lunes, 7 de diciembre de 2015

Años luz - Monarcas de reinos distintos

“Viri -dijo a través de la puerta-  pero ¿no es mejor ser una verdadera mujer que sigue su verdadera vida y es feliz y generosa,  que una mujer amargada y que es fiel? ¿No te parece?
Él no contestó (…)
“Durmieron en camas separadas, blandas, contiguas, como monarcas de reinos distintos” (Salter, James, Años luz, Ed. salamandra, 2013, p. 233 y 249)

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sábado, 5 de diciembre de 2015

El comensal irresistible, de Gabriela Ybarra

“Todo había terminado. De repente sintió que todo aquello era como un mal presagio. Estaba desprotegida. El camino hacia su propio fin quedaba despejado” (Salter, J., Años luz)

EL_COMENSAL

El comensal, Gabriela Ybarra, Caballo de Troya, 2015, 176 págs. 15.90 €

La relación de los niños con la muerte en sociedades como la nuestra suele estar compuesta de escenas fragmentarias, explicaciones incompletas, eufemismos de eufemismos, opacas figuras retóricas. Mi primer recuerdo, por ejemplo, son los gritos nocturnos de una vecina que había despertado junto a su marido muerto. Me enteré de los gritos, pero apenas supe lo que había pasado de verdad. Una masa informe de piezas, sensaciones y palabras, queda  flotando en los niños, piezas de un discurso que acabará por tener lógica mucho después. Antes, las esquirlas tienden a componer figuras provisionales, la del miedo, la de la angustia,la solemnidad o el juego desafiante. La adolescencia y después la edad adulta consiguen más tarde elaborar un discurso racionalizador que dura a veces muchos años, como si el caleidoscopio de repente hubiese encontrado una disposición satisfactoria. No callan los silencios, las escenas entrevistas por la ranura de una puerta, las lágrimas que vimos versar, pero tenemos otra perspectiva y sobre todo una energía para vivir que permite distanciarse del murmullo de la muerte. Sin embargo, pasa el tiempo y de repente su ala negra nos restriega polvo de cristal por las entrañas. Entonces, el caleidoscopio gira y alcanza a reunir pasado y presente con tanta intensidad que no podemos evitar convalecer hasta reinsertarnos en la vida en una nueva posición, generalmente, la de quien ha pasado a estar en primera fila de los que esperan su turno. Si antropológicamente la muerte ajena es un principio de satisfacción, porque nos hace presente el hecho de que nosotros seguimos vivos, individualmente, por el contrario, la desaparición de nuestros allegados supone un choque de que no se sale incólume.

Valga lo dicho como resumen abstracto de lo contado por Gabriela Ybarra en su relato autobiográfico, análisis de lo vivido por ella y al tiempo homenaje a la figura de su madre, ser de luz, en palabras de su hija. El fallecimiento, a resultas de un agresivo cáncer, despierta en la joven mujer la necesidad de reconstruir el expediente de muertes incomprendidas, en particular la de su abuelo, Javier Ybarra (secuestrado y asesinado por ETA en 1977), empresario, presidente de la Diputación de Vizcaya (1947-50)  y alcalde franquista de Bilbao (1963-69). Presidente y alcalde franquista, ça va de soi, dadas las fechas del ejercicio de los cargos. Al hilo de los recuerdos y sensaciones revividos y en parte reconstruidos a mitad de camino entre el reportaje y la ficción autobiográfica, la narradora acabará por asumir la desaparición de su madre, por quien se sintió escogida, señalada entre sus hermanas para que la acompañara en la enfermedad.

Y es quizá esa excusa, fruto del denso vínculo con la madre, lo que dota de intensidad, priva de sentimentalismo casi siempre, al texto, lo que hace creíble la narración, además de la  buena selección de anécdotas. La obra carece del amplio registro de tonos de Patrimonio, de Philip Roth, por ejemplo, o de los conflictos internos de Tiempo de vida, de M. Giralt Torrente, pero explota con habilidad cierta afectuosa ingenuidad mezclada a un tono suficientemente descarnado, quizá más  en la línea de Todo esto pasará, de Milena Busquets, aunque en El comensal el trato con la muerte es menos timorato y la prosa más densamente tersa. La reconstrucción de los hechos resulta fruto de una honda pulsión que hace bucear a la narradora en una niñez en la que lo acontecido, los primeros contactos con la muerte en el seno de la familia, le había sido escamoteado por su padres, en medio de un ambiente en que ser señalado por ETA significaba tener colgado un baldón macabro,  por más que el abuelo fuera un  hombre del régimen de cierta importancia. La muerte de un tío suicida aparece también como un fogonazo, particularmente intenso por su crudeza.

El diagnóstico de cáncer de  su madre es el detonante que lleva  a Ybarra a acercarse a la historia del  secuestro y posterior asesinato de su abuelo, de cuyos detalles  supo bien poco hasta catorce años después. Si en un primer momento, alentada por un pronóstico optimista sobre la enfermedad de su madre, no alcanza a intuir la gravedad de la situación, más tarde sentirá que ella es la elegida para asistirla en sus últimos meses. La narradora reconstruye así lo ocurrido a su abuelo como si se tratara de otro capítulo de un único proceso de reposicionamiento con respecto al tema, pues, al cabo, el libro es una especie de autorretrato de escritor enfrentado a la muerte.

Ningún empacho, por cierto,  por la progenie de la autora, ni por poder llevar a la madre a curarse a Nueva York, por comprar un apartamento en la capital del mundo, por estudiar en universidades americanas, por una vida de rico trabajador, por contarla. Se agradece esa falta de rubor, pero uno se plantea hasta qué punto la recepción de la obra, incluida la edición, no ha estado condicionada por ser vos quien sois. Me pregunto qué habría sido del libro sin los apellidos que lleva y si no hace un poco parte de un entramado de morbo cultural que todo lo tiñe, aunque en el caso que nos ocupa se trate de un producto de alta gama. Algo de ello hay, seguramente, pero la obra es digna, prima esa dignidad. 
Javier Brox

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Saber bailar. Ser un poco off, rarito, descentrado, no del todo pirao, pero... En ello estamos. Aprovechamiento de entradas.


