sábado, 26 de septiembre de 2015

Nacionalismo, independentismo. «En el corazón tenía la espina de una nación; logré arrancármela un día, ya no siento el corazón…ni falta que hace.

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1. Me pasa un poco como a Trueba, que los ratos en los que me he sentido español son pocos. En mi caso, además, si mi españolidad me asalta, desconfío de ella, me pregunto qué me estará pasando, qué otras emociones se estarán mezclando en el sentimiento. Por poner un ejemplo, qué desilusiones trato de compensar con mi apoyo a la selección española de turno.  Quizá por el trauma de haber vivido la escuela franquista, desconozco formas más refinadas de amor patrio. Desgraciadamente, la transición no me basto para fundar un nuevo patriotismo. En el fondo, estoy bastante de acuerdo con la frase de S. Johnson: "El patriotismo es el último refugio de los canallas".  Hay, sin embargo, patriotas españoles a los que admiro, Azaña, pongamos por caso. Son seguramente aquellos cuyo amor patrio es casual, circunstancial, algo así como un epifenómeno de la defensa de otros valores de mayor calado, generalizables. Si esos valores entran en conflicto con, se acabó el patriotismo (o mi simpatía).

IMGP5346 (4)2. Aun así, hay algo en el numerito de Trueba que me desagrada. Me chirría el hecho de ir a recibir un Premio Nacional a casa de alguien que sabes que se va a sentir mal por lo que dices a la hora de los discursos. Para eso hay otros canales, otras situaciones, y sobre todo, en el caso de un director de cine, su propia obra.

3. A los independentistas catalanes habría que recordarles aquella pregunta que se hacía Vázquez Montalbán: ¿Contra Franco vivíamos mejor? El polígrafo catalán quería poner de manifiesto la importancia que tuvo el proyecto de acabar con el franquismo entendido como emulsionante de voluntades, unificador de objetivos. Después, vino la resaca, el desencanto, porque acabar con el franquismo era para muchos solo un ingrediente de un anhelado futuro suficientemente justo, suficientemente democrático. Y eso enseguida empezó a quedar claro que no iba a pasar. Si los catalanes independentistas de izquierdas se quedan sin España se van a dar de bruces contra contra el vacío. Será como quien huyendo de Málaga se va a Malagón. Superado el entusiasmo de la compra de los primeros muebles no tardará en aparecer lo contrario del seny, el ennui patrio.

5. Lo de Mas, a tenor de sus artículos en El País, más que un independentismo fundamentalista, es un independentismo de despecho. Ha llamado a las puertas del gobierno, tan afín a él, por otro lado, en cuestiones de política social y económica, y no ha sido escuchado. El despecho debe ser monumental, debe tener los nudillos machacados. La sonrisa de suficiencia ante las manifestaciones colectivas de voluntad independentista, ya sea en un estadio de fútbol o en el balcón del Ayuntamiento de Barcelona, hacen pensar en que perdió ogni speranza… de seguir haciendo carrera política con éxito.  Quizá pretendía presentarse como quien había conseguido concesiones del gobierno central nunca antes soñadas. Tras los golpes de nudillo no atendidos y con la rémora de Puyol a sus espaldas, no le quedaba otra vía para perpetuarse que reinventarse camuflado en una candidatura conjunta por la independencia. Un patriota así merece gran admiración.

6. De Junqueras, prefiero no decir nada.Bastante tuve viéndole llorar en un programa de J. Evole, emocionado al pensar en que los catalanes si se independizaban iban a poder decidir sobre sus cosas de forma más cercana. Esa ha sido siempre ha sido la coartada nacionalista. Claro, que se parece demasiado a lo que dicen las empresas sobre su política interna. Que nos dejen decidir a nosotros, que sabemos lo que hacemos. Nada de auditorias verdaderamente externas.  Como para llorar de emoción.

J. Brox

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Pero qué son esos números romanos que aparecen en la base de la estatua de César Augusto de Zaragoza. El calendario fascista italiano, fuente de inspiración para Franco.


