canción? Por varias cosas, creo yo. Por la voz de quien la canta, que desmiente la endeblez de su cuerpo, conservando, sin embargo, su delicadeza. Me transmite determinación, capacidad de atender al detalle y al conjunto, el grado justo de timidez y de conciencia de uno mismo y de sus sentimientos. Y además, me gusta la apariencia de sinceridad en la expresión, sin olvidar por un momento lo que de artificioso tiene cantar.
La letra no vale mucho, como ocurre a menudo con las canciones que más nos gustan. Pero la melodía sí y la imagen de esta chica que hablaba del frío del corazón hace cincuenta años, del amor como fuente precaria de calor, de energía, que decía sentirse desilusionada, cuando en la España oficial la mujer era todavía un cuerpo destinado al reposo del guerrero, me conmueve:

D'inverno il sole stanco/a letto presto se ne va/Non ce la fa più
non ce la fa più/La notte adesso scende/con le sue mani fredde su di me/Ma che freddo fa!/Ma che freddo fa!/Basterebbe una carezza
per un cuore di ragazza/Forse allora sì che t'amerei./ Cos'è la vita/ senza l'amore,/ è solo un albero/ che foglie non ha più
e s'alza il vento/un vento freddo/ come le foglie/ le speranze butta giù/Ma questa vita cos'è /se manchi tu./Mi sento una farfalla/che sui fiori non vola più/che non vola più/che non vola più.
Mi son bruciata al fuoco/del tuo grande amore/che s'è spento già
Ma che freddo fa!/ Ma che freddo fa!/ Tu ragazzo m'hai delusa,/hai rubato dal mio viso/quel sorriso che non tornerà.
Cos'è la vita/ senza l'amore,/ è solo un albero/ che foglie non ha più
e s'alza il vento/un vento freddo/ come le foglie/ le speranze butta giù/Ma questa vita cos'è /se manchi tu. /Cos'è la vita/Che freddo fa!/ se manchi tu.



Desde que Nada la cantó el tema, como se decía antes, cosa no ha hecho otra cosa que empeorar. Ella misma se encargó de perjudicarla en francés. Dalida tampoco se quedó corta:



Dans l'aube qui s'apprête /Déja s'ouvrent les lilas/Et pourtant j'ai froid/ Et pourtant j'ai
froid /Au bout de ma fenêtre/Le soleil se reflète sur les toits/ Et pourtant j'ai froid/ Et pourtant j'ai froid/Je me sens perdue/Mon lit est grand comme un désert/Et dans mon coeur sont revenus/Les jours d'hiver/La vie loin de toi/La vie loin de toi/C'est comme un ciel qui ne verrait jamais le jour/Ma chance et ma joie/Me viennent de toi /Et mes étés portent le nom de ton retour/Ne tarde pas, j'ai si froid /Sans ton amour/Ta place est encore chaude/Je l'entoure de mes bras /Et pourtant j'ai froid/Et pourtant j'ai froid/Mais ce n'est pas ta faute /Je sais qu'un jour ou l'autre tu me reviendras/Et pourtant j'ai froid /Et pourtant j'ai froid/Le bonheur vois-tu/Ce n'est peut-être qu'espérer/Et puis après s'être perdu/Se retrouver/La vie loin de toi /La vie loin de toi/C'est comme un ciel qui ne verrait jamais le jour /Ma chance et ma joie/Me viennent de toi/Et mes étés portent le nom de ton retour/Ne tarde pas, j'ai si froid/Sans ton amour/Ne tarde pas/Car j'ai si froid/Ne tarde pas/Car j'ai si froid/ Ne tarde pas
Car j'ai si froid.