Fuente del GIF, a través de Radio 3

Veo bailar a Woody Allen y no puedo evitar visiones repetitivas de mí mismo en calidad de bailarín. Un sentimiento muy contradictorio me embarga al respecto. Por un lado, no quiero saber bailar, como de hecho no sé ni nunca he sabido.  Me reconozco en quien baila por obligación, en quien baila mal, pero con cierta gracia. Así ha sido desde que tuve un atisbo de conciencia sobre mi yo ideal, hacia los 13 años, edad, por cierto, desafortunada como pocas. Por otro lado, sin embargo, querría saber bailar, llevar en la sangre el ritmo, la facilidad para dar los pasos justos. Me ocurre en las bodas, cuando me encantaría poder echar un pasodoble para que los que piensan que no sé bailar, o, mejor dicho,  los que yo pienso que piensan que no sé bailar, se quedaran boquiabiertos y dijeran, ¡jo, qué tío, yo no sabía que sabía bailar! También querría saber bailar cuando, fruto de mi alma escindida, algo o muy esquizoide, me imagino elegante, vestido de barquillero filipino con traje de lino de color abarquillado o rosa cuarzo y un lirio que empieza a languidecer en el ojal. Con otro cuerpo, otras hechuras distintas de las actuales, pero las misma gafas, eso sí. Entonces, cuando me sueño distinto, saber bailar se convierte en la metáfora suprema de otros orígenes, otra biografía, otra existencia distinta a esta, cada vez más cargada de trimestres. Ah, si hubiera sido... 

Pero no, la humanidad se divide en muchas parejas de opuestos, pero ninguna tan cruel como la que separa irremediablemente a los que saben bailar, pero a menudo no quieren, de los que no sabemos y querríamos… querríamos hacerlo, por ejemplo, como Rocky Roberts.



Entre los que bailan y aquellos que miran a los que bailan o miran al suelo hay  un valle lleno de espinas que, salvo en sueños, nunca he podido cruzar. Por lo menos, me consuelo, no estoy aquejado de muchos otros de los síntomas frecuentes en los bailarines frustrados, como la tendencia al estrabismo, la onicofagia, la forma oblonga del torso. 
Un ilustre miembro del club de los que nunca sabrán bailar es Nanni Moretti.
La siguiente secuencia da prueba de ello:



Me gusta mucho esa sensación de espejismo urbano que produce la isla de bailarines entregados al merengue. Un estudioso francés, el historiador Legoff, dedicó páginas memorables a la oposición yermo/selva y esta visión a mitad de camino entre el sueño realizado y el espejismo que sufre Moretti tiene algo en común con las alucinaciones/tentaciones que sufrían los caballeros del ciclo artúrico durante su quête, metáfora existencialista avant la lettre de la vida. Al final de su periplo, Moretti, motorizado, encuentra a su dama de forma inesperada. Es la heroína de Flash dance, la película que dice recordar con placer. Pero la dama es de armas tomar, sans merci, para decirlo en términos medievales
En fin, una frustración tras otra, que seguramente es lo que acaba por traer consigo el invierno. Seguro que si de repente Moretti aprendiera a bailar, se rompería la pierna a las primeras de cambio. Sería un consuelo, desde luego, pero aún así, año tras año, cuando llegan los primeros serios fríos, pienso en cuánto me gustaría saber mover el esqueleto como Rocky Roberts. 
Los intentos de definición de la caracterología de Moretti que hace Jennifer Beals en el video clip son, por cierto, memorables, apetitosos como una pista de baile agarrao.Y es que no solo me gustaría saber bailar, sino también ser o estar a little bit off, speciale, quasi scemo, not really crazy but…, particolare, off centered, not really troubled but…, verso pazzo ma non ancora, may be whimsical. En ello estoy. El yo ideal es insaciable.


domingo, 29 de noviembre de 2015

La F de Fortuna o entrar campesino y salir papa. Internet, (sub)cultura de alta cuna, de baja cama.

 

12274299_1005333412864925_226523329503334736_nChansonnier of Zeghere van Male, Bruges 1542 (Cambrai, Bibliothèque municipale, ms. 125B fol. 25v) (Fuente de la imagen)

"Tras la muerte del Papa Antero, martirizado por el emperador Maximino Tracio que había reactivado la persecución de cristianos, la comunidad cristiana se reunía para la elección de su sucesor. Como casi siempre, las posturas estaban enfrentadas y no había un claro candidato. Fabián, un campesino que regresaba de sus labores en el campo, al ver aquel gentío se acercó a oler. En aquel momento, una paloma surgió de la nada y se cagó encima de Fabián. Todos contemplaron aquel fenómeno -pues es un fenómeno que con la de gente que había enfrascada en la elección, fuese a caerle a uno que nada tenía que ver- y lo interpretaron como una señal del Espíritu Santo. La intervención divida había elegido al nuevo Papa. Como Fabián era laico, allí mismo lo ordenaron sacerdote, obispo y Papa. Por tanto, la elección de Pedro y la de Fabián fueron las dos únicas con intervención “divina”. Así que, puede que este sea el origen de asociar la cagada de paloma con la buena suerte" (http://historiasdelahistoria.com/2014/01/22/por-que-trae-suerte-que-te-cague-una-paloma-encima)

Y un par de testimonios:

BUENO COMO SEA HOY ME CAYO CACA DE PAJARO...NO SE QUE TAN FIDEDIGNO SEA POR QUE DE HECHO YO SABIA QUE HABIA UN PALOMON EN EL ARBOL BAJO EL QUE YO ESTABA... ME SENTI MONGOLASA ASI QUE DE HECHO LE DI PENA A PITI, CON QUIEN ESTABA ALMORZANDO, Y ME DIJO QUE ME TRAERIA SUERTE, DE HECHON ME SENTI CAGADISIMA, Y PARA SER SINCERA CERO SUERTUDA PERO ME COMPRE LA TINKA... SI ME LA GANO ME COMPRO MIL PALOMONES, LES HAGO MIL FREJOLADAS Y LOS INVITO A TODOS !!