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“La revolución es el fin de todo lo antiguo, incluidos padres e hijos. es el fin de la sucesión y de las dinastías. Y se renueva incesantemente, si es revolución de verdad. Con cada nueva revolución, la vieja revolución queda invalidada y la historia empieza de nuevo. He aquí la nueva idea, la idea verdaderamente nueva. Año uno. carta blanca. Todo se reinventa, todo se borra y renace: la ley, la moralidad, la familia, todo” (J. M. Coetzee, , El maestro de Petersbrugo).

"Per il censore, si scrive in cima al foglio la data della nuova era, anche nelle lettere confidenziali e intime. Se l'amore si nutrisse di sole lettere, morirebbe di stenti. Si omette la data dell'anno, solo per la madre e il padre. È il più grande segno di fiducia e di confidenza. Ma anche per una donna amata, di rado si arriva a tanto. La donna amata può tradire" (C. Alvaro, Quasi una vita).

Lo recordaba hace no mucho Lucy Hughes Hallett en su entretenida biografía de D’Annunzio:
“1927. Se introduce un nuevo calendario fascista, lleno de días sagrados que conmemoran el glorioso pasado de Italia o a sus gloriosos muertos. El año nuevo comienza comienza el 29 de octubre y los años se numeran a partir de 1922” (1), más en concreto, a partir del día 29 de octubre de 1922, fecha de la Marcha a Roma, que se convierte así de forma oficia en el acto fundacional y seminal del nuevo estado fascista.

El 25 de octubre de 1926, una circular así lo establece, ordenando “que se añada a la datación tradicional de todos los documentos públicos y privados, incluso de la correspondencia, una cifra en número romano que indicará el año de la era fascista, cuyo comienzo oficial sería el 29 de octubre de 1922, fecha del ascenso al poder de Mussolini y los fascistas. Esta normativa debía entrar en vigor a partir del 29 de octubre de 1927, inicio del año VI de la Era Fascista (E.F.)  (2).  La datación solía ser doble, según el calendario tradicional y según el nuevo criterio, aunque a veces aparece solo la Era Fascista, como ocurre en el caso de la escultura zaragozana de César Augusto.

En términos generales, la medida debe entenderse como parte de la tendencia natural de los regímenes totalitarios a adueñarse de los resortes del estado en el sentido de marcar un más o menos corte neto con lo anterior. En el caso italiano, como señala el profesor Francisco Olmos,  “los símbolos del PNF (Partito Nazionale Fascista) iban a intentar colocarse al mismo nivel que los del Estado, en este caso los de la Monarquía de los Saboya” (3). Valga como ejemplo la acuñación de monedas en las que la monarquía se mezcla con el régimen fascista en un contesto mitologizante (4).

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A resultas de la modificación del calendario, por lo que se refiere a los años que nos interesan en esta entrada, la E. F. (Era Fascista) quedaría como sigue, con respecto al calendario cristiano:
Año XVII  E.F.  28 - octubre – 1938 / 27 - octubre - 1939 
Año XVIII  E.F.  28 - octubre – 1939 / 27 - octubre - 1940 
Año XIX  E.F.  28 - octubre-1940 / 27 - octubre – 1941

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También Franco impuso una nueva cronología complementaria a  la tradicional, seguramente inspirado por su aliado Mussolini. En efecto, el Decreto nº 253 del Gobierno del Estado (BOE de 13 de abril de 1937) establecía su Artículo 2 que El lapso de tiempo que media entre el diecisiete de julio de mil novecientos treinta y seis e igual fecha del presente se denominará Primer Año Triunfal…(5). Como es sabido, a pesar de que tradicionalmente se considera el 18 de julio de 1936 la fecha de inicio de la Guerra Civil  española, en realidad la sublevación comenzó el día 17  de julio en Melilla. Fernando Arrabal recreó lo ocurrido de forma excepcionalmente dramática en esa especie de extraordinarias memorias que son Ceremonia por un teniente abandonado:

“Melilla, mañana del 17 de julio de 1936.
7:15 h. El teniente coronel Seguí, cabeza del alzamiento en Melilla, esperaba el aviso. Y desesperaba impaciente. la mecha de la insurrección no podía prender sin la llegada del mensaje.
Por fin recibió el radiotelegrama. En clave. Se dijo que la suerte estaba echada ¡en latín!: – Alea jacta est.” (6)
La doble datación estuvo vigente hasta 1 de abril de 1939, siendo sustituía, a partir de entonces, la referencia al Tercer Año Triunfal por la de Año de la Victoria (7).
Como es sabido, al igual que las  de Gijón y Mérida la escultura de César Augusto zaragozana es un regalo de Mussolini a la ciudad. Se trata de la réplica del Augusto de Prima Porta que se encuentra en los Museos Vaticanos. En la Antigüedad las estatuas propagandísticas era muy importantes para perpetuar la imagen de los líderes. La mayor parte de ellas carecen por completo de valor artístico. En el caso de la efigie de Augusto (63 a. C. – 14 d. C.), hallada en una villa perteneciente a la emperatriz Livia -cerca de la Prima Porta, uno de los principales accesos a la antigua Roma- de la que estamos hablando, no se trata seguramente una pieza extraordinaria, pero tampoco execrable. Como señala R. Hughes, “como imagen de poder sereno y autosuficiente que se proyecta sobre el mundo tiene pocos parangones en el campo de la escultura” (8). Algo parecido a lo que hizo Mussolini regalando símbolos de la Antigua Roma a distintas ciudades, hacían los antiguos romanos, tan aficionados a copiar sus obras. Seguramente el Augusto de Prima Porta no es sino una copia de un modelo que dio para muchísimos augustos deificados en mármol , la mayoría, y algunos en bronce. que estaban diseminados por el imperio.

A tenor de las correspondencias cronológicas que aparecen más arriba, el año fascista XVIII que aparece en la base de la efigie podría corresponder tanto a 1939 como a 1940. La fuentes que he consultado datan el regalo Mussoliniano en 1940. También en el Inventario de Bienes Histórico Artísticos del Ayuntamiento de Zaragoza de que dispongo (Año 1995), la escultura (Nº de registro  09 3128) aparece datada ese mismo año. renuncio, por ahora, a seguir los pasos recorridos por este César Augusto, fundido en Venecia y destinado a recordar los orígenes romanos de nuestra ciudad.

Este breve reportaje del Istituto Luce confirma la inauguración de la estatua en 1940:


Cfr. tamb. el artículo «Augusto  y el franquismo: ecos del bimilenario de Augusto en España», Revista de historiografía 27, 2017, pp. 137-162, en particular el apartado La Semana Augustea de Zaragoza,(1940), pp. 152-155, donde se recoge una foto de una placa conmemorativa con un texto en latín. la placa se encuentra en algún lugar de la Univ. de Zarazoza y ella aparecen tanto la datación franquista (AER HISP A II) como la mussoliniana (AER ITAL A XVI). Acceso al art.: 
https://e-revistas.uc3m.es/index.php/REVHISTO/article/download/3968/2496

Un resumen dedicado a la cronología fascista se encuentra en Scuccimarra, Luca, «Era fascista», en De Grazia, Vittoria y Luzzatto, Sergio (eds.), Dizionario del fascismo, I, Turín, Einaudi, 2005, pp. 480-481, ad vocem; cfr. tamb. Gentile, E., Il culto del littorio, Bari-Roma, Laterza, pp. 89-92.
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(1) Hughes Hallett, Lucy, El gran depredador, Gabliele D’Annunzio, Barcelona, Ariel,  2014. Trad. Amelia Pérez Ariño, p. 660.
(2). Francisco Olmos, José María de, «Los calendarios propios de los regímenes  totalitarios en el período de entreguerras. La doble datación en la documentación oficial del “bando nacional” durante  la guerra civil española (1936-1939)», Revista General de Información y Documentación  2009, 19, p  265-295, p. 273.
(3) Ibid., p.273.
(4) Ibid., p.290.
(5) Ibid., p.279.
(6) Arrabal, Fernando, Ceremonia por un teniente abandonado, Madrid, Espasa Calpe 1998, p. 13-14.
(7) Francisco Olmos, ibid., p. 283.
(8) Hughes, Robert, Roma, una historia cultural, barcelona, Critica, 2011, p. 69.

