jueves, 7 de enero de 2016

Azzurro, demasiado azzurro para mí. Un Rodríguez existencialista. P. Conte cumple 79 años

¡Qué lejos estoy contigo,
qué cerca cuando te vas! (F.G.L.) 

Je fis un feu, l'azur m'ayant abandonné (P. Eluard)


Esta canción tiene algo que hace que guste a todos, al morrofino (morroputa, dijo alguien en clase un día. No soy aragonés y estas cosas me hacen gracia)  y al tragaldabas, a la niñas en despedida de fin de curso y a los osos moteros, por lo menos en España.  Cantada por Celentano, surte el mismo efecto que alguna gran película clásica, sobre la que alguien, sorprendido después de verla, comenta  pues la verdad es que está bien, sin saber que detrás se esconde Hammett, Chandler, L. Hellman o D. Trumbo. Muchos creen que el texto es, en efecto, de Celentano. Hasta E. González, el estupendo ex periodista de El País que fue corresponsal en Roma,  se la atribuyó en una columna. Pero este prodigio de delicadeza, con tanta intensidad lírica y tan alusiva pero elaborada trama narrativa,  un dechado de equilibrio entre fuerzas centrípetas y centrífugas, no podía ser suyo. Celentano es buen compositor, pero juega en una división inferior.
La canción trata de la desidia, la acidia (véase Tomás de Aquino, uno de sus grandes tratadistas), la abulia, la profunda y la que produce el verano,  el calor, las tardes sin nubes y senza fine, sin casi distraccioneso pura distracción,  la gente que da la lata. Se me cruzan dos cosas en la cabeza, pero prefiero dejarlas cruzadas, el asesinato por calor de El extranjero y los microrrelatos de los Crímenes ejemplares, de M. Aub, y se me ocurre un la mató porque hacía calor. Pero ni eso, en Azzurro no hay un gramo de pasión, de sudor compartido. El protagonista apenas observa la realidad, solo recuerda, añora su juventud en la parroquia, tiene tibias ganas de compañía, evoca a la ausente a través de lo que a ella le gusta, las plantas. Si, es verdad, se siente desinflado sin ella, pero cuanto más quiere verla más se da cuenta de que sus deseos y su propia forma de ser son dos vagones que hacen el mismo recorrido en sentido contrario. Es una enfermedad moral la suya. Un avión le hace caer en la cuenta de que existen los medios de transporte, que puede estar con ella, tal vez de veraneo, en unas horas. Pero se marcha al parque, África, como cuando era niño, otra patria imposible. Y la recuerda de nuevo, tibiamente feliz en la distancia, agobiado por la gente, como un frío trovador que prefiere el amor de lejos, de lonh al de cerca: El gozo me vendrá cuando le pida,/por amor de Dios, el amor de lejos.
La vieja versión de Celentano, que parece un mafioso de la familia Monster más que de los Soprano, es magnífica. El videoclip,  un modelo  de realización de bajo coste. Se ve el sol, los tejados, el local de la parroquia, las adelfas, el baobab, la regadera. Menos es más:


Letra:

Cerco l'estate tutto l'anno  e all'improvviso eccola qua. 
Lei è partita per le spiagge  e sono solo quassù in città, 
sento fischiare sopra i tetti
  un aeroplano che se ne va. 
Azzurro, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per me.



Mi accorgo di non avere più risorse, senza di te,
 
e allora io quasi quasi prendo il treno e vengo, vengo da te,
 
ma il treno dei desideri nei miei pensieri all'incontrario va.
 
Sembra quand'ero all'oratorio, con tanto sole, tanti anni fa.
 
Quelle domeniche da solo in un cortile, a passeggiar...
 
ora mi annoio più di allora,neanche un prete per chiacchierar...
 
Azzurro, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per me.
 
Mi accorgo di non avere più risorse, senza di te,
 
e allora io quasi quasi prendo il treno e vengo, vengo da te,
 
ma il treno dei desideri nei miei pensieri all'incontrario va.
 
Cerco un pò d'Africa in giardino, tra l'oleandro e il baobab,
 
come facevo da bambino, ma qui c'è gente, non si può più,
 
stanno innaffiando le tue rose, non c'è il leone, chissà dov'è...
 
Azzurro, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per me.
 