“…a mí una vez me cayó caca en la mano, fue un toque después de comprarme un churro.. pero no pude meter mi mano al bolsillo para pagar, por razones obvias.. así q me lo regalaron.. suerte, eh?(http://nlalunadepalta.blogspot.com.es/2009/08/bondades-de-la-caca-de-pajaro.html)

viernes, 27 de noviembre de 2015

“Suplemento de alma”: Italia, paraíso de golosos

“En la situación actual de Europa y del mundo, es un tema vital saber cómo vamos a educar a los ciudadanos para que en una sociedad mercantilizada no tengan que buscar el “suplemento de alma” exclusivamente en dogmas religiosos.” (F. Savater)

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A veces pienso que las rápidas conversiones de algunos y algunas terroristas a la fe islamista radical desde anteriores modos de vida desenfadados o licenciosos, por decirlo de forma expresiva, tiene mucho que ver con la búsqueda de ese suplemento de alma del que habla Savater, una búsqueda desesperada de redención, manipulada, absorbida por el lado oscuro de la vida, en el caso al que me refiero, pero una búsqueda al fin y al cabo ligada a la saturación de rutina e insignificancia en la que está envuelto el quehacer de la mayoría.

Una de las terroristas de Paris parece ser que, hasta poco antes de los atentados, era poco menos que una víctima adocenada de la subcultura comercial que aborrega a millones de jóvenes; otro de los miembros de los comandos había tenido un bar en el que se trapicheaba con droga. Sus conversiones al islamismo radical, entendidas como fruto de crisis vitales que de repente estallan en el individuo, esas mismas crisis que a otros les llevan a abandonar mujer e hijos y cambiar radicalmente de vida, a irse a los Mares del Sur, o a alejarse de la capital para instalarse en un pueblo abandonado del Pirineo, tienen ese punto de misterio que nos indica que somos muchos aquellos a los que siempre nos falta algo, los que andamos perdidos sin saberlo hasta que hacemos agua por todos los lados. Salvando la enorme distancia que media entre cargarse a más de cien personas a sangre fría y no hacer más daño del inevitable a la familia a la que se abandona, quizá los dos comportamientos descritos tengan más en común de lo que parece. La conversión islamista a mí me hace recordar en negativo  la de los personajes de las novelas clásicas rusas, como Resurrección o Guerra y paz, de Tolstói, por ejemplo, en las que algún  protagonista cambia de piel y de entrañas tras una metamorfosis radical que le lleva a empeñar su vida en una causa. El individuo obtiene así su suplemento de alma, abruptamente, focalizando su vida hacia un objetivo claro y definido, una causa por la que inmolarse, justa en el caso de los rusos, criminal en el otro.

En las antípodas de esas maneras de vivir está el espíritu descontento de quien busca en el arte compensaciones parciales al malestar de la existencia, la actitud de quien se conforma con pequeñas dosis diarias de verdad vital, de auténtica conexión con lo real. En ese grupo estamos la mayor parte de quienes hemos decidido que no podemos pedir la luna, pero sí una buena iluminación callejera, que la búsqueda de otra vida produce pesadillas y que nos bastan los caramelos, con tal de que sean frecuentes y entre sus ingredientes no se incluya la sentimentalidad barata, el buenismo, la visión del mundo del que siempre acaba de nacer, el desconocimiento de la tradición, el afán de éxito, la falta de gusto gusto por el detalle, la ausencia de visión de conjunto o proporción,  la búsqueda de subvenciones, la comezón de publicar, el desconocimiento de la vida, la inútil solemnidad y no sé cuantas cosas más. Esos caramelos, auténticos Ronchitos o pastillas de café con leche de Blas, no abundan, es verdad, pero uno de los últimos sitios en los que los vendían era Italia, hasta hace no mucho.

Muchos de los grandes fotógrafos, además de otros ilustres viajeros desde hace ya unos cuantos siglos, han ido a esa península tan bañada por el Mediterráneo en su búsqueda y alguno de ellos ha vuelto con las alforjas cargadas de friandises del alma.

He aquí algunas fotos fruto de esa inquietud, expuestas en Milán, en el Palazzo della Ragione, bajo el título  “Henri Cartier-Bresson e gli altri – I Grandi fotografi e l’Italia”, desde el 11 de noviembre hasta el 7 de febrero de  2016. No permiten hacer un Grand Tour visual, pero sí darse un garbeo por algunas de las imágenes de este extraño país que ha acabó por convertirse en una singularidad en el panorama del alma europea. Exquisitez y chabacanería, refinamiento y vulgaridad, máxima corrupción y trayectorias cívicas ejemplares se dan cita en él sin solución de continuidad. Mirar los muros de la patria común italiana se ha convertido en un tópico de la prensa internacional, como si algo esencial del ideal humano estuviera en juego en sus designios, como lo que hay o lo que ocurre allí fuera el síntoma por antonomasia de lo que nos puede pasar a los demás o de lo querríamos que nos pasara. En España también hay especialistas en el género hechizado por Italia, A. Elorza a la cabeza (uno de sus artículos). Otro buen ejemplo de esa Italia universalizada es el artículo que la italianista francesa Jacqueline Risset publicó hace unos años en Le Monde. Lástima que el archivo sea para abonados. Me permito reproducir breves fragmentos:

La face noire de l'Italie

Depuis des siècles, l'idée de l'Italie suscite dans l'esprit des Européens une émotion spéciale. Comme si l'espace de cette péninsule était formé d'une matière différente - ses paysages, ses villes, ses villages baignant dans une sorte de lumière mythique dont le secret restait inaccessible. Les voyageurs duGrand Tour n'ont cessé d'en décrire les charmes. (…)

La Constitution italienne, élaborée après la guerre par des personnalités aux différentes appartenances politiques mais toutes douées d'une conscience démocratique mûrie par l'expérience historique récente, est certainement la meilleure, la plus clairement républicaine, laïque, de toutes les Constitutions européennes.(…)