jueves, 10 de septiembre de 2015

El amor ido, el amor yéndose, casi una pequeña y agradable molestia: El puente Mirabeau, manuscrito por su autor

En París, de viaje o en sueños, nos digo que vayamos al Puente Mirabeau, pero siempre está demasiado lejos, hay otras cosas que visitar.  Como si prefiriéramos pensarlo, vagamente sentirlo sin haberlo conocido, nunca vamos a verlo. Así ocurre con los símbolos del principio de las historias de amor, trascedentes en la conciencia, en el recuerdo, insignificantes en la realidad. Son la mala música de Proust, no los desprecies.

Lo real perdió la partida con lo ensoñado hace ya treinta años, pero se ha convertido en una forma de la conciencia, de la memoria, un puente por el que solo se va hacia atrás, infinitamente. A decir verdad, lo real fue un  espacio impreso en un libro. Todo empezó allí. Y allí irán  mis cenizas por un instante,  el tiempo de recordar y cerrar el libro, serán un marcapáginas invisible, salvo para ti.

El puente de verdad, tumba efímera de agua, fue para otros poetas. ¿Sabes que acabo de leer que Celan seguramente se lanzó al Sena desde allí?

¿Tú, cuando me haya ido, me llevarás en el el recuerdo a ver el Puente Mirabeau, sentirás esas manos pequeñas mías bajo las que pasa la corriente? Apollinaire corrige el verso, donde había escrito L’amour s’en est allé, se fue, se ha ido, escribe s’en va, se va, se está yendo. Siempre se está yendo. En ese viaje iré sin peso  y te llevaré al sur de la Capital, al colegio interno que fue tu nido fiero, te llevaré allí, descasarás en el campo. Tendrá  mérito el gesto, pues será después de que yo me haya ido, de que tu te hayas ido, en el futuro recuerdo.

(Fuente de la imagen)image6_thumb

El Puente Mirabeau
Bajo el puente Mirabeau corre el Sena
Y nuestro amor
¿Es necesario que lo recuerde?
La alegría viene siempre tras la pena
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo
Con las manos unidas estamos cara a cara
Mientras bajo el puente
De nuestros brazos pasa
La ola tan cansada de las eternas miradas
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo
El amor se aleja como este agua que huye
El amor se aleja
Lento como la vida
Y violento como la esperanza
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo
Pasan los días y pasan las semanas
Ni el tiempo que se fue
Ni los amores vuelven
Y bajo el puente Mirabeau corre el Sena
Llega la noche suena la hora
Los días se van yo me quedo

Trad.  Manuel Álvarez Ortega (Mil años de poesía europea, Francisco Rico, Rosa Lentini, Barcelona, Blacklist, 2009)

(Enlace a un artículo que contiene otras versiones)

Clica aquí para oír la poesía recitada por e mismísimo Appolinaire.

La gran versión de Ferré acentúa  la tibia melancolía del poema, cantado como si de una balada popular parisina se tratara. El aire distraído de cantautor, como de actor callejero, a mitad de camino entre el vate y el bobo de barrio, dan la medida personal y universal de los sentimientos evocados, un cruce entre el río presocrático de Heráclito y el tremendamente feo y desamparado personaje de la Revolución, . Fantásticas resulta esas miradas a un cielo de París ausente y que quizá por eso mismo uno no puede dejar de ver, un amanecer en que todo sigue y el amor ido se ha hecho casi una pequeña y agradable molestia,  un ritual de la memoria.

