sábado, 15 de agosto de 2015

Muere Rafael Chirbes

“Hablas de ética y parece que suenan los violines cuando –hoy y siempre- la palabra lleva una ofensiva carga de desazón y violencia” (R. Chirbes, en Gracia, J. y Ródenas, D., Historia de la literatura española, 7. Derrota y restitución de la modernidad, 1939-2010, Crítica, 2011, p. 918)

image_thumb[5]

La reseña que apareció en este blog de En la orilla, la última novela de Rafael Chirbes, no era del todo favorable a la obra. Venía a decir que se parecía demasiado a buena parte del resto de su obra y que eso producía cierto hastío, la sensación de que solo sus lectores noveles o sus seguidores apasionados podrían disfrutar plenamente de otra gesta crítico introspectiva del escritor. Ahora, en el recuerdo, me aparece la sensación de que hay en la novela una frescura y una intensidad en la reconstrucción de los recuerdos infantiles que quizá solo se produce cuando anda rondando el final de la vida.

En la orilla, por lo demás, puede ser leída como un estudio narrativo sobre los devastadores efectos de la vejez, con la muerte como tema de fondo. Aunque, para no olvidar otra de las claves de la narrativa de Chirbes, de su manera toda de acercarse críticamente a la realidad, la muerte está determinada históricamente a través de la crisis en la que todavía estamos sumergidos, de la que quizá unos cuantos se han salvado. Los mecanismos de salida individual del marasmo, lo que esconde el enriquecimiento del emprendedor, hombre hecho a sí mismo a través de la corrupción, son uno de los temas que, por cierto, habrían tenido interés para el escritor.

Oí decir una vez a Chirbes que en trescientas páginas una buena novela contenía todo lo que alguien puede aprender de la vida. Él ha escrito muchas más, pero es verdad que en muchas de sus trecientas páginas o en las quizá 150 de sus obras más breves (Mimoun es seguramente lo más directamente autobiográfico de lo que escribió) está cifrado el conocimiento del mundo que le caracterizaba, una visión realista en clave marxista de la realidad. Cuando hace unos años murió Carlos Blanco Aguinaga, uno de sus maestros, Chirbes escribió una hermosa nota necrológica en la que recordaba algunas alguna de las deudas contraídas con el crítico literario que vivió casi toda su vida en el exilio. Una de ellas la resumía así: Con Blanco aprendí la literatura como forma de conocimiento: colocarse ante el puro texto, sin retórica envolvente, y aprender, de paso, que el envite no es tanto situar un libro en su contexto, sino desentrañar el modo en que el contexto forma parte de la malla del libro. La literatura, como ineludible sismógrafo (o policía) de su tiempo. Leída la cita desde el lado del creador puede ser un buen resumen del proyecto creativo del gran escritor  que hoy por la tarde, 15 de agosto, ha muerto. Y todo ello unido a una férrea voluntad de estilo que podríamos comparar a la del artista que tallaba grandes retablos, por lo menos hasta la Caída de madrid, novela en la que a mí me parece que cambió su elaborada escritura, distinta pero de la estirpe de su admirado Zúñiga, por un tono menos solemne, menos cincelado.

Para seguir refiriéndonos a En la orilla, una de las claves de la obra quizá haya que buscarla en uno de sus personajes, Francisco,  un escritor de lo obvio, vulgar, príncipe de la redundancia, advenedizo, pagado de si mismo, banal, mal amante de los buenos caldos, rentista de los años de la burbuja, heredero de los desmanes del franquismo. Chirbes fue firme en su propósito de ser la contrafigura de Francisco.

Enlace a un podcast con una de la recientes intervenciones públicas de Chirbes:

http://podcastgilalbert.diputacionalicante.es/2015/03/07/cada-cual-rafael-chirbes-con-angel-basanta/

Pasillos, el espacio de la indecisión

La etimología del término español "pasillo" no casa tan bien con el lado inquietante, siniestro, incluso, de esta parte de las construcciones reales (casas, naves, laboratorios, empresas, hoteles) o figuradas (recuerdos, ideas, deseos, arrepentimientos, proyectos). Corridor, Corridoio, couloir, tienen que ver con una raíz ligada al significado de correr, pasar, transcurrir, deslizarse. Quizá por eso en español hablamos del corredor de la muerte y no del pasillo de la muerte.