A partir de ahí, la canción siguió viva, pero enferma de escepticismo:


Está cansado el sol de tanto y tanto caminar /Se va, se va, se va, se va,/Las sombras de la noche avanzan/Lentamente sobre mí,/Hace frío ya, hace frío ya,/Bastaría solamente recibir una caricia,/Para darte a ti mi corazón./Que es la vida, si no hay cariño,/Es como un árbol q sin hojas se quedó./Es como el viento, el frío viento,Que dejo triste y solitaria a la ciudad/Y es la vida q es, si faltas tú./Siento mariposa que a la flor no vuela más,/Que no vuela más, que no vuela más,/Quemada por el fuego de tu inmenso amor,Que apagado está, hace frío ya./Has borrado la sonrisa, q en mis labios yo tenia,/Y tu sabes q no volverá.Que es la vida si no hay cariño,Es como un árbol que sin hojas se quedó,Es como el viento, el frío viento,Que dejo triste y solitaria a la ciudadY esta vida que es si faltas tú.

Hasta que C. Gabarre la hizo mejorar algo, aunque la firme candidez de Nada haya quedado muy lejos:

miércoles, 20 de enero de 2016

Fantasmagorías: bendita agua. Cumpleaños de Fellini y muerte de Scola, pasado por el meridiano de la Fontana di Trevi y la playa de Palomares.

Se cumplen hoy los noventa y seis años del nacimiento de F. Fellini, justo el día después de la muerte de E. Scola, uno de los directores de la segunda generación neorrealista, artista con indudable personalidad propia, pero también con un gran pietas hacia sus parientes electivos, entre los que se contaba el maestro de Rímini. El calendario siempre depara paralelismos, correspondencias pseudomágicas que internet facilita. Son una tentación para las conexiones de alta velocidad, un recurso fácil para destilar entradas de blog como esta.

¡Nos estamos equivocando en todo! Ya voy,  recitaba Mastroianni en La dolce vita, quizá la película más lograda de Fellini, antes de meterse en las aguas con la Venus venida del norte, A. Ekberg, muerta también por estas fechas, hace un año:


En términos  benjaminianos, la escena es una fantasmagoria neopagana, un salto atrás a la inocencia, a la llamada del deseo, un bautismo purificador, trasunto del renacimiento.Volver a nacer:  Je est un autre (Rimbaud). Lo decía Jung, el hombre ha dejado de hablar con las plantas, con los ríos, hasta con la Fuente de Trevi, ejemplo de matrimonio feliz entre cultura y natura, monumento bien cocido por las manos de un masterchef, sí, chef. De hecho, lo que el personaje que interpreta Mastroianni hace es dejar a un lado por un instante todas sus dudas, su radical escepticismo y también, claro, el miedo a que aparezca la autoridad, un mensajero divino del padre Zeus para recordarle que no se puede cruzar el muro separa la mediocre vita cotidiana de un periodista romano del reino de las sirenas, aunque te llamen por tu nombre, como a Ulises, Marcello, Marcello, vieni. Vaya calentón erótico espiritual que se llevó el pobre. Chi me lo fa fare, quién me manda? debió salir pensando de allí, porque no nos engañemos, su conversión al amor dura lo que dura el temporizador del agua, que al poco manda silencio.





En 1966, seis años más tarde, las carnes tolendas de Fraga, nuevo Poseidón, salían de la Playa presuntamente radioactiva de Palomares, escoltado por sus tritones, uno de los cuales, en que aparece al fondo, más parece estar ensayando un baile regional que tomándose en serio el espectáculo. El acto protagonizado por el ministro franquista era un gesto de ficción secundaria, porque ya la sociedad del espectáculo se había adueñado de muy buena parte de la política. Nada nuevo en el Olimpo del Pardo, por lo demás. Se trataba simplemente de invitar a los españolitos de bien a compartir aguas del cocido achampanado en el que se había hundido el pepino radiactivo caído del cielo, del santo cielo, cruzado por los bombarderos americanos en pruebas.
A seis años de la reaparición de Venus en la Fontana, la distancia estética con la Europa democrática era notable, aunque no hay que desdeñar el fin común presente en las dos escenas, convencer, disipar dudas, volver al origen, agua clara. Por otro lado, en Italia, todo hay que decirlo, también cocían habas, pero lo nuestro eran calderadas con guarnición de porras sacudidas por los grises, en el mejor de los casos. 

