sábado, 26 de diciembre de 2015

La melodía de los galachos. Lo que queda cuando nada queda

El cuerpo humano produce humores que inequívocamente se asocian con ciertos estados. Las lágrimas materializan  la tristeza, el sudor es trasunto del esfuerzo. También el hambre o la excitación producen fluidos. Creo que lo decía Santo Tomás y lo repite Coetzee, no somos dueños de nuestras erecciones. Y si de eso fuera de lo único que no somos dueños...
Somos un cuerpo como es un cuerpo cualquier otro animal, pero, a diferencia de ellos, al mismo tiempo, tiempo tenemos un cuerpo (1). Entre el cuerpo que es y el que se tiene media la conciencia, todo aquello que nos hace seres excéntricos, desdoblados, reflexivos, inevitables observadores de nosotros mismos.
La condición humana es fronteriza, en desequilibrio equilibrado permanente, en el mejor de los casos, y no constituye tanto una categoría en sí misma como una negociación entre categorías. Si no existes más que en tu inmediatez, si sólo vives y experimentas, tu cuerpo es en demasía y corres el riesgo de comportarte como un pequeño salvaje, como bestia sin domesticar, atenta solo a lo crudo; si te distancias de tu experiencia inmediata, si tu cuerpo es  tenido por ti demasiado a distancia, tiendes, dicho vulgarmente, a mear colonia, víctima de lo cocido. Una danza imposible entre ser primario o secundario a cada instante  es lo que hay que bailar, como habrán puesto de manifiesto los cenones de estos días.
La naturaleza es y basta, no conoce la piedad, quizá por eso el sufriente R. Darío envidiaba a la piedra dura, “…porque esa ya no siente/pues no hay dolor más grande que el dolor de estar vivo/ ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.
Pero Natura también tiene sus fluidos y las hojas que caen, las hojas de otoño, son la materialización del tiempo que se va sigilosamente, un año más. Ella nos ignora, pero sirve para conocernos, para sentirnos. Mi parte pensante no puede dejar de ver en la hoja un anhelo incumplido, un momento feliz que se fue o no llegó a ser, hasta cubrir el suelo de hojarasca cada cierto tiempo. Cuando sopla viento, empiezan los remolinos de la inquietud, el amasijo de la desazón. Soy cierzomaniaco, siesomanío, cada poco me tiemblan los cimientos. Pero me recupero y en seguida llamo a mi servicio de limpieza, que he externalizado y diversificado. Lo llevan empresas solventes con las que, sin embargo, soy ingrato y mal pagador, amigos, lecturas, terapeutas, que me dan buenos barridos. No dejo que usen lejía, porque quiero quedarme con el regusto de lo que perdí, si no, en qué voy a pensar al ver caer las hojas de otoño, las mismas que me ahogan cuando se acumulan.

(1) Vid. Critchley, Simon, Sobre el humor, quálea editorial, 2010.


Fotos: Teodoro Felix








miércoles, 23 de diciembre de 2015

Ayer cantó el Coro de la E.O.I.1 y la Asociación Coral Salduie. Todas las voces una