Entre los fotógrafos participantes en la exposición mencionada se encuentran:

MICHAEL ACKERMAN, NOBUYOSHI ARAKI, JORDI BERNADÓ, ELINA BROTHERUS, ROBERT CAPA, HENRI CARTIER-BRESSON, GREGORY CREWDSON, JOHN DAVIES, JOAN FONTCUBERTA, HARRY GRUYAERT, ALEX HÜTTE, ART KANE, WILLIAM KLEIN, IRENE KUNG, HERBERT LIST, GUY MANDERY, IROYUKI MASUYAMA, STEVE MCCURRY, JOEL MEYEROWITZ, SARAH MOON, ABELARDO MORELL, HELMUT NEWTON, CLAUDE NORI, MARTIN PARR, , BERNARD PLOSSU, MARK POWER, SEBASTIÃO SALGADO, DAVID SEYMOUR, PAUL STRAND, THOMAS STRUTH, GEORGE TATGE, ALEXEY TITARENKO, HANS VAN DER MEER, CUCHI WHITE, JAY WOLKE, SOPHIE ZÉNON

(Fuente de las fotos)

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http://www.doppiozero.com/materiali/clic/l-italia-di-cartier-bresson-e-degli-altri

http://www.6e20.it/it/eventi/henri-cartier-bresson-e-gli-altri.html

sábado, 21 de noviembre de 2015

Tras la pleamar de los atentados no estaría de más leer alguna gran novela sobre terrorismo

 

Pasada la efervescencia informativa que han producido los recientísimos atentados parisinos y al poco del ocurrido en Mali, le entra a uno una especie de melancolía, la misma que sufre quien pasea por la playa recién azotada por el temporal, devasta por las olas. Lo peor ha pasado, pero volverá a ocurrir,  vas pensando mientras miras aquí y allá, a la búsqueda de restos que transmitan la emoción de lo ocurrido, sin caer en la cursilería, evitando también  las imágenes truculentas. De los atentados de hace unos meses contra Charlie Hebdo  me quedé con el corte de mangas con el que al parecer se despidió Charb, el director de la publicación, de su asesino. La prensa no insistió demasiado en el asunto, pero a mí me resultó de una elegancia suprema. Por fortuna, los medios franceses nos han ahorrado los primeros planos de las escenas del horror y ha quedado claro que no añaden ninguna nota de mayor dolor a lo ocurrido. Basta saber que alguno de los asistentes al concierto del Bataclan que cayeron bajo las balas de los terroristas tenía veinte o veintiún, que estaba solo o con una hermana, que también cayeron viejos roqueros,  que alguno se salvo porque llegó tarde. Hay más, pequeños gestos de quien empujó a otro a un rincón y se puso encima o el enfermero que se encontró haciendo un masaje cardiaco a uno de los terroristas, lleno de cables para hacerse explotar. Pero si aumentamos el detalle se pierde la perspectiva y el rarísimo ejemplar de árbol no nos deja ver el bosque. Basten las fotos de la cara de los muertos cuando estaban vivos, saber que era un viernes por la tarde como muchos otros, que hacia bueno, que quizá estaban encendidas esas estufas que tienen las terrazas al aire  libre, y que de repente  a unos pocos desgraciados les cayó encima una lluvia de proyectiles. Como en las mejores películas neorrealistas,  no hace falta lo excepcional para comprender la profundidad del drama, la revelación llega tras acumularse pequeños detalles, los mismos que nos pasan inadvertidos a diario.

Este paréntesis en que parece que empiezan a callar los tiros, todavía con esa mezcla de estupor y curiosidad por entender lo ocurrido, quizá es buen momento para recordar que la buena literatura ha dado cuenta del fenómeno terrorista con bastante profundidad. Hace un par de años M. Rodríguez Rivero reseñaba brevemente un ensayo al respecto:

“…ultimo la lectura de El laboratorio del miedo (Crítica), de Eduardo González Calleja, una “historia general del terrorismo” que estudia el fenómeno globalmente y en su evolución a lo largo de la edad contemporánea, señalando las profundas rupturas y diferencias de cada generación terrorista con la anterior. González Calleja tipifica cinco grandes ciclos de violencia terrorista, cada uno de los cuales dura en torno a cuarenta años, pero cuya actividad se solapa con la del que lo precede o lo sigue: los movimientos populistas, nihilistas y anarquistas (1870-1914); los movimientos de subversión armada en los estados nacionales (1905-1945), incluyendo las tentativas de los marxistas revolucionarios, los fascistas y ultranacionalistas; los movimientos anticolonialistas de liberación nacional (1945-1965); la violencia revolucionaria de la “nueva izquierda” (1965-1980), incluyendo la de los movimientos separatistas (ETA, IRA) ; y, por último (por ahora), el terrorismo étnico-nacionalista y el de los movimientos integristas y fundamentalistas (1979-2012). Generacionalmente interesante me ha resultado el análisis de la violencia terrorista surgida a partir del reflujo revolucionario del 68: la Baader-Meinhof y la RAF en Alemania, los “años de plomo” en Italia, etcétera, incluyendo un breve análisis de la alternativa violenta (primero al franquismo, luego a la frágil democracia de la Transición) propiciada por algunas organizaciones de la extrema izquierda española (FRAP, GRAPO)”.

Bastaría cambiar año 2012 del penúltimo paréntesis de la cita por 2015 para darnos cuenta de que estamos en el mismo periodo de unos cuarenta años que empezó a finales de los setenta, el del terrorismo de los movimientos integristas y fundamentalistas.