El pasillo es en reino de la indecisión, la pasarela entre dos espacios, un lugar a medio camino entre la salida y la llegada, la zona de exposición entre dos certidumbres, ya sean benéficas o maléficas. Por la mañana, recorrerlo para llegar a la cocina, tiene el mismo valor simbólico que las abluciones, la ducha, el desayuno, maneras de distanciarse de la noche, del sueño, de los reinos en los que  somos menos dueños de nosotros mismos. Quizá por eso, en el cine de ciencia ficción es un lugar privilegiado para los enfrentamientos con el mal, para la aparición de la amenaza.

Pero es que hasta en casa, en invierno, en particular, cuando llegas al pasillo, te debates entre encender la luz, cuyo coste intentas evitar, o pasar corriendo por allí para llegar al váter, que se convierte en una especie de patria de acogida, no digamos ya si estás en una casa que no es la tuya. Cerramos el pestillo para que se acabe la sensación de pasillo, el vértigo que produce no saber dónde estamos, si en el más acá o en el más allá, porque entre los dos ámbitos la distancia son pocos metros, los mismos que hay entre la lógica y el absurdo, la seriedad y la risa, la guerra y la paz, la felicidad y la tristeza. Entre todas esas cosas solo existe un modesto pasillo de por medio. A mí, quién sabe por qué, me gusta recorrerlo a oscuras. Aunque, bien pensado, quizá estoy instalado en él y solo finjo utilizarlo de paso.

Shining, 1980

The Shining - Twins

Fuente de las imágenes:

Dune, 1984

Alien, 1979

Flash Gordon, 1980

Metrópolis, 1927

Blade Runner, 1982

The Matrix, 1999

Tron, 1982

Solaris, 1972

sábado, 18 de julio de 2015

Devaneos de verano reeditados: Carta a San Valentín del estío, una fecha que no existe.

 
Querido San Valentín del estío:

Es complicado decir algo sobre el amor  intentando separa la experiencia  propia de la reflexión. Todo se mezcla, S. Valen, y no sabes si piensas una cosas a resultas de lo que te ha pasado en tu vida, o si lo que te pasa es el reflejo de lo que piensas.

El caso es que, dejando a un lado mi caso personal (¡cómo se adueña de uno la cursilada en cuanto se pone a teclear. Mira que para decir “lo que me pasa a mí”  o “yo es que” escribir “mi caso pesonal”!), a veces pienso que el amor es cosa de los más jóvenes, esos que aparecen por ejemplo en la adaptación al cine que hizo Pasolini del Decamerón de Boccaccio o aquellos otros de El lago azul.

Solo los cuerpos jóvenes pueden aguantar posturas, giros, crescendos, que en otros revelan flaccideces vergonzantes, pliegues que es mejor no poner ante los ojos de quien queremos, ridículos contentos o enfados que se llevan mal con la edad. Y no digamos de los ruidos del amor, el chof  chof,  que únicamente pueden soportar los oídos que se mantienen casi vírgenes, porque a los talludos les parece la columna sonora de una ópera bufa ambientada en una granja de ciertos animales que prefiero no nombrar.

11049556_10153268606382530_1686315644544244497_n

Pero, otras veces, San Valetín de las playas, me da por pensar que el amor es cosa de viejos. Me acuerdo de la canción de Brel, de eso que dice de que a ti se te había pasado el celo y a mí la fiebre de conquista, de que vivíamos en una habitación sin cuna, después de amenazas de naufragio cada fin de semana… y, sin embargo, mon doux, mon tendre, mon merveilleux amour / De l'aube claire jusqu'à la fin du jour / Je t'aime encore, tu sais, je t'aime. Y quitando de la letra lo de mi maravilloso amor y lo que que te quiero desde el amanecer hasta que se va el sol, pues en casi todo el resto me siento un poco retratado.

Valentín, ya que estás aquí de veraneo, aprovechando la ocasión, me gustaría, por último, preguntarte si esa idea de que con los años disminuye el deseo tiene algo que ver contigo. Porque semejante falsedad no me parecería bien que la hubieses propagado tú (otra vez me ataca la cursilada, está vez en tono periodístico, propagado, vaya palabra). Lo mío, desde luego, no se puede comparar con las cosas que cuenta Ph. Roth sobre viejos cachondos en sus novelas melodramáticas, esa tan mala  El animal humano, por ejemplo, entre lo peorcito de su producción, pero,  no he notado cambios sustanciales en mis sufrimientos. Es verdad que con los años, contrariamente a lo que hacía notar S. Agustín, uno va siendo dueño de sus erecciones, pero por lo demás… Pero, qué te voy a contar a ti, que casi viviste un siglo entero.