Rapunzel tenía el pelo largo y muy bonito, fino como hilo de oro. Cuando oía la voz de la maga, se soltaba las trenzas, las ataba a un gozne de la ventana y las trenzas caían tan  largas como veinte brazos. Y la maga subía por ellas.
Años más tarde, un príncipe, mientras cabalgaba por el bosque, pasó cerca de la torre. Oyó un canto tan dulce que se paró escuchar. Era Rapunzel, que en su soledad se acompañaba con el suave canto de su voz. El príncipe quería subir. Buscó la puerta sin encontrarla. Volvió a casa, pero se había quedado tan prendado de aquel cantar que volvía todos los días al bosque a buscarlo. Un vez, mientras estaba junto a un árbol, vio acercarse a una maga  y la oyó gritar:
- ¡Rapunzel, asómate, deja caer tus trenzas!
Entonces, Rapunzel dejó caer sus trenzas y la maga subió. “Si esa es la escalera para subir, yo también intentaré hacerlo”. Al día siguiente, al atardecer, fue a la torre y gritó:
- ¡Rapunzel, asómate, deja caer tus trenzas!
Al instante, las trenzas cayeron y el príncipe subió. Al principio, nada más subir el príncipe, a Rapunzel le entró mucho miedo, porque no había visto nunca a un hombre; pero el príncipe le habló con mucha educación y le explicó que su corazón estaba tan prendado de su canto que no podía dejar de pensar en él y había tenido que ir a buscarla. Entonces, a Rapunzel se le pasó el miedo y, cuando el príncipe le preguntó si quería casarse con él y ella vio que era joven y guapo, pensó: “Me querrá más que la vieja señora Göthel”. Entonces, aceptó, le dio la mano y dijo: “Me iría encantada contigo, pero no sé cómo bajar de aquí. Cuando vengas, tráeme siempre seda. La  hilaré y haré una escalera con ella; cuando esté lista, voy y bajo, y tú me subes en tu caballo”…

…El príncipe subió, pero en vez de Rapunzel, se encontró a la maga, que lo miraba burlona:
– Ah –dijo con sorna- has venido a buscar a tu amiga, pero el pajarito se ha ido del nido y ya no canta; el gato se la ha llevado y a tí te sacará los ojos. has perdido a Rapunzel, no la volverás a ver.

El príncipe, loco de dolor, se lanzó desde lo alto de la torre. No murió, pero las espinas sobre las que había caído le atravesaron los ojos. Ciego, erró por los bosques; solo comía raíces y bayas entre llantos y lamentos por haber perdido a su amada. Como un pobre miserable pasó años vagando sin meta, hasta que que un día sus huesos fueron a dar en un desierto en el que también vivía Rapunzel, en la pobreza, con los dos gemelos que había parido, un niño y una niña. Él oyó una voz, y le sonó a alguien conocido. Siguió el sonido y, al acercarse, Rapunzel lo reconoció. Lo abrazó por el cuello llorando. Sus lágrimas humedecieron los ojos de él, que se iluminaron y volvieron a ver como antes…

(Jacob e Wilhelm Grimm, Cuentos, Oscar Mondarori, 1951. Traducción del fragmento: J. Brox)


Un reportaje fotográfico de Alba Revel:
(Clica sobre las fotos si quieres verlas mejor)























Feliz navidad

Foto: Ricardo Duerto

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Camino Graus. Tender la ropa, tenderse sin ropa. Mosaico de impresiones



Se tiende la ropa de la misma manera que se sacan las miserias a pasear: de verdad, a riesgo de quedar malherido, de que se caigan por el patio o se las lleve el viento; o para coquetear, solo para que se aireen un poco las prendas malolientes, para mitigar el mal olor que nos atufa, hasta la próxima, o quizá para dar pena, a veces como mera estrategia de seducción. Pero la necesidad de aire es universal, hay algo en nuestros trapos sucios que nos hermana con los demás, aunque no quieran compartirlos, necesitan del prójimo.




El rechazo consciente a que nos someten algunos no es ajeno al reconocimiento. Un hombro que se aparta con tino es mejor que otro que se encuentra demasiado a gusto bajo nuestra frente. Entre las dos reacciones, la que nos acoge y la que no quiere saber nada de nuestros espejos rotos, puede haber la misma distancia que hay entre entre el aire viciado, y la brisa de la sierra. De hecho, los maestros son a menudo duros con la queja del discípulo, con el lamento, saben distinguir el tipo de suciedad que se les presenta