Pero a mí, más que los análisis sociopolíticos, me interesa la vida del terrorista, saber cómo se llega a engrosar las filas de un grupo asesino, conocer sus motivaciones profundas y la manera en que se articulan a través del acto criminal. Me acuerdo a menudo de una escena de la película La mejor juventud (2003) en la que una futura terrorista abandona marido e hija  pequeña para engrosar las filas de las Brigadas Rojas. Se levanta a escondidas del lecho conyugal y abre la puerta de su casa. Una luz cegadora proveniente del descansillo la ilumina. Entre tanto, el marido, se ha dado cuenta de lo que pasa y sale tras ella. A pecho descubierto, desde la mediocre penumbra del interior le recuerda que están casados, más o menos felizmente, que tiene un una hija pequeña… Pero la luz cegadora del exterior es demasiado poderosa para quedar enturbiada por el trabajo, los hijos, el marido, las obligaciones diarias que poco reportan y mucho exigen. La llamada de la utopía es un canto de sirena al que que aquel que le presta atención difícilmente puede resistirse, más, si si las sirenas son hábiles estafadores morales y prometen una redención absoluta, una embriagadora pureza que haga olvidar la pesada mochila que llevan a cuestas muchos de los terroristas islamistas, en la que se mezcla un gran vacío personal y una trayectoria errática en una sociedad que ofrece pocas salidas. Cuesta aceptarlo, pero como señala hoy mismo Ian McEwan en una entrevista concedida a Babelia, “la utopía es una de las nociones más destructivas en la historia del pensamiento humano. La idea de que puedes formar una sociedad perfecta, ya sea en esta vida o en otra posterior, es muy destructiva. Porque la consecuencia es que no importa si has matado a un millón de personas por el camino: el objetivo es la perfección y eso disculpa cualquier crimen…”. Pero, al tiempo, como va quedando claro, la idea utópica es un bicho muy malo que no se mata solo con piedra ni palo, aunque haya que darle también palizas. Seguramente, en mayor o menor medida, el camaleónico fenómeno terrorista estará siempre presente en el capitalismo desarrollado de las sociedades abiertas, poco convincentes para una población residual, poco seductoras para quien no disfruta de sus bienes, fábricas de descreídos en la vida terrenal, enamorados del más allá.

En fin, que quien quiera conocer la vida de alguno de ellos, su medio, su manera de producirse, la gestación de su terrible elección, lo mejor que puede hacer es acercarse a las novelas que proponía el mismo Rodríguez Rivero en su artículo:

“Piotr Verjovenski (Demonios, 1871-1872, Dostoievski), Adolf Verloc (El agente secreto, 1907, Conrad) y, un poco más cerca, Benjamin Sachs (Leviatán, 1992, Auster)”

Yo, a esos tres personajes, entre los que el que me cae más simpático es Sachs, que va dejando estatuas de la libertad allí donde pone una bomba, un poco como Zorro iba poniendo Zetas,  añadiría el homenaje que hizo Coetzee a Dostoievski, El maestro de Petersburgo (1994), aunque el terrorista sea un personaje ausente en cuya búsqueda acude el padre. Tampoco me olvidaría de la hija del protagonista de Pastoral americana, primero terrorista tardo adolescente y después jainita. En el ámbito doméstico, recuerdo en la distancia El hombre solo (1993), de Atxaga y Años lentos (2012), de F. Aramburu, en el que el papel del imán radicalizador lo ejerce un cura no menos radicalizado. Ya se sabe, el paraíso, la utopía, es un bicho muy malo.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Un libro, una aventura. Las fotos de Alba Revel en el Rincón del Gato, durante lo que queda de noviembre y diciembre.

Leslau

- Nunca he vivido de ilusiones. Soy filólogo (Aub, Max, Campo Francés)

Decía R. Bolaño que era más feliz cuando leía que cuando escribía. Yo soy más feliz leyendo algo que me gusta que haciendo casi cualquier otra actividad que dure algo más que unos pocos minutos. Pero cuando digo feliz no estoy pensando necesariamente en pasarlo bien como si estuviera en un parque temático, donde, por cierto, me aburro soberanamente, más incluso que escribiendo. Pasarlo bien leyendo puede interpretarse de muchas maneras, riendo, sí, pero también dejando caer alguna lágrima, sonriendo, más que riendo, a menudo, o sufriendo, exprimiéndome el cerebro hasta quedar exhausto, cuestionándome si quiero a alguien o si no, replanteándome lo más profundo de mi ser, mi pasado, mi futuro. Mi presente no, ese queda a salvo de las dudas, porque el libro es un refugio antiaéreo contra las sirenas del deber, un perímetro sagrado que nadie debe pisar, como los cementerios indios. Hay ruidos, voces, llamadas que te distraen, claro, pero los más grandes momentos de intimidad los he conseguido encerrado con un libro, en pijama, a poder ser, sin salir de casa, sucio, yendo al váter o a la cocina sin soltarlo, como una presa sagrada. Con la edad, me he civilizado y uso hasta marca páginas al principio. Después, no, superada la página 30, doblo las esquinas para no perder tiempo recolocando el adminículo y me meto el volumen en el sobaco allá donde voy. Si me distrae el hambre o el teléfono juro en arameo. Lo único bienvenido es la sed, que da gusto apagar entre página y página. Sobre todo si los efectos del bebercio coinciden con el final de la historia, o por lo menos con el de algún capítulo.

Cuando se me atraganta un autor, me siento fatal, intento seguir y de hecho lo hago casi siempre hasta el final, pero no es lo mismo, mientras leo el tocho busco distracciones, moscas que cuando disfruto de verdad con un libro no veo, no paro de dar paseos a la nevera que no doy con La amiga genial, de echar ojeadas al móvil del que ni me acuerdo con el reciente El Comensal, de tocarme el cuello dolorido, indemne con La Cartuja de Parma, de bostezar, cosa que no hice una sola vez con El Quijote, aunque me quedé con la boca abierta de la maravilla, incluso mientras sentía la pena  inolvidable que me dio haberlo acabado, el libro que no debería terminar nunca, como algunas pocas personas, que nunca tendrían que morir. Aunque, quizá no lo hacen del todo, gracias al recuerdo que nos queda. Los libros, además, se pueden volver a abrir. ¡Ah, qué tiempos aquellos en los que arrancaba las páginas de A la búsqueda del tiempo perdido para no perderlo mientras hacía guardia en las garitas de mi mili. Cuánto gané entonces, cuántas vidas he vivido en la piel de otros!