Que el poema apolíneo es uno de los orígenes de la poesía de la experiencia lo muestra su disponibilidad a convertirse en canción pop. Marc Lavoine casi pudo con él, casi lo devastó.

martes, 8 de septiembre de 2015

Se vende o alquila. Nuevos nichos de mercado. Repunta el precio de la vivienda. Lo que antes no se vendía empieza a salir a la venta. Medioreedicón de entradas

Vd. se lo merece, lo sabe y se lo puede permitir. Lista para entrar. Venta o alquiler

El repunte del precio de la vivienda equivalente a un 4,2% en el segundo trimestre ha orientado la actividad de nuestra cadena de agencias a abaratar los precios del enorme stock a disposición. Con el objetivo de renovar nuestra oferta cara a la nueva y próspera temporada que se avecina proponemos viviendas procedentes de deshaucios, de abandonos, estragos, inacabadas algunas de ellas, a precios convenientes.

En este sector tradicionalmente nada que no oliera a ladrillo podía interesar a los compradores. Hoy en día, sin embargo, todo está cambiando. Prueba de ello es  esta magnífica residencia urbana, situada en el prestigioso barrio de Salamanca (Madrid). Una ocasión única:

Pronuncie las palabras mágicas: “Me lo merezco y lo sabo”. Tenemos una financiación a su medida

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domingo, 6 de septiembre de 2015

Pequeño catálogo de tumbas. Nuevas y reeditadas

(Salvo indicación expresa, fotos  y textos de J. Brox)

Tumbas sin cruz

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Tumba entre dos orillas

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Tumba sin apellidos

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Quienes nos quieren no nos llaman  por nuestro nombre y apellido. Y, sin embargo, cuando encargan la inscripción que debe figurar en nuestra tumba, nos apuntan con la filiación completa, como constamos en los registros, en la cartilla de ahorros, en el correo que todavía llega a casa, en todo el inútil rastro de documentos que los muertos guardan en nuestros cajones.

Para los vivos, los muertos dejan pronto de ser para transformarse en él, ella. Pero, hasta que las letras del pronombre cambian del todo, pasa un tiempo en que revisamos sus enseres, usamos su ropa, los mejores zapatos que dejaron, la cartera casi nueva que caprichosamente desdeñaron y no queremos sentarnos en su sillón. Entonces, todavía no son él o ella, y , como un resto de cuando les llamábamos por su nombre,  llevan nuestra incómoda  mano cogida en su bolsillo o de repente encontramos los sudokus que olvidaban entre las páginas de un libro. Si hace falta, incluso nos ponemos sus calcetines. Los notarios, las funerarias, los bancos, por otro lado, se empeñan en acelerar el proceso que lleva del vocativo al nominativo, que sustituye la presencia ligada a un nombre por el nombre y apellidos sin cuerpo. Entre ellos y el tiempo, casi ganan la batalla. Sin embargo, cuando menos lo esperamos, quizá un ocioso día de verano, en un maldito duermevela que se escapa al control, volvemos a llamarlos. Ni están ni se les espera, pero todavía no hemos aprendido que ya es casi él, ella, y no va a responder, no se va  a molestar nunca más  porque no le dejamos en paz ni para mear.

Vamos, quizá unos meses después, al cementerio y las letras de bronce que brillaban demasiado, se van pareciendo a las de los antiguos residentes. Leemos el nombre completo,  el del libro de familia, y pensamos que ese fue nuestro marido, amante, hermano. Tú, corazón mío, a quien  llamaba sin parar en mi ayuda, como un injusto reflejo, has pasado de ser tú, a secas, a ser  Vargas Heredia, hija y nieta de Camborios.

Por eso, entre los ilustres prohombres de un cementerio civil de postín sentí el grito que salía del nicho de Antonia, a la que alguien quiso evocar en carne y hueso en cada visita, alguien que se negaba a darla por muerta del todo, alguien que no sabía que las flores marchitan sin remedio y en lugar de olor proyectan sombras.