Nada más San Valentín del estío, dentro de otros veinte o veinticinco años, quizá te vuelva a escribir. Me conformo con que, salvo momentos catastróficos, sean como los vividos hasta ahora.

viernes, 17 de julio de 2015

Verano de devaneos (reeditados, esta vez) III: Aquí reposan los restos de Dafne. Cementerio de la Almudena

IMGP0526
Advierte que sus cabellos le caen por el cuello sin aliño y se dice: “¿Y si se los peinara?” Ve sus ojos que resplandecen como ascuas y semejantes a estrellas, ve su boca, que no basta con ver, se extasía con sus dedos y manos, con sus brazos y con sus antebrazos desnudos en más de la mitad; y las partes ocultas las supone mejores aún. Pero ella huye más veloz que la brisa ligera, y no se detiene a estas palabras con que él la llama: "Ninfa, por favor, Peneide, detente; no soy un enemigo que te persigo; detente, ninfa". Así huye la cordera del lobo, así la cierva del león, así las palomas, con las alas revoloteando, del águila; cada una de sus enemigos; el amor es el motivo que tengo para seguirte. ¡Desgraciado de mí! No vayas a caerte de bruces, no vayan las zarzas a señalar tus piernas que no merecen ser heridas, y no vaya yo a ser causante de tu dolor. Son fragosos los pasajes por donde te precipitas; no corras tanto, yo te lo pido, y modera tu huida; también yo te seguiré más despacio. Pero entérate de a quién gustas; no es un habitante del monte, no soy un pastor, no un ser repelente que guarde aquí  vacas o rebaños de ovejas. No sabes temeraria de quién huyes,  y por eso huyes. A mí me obedecen como esclavas la tierra de Delfos y  Claros y Ténedos y la residencia real de Pátara…Infalible es mi flecha, pero  hay una que lo es aún más  que la mía, y que ha causado una herida en mi corazón antes intacto…
Aún iba a seguir hablando cuando la Penea huyó a la carrera, despavorida, y al abandonarlo dejándolo con la palabra en la boca, aun entonces le pareció agraciada; el viento le descubría las formas, las brisas que se le enfrentaban agitaban sus ropas al choque, y un aura suave le empujaba hacia atrás los cabellos; con la huida aumentaba su belleza.  Pero el joven dios no puede soportar por más tiempo dirigirle en vano palabras acariciantes, y, obedeciendo a los consejos de su mismo amor, sigue sus huellas en carrera desenfrenada.(...).  Sin embargo el perseguidor, ayudado por las alas del amor, es más rápido, se niega el descanso, acosa la espalda de la fugitiva y echa su aliento sobre los cabellos de ella que le ondean sobre el cuello.  Agotadas sus fuerzas, palideció; vencida por la fatiga de tan acelerada huida, mira a las aguas del Peneo y dice: "Socórreme, padre; si los ríos tenéis un poder divino, destruye, cambiándola, esta figura por la que he gustado en demasía". Apenas acabó su plegaria cuando un pesado entorpecimiento se apodera de sus miembros; sus suaves formas van siendo envueltas por una delgada corteza, sus cabellos crecen transformándose en hojas, en ramas sus brazos; sus pies un momento antes tan veloces quedan inmovilizados en raíces fijas; una arbórea copa posee el lugar de su cabeza; su esplendente belleza es lo único que de ella queda.  Aun así sigue Febo amándola, y apoyando su mano en el tronco percibe cómo tiembla aún su pecho por debajo de la corteza reciente; y estrechando en sus brazos las ramas, como si aun fueran miembros, besa la madera; pero la madera huye de sus besos. Y el dios le habla así: "Está bien, puesto que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás mi árbol…".
Ovidio, Metamorfosis, Biblioteca Gredos, 2008, p. 23-25. Trad. Antonio Ruiz Elvira, decano de la facultad en la que estudié y a quien, seguramente con algo de injusticia, intentamos dar tanto la lata.

jueves, 16 de julio de 2015

Verano de devaneos (II): Segundas rebajas en una pareja. Me lo merezco y lo sabo. La escena de una película.