¡Viva la lectura como forma de vida, como brújula para encontrar el norte, como entretenimiento en los días de lluvia, como revancha de cuanto nos sucede, como ajuste de cuentas con nuestras debilidades, como prueba de nuestra constancia, como fuente de alegría, de maravilla, de ensoñación. Parafraseando a Catulo, Lesbia mía, vivamos y leamos, que viene a ser todo uno cuando vives bien, lees bien

Dame mil libros, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta, no la sabremos nosotros
ni el envidioso, y así no podrá maldecirnos
al saber el total de nuestros besos y de nuestros libros!

Javier Brox

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La exposición consta de diez retratos de lectores entregados a sus libros favoritos. Junto con cada foto aparecen enmarcadas citas extraídas de cada uno de los volúmenes.

Alicia en el País de las Maravillas (1)alice in wonderland0

 

Le Petit PrinceLe Petit Prince

 

the lord of the ringsthe lord of the rings2

 

el mon groc0

 

Caperucita en ManhattanCaperucita en Manhattan4

 

Harry Potter and the Half-Blood Princeharry potter0

 

eragon cberagon3

 

la sombra del viento bnla sombra del viento00

 

preguntale a alicia cbgo ask alice0

 

lhermine etait porpre cblhermine etait pourpre0

domingo, 15 de noviembre de 2015

París, tocado, pero no hundido (Fluctuat nec mergitur). París se despierta.

…cuando me oigan decir, por ejemplo, que París no se acaba nunca, lo más probable es que lo esté diciendo irónicamente. Pero, en fin, espero no agobiarles con tanta ironía…Me gusta un tipo de ironía que yo llamo benévola, compasiva…No me gusta la ironía feroz sino la que se mueve entre la desilusión y la esperanza. ¿De acuerdo? (Enrique Vila-Matas, París no se acaba nunca, Anagrama, 2003, p. 11)




P. Conte decía de Génova que es una idea como muchas otras. París, para mí, también es una idea, pero no una idea como muchas otras, sino una de las mejores que se me pueden ocurrir. Bastantes estudiantes españoles que conozco echan pestes de la ciudad y piensan más en volver a sus acogedoras capitales de provincia que en disfrutar de la antigua capital del mundo. Las quejas son variadas: alquilar una habitación suele ser complicado y caro, la gente no sonríe,  los estudiantes con los que comparten las clases son unos puntillos y los funcionarios son unos bordes; todo es difícil en una ciudad inmensa, hasta divertirse, y cualquier papeleo te lleva, como poco, una mañana. Nada del carácter excepcional que muchos atribuimos a París, ese que resumía Stefan Zweig: "Paris, c’est le luxe, l’élégance, l’entrain, la légèreté, la joie, l’« antiprovince », la liberté, et avant tout les femmes, beaucoup de femmes" (Trois poètes de leur vie), o Balzac: "L’être qui ne vient pas souvent à Paris ne sera jamais complètement élégant" (Traité de la vie élégante), aunque mi elegancia consista en curiosear por las librerías, visitar inigualables museos, callejear a la espera de sorpresas y tomar algún demi antes de volver a un caro hotelucho a dormir para madrugar. Me queda algo del París que todo lo compensa, el del presuntuoso Hemingway, ligado, en mi caso,  a los sueños de libertad cultural, de costumbres, de modos de vida, frente a la dictadura franquista y también a lo que supuso la ciudad para algunas de las estrellas de mi paraíso lector, Benjamin y Baudelaire, por encima de otros de sus habitantes: "Paris was always worth it and you received return for whatever you brought to it. But this is how Paris was in the early days when we were very poor and very happy” (A Moveable Feast). 
Pero la tradición quejosa de la capital francesa tiene también honda raigambre y no solo entre los estudiantes españoles, añorantes del buen trato que reciben en casa de sus padres. Vila-Matas, por ejemplo, entre veras y bromas, se quejaba así de ella: "Cuando mi padre quiso saber por qué había vuelto, le dije que era porque me había enamorado de Julia Grau, y porque además en París siempre llovía y hacía frío y había poca luz y mucha niebla. Y es tan gris, añadió mi madre, supongo que refiriéndose a mí" (París no se acaba nunca). Yo también soy gris, un siempre triste, como decía el mismo Conte en Wanda, pero los días que despierto del sopor y sueño con patrias acogedoras y paraísos terrestres, París se  me aparece con un nimbo resplandeciente alrededor de su largo cuello, sus ojos pintados, su leve sonrisa y su vestido ajustado, algo viejo, como su bolso, pero encantador.
Oigo reproches sobre la falta de compasión hacia otras víctimas del terrorismo lejanas en el espacio, sobre la desatención mediática hacia el atentado de Beirut, totalmente oscurecido por la masacre parisina, y no puedo evitar sentir que me importa menos eso que aquello. Noto que la intensidad con que vivo una cosa y otra es muy distinta, que entre una y otra hay la misma diferencia que la que habría entre un robo en mi casa y en la casa del vecino. Tengo poderosas razones familiares para seguir pendiente de París casi todo el día, pero aunque no fuera así, no me avergüenzo de decir que me duele más una cosa que la otra, por más que las dos me parezcan barbaridades. En fin, cuestión de vida y destino, de afinidades electivas.