Pero basta de aprovecharse de la conexión rápida a internet, que la mañana es corta y los deberes muchos. Recuerdo solo que Cohen, en el 67, una año después de Palomares, también habló del agua:

And Jesus was a sailor when he walked upon the water,
And he spent a long time watching from his lonely wooden tower,
And when he knew for certain only drowning men could see him,
He said "all men will be sailors then until the sea shall free them,"
But he himself was broken, long before the sky would open
Forsaken, almost human, he sank beneath your wisdom like a stone. (L. Cohen, Suzanne)

¿Será esa la tercera vía? Desde luego, el agua bendita sigue siendo la protagonista de la canción, el filtro que todo pone en evidencia. El piadoso Scola lo sabía:

viernes, 15 de enero de 2016

Fotos de un viaje a Moscú organizado por el Depto. de Ruso en semana santa de 2015



El Depto. de Ruso de la E.O.I.1 organizó un viaje a Moscú en Semana Santa del año pasado.  La mayor parte de los participantes eran estudiantes y antiguos alumnos del centro. Las fotos que aparecen a continuación son un pequeño testimonio del viaje.
El texto que aparece antes de las fotos pertenece a un hermosísimo libro de Juan Eduardo Zúñiga, El anillo de Pushkin, lectura romántica de escritores y paisajes rusos. Los nombres de alguna ciudad ha cambiado, el número de habitantes también, terminó de mala manera la U.R.S.S., pero



¡Ay, Moskvá, Moskvá
              cabeza dorada piedras blancas!

Qué diferente origen y significado tuvo en comparación con la actual Leningrado, esta cabeza dorada sobre blancas piedras a la que se han dirigido tantos ojos turbados en busca de aliento o inspiración o refugio a lo largo de la historia. En 1147 se la menciona por primera vez; entre ríos y bosque se formó como un campamento de nómadas, en forma circular y las líneas concéntricas  de sus cercas le hacen compacta en torno a plaza Roja que antiguamente equivalía a decir plaza Bella. El Kremlin fue una fortaleza de madera alzada en un pequeño altozano sobre el río que le da nombre. Gran centro comercial, atrajo pronto a extranjeros y a las caravanas asiáticas con los productos más preciados de Oriente. Sufrió incendios e invasiones como todas las ciudades rusas, y en 1671 un español que la visitó, Pedro Cubero, dice que tenía seiscientas iglesias con sus cúpulas brillando al sol.
Esta es la primera visión de la ciudad que se ofrecía a los viajeros: un resplandor dorado cerniéndose sobre los tejados como aureola de oro de un icono. Aleksandr Pusshkin exaltó esta cúpulas que aún hoy sorprenden con su intenso colorido.

He aquí Moscú, sus blancas piedras
y aunque viejas, bajo el oro de sus cruces, 
las cúpulas brillan como brasas.