Pero el sufrimiento arde, urge, reclama ventilación, aunque sea en la barra miserable de un bar de los que todavía usan serrín. Hasta compartir el mismo aire procura alivio.
Yo hace tiempo que tengo una torre con la lavadora y la secadora en casa, algo parecido a disponer de un psicólogo metafórico de confianza siempre que se quiera. El precio de la energía, además, está por las nubes, como los gabinetes de primeros auxilios psicológicos. Están bien esos sitios, pero o que allí encuentras es distinto a pasar un rato a calzón quitado con quien quieres o con quien odias. En cualquier caso los gabinetes y los ratos compartidos con el/la elegido/a están intercomunidados. A mí, el uso de la secadora me crea una sensación de extrañamiento en relación a los habitantes de cuyos balcones veo con embeleso colgar prendas, sobre todo al llegar el fin de semana, cuando el traje de faena se puede lavar sin prisas. La secadora es como un repliegue hacia uno mismo, como quien va al terapeuta para no tener que relacionarse con los demás, cosa que el terapeuta suele encontrar fatal. Hace tiempo, la aristocrática Toya, una de las madres protagonistas del programa ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, se quejaba de un barrio en el que vivía una de las pretendientes de su hijo, porque las calles estaban llenas de ropa tendida. No le parecía bien, los pijamas al viento aireando lo íntimo, que en la cultura de la contención debe quedar en la intimidad. Enseñar no es elegante y da armas al enemigo, que puede estudiar nuestros puntos flacos, pero en las casas pequeñas no hay espacio para tanta colada y se impone aprovechar los balcones, a veces convertidos en trasteros. Cada acto doméstico encierra un significado profundo que va más allá de su neutra apariencia.
Tender la ropa concentra en mi caso un puzle de viejas obsesiones, todas ellas ligadas al equilibrio, quizá al orden mínimo, pero imprescindible para disfrutar de la vida, sucio proceso de ingesta, metabolismo y expulsión, de la comida o de los sentimientos. Tender permite reubicar lo vivido, seguir adelante, volver a usar nuestro pobre aliño indumentario. Si hay una imagen de vecindario que me reconforta es la de aquellas ciudades en las que las fachadas de dos casas, frente a frente, permanecen unidas por la cuerda de tender, cuyo ruido, al girar sobre su goznes, tiene el aroma del mejor arte, el que nace de la necesidad.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Concierto de navidad del Coro de la E.O.I.1 y de la Asociación Coral Salduie. Entrada libre hasta completar el aforo


PROGRAMA

CORO SALDUIE
Es ist ein Ros entsprungen       
M Praetorius
Es ist ein' Ros' entsprungen,aus einer Wurzel zart.
Wie uns die Alten sungen,von Jesse kam die Art.
Und hat ein Blüm'lein 'bracht;mitten im kalten Winter,
wohl zu der halben Nacht.
Das Röslein, das ich meine, davon Iesaias sagt:
hat uns gebracht alleine die uns das Blüm'lein bracht'.
Aus Gottes ew'gem Rat, Hat sie ein Kind g'boren,
wohl zu der halben Nacht.

What child is this?                         
Traditional english
What child is this, who, laid to rest,
On Mary's lap is sleeping?
Whom angels greet with anthems sweet,
While shepherds watch are keeping?
This, this is Christ the King,
Whom shepherds guard and angels sing:
Haste, haste to bring Him laud,
The babe, the son of Mary.

Villancico de Teruel                
 Julio Sorribas
En el portal de belén ha nacido un lucerico,
le llamamos niño Dios y también mi Jesusico.
Vamos niños a adorarle que no se quede solico,
que María y José nos lo den por amiguico.
A cantarle, a cantarle, a decirle cosas buenas,
que penicas y tendrá,cuando el Jesusico crezca.
Vamos niños a adorarle...
Los pastores de la sierra le llevan miel y jamón,
nosotros le llevaremos de nuestra jotica el son.
Vamos niños a adorarle...