Mi accorgo di non avere più risorse, senza di te, e allora
 
io quasi quasi prendo il treno e vengo, vengo da te,
 

ma il treno dei desideri nei miei pensieri all'incontrario va.

Versión:

Busco el verano por todos sitios y de repente ya está aquí. Ella se ha ido a la playa y yo estoy sólo en la ciudad. Por encima de los tejados oigo  el ruido de un avión que se aleja. Azul, la tarde es demasiado larga y azul para mí. Me doy cuenta de que sin ti estoy vacio y entonces me entran ganas de ir a buscarte, pero el tren de los deseos y yo vamos en dirección contraria. Es como cuando iba a la parroquia, con tanto sol, hace muchos años. Aquellos domingos, sólo, paseando por el patio. Ahora me aburro más que entonces, ni siquiera hay un cura para hablar de algo. Me doy cuenta de que sin ti estoy vacío y entonces me entran  ganas de ir a buscarte, pero el tren de los deseos y yo vamos en dirección contraria. Busco un trozo de África en el parque, entre la adelfa y el baobab, como hacía de niño, pero  hay gente, aquí no hay quien aguante. Están regando tus rosas, se han llevado el león, quién sabe dónde. Azul, la tarde es demasiado larga y azul para mí. Me doy cuenta de que sin ti estoy vacío y entonces me entran ganas de ir a buscarte, pero el tren de los deseos y yo vamos en dirección contraria.
Azul, la tarde es demasiado larga y clara para mí.

La versión del autor:



Luis Aguilé, o no entendió nada o lo entendió todo y decidió cambiarlo. Versión eternal flame, en lugar de eterna desgana:


J. Urrutia se cortó un pelo al cantar la canción, pero tampoco me parece que encontrara el tono justo. Me gusta, sin embargo, la versión, porque los arreglos me recuerdan a mi grupo favorito zaragozano, ese trío ambulante de órgano, pandereta y cabra que, aunque no se prodigaba, a veces me endulzaba las mañanas cuando vivía en Alfonso. Un día memorable de lluvia y arco iris vinieron a Kassan. Tocaron solo para mí y mi perro que, algo inquieto, quería saltar el cordón de seguridad para besar a la cabra.



Algún enlace:

Versión jazz, con el motivo tan diluido que cuando vuelve te llevas un susto:http://www.youtube.com/watch?v=ikfUtIdh0gs


Increíble versión de Celentano para karaoke, en italiano aljamiado con buena voluntad y escaso conocimiento. Como transcripción fonética, todo son desperdicios:


martes, 5 de enero de 2016

Maneras tontas de amargarse el día: la garrampa, quizá origen lejano de la jota, y la enésima costalada

 
La tentación de Polifemo

Entre los machos alfa domesticados está muy extendida la afición al bricolaje. La actividad salva, decía un filósofo, y nada mejor que el mantenimiento del hogar para alejar la modorra vital. Pero el bricolaje, como el deporte, son actividades peligrosas. Los pequeños accidentes son frecuentes, tanto que me pregunto si a veces no serán buscados. Cuando yo aún quería arreglar algo, mi percance más frecuente eran los calambres, las garrampas. Recuerdo una agridulce velada en la que, electrocutado, levanté los brazos no menos de cuatro veces, con las manos semiabiertas, como si quisieran tocar las castañuelas, y. una pierna centrípetamente alzada, en actitud jotera. Fue el origen de mi relación de amor y odio, más de lo segundo que de lo primero, con ese baile aragonés. Hasta tal punto me resultó connatural la descarga eléctrica y el ademán bailarín que pensé si no sería ese el origen de la danza, ese o un imprevisto garrotazo, que al fin y al cabo son cosas semejantes.

Pero la garrampa no es exclusiva de los machos alfa domesticados, cualquier miembro del núcleo familiar puede ser su víctima. Ya en 1931 las posibilidades de electrocución fueron objeto de un exhaustivo listado. Las siguientes ilustraciones, que provienen de un libro alemán de ese año (Elektroschutz in 132 Bildern), componen una curiosa muestra de lo que le puede pasar a uno en casa, dulce casa, mi casa... (Fuente de las ilustraciones): 
















Pero el watio asesino no solo amenaza en el patio de mi casa, sino que extiende su maldad a otros ámbitos. La garrampa es poco amiga del ordeño a la luz de una lámpara y mucho menos, quién lo diría, de las meadas sobre el tren, una de las cosas sobre las que Proust no habla cuando rememora su petit train, pero sobre la que los niños que veíamos pasar el FEVE en verano tendríamos algo que decir:




Mi afición por los percances domésticos no se limita, sin embargo, a la garrampa. El viernes por la tarde oí el móvil mientras estaba saliendo de la ducha. Cuando llegué a cogerlo  la cama ya había dejado de sonar. Volví entonces al cuarto de baño para aprovechar los restos de ambiente vaporoso. Apenas tenia puesta encima una exigua toalla de Primark. Entonces, sonó el fijo e intuí que era la misma persona que había llamado al móvil, probablemente alguien de la familia. Salí pitando hacia el cuarto de estar, al final del pasillo. Algo en mí me hizo pensar que no hacía bien en correr desnudo. También mi perro me miró con  cara de sorpresa, pero prefirió no adelantarse a los acontecimientos.  Llegué a toda leche a la puerta del cuarto de estar, decidido a coger el teléfono. Cualquiera sabe por qué tenía tanto empeño. Hubiera podido devolver la llamada una vez seco... No llegué a entrar en el cuarto, antes de girar, me pasé de frenada y me dí una costalada tremenda. Quedé tumbado, solo y sin respiración, junto a la pared. Vencido, con la conciencia obnubilada, tuve tiempo de decidir que definitivamente no cogía el teléfono. No recuerdo si seguía sonando, pero ya no le quería como antes. 
La casa es un lugar lleno de amables aparatos, rincones deliciosos, mullidos asientos, que se pueden volver trampas en un instante. Los accidentes domésticos a menudo preceden el final de la vida. Pero si reconstruimos los instantes anteriores, suelen contener un momento de indecisión en el que hemos previsto que algo malo podía suceder, pero no nos hemos comportado en consecuencia.
Este vídeo, de la Metro Melbourne (Australia), recuerda con gracia, entre veras y bromas, la cantidad de accidentes a los que estamos expuestos en la vida cotidiana, la mayor parte de ellos evitables si hiciéramos caso a nuestros perros o al pitufo bueno que, como en la foto que abre esta entrada susura advertencias al oído. La música es de Olliie McGill y Emily Lubitz que firman la canción  como Tangerine Kitty.

                                              


jueves, 31 de diciembre de 2015

"Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos" (E. Galeano). Las buenas intenciones de M. Monroe, S. Sontag, J. Swift y W.Guthrie para otros años nuevos. Refundición de entradas

Medio reseñaba el otro día M. Rodríguez Rivero el libro Listas memorables, Shaun Usher (Salamandra) como una una auténtica gozada:

"En él las encontrarán de todo tipo. Por poner unos ejemplos, a mí me han llamado la atención, entre otras, la de posibles asesinos de JFK que compuso su secretaría pocas horas después del magnicidio y que apuntaba en primer lugar a Lyn­don (Johnson) y al Ku Klux Klan; la intolerable y ultramachista con las condiciones que redactó Einstein para no separarse de su mujer (y que ella aceptó); los consejos para rockeras producidos por Chrissie Hynde (la genial lideresa de Pretenders), y que incluyen esta perla: “No creas que enseñar las tetas y tratar de parecer follable te ayudará. Recuerda que estás en un grupo de rock. No es ‘fóllame’, sino ‘¡que te follen!”; la casi infinita lista de títulos propuestos a Hitchcock por la Paramount como alternativa a Vértigo, que estimaban poco comercial; o la lista de propiedades sujetas a impuestos de George Washington, en la que figuran con su nombre varias decenas de esclavos, además de cuatro mulas. En fin, listas para todo y para todos".


La llegada del nuevo año es un buen momento para hacer la idem de buenas o malas intenciones, de propósitos, en cualquier caso. He aquí algunos testimonios de personajes ilustres que, coincidiendo con el principio de enero, quisieron mejorar, ahondar, esforzarse.

Fuente de las fotos y de la transcripción de los textos en inglés: Brain Pickings (Maria Popova).  
De los textos en italiano: Repubblica, a cura di S. Bertuccioli

MARILYN MONROE

En 1955, cuando tenía 29 años, Marilyn  escribió en una agenda de teléfonos sus buenas intenciones.  Su deseo de mejorar, de progresar, de aprender, dejan quizá entrever una difícil e insegura relación consigo misma.