Tumba con amor y espinas

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Alguien me contó una bronca marital. La mujer había hecho unos huevos fritos con chorizo al marido. Pero él se negó a comérselos porque decía que estaban hechos sin amor. No sé si es que tenían galladura, si el chorizo no estaba cortado como cuando eran novios o chorreaban aceite. O tal vez eran perfectos, mejor hechos incluso que nunca antes, unos huevos fritos con chorizo de ensueño… pero sin amor. Y así, ay, no soy nada.

Tumba de un poeta

Si he perdido la voz en la maleza…IMGP0487

¿me queda la palabra?IMGP0444

Paco Ibáñez, a punto de quedarse sin voz.

Tumba de un hincha

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Qué manera de subir y bajar de las nubes,/ ¡qué viva mi Atleti de Madrid! (…)/ Paseo de los melancólicos,/ Manzanares cuánto te quiero. (…)/ Ni merengues ni marrones,,/ a mí me gustan las rayas
canallas de los colchones. (…)  J. Sabina

El alto valor simbólico de la bufanda, quizá solo comparable, entre los accesorios de vestuario, con el de la gorra y la corbata, queda patente durante las rebajas, en las que todo lo relacionado íntimamente con el cuello casi no tiene descuentos. El cuello te lo ofrecen los perros en señal de entrega y los dueños duros de estos animales se lo cubren con collares, a veces de color rosa, ensartados de pinchos, como si estuvieran gritandonoli  tangere ahí, macorina, salvo yo, el amo. El cuello sobreprotegido con fulares, e menudo conjuntados con un buen número de pulseras de cuero, entre las que a veces se ve una bandera patria, indicio de un plus de gusto, de refinamiento, expresión del deseo de distanciamiento con respecto a los que no se cuidan, a los que por tener no tienen ni un mundo propio. Y es que a menudo al cuello se reservan los mejores tejidos, la seda, el cachemir y las combinaciones de color más expresivas, los estampados más audaces. Tiene, pues, la bufanda la virtud de concentrar como pocas prendas mensajes lanzados al mundo y al interior de quien la porta, nos afirma ante los otros y ante nosotros mismos. Cruzada, anudada a lo Dylan, con doble vuelta de juventudes de algún partido, larga, como la de Umbral, ligera o pesada, por fuera o por dentro del gabán, por momentos, en los interiores o cuando acelerados en invierno nos acaloramos llega a agobiar, y entonces pasa de ser un refugio, un pequeño tronco salvavidas de la intimidad mostrada, a un objeto que tiende a perderse, a enrollarse como papel de váter, a colgar como despojo del antebrazo.

La bufanda de la foto, como los perros de mármol o piedra de las esculturas medievales, tiene la función de evocar la fidelidad, la constancia, la perseverancia del hincha en el afecto por su equipo. Los perros y las bufandas, cuando están contentos, saltan al cuello, tienden a rozarnos con sus fauces, con la suavidad del tejido, pero, cuando están tristes o cansados, caen al suelo o se tienden a nuestros pies,  y a veces nos hacen tropezar  en la verdad de que estamos solo de paso por Paseo de los melancólicos.