Tan tan ya vienen los reyes      
C. Geoffray
Tan tan. Van por el desierto. Tan tan. Melchor y Gaspar.
Tan tan. Les sigue el negrito  que todos le llaman el rey Baltasar.
Tan tan. Vieron una estrella. Tan tan. La vieron brillar.
Tan tan. Tan pura y tan bella que todos la siguen a ver dónde va.
Tan tan. Se cansa el camello. Tan tan. Se cansa de andar.
Tan tan. Que está cargadito  de incienso y de mirra para quien será.

Despertadores                        
Popular de Alcalá de Gurrea, Rec. G Garcés
A Belén han llegado. A Belén han llegado
los santos Reyes  para adorar al Niño
que está en un pesebre. ¡Oh! ¡Qué maravilla! 
¡Oh! ¡Qué maravilla tan linda y bella!
Que a los tres Reyes Magos  los guía una estrella.

Durmiendo al niño                 
Villancico aragonés     Domingo Agudo
La larala la larala la
Duérmete niño hermoso
duérmete en paz,
estrella de los cielos
duérmete ya.
La la la la la la lala

Ya se acerca la noche sombría,
ya se esconden los rayos del sol,
ya de estrellas se cubren los cielos,
ya la luna su disco asomó.
Duerme, duerme querido del alma,
duerme, duerme, Jesús de mi amor,
que a tu lado, velando tu sueño,
abrasado de amores estoy.
Callad, callad,
Pastorcicos, pastorcicos, pastorcitos de Belén,
no toquéis más los rabeles que está durmiendo mi bien.
Déjalo que se sonría con serena placidez,
deja que siga soñando hasta el nuevo amanecer.
Duerme prenda mía duerme dulce bien
Mientras yo te adoro con ardiente fe.
La la la la la la lala

Duerme niño, duerme, duerme sin temor,
duerme confiado,que te velo yo.
Pastorcicos, pastorcicos, pastorcitos de Belén,
no toquéis más los rabeles que está durmiendo mi bien.
Déjalo que se sonría con serena placidez,
deja que siga soñando hasta el nuevo amanecer.



CORO DE LA ESCUELA DE IDIOMAS

Gli angeli delle champagne
Tradicional italiana
Gli angeli delle champagne cantano l'inno gloria in ciel!
E l'eco delle montagne ripete il canto dei fedel:
 Gloria in Excelsis Deo!
Oh pastori che cantata dite il perché di tanto onor!
Qual Signore, qual profeta merita questo gran splendor?
Gloria in Excelsis Deo!
Oggi è nato in una stalla nella notturna oscurità.
Egli, il Verbo, s'è incarnato e venne in questa povertà.
Gloria in Excelsis Deo!

In dulci jubilo
  Tradicional alemana
In dulci jubilo, nun singet und seid froh!
Unseres Herzens Wonne liegt in praesepio;
 Sie leuchtet wie die Sonne Matris in gremio.
Alpha es et O!
O Jesu parvule nach dir ist mir so weh!
Tröst' mir mein Gemüte
O puer optime durch alle deine Güte
O princeps gloriae. Trahe me post te!

Il est né le divin Enfant                                              
Arr.:Ber Joosen.
Il est né, le divin Enfant, jouez, hautbois, résonnez, musettes; Il est né, le divin Enfant;
Chantons tous son avènement!
Depuis plus de quatre mille ans,  nous le promettaient les Prophètes; depuis plus de quatre mille ans,
Nous attendions cet heureux temps.
Ah! qu'll est beau, qu'il est charmant,
Que ses grâces sont parfaites!
Ah! qu'll est beau, qu'll est charmant,
Qu'il est doux le divin Enfant!

Blanca Navidad
Anónimo
Cantad, cantad, Navidad llegó,blanco el campo se vistió,
y alegre os espero aquí, amigos, venid, venid,
que vuestro sueño renacerá en torno  al árbol de Navidad.  Oh, blanca Navidad, nieva y mientras nieva sueño yo, en un sueño de paz que invita a soñar,
de paz t¡y de un nuevo amor. Oh, blanca Navidad, nieve, un blanco sueño y un cantar, recordar tu infancia podrás al llegar la blanca Navidad.