He aquí una selección de sus buenas intenciones en español y el texto completo en inglés:

Tengo que hacer lo posible para hacer - Tengo que tener la disciplina suficiente para hacer lo que sigue -
z – ir a clase –siempre por mí misma- sin fallar. x – ir lo más posible a ver a Strassberg en las otra clases particulares  g – no saltar nunca las sesiones delActor studio. y – tengo que hacer un gran esfuerzo para trabajar en los problemas actuales y las fobias surgidas de mi pasado  - haciendo muchos, muchos, muchos más más más más más  esfuerzos en mis análisis. Y ser siempre puntual- se acabaron las excusas para los retrasos  w – Si puedo seguir por lo menos un curso de la universidad (de literatura).



El texto original:

Must make effort to do
Must have the dicipline to do the following –
z — go to class — my own always — without fail
x — go as often as possible to observe Strassberg’s other private classes
g — never miss actor’s studio sessions
v — work whenever possible — on class assignments — and always keep working on the acting exercises
u — start attending Clurman lectures — also Lee Strassberg’s directors lectures at theater wing — enquire about both
l — keep looking around me — only much more so —observing — but not only myself but others and everything — take things (it) for what they (it’s) are worth
y — must make strong effort to work on current problems and phobias that out of my past has arisen — making much much much more more more more more effort in my analisis. And be there always on time — no excuses for being ever late.
w — if possible — take at least one class at university — in literature –
o — follow RCA thing through.
p — try to find someone to take dancing from — body work (creative)
t — take care of my instrument — personally & bodily (exercise)
try to enjoy myself when I can — I’ll be miserable enough as it is.


JONATHAN SWIFT:



En 1699, mientras escribía A tale of tub, Jonathan Swift escribió una  lista con 17 loables y virtuosas intenciones, que tituló ''Cuando sea viejo''. Parece un anticipo en negativo de lo que ocurriría a menudo muchos años después con tantos personajes públicos. 

Selección:

-No casarme con una mujer joven. 
-No ser pendenciero o triste o suspicaz. 
-No contar siempre la misma historia, una y otra vez a las mismas personas. 
-No ser tacaño.
-No descuidar el aseo personal, por miedo de oler mal. 
-No ser demasiado exigente con los jóvenes. 
-Deseo que algunos buenos amigos me informen en caso de que no respete estas resoluciones  
-No hablar demasiado, sobre todo de mí mismo.

La lista original de Swift en inglés:

Not to marry a young Woman.
Not to keep young Company unless they reely desire it.
Not to be peevish or morose, or suspicious.
Not to scorn present Ways, or Wits, or Fashions, or Men, or War, &c.
Not to be fond of Children, or let them come near me hardly.
Not to tell the same story over and over to the same People.
Not to be covetous.
Not to neglect decency, or cleenlyness, for fear of falling into Nastyness.
Not to be over severe with young People, but give Allowances for their youthfull follyes and weaknesses.
Not to be influenced by, or give ear to knavish tatling servants, or others.
Not to be too free of advise, nor trouble any but those that desire it.
To desire some good Friends to inform me wch of these Resolutions I break, or neglect, and wherein; and reform accordingly.
Not to talk much, nor of my self.
Not to boast of my former beauty, or strength, or favor with Ladyes, &c.
Not to hearken to Flatteryes, nor conceive I can be beloved by a young woman, et eos qui hereditatem captant, odisse ac vitare.
Not to be positive or opiniative.
Not to sett up for observing all these Rules; for fear I should observe none.

Fuente: Lists of Note

SUSAN SONTAG

A los 39 años, en 1972,  Susan Sontag escribió en su diario, amabilidad, amabilidad, amabilidad. La cosa es comprensible si uno da crédito a la antipática y presuntuosa figura que retrata Jordi Llovet en Adiós a la universidad (Galaxia Gutemberg). La nota del diario proseguía: Quiero hacer un ruego de año nuevo y tomar una resolución. Pido valentía.