Tumba de los signos

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La tumba de Dafne

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Advierte que sus cabellos le caen por el cuello sin aliño y se dice: “¿Y si se los peinara?” Ve sus ojos que resplandecen como ascuas y semejantes a estrellas, ve su boca, que no basta con ver, se extasía con sus dedos y manos, con sus brazos y con sus antebrazos desnudos en más de la mitad; y las partes ocultas las supone mejores aún. Pero ella huye más veloz que la brisa ligera, y no se detiene a estas palabras con que él la llama: "Ninfa, por favor, Peneide, detente; no soy un enemigo que te persigo; detente, ninfa". Así huye la cordera del lobo, así la cierva del león, así las palomas, con las alas revoloteando, del águila; cada una de sus enemigos; el amor es el motivo que tengo para seguirte. ¡Desgraciado de mí! No vayas a caerte de bruces, no vayan las zarzas a señalar tus piernas que no merecen ser heridas, y no vaya yo a ser causante de tu dolor. Son fragosos los pasajes por donde te precipitas; no corras tanto, yo te lo pido, y modera tu huida; también yo te seguiré más despacio. Pero entérate de a quién gustas; no es un habitante del monte, no soy un pastor, no un ser repelente que guarde aquí  vacas o rebaños de ovejas. No sabes temeraria de quién huyes,  y por eso huyes. A mí me obedecen como esclavas la tierra de Delfos y  Claros y Ténedos y la residencia real de Pátara…Infalible es mi flecha, pero  hay una que lo es aún más  que la mía, y que ha causado una herida en mi corazón antes intacto…

Aún iba a seguir hablando cuando la Penea huyó a la carrera, despavorida, y al abandonarlo dejándolo con la palabra en la boca, aun entonces le pareció agraciada; el viento le descubría las formas, las brisas que se le enfrentaban agitaban sus ropas al choque, y un aura suave le empujaba hacia atrás los cabellos; con la huida aumentaba su belleza.  Pero el joven dios no puede soportar por más tiempo dirigirle en vano palabras acariciantes, y, obedeciendo a los consejos de su mismo amor, sigue sus huellas en carrera desenfrenada.(...).  Sin embargo el perseguidor, ayudado por las alas del amor, es más rápido, se niega el descanso, acosa la espalda de la fugitiva y echa su aliento sobre los cabellos de ella que le ondean sobre el cuello.  Agotadas sus fuerzas, palideció; vencida por la fatiga de tan acelerada huida, mira a las aguas del Peneo y dice: "Socórreme, padre; si los ríos tenéis un poder divino, destruye, cambiándola, esta figura por la que he gustado en demasía". Apenas acabó su plegaria cuando un pesado entorpecimiento se apodera de sus miembros; sus suaves formas van siendo envueltas por una delgada corteza, sus cabellos crecen transformándose en hojas, en ramas sus brazos; sus pies un momento antes tan veloces quedan inmovilizados en raíces fijas; una arbórea copa posee el lugar de su cabeza; su esplendente belleza es lo único que de ella queda.  Aun así sigue Febo amándola, y apoyando su mano en el tronco percibe cómo tiembla aún su pecho por debajo de la corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como si aun fueran miembros, besa la madera; pero la madera huye de sus besos. Y el dios le habla así: "Está bien, puesto que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol…".

Ovidio, Metamorfosis, Biblioteca Gredos, 2008, p. 23-25. Trad. Antonio Ruiz Elvira, decano de la facultad en la que estudié y a quien, seguramente con algo de injusticia, intentamos dar tanto la lata.

Tumba con mensaje

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Tumba de la burbuja inmobiliaria pinchada

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Tumba a ras de suelo

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Tumbas de otra fe

“Quienes habíamos comprado  (bastante barata, ciertamente) la felicidad del siglo XX, nos dimos cuenta bastante tarde de que cualquier felicidad que pueda mercantilizarse como liberación colectiva es, necesariamente, falsa.

La felicidad es una abstracción bancaria que se vende como una promesa de bienestar permanente. En el mejor de los casos, como una promesa de futuro al modo bolchevique, católico o nacionalista. Y es una mercancía para masas ansiosas de comprar cualquier medicina que les persuada de que están en este mundo para algo.” (Azúa, Felix de, Autobiografía de papel, Mondadori, 2013, p.105)

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Tumba ingrávida

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Tumba común

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Tumba con post it

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Tumba tan a gustito los dos

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Despertar en la tumba

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¿Tumba de la democracia?