V lesu rodilas yolochka                 
Leonid Bekman.
V lesu rodilas yolochka,V lesu ona rosla,
zimoy I letom stroynaya,Zelyonaya byla.
Metel’ ey pela pesenku «Spi, yolochka, bai-bai!»Moroz snezhkom ukutyval: «Smotri, ne zamerzay!» trusishka zayka seren’kiy pod yolochkoy skakal  poroyu volk, serdityi volkRys-tso-yu probegal.
Chu! Sneg po lesu chastomu  pod polozom skripit  loshadka  mokhno-nogaya Toropitsa, bezhit.Vezet loshadka drovenkia v drovnyah muzhichok  srubil on nashu yolochku pod samyi koreshok
I vot ona naryadnayana prazdnik k nam prishla I mnogo,  mnogo radosti Detishkam prinesla.

Sussex Carol
Traditional english
On Christmas night all Christians sing
to hear the news the angels bring.
Then why should men on earth be so sad
since our Redeemer made us glad.
News of great joy, news of great mirth
News of our merciful King's birth
When from our sin He set us free,
all for to gain our liberty.
When sin departs before His grace
Then life and health come in its place.
Angels and men with joy may sing
All for to see the newborn King.

Gloria in excelsis                            
Jay Althouse.
Gloria in excelsis, sing Gloria. We sing to all nations,
we sing to the skies, we sing this song of praise on high.
We sing with conviction, we sing with one voice,
 we sing this song of praise rejoice.
Sing a hymn of glory and praise with song,
sing in celebration loud and strong, this song we sing.

Glorificamus Te                              
Jerry Estes
Glorificamus Te, Everybody sing praises. Glorificamus Te,
Everybody sing praises to the sky.
From a heart that's overflowing, the anthem raise.
It is a never ending song.
We have found our joy in singing a song of praise.
Lift up your voice and sing along. Glorificamus Te,
Everybody sing praises to the sky! Glorificamus te.
Sing a song of praise. Glorificamus Te,
Everybody sing praises to the sky!

Feliz Navidad                                  
José Feliciano
Feliz Navidad, próspero año y felicidad. 
I wanna wish you a merry christmas  from the bottom of my heart.

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Cantique de Noël
Adolphe Adam
Minuit ! Chrétiens, c’est l’heure solennelle
Où l’homme Dieu descendit jusqu’à nous,
Pour effacer la tache originelle
Et de son Père arrêter le courroux :
Le monde entier tressaille d’espérance
À cette nuit qui lui donne un Sauveur
Peuple, à genoux attends ta délivrance,
Noël ! Noël ! Voici le Rédempteur !
Noël ! Noël ! Voici le Rédempteur !
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Adeste fideles
 Adeste fideles læti triumphantes,
venite, venite in Bethlehem.
Natum videte Regem angelorum.
Venite adoremus (ter)
Dominum.
En grege relicto humiles ad cunas,
vocati pastores adproperant,
et nos ovanti gradu festinemus.
Venite adoremus (ter)
Dominum.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Bailar al son de algunos libros: Siervo por una vez

Más que ser obedecido por ellos, me gustaría obedecerles de vez en cuando, ma l’animale che mi porto dentro non mi fa vivere, mi rende schiavo delle mie passioni… (Battiato). Los libros son, al cabo, extraños deseos de ser distinto. Como decía Kafka, si un libro no muerde, no merece la mena. Pero es verdad también que hasta la expresión de este anhelo es fruto de la poquedad, de la renuncia a escribir un libro propio.

giphy(Fuente del GIF)

martes, 8 de diciembre de 2015

35 años de la muerte de J. Lennon: madre, madre superiora, madre mujer. “I just gotta tell you"

“Mother, you had me but I never had you,
I wanted you but you didn't want me,
So I got to tell you goodbye, goodbye.” (Lennon, Mother)
(Procedencia de las imágenes)

Ceremonia de recuerdo en el Strawberry Fields Memorial de Londres  (ansa)

Con Julia, su madre.