Place de la République 1937  Photo Willy Ronis (Fuente)


Intento de entender qué lleva a alguien a disparar contra un grupo de gente indefensa, factores históricos y razones ligadas a la condición humana, también históricamente determinadas, un cóctel nauseabundo que, sin embargo, emborracha a algunos. Lo que más me "conmueve" y asusta de los asesinos es que sus crímenes son seguramente la expresión de un sentimiento de superioridad, la muestra de una elección radical de vida ligada a la pureza, producto de la desafección hacia una existencia, la de la mayoría, que entienden como impura, insuficiente, anodina. Estos asesinos se redimen matando. Por eso lo hacen, por eso no dudan, en eso consiste el fanatismo. Y ese vacio, spleen, ennui, claro, está manipulado por otros: "Nella testa dei ragazzi che hanno ucciso a Parigi c’è questo: un’incontrollabile irrazionalità cui la fede religiosa estremista di uomini più maturi di loro ha dato un ordine e una struttura coerente. Nessuno può facilmente estirpare queste idee dal cervello di chi le ha sentite ripetere incessantemente e con la forza che deriva da un’autorità religiosa, o ritenuta tale" (M.Belpoliti). Los escenarios del crimen de París son la quintaesencia de lo que los asesinos desprecian, de la existencia de la que reniegan, muchas veces como conversos, lugares de ocio, de diversión, música, de entretenimiento, ligue, consumo de alcohol y tabaco, son la antimezquita radical, sitios de perdición. Como dice el comunicado de reivindicación de los atentados, París es Gomorra y el Bataclan un lugar de depravación, punto de encuentro de "centaines de idolâtres dans une fête de perversité" (Comunicado). Elorza tiene razón,  no estamos frente a una mera cuestión religiosa en términos generales, que podría llevarnos a una condena cuando no persecución de todos los creyentes del islam, sino ante una corriente ferozmente integrista: "El problema reside en que si bien el islam no es terrorista, insistamos en ello, el yihadismo, y como culminación suya el Estado Islámico sí son una versión ultraortodoxa del islam.
Pero volvamos a París, a la ciudad que mañana lunes volverá a sus rutinas, recordando el lema de su escudo: Tocado pero no hundido

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París, Plaza de la República. Fuente de la imagen

Y recordemos la hermosa canción escrita por Jacques Lanzmann y cantada por un J. Dutronc inspirado, Paris s'éveille, Paris s'éveillera demain matin, un canto al derecho de cada uno de ir y venir por donde y como quiera, a la hora que le plazca, una canto a la libertad y a la vida común, con sus licencias y benditas anomalías, todo ello dentro de los valores de la L, I (E, en francés), F, los valores republicanos, claro:

Je suis le dauphin de la place Dauphine
Et la place Blanche a mauvaise mine
Les camions sont pleins de lait
Les balayeurs sont pleins de balais
Il est cinq heures
Paris s'éveille
Paris s'éveille
Les travestis vont se raser
Les stripteaseuses sont rhabillées
Les traversins sont écrasés
Les amoureux sont fatigués
Il est cinq heures
Paris s'éveille
Paris s'éveille
Le café est dans les tasses
Les cafés nettoient leurs glaces
Et sur le boulevard Montparnasse
La gare n'est plus qu'une carcasse
Il est cinq heures
Paris s'éveille
Paris s'éveille


sábado, 14 de noviembre de 2015

Postales de París. Fotomontajes de luto y algunos testimonios

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Sin título

IMGP5651

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La déclaration de l’état d’urgence donne pouvoir aux préfets de département :

  • D’interdire la circulation des personnes ou des véhicules dans les lieux et aux heures fixés par arrêté ;
  • D’instituer, par arrêté, des zones de protection ou de sécurité où le séjour des personnes est réglementé ;
  • D’interdire le séjour dans tout ou partie du département à toute personne cherchant à entraver, de quelque manière que ce soit, l’action des pouvoirs publics.

Le ministre de l’intérieur, pour l’ensemble du territoire, et le préfet, dans le département, peuvent :

En savoir plus sur http://www.lemonde.fr/societe/article/2015/11/14/attaques-a-paris-ce-que-veut-dire-la-declaration-d-etat-d-urgence-en-france_4809523_3224.html#gz7YBuPCawWdPm3e.99

  • Ordonner la fermeture provisoire des salles de spectacles, débits de boissons et lieux de réunion de toute nature ;
  • Interdire à titre général ou particulier les réunions de nature à provoquer ou à entretenir le désordre.

Le décret déclarant ou la loi prorogeant l’état d’urgence peuvent :

  • Conférer aux autorités administratives le pouvoir d’ordonner des perquisitions à domicile de jour et de nuit ;
  • Habiliter les mêmes autorités à prendre toutes mesures pour assurer le contrôle de la presse et des publications de toute nature ainsi que celui des émissions radiophoniques, des projections cinématographiques et des représentations théâtrales.

En savoir plus sur http://www.lemonde.fr/societe/article/2015/11/14/attaques-a-paris-ce-que-veut-dire-la-declaration-d-etat-d-urgence-en-france_4809523_3224.html#gz7YBuPCawWdPm3e.99

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Le Monde il y a 8 minutes (19:31- 14/11/15)

Le procureur de la République continue, en direct, son récit chronologique de la soirée :

A 21 h 40, à Paris : un véhicule Polo de couleur noire se stationne devant le Bataclan. Trois individus porteurs d'armes de guerre en sortent, font irruption dans la salle, tirent en rafale en plein concert et prennent en otage le public regroupé dans la fosse. Les terroristes, lors des pourparlers tenus brièvement, ont évoqué la Syrie et l’Irak.

Lors de l’assaut trois terroristes ont trouvé la mort, le premier tué par un tir des forces de l’ordre, tandis que les deux autres ont actionné une ceinture explosive.
"A l’heure ou je vous parle on décompte 89 victimes décédés et de très nombreux blessés."

El jugador de fútbol Lass Diarra:

Enlace permanente de imagen incrustadaFuente de la imagen y del texto anterior

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Fuente de la imagen

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Fuente de los testimonios:

«J’étais au restaurant et j’ai appris qu’il y avait une fusillade pas loin en consultant Twitter. On a alors décidé de rentrer. Sur le chemin, boulevard Richard-Lenoir, j’ai entendu des coups de feu. En arrivant à mon appartement, deux personnes bossaient dans le café juste en bas de chez moi et allaient rentrer. Je leur ai dit de monter avec moi. Là, on attend que ça se calme, ensuite elles pourront rentrer chez elles.»