Es un espectáculo que me produce vergüenza ajena. Una mujer negra baila lenta pero acrobáticamente para los clientes de un pub con show nocturno (tabarin, es el término de origen francés, que usan en el original italiano). Su asistente, también negro y de cuerpo escultural, va recogiendo las prendas de las que se desprende ella lentamente.  Los contempla una pareja en crisis, él, ensimismado con la bailarina, hasta donde puede ensimismarse quien se tiene a sí mismo por óptimo objeto de estudio, y ella, a punto de formular lo que ya siente, que ha dejado de quererle. El baile tiene algo de impúdico en sí mismo, con esas contorsiones que prometen delicias, esa confusión entre la pelvis y el omnipresente vaso, receptáculo femenino. Pero es que, además, la elegante y sofisticada impudicia queda reforzada por el atuendo formal de los espectadores, sentados cómodamente a una mesa mientras toman un drink,  y sobre todo porque una pareja mira mientras la otra, a la que tiendo espontáneamente a atribuir un lazo amoroso, trabaja. Los blancos miran y los negros les entretienen, aunque da la impresión de que se divierten más los segundos que los primeros. segundos  que los primeros.
En el fondo, la cosa no tiene nada de particular, bailes muchos más brutales y salaces se ofrecen por doquier en la ciudades. Por lo demás, se pueden esgrimir todo tipo de razonamientos, desde que lo hacen por dinero hasta que se trata simplemente de una actuación, pero hay una inefable energía en sus contoneos. Aunque quizá la desazón que produce la escena se debe al uso de la cámara, que tan hábilmente crea el crescendo de erotismo a través del baile, pero en paralelo subraya el diminuendo de tensión amorosa en la pareja de espectadores. El receptáculo femenino para el prota ha dejado de ser su mujer. Ya no la mira, o mejor, no la ve, como pone en evidencia la escena del baño, en otro momento de la película.
Antonioni, el director de esta película (La notte, 1961), como los grandes directores, no hace nada sin intención, lo haga  bien o fracase. Este baile no es un mero paréntesis en el desarrollo de la historia, es un resumen de la película, un trasunto de la relación que tienen los protagonistas entre sí. La notte, por otro lado, no es solo una radiografía del desamor, lo es también del amor, que siempre convive con el desamor. Hasta el dry martini lleva unas gotas o por lo menos un rayo de luz de martini. Hay quien sin ser una persona basta no soporta a Antonioni. Yo al ver de nuevo esta película he vuelto a reconocer en él a un artista fino e inteligente, quizá un poco por debajo de sus enormes pretensiones, pero solo un poco.

miércoles, 15 de julio de 2015

Verano de devaneos (I): hace 36 años ardía el hotel Corona de Aragón en Zaragoza. I. Martínez de Pisón cuenta el incendio.

10995684_10153507825423086_7432181726230758671_n(Fuente de las foto)

Hace tres días que se cumplieron 36 años del terrible incendio del hotel Corona, situado en la Zaragozana Avenida Cesar Augusto. Las circunstancias de la tragedia que provocó 83 víctimas mortales no estarán nunca claras del todo. Si se trató de un atentado o no, es algo que se ha llegado a saber. Lo cierto es que el Tribunal Supremo sostuvo en 1989  la intencionalidad del incendio, “señalando que no guarda relación la escasa entidad del incendio producido en la freiduría del hotel ( ... ) con las catastróficas consecuencias que se originaron”. El acontecimiento ha entrado a formar parte del acervo de las generaciones que lo vivieron, derecta o indirectamente. En la vida de las personas, de repente se producen acontecimientos en los que el individuo se siente particularmente ligado a la colectividad, parte de un conjunto cuyo latido por un instante se acompasa al suyo. Ocurre en la desgracia como en la dicha. Si es en la segunda, se trata de idilios en los que uno se siente protagonista de la  gran historia y busca reliquias semipaganas, como, pongamos por caso, un ladrillo del muro de Berlín. Cuando, por el contrario, te ves envuelto en el huracán de la desgracia no queda otra que ser espectador desalmado o lanzarse a socorrer. Quizá sea en esas ocasiones donde de verdad, si la gente está a la altura de las circunstancias, se pueda decir que es una bendición vivir en común, pertenecer a una comunidad solidaria.

Esta es la evocación de los hechos que I. Martínez de Pisón, cronista literario oficioso de la capital aragonesa, ofrece en su última novela, La buena reputación (Seix Barral, 2014, p., 427-428):

- ¿Qué es eso?