Mother, Lennon: “Mother, you had me but I never had you,
I wanted you but you didn't want me..."


 25 de marzo de 1969 - John Lennon y Yoko Ono durante el Bed in, en Amsterdam, en el Hotel Hilton (ansa)


Happiness Is A Warm Gun, Beatles, Lennon

"And when I feel my finger on your trigger
I know nobody can do me no harm
Because happiness is a warm gun, momma...
Mother Superior jump the gun"



"Woman I know you understand
The little child inside of the man
Please remember my life is in your hands" (Woman, Lennon)

Woman, Lennon

 Le due mogli del cantante, Yoko Ono y Cynthia Lennon con Sean y Julian (ansa)

John Lennon con su primera mujer, Cynthia, en1964  (ansa)
No usaban anticonceptivos y Cynthia se quedó embarazada en el verano de 1962. Con su habitual crudeza, John lo resumió como “el resultado de una noche de sábado”.

David Chapman, el asesino de Lennon,  cuando tenía 25 años (ansa)

Su padre, David Curtis Chapman, fue sargento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, y su madre, Kathryn Elizabeth Pease, era enfermera. Su hermana menor, Susan, nació siete años después. Chapman declaró que tenía miedo a su padre cuando era niño, ya que éste abusaba físicamente de su esposa e hijo. También fantaseaba con tener el poder de un dios sobre un grupo de "pequeñas personas" imaginarias.

Un retrato benetiano de Lennon

P.S:

Yoko Ono desvela que John Lennon era bisexual

lunes, 7 de diciembre de 2015

Años luz - Monarcas de reinos distintos

“Viri -dijo a través de la puerta-  pero ¿no es mejor ser una verdadera mujer que sigue su verdadera vida y es feliz y generosa,  que una mujer amargada y que es fiel? ¿No te parece?
Él no contestó (…)
“Durmieron en camas separadas, blandas, contiguas, como monarcas de reinos distintos” (Salter, James, Años luz, Ed. salamandra, 2013, p. 233 y 249)

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sábado, 5 de diciembre de 2015

El comensal irresistible, de Gabriela Ybarra

“Todo había terminado. De repente sintió que todo aquello era como un mal presagio. Estaba desprotegida. El camino hacia su propio fin quedaba despejado” (Salter, J., Años luz)

EL_COMENSAL

El comensal, Gabriela Ybarra, Caballo de Troya, 2015, 176 págs. 15.90 €

La relación de los niños con la muerte en sociedades como la nuestra suele estar compuesta de escenas fragmentarias, explicaciones incompletas, eufemismos de eufemismos, opacas figuras retóricas. Mi primer recuerdo, por ejemplo, son los gritos nocturnos de una vecina que había despertado junto a su marido muerto. Me enteré de los gritos, pero apenas supe lo que había pasado de verdad. Una masa informe de piezas, sensaciones y palabras, queda  flotando en los niños, piezas de un discurso que acabará por tener lógica mucho después. Antes, las esquirlas tienden a componer figuras provisionales, la del miedo, la de la angustia,la solemnidad o el juego desafiante. La adolescencia y después la edad adulta consiguen más tarde elaborar un discurso racionalizador que dura a veces muchos años, como si el caleidoscopio de repente hubiese encontrado una disposición satisfactoria. No callan los silencios, las escenas entrevistas por la ranura de una puerta, las lágrimas que vimos versar, pero tenemos otra perspectiva y sobre todo una energía para vivir que permite distanciarse del murmullo de la muerte. Sin embargo, pasa el tiempo y de repente su ala negra nos restriega polvo de cristal por las entrañas. Entonces, el caleidoscopio gira y alcanza a reunir pasado y presente con tanta intensidad que no podemos evitar convalecer hasta reinsertarnos en la vida en una nueva posición, generalmente, la de quien ha pasado a estar en primera fila de los que esperan su turno. Si antropológicamente la muerte ajena es un principio de satisfacción, porque nos hace presente el hecho de que nosotros seguimos vivos, individualmente, por el contrario, la desaparición de nuestros allegados supone un choque de que no se sale incólume.