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Sin tumba

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Tumba ilustre

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“El ataúd era barato, y el coche  fúnebre, de aspecto lastimoso…Cuatro carruajes siguieron al coche fúnebre (llevaba el número 13). Gide dijo que siete personas siguieron el ataúd, pero Miriam Aldrich dijo que eran catorce, incluida ella misma...Cuando se bajó el ataúd, Douglas casi se cae a la tumba... Fue enterrado en la tumba decimotercera de la fila séptima de la sección decimoséptima en Bagneux…Las humillaciones de Wilde habían terminado... Los restos de Wilde fueron trasladados de Baigneux al Père Lachaise cuando se levantó aquí el famoso monumento funerario de Epstein, en 1909. Cuando Ross murió, en 1918, en su testamento pidió que sus cenizas fueran puestas en la tumba, lo cual se hizo. El monumento lleva una inscripción de la Balada de la Cárcel de Reading:

And alien tears will fill for him/Pity’s long-broken urn/For his mourners will be outcast men/And outcasts always mourn
Ellmann, Richard, Oscar Wilde, Edhasa, 1990, p. 660-662 y 666.

Tumba a la vista. Algo se le había olvidado

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Tumba de Bert Hardy

15 novembre

Il y a un temps où la mort est un événement, une ad-venture et à ce titre, mobilise, intéresse, tend, active, tétanise. Et puis un jour, ce n’est plus un événement, c’est une autre durée, tassée, insignifiante, non narrée, morne, sans recours: vrai deuil insusceptible d’aucune dialectique narrative (R. Barthes, Journal de deuil, Points, 2009, p.60)

C'era una volta Londra, la guerra ha gli occhi di Bert HardyPhotograph: Bert Hardy/Getty Images (Fuente)

El ala de la muerte siempre está dispuesta a acariciarte, a cualquier hora. A veces,  te llega solo la corriente del aire que mueve en la distancia. La sentí de pequeño a través de los gritos de la vecina del piso de abajo. Al despertar, se encontró a su marido tibio junto a ella y se puso a chillar. Mi padre, con la pereza doméstica de los médicos, fue a ver qué pasaba y volvió al rato para dar fríamente la noticia. La vez siguiente, el ala me entró por los ojos, por el resquicio de una puerta a través de la que vi a mi abuelo muerto, muy viejo, pero con la expresión seria de siempre. Fue sólo un fogonazo, una cabeza en medio de  una raya vertical de luz. Caprichos del recuerdo, que rehúye  lo fundamental, mi memoria se empeña en verlo sobre una mesa, no sobre una cama.

Después, hubo alazos helados, fríos y secos, puñetazos sobre una mesa demasiado frágil para tanta saña. Pero también toquecitos en la espalda, como para hacerse recordar, llamadas perdidas. Alguna compañera, el padre de algún medio amigo.  Desde hace no mucho, contemplo el revoloteo del ala con la inquieta serenidad que da ver las esquelas del periódico. Esta misma mañana, en el bar, alguien me pillo con las del Heraldo…y yo ni cuenta me había dado de que al ojearlo me quedé parado unos segundos más en esa página que en las otras. También he visto al ala  amenazar sin cumplir la amenaza al instante, difiriendo la acción, con la seguridad bancaria de quien sabe que esa deuda no va a quedar pendiente, pero dejando respirar al interesado.

Durante la guerra, el ala de la muerte debe entra en un éxtasis orgiástico, repartiendo mamporros por doquier, como un motor que gira con engranajes imprevisibles. Así es como la imagino, borracha, vomitando lo que come poco después de haberlo ingerido, colándose en callejones, indiferente, menos selectiva que en tiempo de paz, caprichosa, sin importarle perder plumas en las paredes de los callejones por los que se mete. A todo está dispuesta, con tal de entrar en ambientes domésticos y poderse sentar a desayunar con las familias, con tal de colarse entre los visitantes de los hospitales, de acercarse a los colegios.

Pero, los niños, ay, los niños de la calle son capaces de jugar a pídola y volar sobre el precipicio, por encima de las lápidas. Yo fui niño sin guerra  y seguramente menos desgraciado que la mayoría de los que aparecen en las fotos de Hardy, pero enseguida supe que el ala no respeta edades.

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