- ¿No te has enterado? Un incendio. En el Corona.

… Elías fue al salón y se asomó a la ventana. Como una libélula gigante, un helicóptero sobrevolaba la Gran Vía a la altura del cruce con Goya. Encendió la radio y sintonizó una emisora local. Lo del Hotel Corona de Aragón, el único cinco estrellas de la ciudad, no era un simple incendio. Era una catástrofe. El locutor, con la voz entrecortada por la emoción, hablaba de decenas de muertos, tal vez un centenar, muchos de ellos huéspedes que, acorralados por el humo y las llamas, habían optado por arrojarse al vacío. Los relatos de los testigos eran estremecedores. Una mujer, entre sollozos, decía haber visto más de treinta cadáveres alineados en la acera. Un vecino describía la desesperación de una madre intentando descolgar a su pequeña hija atada a unas sábanas. de vez en cuando, el locutor tomaba la palabra para recordar que las autoridades habían descartado que se tratara de un atentado terrorista, hipótesis que había cobrado fuerza al hacerse público que en el hotel estaban alojados muchos familiares de militares (incluidos Carmen Polo y cuatro miembros de la familia Franco), que esa mañana iban a asistir en la Academia General a la entrega de despachos a los cadetes. Elías, alterado, corrió al dormitorio.

¿Te has enterado? ¡Casi muere la viuda de Franco!

(…) Ahora decían que el fuego se había declarado en la cocina de la primera planta y los materiales inflamables con los que estaba decorado el edificio habían facilitado su rápida propagación. Tanta insistencia por parte de las autoridades resultaba sospechosa, y a Elías le parecía que eso no restaba dramatismo a los hechos. El ruido atronador de los helicópteros le recordaba que todo eso era verdad y que estaba ocurriendo muy cerca, muy cerca de allí, en una calle por la que había pasado cientos de veces. le sobrecogía pensar que en ese momento pudiera haber alguien como él colgado de una ventana y dudando entre arrojarse contra el asfalto o dejar que las llamas le devoraran. ¡Morir y además de esa manera! Nuevos testimonios aportaban más detalles de sufrimiento, y sólo algunos rasgos de solidaridad espontánea y valentía procuraban algún consuelo en medio de aquel horror: los transeúntes que habían amortiguado con mantas el impacto de un salto desesperado, el bombero que había cargado a hombros con una anciana, las numerosas llamadas de gente anónima que se ofrecía para donar sangre y colaborar…Elías permanecía atento a la radio como los niños a los cuentos de miedo, con la misma sensación de angustia y escalofrío.

Después, la novela cuenta cómo una de las supervivientes del incendio vivió los hechos desde dentro del hotel. Pero no quiero abusar de la cita. Lo copiado da cuenta de los hechos principales. Lea el libro aquel que se haya interesado en la narración.

(Fuente de las fotos)

11745751_10153507825398086_420936062455738603_n

11742701_10153507825388086_966979120058824081_n

11062779_10153507825373086_1549972407679555586_n

10995677_10153507825378086_1680176730128928104_n

lunes, 13 de julio de 2015

Devaneos de verano (VIII): ¡Vivan las cadenas!, las cadenas lexicalizadas

Ni cadenas ni de dónde tirar. Pero está bien claro que se trata de que los miembros de la casa, en especial los masculinos, que tanto apego muestran a veces por sus pises y cacas, quizá  como rémora de un estadio infantil no superado, asuman su despedida inmediata.

En otro orden de cosas, el infinitivo tirar es un ejemplo más de hasta qué punto sería redicho haber escrito tirad, aunque quizá hubiese estado más cerca del objetivo último, que no es otro que el de decir tira de la cadena.

IMAG0838

domingo, 12 de julio de 2015

Lifting cerebral. Hacerse la cara/La vulnerabilidad es, sin embargo, el mayor atractivo de la cara

La cirugía y las actrices suelen ir de la mano. ¿Qué opinión le merece?
Que cada uno debe hacer lo que quiera, pero es muy duro verse arrugas como surcos en una pantalla gigante. O que el público te diga un día por la calle que estás muy mayor. Y todo porque acaba de visionar una película que rodaste hace 10 o 20 años… Todos envejecemos. A las personas no les gusta ver el paso del tiempo en los demás ni en ellos mismos. (Declaraciones de Marisa Paredes)