Moscú era maternal, una entidad femenina para León Tolstoi que lo afima así en Guerra y Paz: "Contemplando a Moscú no hay corazón ruso que no le crea una madre. hasta los extraños, sin darse cuenta de su papel maternal, se sorprenden ante su carácter esencialmente femenino".
El poeta lermontov la humanizo igualmente: "Amo el brillo sagrado de tus cabellos blancos" escribe a mitad del siglo XIX cuando tenía unos trescientos mil habitantes y los cronistas precisan que contaba con  doscientas noventa y cinco iglesias. Ese número de habitantes hoy se ha multiplicado hasta los ocho millones y la vieja Moscú ha sido renovada totalmente.
En 1812 el ejército de Napoleón llegó a sus puertas pero no pudo conquistarla. La ciudad prefirió sucumbir a las llamas y en pocas horas fue una ruina humeante. Antes, el emperador francés la había contemplado desde unas alturas que la dominan. Tolstoi describe el episodio de esta forma: "A la citada hora del día indicado, Napoleón a caballo en medio de sus tropas, examinaba desde lo alto de la montaña Poklonaia el panorama que a su vista se ofrecía. La luz de la mañana inundaba la ciudad como un reflejo fantástico. Extendida a los pies de la Poklonaia, con sus jardines, sus iglesias, su río, sus cúpulas brillantes cual lingotes de oro y sus extraños edificios, Moscú parecía vivir su vida habitual."
Ciudad que atrae como una promesa y Chejov pone en boca de Olga, una de las jóvenes de tres hermanas, la reveladora confidencia: "Hoy por la mañana cuando desperté, vi raudales de luz, vi la primavera, sentí que mi alma se llenaba de alegría, de intensos deseos de ir a Moscú."
Después de la revolución del 17, volvió a ser capital no de Rusia sino de la U.R.S.S. tras dos siglos de haber perdido este privilegio, pero ¿en verdad lo había perdido? Cuántos personajes de Turgéniev,  de Ostrovski, de Gorki, son hijos de Moscú y cuántas veces se recorren sus calles, sus barrios en las novelas de Fedin, de Kaverin, de Boris Lavreniov, de Valentin Kataev, de Nikolai Ognev, que han llevado de la mano a los lectores y es han demostrado cómo una ciudad es, por excelencia, nutritiva sustancia literaria.
El anillo de Pushkin, lectura romántica de escritores y paisajes rusos,  Juan Eduardo Zúñiga, Bruguera, 1983, p. 39-41.


Siete años más tarde del texto de Zuñiga, otro escritor español, Vázquez Montalbán, hablaba del "Moscú esperanzador de la prestroika, un Moscú todavía frágil, como una salsa mayonesa difícil de ligar" (Moscú de la revolución, Planeta, 1990, p, 11). La mayonesa se cortó irremediablemente y en su lugar llegó el capitalismo, lo peor del capitalismo, con sus cosas buenas para demasiados pocos, se tiene a menudo la impresión.
Pero, a tenor de las fotos y de las impresiones recabadas del viaje, el visitante de Moscú queda tan fascinado por la ciudad como quedó Napoleón. No es mi caso, que hace ya tres años preparo las entradas que comentan los sucesivos viajes que ha organizado en Depto. de ruso, pero nunca he podido tomar parte en ellos. Parafraseando al otro:

«¡Qué lejos por mares, campos y montañas!

Ya otros soles miran mi cabeza cana
Nunca fui a Moscú


Mi cabeza cana, los años perdidos.
Quiero hallar los viejos, borrados caminos.

Nunca vi Moscú.
Dadle un ramo verde de luz a mi mano.
Una rienda corta y galope largo.










































lunes, 11 de enero de 2016

Muere D. Bowie, el Petronio de la cultura pop. Ten, Nine, Eight, Seven, Six, Five, Four, Three, Two, One, Lift-off

La elegancia está siempre teñida de un pelín de mal gusto. Además, como Bucéfalo, tenía un ojo de cada color.


I'm stepping through the door
And I'm floating in a most peculiar way
And the stars look very different today (Major Tom)

domingo, 10 de enero de 2016

A partir de mañana, espectáculo garantizado: Me lo dijo Pérez que estuvo en Mallorca y vino encantado de las cosas que vio por allí


16
El espectáculo somete a los hombres vivos en la medida que la economía les ha sometido totalmente. No es más que la economía desarrollándose por sí misma. Es el reflejo fiel de la producción de las cosas y la objetivación infiel de los productores.

21
A medida que la necesidad es soñada socialmente el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir.
El espectáculo es el guardián de este sueño. 


La sociedad del espectáculo, Guy Debord (1967).