«J’étais avec deux amis dans un appartement rue Faubourg Saint-Denis, prêté par une amie. Je savais que trois autres amis étaient non loin de là dans un bar près de République. On les a contactés pour leur proposer de nous rejoindre. Après avoir entendu ce qu’il se passait, ils sont restés un moment à l’intérieur du bar. Il y a eu un mouvement de foule vers leur bar, où des gens sont arrivés en courant pour se réfugier. Ils ont fini par pouvoir quitter les lieux et nous rejoindre à l’appartement. Nous sommes six dans 18 m², anxieux, nous suivons les événements en direct. On va sûrement passer la nuit ici.»

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«Les tueurs sont arrivés une demi-heure après le début du concert, par l'entrée principale. Ils ont abattu tous ceux qui étaient au bar. Après, on a vu un mouvement dans la fosse. C'était comme un coup de vent dans les blés. Tout le monde tombait, morts, blessés et vivants. Même si on n'a pas d'expérience de la guerre, on a compris tout de suite ce qui se passait. On a suivi un vigile à qui on doit la vie. On a été séparés par la force des choses, deux d'entre nous se sont retrouvés sur le toit. Et un dans une pièce où il a attendu les forces de police. On a attendu deux heures sur le toit, on était une cinquantaine, on se sentait piégés comme des rats, ça tirait de partout.»

«On a été évacué par le Raid au bout d'une éternité, je suis incapable de dire combien [de temps] ça a duré. Dès les premiers coups de feu, je me suis mis à plat ventre et j'ai attendu. Énormément de personnes ont été touchées dans la fosse....» Son jean est maculé de sang – celui des corps autour de lui.

«J'étais dans la fosse, quand soudain j'ai entendu du bruits, comme des pétards. Sur le moment j'ai pensé que ça faisait parti du show, puis je suis retourné et j'ai vu une personne qui venait de prendre une balle dans l'œil. Elle se tenait la tête et s'est effondrée. Là, tout le monde s'est mis à terre, on entendait des tirs. Les tireurs shootaient au hasard sur les gens allongés, tout le monde faisait le mort mais ça ne faisait aucune différence pour eux. J'étais couché en position fœtale mais mes pieds étaient bloqués par le corps de quelqu'un. J'ai réussi à glisser mes pieds hors de mes chaussures et j'ai couru backstage, parce qu'une porte de sortie était juste à côté, avec trois autres personnes, qui étaient blessées.»

Selon Beauveau, aucun policier tué lors de l'assaut du #Bataclan mais un blessé #FusilladeParis

Dès demain, fermeture de tous les équipements de la Ville: écoles, musées, bibliothèques, gymnases, piscines, marchés alimentaires

14.11.15 Paris. @Paris SUIVRE

Le Conseil du culte musulman condamne "avec la plus grande vigueur" des "attaques odieuses et abjectes"

14.11.15 France Info. @franceinfo SUIVRE

On va avoir salement besoin les uns des autres. Et pour longtemps.

14.11.15 Grégory Blachier. @GregoryBlachier SUIVRE

Isn’t it interesting that the tragedy in Paris took place in one of the toughest gun control countries in the world?

07.01.15 Donald J. Trump. @realDonaldTrump SUIVRE

«Je suis pas très loin du Bataclan, dans un hall d'immeuble, je suis sorti de la salle de concert il y a vingt minutes. Je n'ai pas vu grand-chose, j'étais dans les balcons. On a entendu les coups de feu, on s'est jetés par terre, on s'est planqués dans une loge. Au bout de je ne sais pas combien de temps, il y a les flics qui sont venus et qui nous ont escortés dehors, mais je ne sais pas si c'était terminé. On a continué d'entendre les tirs dans la salle. Là, on est dans un hall immeuble, les flics sont devant, on est devant. On est pas mal quand même du Bataclan à avoir pu sortir.»

Au stade de France, des dizaines de personnes ne veulent pas rentrer sur Paris.

13.11.15 Guillaume Ledit. @LeGuillaume

«Nous étions en scooter et nous sommes passés devant le Bataclan alors qu'il y avait des coups de feu. Nous sommes rentrés rue Faidherbe [pas loin du lieu d'une seconde fusillade, ndlr] et à l'abri. Depuis ma fenêtre, je peux voir un cortège de camions de pompiers. Une dizaine de camions de pompiers. En passant, nous avons vu des personnes être chargées dans les camions de pompiers. Dans la rue, des personnes ignoraient encore tout de l'attaque. Des gens nous conseillaient de nous mettre à l'abri.»

You can hear the explosion herevine.co/v/iBb2x00UVlv

13.11.15 Bayern & Germany. @iMiaSanMia SUIVRE

Un témoin sortant du Bataclan : "On a réussi à s'enfuir, il y avait du sang partout, ils ont tiré au fusil à pompe sur la foule"

13.11.15 France Info. @franceinfo SUIVRE

Un des amis rescapé du Bataclan. 5 ou 6 tireurs, non masqués, plusieurs coups de feu (d'abord en l'air) pendant 5 minutes. Des corps au sol.

13.11.15 Erwan Desplanques. @edesplanques SUIVRE

Fusillades à Paris.

Un témoin sur place témoigne à Libé : «J'ai entendu des coups de feu. Je ne savais pas trop si c'était des pétards ou des coups de feu. Une voiture était garée en plein milieu de la rue. C'est dans un bar à l'angle des rues de Charonne et Faidherbe.»

«Deux personnes sont sorties. Ils avaient des fusils. J'ai entendu des coups de feu. Beaucoup de coups de feu. J'avais l'impression qu'ils y avait des pétards en même temps. Ca a duré au moins trois minutes. Il y avait de la panique. Ensuite, ils sont remontés dans la voiture. Ils ont continué tout droit vers la station Charonne.»

6 corps étendus au 90 rue Charonne. Des gens jettent des draps par les fenêtres pour les couvrir. L'horreur totale

13.11.15 Tommy Pouilly. @5h55 SUIVRE

#SaintDenis > Le président de la République François Hollande a été exfiltré du Stade de France (@itele)

13.11.15 iTELE. @itele SUIVRE