113707618-c56c56f5-ba12-4a9d-8274-6186a8aa9fd6Cher

Extractos del documental Il corpo delle donne

“Estamos tan acostumbradas a vernos a través de los ojos de los hombres que ya no sabemos lo que queremos y lo que nos hace felices. Lo que quiero decir es que nos miramos unas a otras con ojos de hombre, nos miramos los pechos, la boca, las arrugas como creemos que nos miraría un hombre. El modelo común de belleza no nos representa. Como poco, es curioso que la publicidad use imágenes que contienen reclamos sexuales para los hombres, pero para atraer a un público femenino. Estoy convencida de que sin esta continua presión que consiste en tener que estar siempre guapas, de acuerdo a cánones que no hemos elegido nosotras, aceptaríamos mucho mejor lo que somos. Y si es cierto que el cuerpo expresa siempre algo más de lo que lo hacen las palabras de su dueño, que querría dominarlo, ¿qué es lo que nos están diciendo estos cuerpos?… De los 45 músculos de la cara, dejando a un lado los  que sirven para masticar, besar, oler, soplar, el resto sirve para expresar emoción. Cuantos más matices y más  complejo sea el carácter, entendiendo por tal nuestra más profunda esencia, más personal será la expresión del rostro. ¿Qué esconden estas caras? ¿Por qué las mujeres no pueden dejar verse con sus verdaderos rostros en la televisión? ¿Por qué ninguna mujer adulta puede mostrar su cara? ¿A qué se debe esta humillación? ¿Es que tenemos que avergonzarnos de enseñar nuestras caras? Obligadas a esconder las arrugas, ¿el paso del tiempo que deja sus marcas en nuestro rostro es acaso una vergüenza? Un abuso más al que no se obliga a ningún hombre. Antes del rodaje,  cuando le iba a maquillar las arrugas,  Anna Magnani decía a su maquillador, “déjalas todas, no me quites ni una, he tardado una vida entera en ganármelas”. Al esconder la cara estamos renunciando a nuestra integridad y por tanto a nuestra esencia. La cara  refleja nuestra autenticidad. Su exposición directa, sin defensas, está por encima de lo demás, a través de ella aparece su honorable desnudez. Es la cara lo que hace posible cualquier discurso y establece las bases de cualquier relación humana. ¿Caras como estas hacen posible una relación? El rostro del otro me involucra, me cuestiona, me hace asumir responsabilidad inmediatamente. La cara de las personas lleva escrito un mensaje: vulnerabilidad absoluta. Esa es la razón de que se camufle, se esconda, se decore, se someta a operaciones de cirugía estética. Así se explica lo difícil que es aceptar la propia cara, es como mirar frente a frente la vulnerabilidad absoluta. Pero, cómo podemos mantenernos vulnerables, cómo seguir siendo nosotras mismas en un mundo en el que se triunfa solo si se es ferozmente invulnerable. ¡Qué dilema para las mujeres! ¿Invulnerables entre los triunfadores o vulnerables o dejadas de lado? La vulnerabilidad es sin embargo el mayor atractivo de la cara. Pier Paolo Pasolini había comprendido antes de tiempo que la televisión estaba a punto de destruir la poética que puede expresar la cara de una persona. Pasolini era muy sensible a las caras, según él lugar de encuentro de energías inefables que estallan en la expresión, vista como algo falto de simetría, individual, impuro, heterogéneo, justo lo contrario de lo típico. ¿Qué le ha pasado a la cara de las mujeres y al carácter femenino expresado a través de su integridad? Al envejecer revelo mi carácter, entendiendo por carácter todo lo que he vivido y que se ha plasmado en mi cara, que se llama faccia (español cara), porque la faccio (español hago) yo con mis costumbres adquiridas, las amistades que he tenido, mis peculiaridades electivas, las metas que he perseguido, los amores encontrados y los que he soñado, los hijos que he procreado. Honra la cara de los viejos, aparece escrito en el Levítico. Y de hecho es una obligación del ciudadano dejar que su cara sea pública, no esconderla, como ocurre hoy gracias a las operaciones de cirugía estética. No es un daño menor el que se produce cuando las caras que envejecen apenas se pueden ver, cuando lo único que se expone al público son caras depiladas, maquilladas para ser telegénicas, para garantizar un producto, ya sea mercantil o político…

(Fuente de las fotos)