Valga lo dicho como resumen abstracto de lo contado por Gabriela Ybarra en su relato autobiográfico, análisis de lo vivido por ella y al tiempo homenaje a la figura de su madre, ser de luz, en palabras de su hija. El fallecimiento, a resultas de un agresivo cáncer, despierta en la joven mujer la necesidad de reconstruir el expediente de muertes incomprendidas, en particular la de su abuelo, Javier Ybarra (secuestrado y asesinado por ETA en 1977), empresario, presidente de la Diputación de Vizcaya (1947-50)  y alcalde franquista de Bilbao (1963-69). Presidente y alcalde franquista, ça va de soi, dadas las fechas del ejercicio de los cargos. Al hilo de los recuerdos y sensaciones revividos y en parte reconstruidos a mitad de camino entre el reportaje y la ficción autobiográfica, la narradora acabará por asumir la desaparición de su madre, por quien se sintió escogida, señalada entre sus hermanas para que la acompañara en la enfermedad.

Y es quizá esa excusa, fruto del denso vínculo con la madre, lo que dota de intensidad, priva de sentimentalismo casi siempre, al texto, lo que hace creíble la narración, además de la  buena selección de anécdotas. La obra carece del amplio registro de tonos de Patrimonio, de Philip Roth, por ejemplo, o de los conflictos internos de Tiempo de vida, de M. Giralt Torrente, pero explota con habilidad cierta afectuosa ingenuidad mezclada a un tono suficientemente descarnado, quizá más  en la línea de Todo esto pasará, de Milena Busquets, aunque en El comensal el trato con la muerte es menos timorato y la prosa más densamente tersa. La reconstrucción de los hechos resulta fruto de una honda pulsión que hace bucear a la narradora en una niñez en la que lo acontecido, los primeros contactos con la muerte en el seno de la familia, le había sido escamoteado por su padres, en medio de un ambiente en que ser señalado por ETA significaba tener colgado un baldón macabro,  por más que el abuelo fuera un  hombre del régimen de cierta importancia. La muerte de un tío suicida aparece también como un fogonazo, particularmente intenso por su crudeza.

El diagnóstico de cáncer de  su madre es el detonante que lleva  a Ybarra a acercarse a la historia del  secuestro y posterior asesinato de su abuelo, de cuyos detalles  supo bien poco hasta catorce años después. Si en un primer momento, alentada por un pronóstico optimista sobre la enfermedad de su madre, no alcanza a intuir la gravedad de la situación, más tarde sentirá que ella es la elegida para asistirla en sus últimos meses. La narradora reconstruye así lo ocurrido a su abuelo como si se tratara de otro capítulo de un único proceso de reposicionamiento con respecto al tema, pues, al cabo, el libro es una especie de autorretrato de escritor enfrentado a la muerte.

Ningún empacho, por cierto,  por la progenie de la autora, ni por poder llevar a la madre a curarse a Nueva York, por comprar un apartamento en la capital del mundo, por estudiar en universidades americanas, por una vida de rico trabajador, por contarla. Se agradece esa falta de rubor, pero uno se plantea hasta qué punto la recepción de la obra, incluida la edición, no ha estado condicionada por ser vos quien sois. Me pregunto qué habría sido del libro sin los apellidos que lleva y si no hace un poco parte de un entramado de morbo cultural que todo lo tiñe, aunque en el caso que nos ocupa se trate de un producto de alta gama. Algo de ello hay, seguramente, pero la obra es digna, prima esa dignidad. 
Javier Brox