Después, en 1977, escribió:

Selección:

Risponderò alle lettere una volta alla settimana. (Venerdì - Devo andare in ospedale in ogni caso)
Desde mañana, si es que no es desde hoy:
Me levantaré todas las mañanas no más tarde de las ocho (Puedo infringir la regla una vez a la semana.)
Escribiré algo todos los días en mi cuaderno de notas.
Diré que no me llamen por la mañana, o no cogeré el teléfono.
Intentaré dejar la lectura para la tarde (Leo demasiado y así rehuya la escritura)

El texto original:

Kindness, kindness, kindness.
I want to make a New Year’s prayer, not a resolution. I’m praying for courage.
Then, in early 1977, she resolved:
Starting tomorrow — if not today:
I will get up every morning no later than eight. (Can break this rule once a week.)
I will have lunch only with Roger [Straus]. (‘No, I don’t go out for lunch.’ Can break this rule once every two weeks.)
I will write in the Notebook every day. (Model: Lichtenberg’s Waste Books.)
I will tell people not to call in the morning, or not answer the phone.
I will try to confine my reading to the evening. (I read too much — as an escape from writing.)
I will answer letters once a week. (Friday? — I have to go to the hospital anyway.)

WOODY GUTHRIE


En 1942, a los 30 años, escribió sus lista con 33 propósitos. Abunda el tema del aseo personal, el de las relaciones con los demás y el del propio trabajo bien hecho:

Selección:

- Trabajar más y mejor 
- Planificar el trabajo 
- Lavarse los dientes, si quedan
- Afeitarme  -Bañarme 
- Comer bien, futa y verdura, leche 
- Beber muy poco 
- Escribir una canción al día 
- Vestir ropa limpia 
- Limpiar los zapatos 
- Cambiar de calcetines 
- Cambiar a menudo las sábanas 
- Leer muchos buenos libros 
- Oír mucho la radio 
- Aprender más de los otros -
- Ser feliz 
- Estar en compañía de los demás, pero sin perder el tiempo
- Cantar y tocar bien 
- Bailar mejor Ayudar a ganar la guerra y derrotar al fascismo 
- Levantarse y luchar

El texto original:

Work more and better
Work by a schedule
Wash teeth if any
Shave
Take bath
Eat good — fruit — vegetables — milk
Drink very scant if any
Write a song a day
Wear clean clothes — look good
Shine shoes
Change socks
Change bed cloths often
Read lots good books
Listen to radio a lot
Learn people better
Keep rancho clean
Dont get lonesome
Stay glad
Keep hoping machine running
Dream good
Bank all extra money
Save dough
Have company but dont waste time
Send Mary and kids money
Play and sing good
Dance better
Help win war — beat fascism
Love mama
Love papa
Love Pete
Love everybody
Make up your mind
Wake up and fight

Me quedo con los dos propósitos de W. Gutrhie más imposibles para mí. Me propongo seguir haciéndolo tal mal como hasta ahora:

Play and sing good

sábado, 26 de diciembre de 2015

La melodía de los galachos. Lo que queda cuando nada queda

El cuerpo humano produce humores que inequívocamente se asocian con ciertos estados. Las lágrimas materializan  la tristeza, el sudor es trasunto del esfuerzo. También el hambre o la excitación producen fluidos. Creo que lo decía Santo Tomás y lo repite Coetzee, no somos dueños de nuestras erecciones. Y si de eso fuera de lo único que no somos dueños...
Somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al mismo tiempo, tiempo tenemos un cuerpo (1). Entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, reflexivos, inevitables observadores de nosotros mismos.
La condición humana es fronteriza, en desequilibrio equilibrado permanente, en el mejor de los casos, y no constituye tanto una categoría en sí misma como una negociación entre categorías. Si no existes más que en tu inmediatez, si sólo vives y experimentas, tu cuerpo es en demasía y corres el riesgo de comportarte como un pequeño salvaje, como bestia sin domesticar, atenta solo a lo crudo; si te distancias de tu experiencia inmediata, si tu cuerpo es  tenido por ti demasiado a distancia, tiendes, dicho vulgarmente, a mear colonia, víctima de lo cocido. Una danza imposible entre ser primario o secundario a cada instante  es lo que hay que bailar, como habrán puesto de manifiesto los cenones de estos días.
La naturaleza es y basta, no conoce la piedad, quizá por eso el sufriente R. Darío envidiaba a la piedra dura, “…porque esa ya no siente/pues no hay dolor más grande que el dolor de estar vivo/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.
Pero Natura también tiene sus fluidos y las hojas que caen, las hojas de otoño, son la materialización del tiempo que se va sigilosamente, un año más. Ella nos ignora, pero sirve para conocernos, para sentirnos. Mi parte pensante no puede dejar de ver en la hoja un anhelo incumplido, un momento feliz que se fue o no llegó a ser, hasta cubrir el suelo de hojarasca cada cierto tiempo. Cuando sopla viento, empiezan los remolinos de la inquietud, el amasijo de la desazón. Soy cierzomaniaco, siesomanío, cada poco me tiemblan los cimientos. Pero me recupero y en seguida llamo a mi servicio de limpieza, que he externalizado y diversificado. Lo llevan empresas solventes con las que, sin embargo, soy ingrato y mal pagador, amigos, lecturas, terapeutas, que me dan buenos barridos. No dejo que usen lejía, porque quiero quedarme con el regusto de lo que perdí, si no, en qué voy a pensar al ver caer las hojas de otoño, las mismas que me ahogan cuando se acumulan.

(1) Vid. Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010.


Fotos: Teodoro Felix








miércoles, 23 de diciembre de 2015

Ayer cantó el Coro de la E.O.I.1 y la Asociación Coral Salduie. Todas las voces una

Rapunzel tenía el pelo largo y muy bonito, fino como hilo de oro. Cuando oía la voz de la maga, se soltaba las trenzas, las ataba a un gozne de la ventana y las trenzas caían tan  largas como veinte brazos. Y la maga subía por ellas.
Años más tarde, un príncipe, mientras cabalgaba por el bosque, pasó cerca de la torre. Oyó un canto tan dulce que se paró escuchar. Era Rapunzel, que en su soledad se acompañaba con el suave canto de su voz. El príncipe quería subir. Buscó la puerta sin encontrarla. Volvió a casa, pero se había quedado tan prendado de aquel cantar que volvía todos los días al bosque a buscarlo. Un vez, mientras estaba junto a un árbol, vio acercarse a una maga  y la oyó gritar:
- ¡Rapunzel, asómate, deja caer tus trenzas!
Entonces, Rapunzel dejó caer sus trenzas y la maga subió. “Si esa es la escalera para subir, yo también intentaré hacerlo”. Al día siguiente, al atardecer, fue a la torre y gritó:
- ¡Rapunzel, asómate, deja caer tus trenzas!
Al instante, las trenzas cayeron y el príncipe subió. Al principio, nada más subir el príncipe, a Rapunzel le entró mucho miedo, porque no había visto nunca a un hombre; pero el príncipe le habló con mucha educación y le explicó que su corazón estaba tan prendado de su canto que no podía dejar de pensar en él y había tenido que ir a buscarla. Entonces, a Rapunzel se le pasó el miedo y, cuando el príncipe le preguntó si quería casarse con él y ella vio que era joven y guapo, pensó: “Me querrá más que la vieja señora Göthel”. Entonces, aceptó, le dio la mano y dijo: “Me iría encantada contigo, pero no sé cómo bajar de aquí. Cuando vengas, tráeme siempre seda. La  hilaré y haré una escalera con ella; cuando esté lista, voy y bajo, y tú me subes en tu caballo”…

…El príncipe subió, pero en vez de Rapunzel, se encontró a la maga, que lo miraba burlona:
– Ah –dijo con sorna- has venido a buscar a tu amiga, pero el pajarito se ha ido del nido y ya no canta; el gato se la ha llevado y a tí te sacará los ojos. has perdido a Rapunzel, no la volverás a ver.

El príncipe, loco de dolor, se lanzó desde lo alto de la torre. No murió, pero las espinas sobre las que había caído le atravesaron los ojos. Ciego, erró por los bosques; solo comía raíces y bayas entre llantos y lamentos por haber perdido a su amada. Como un pobre miserable pasó años vagando sin meta, hasta que que un día sus huesos fueron a dar en un desierto en el que también vivía Rapunzel, en la pobreza, con los dos gemelos que había parido, un niño y una niña. Él oyó una voz, y le sonó a alguien conocido. Siguió el sonido y, al acercarse, Rapunzel lo reconoció. Lo abrazó por el cuello llorando. Sus lágrimas humedecieron los ojos de él, que se iluminaron y volvieron a ver como antes…

(Jacob e Wilhelm Grimm, Cuentos, Oscar Mondarori, 1951. Traducción del fragmento: J. Brox)


Un reportaje fotográfico de Alba Revel:
(Clica sobre las fotos si quieres verlas mejor)