 Eccessi da star: i ritocchini horrorPriscilla Presley

Eccessi da star: i ritocchini horrorMelanie Griffith

Eccessi da star: i ritocchini horrorHunter Tylo

Eccessi da star: i ritocchini horrorMickey Rourke

112721603-4a2ddf21-1498-4e33-80d0-2abda29dd8f6Barry Manilow

Eccessi da star: i ritocchini horrorEmmanuelle Béart

112725455-3a96e55f-77f7-4007-bad3-a4dee65cbac9Sharon Osbourne

113728121-5d7303f3-3c7a-4973-99df-b43c8ecb0d65Ornella Muti

viernes, 10 de julio de 2015

Devaneos de verano (VIII). Tal día como hoy, en 1871, quién sabe si con tanto calor, nació el pequeño Marcel, el mejor hijo de la sensibilidad enfermiza, quien mejor la plasmó en letra y quien le sacó los mejores frutos. Además, tenía visión ultrasecular. Reedición de entradas

297903_10151603120401183_2047587829_nUn manuscrito proustiano de À la recherche
La lectura de À la recherche… queda en el recuerdo como una de esas pocas cosas singulares que suceden en la vida. No me refiero a lo común, crecer, estudiar, trabajar, tener hijos, sino al exceso que a veces se produce, encuentros imprevistos, tener un perro, visitar Venecia, algunos regalos, el mar, Pompeya, la poesía. Proust se encuentra entre esas cosas maravillosas. Leí À la recherche mientras hacía la mili. Arrancaba hojas de la edición Folio para llevármelas a la garita donde de vez en cuando me tocaba hacer guardia. Siempre tuve poco respeto y a la vez veneración por los libros, atracción y cierta necesidad de rechazo, algo parecido al episodio del escupitajo sobre la foto paterna que él cuenta en un momento dado de la novela.  Leía con esfuerzo el francés de À la recherche , a veces como si estuviera traduciendo del latín, y descubría nuevas formas de ser, de ver las cosas, a menudo envueltas en alas de insecto, esos ejemplos de la vida animal que tanto le gustaban a Proust. Otras veces, eran metáforas inesperadas, salidas, vías de fuga o de profundización en lo narrado que no me esperaba, que me hacían querer más, buscar hasta dónde me podía llevar, buscar esa dichosa diversidad y cercanía que nos procuran los grandes escritores.
El recuerdo de aquella experiencia es una de las cosas que con más alegría, con un mejor regusto me llevaré a la tumba.

 

0. Anatomía de un dormitorio, el santuario acolchado. Proust en el Museo Carnavalet.

D'une santé fragile, il s'installe Boulevard Haussmann, dans un appartement tapissé de liège et hermétiquement clos.

IMGP1666

IMGP1667
IMGP1668
IMGP1669
IMGP1670
IMGP1671
 
1. La línea Fogwill-Proust. Idilios de amor.

Leyendo con bastante gusto Un guión para Artkino (Fogwill, Periférica, 2009, p. 47)), entre veras y bromas, de repente, me encuentro con el siguiente párrafo:

“Ocurre algo semejante con el lector de una novela: él ignora la cantidad de relatos que fueron escritos antes de optar por el párrafo que los sintetiza, y sin embargo, al leer ese párrafo, si ha surgido de una pluma educada y tocada por los dones del arte, recibe todo aquello que el autor descartó en un supremo esfuerzo de síntesis y sus posteriores comentarios lo sorprenden, porque detalles omitidos por economía y periodos del tiempo que el relato obvia para mejor manejo de la tensión dramática son imaginados por el lector tal como los describió y narró el autor en esas páginas que jamás fueron impresas”.

Y pienso que este párrafo de sabor proustiano habla en realidad de dos cosas. Por un lado, de la grandeza del relato, más del de ficción que del histórico, aunque haya zonas de cruce entre los dos. Coetzee, al hablar de La Conjura contra América, de Philip Roth, otra  fábula distópica, resumía la cuestión “…La Conjura contra América es un manual de historia, pero de tipo fantástico, con su propia verdad, esa clase de verdad en la que pensaba Aristóteles cuando decía que la poesía es más verdadera que la historia; más verdadera debido a su poder para condensar lo múltiple en lo típico.” (Mecanismos internos, 2007. DeBolsillo, 2010, Trad. de Eduardo Hojman, p.249). En ese sentido, si Conjura… es “una concreción, una puesta en escena con fines poéticos, de un determinado potencial en la vida política estadounidense” (p. 251), Un guión… es la puesta en escena de un determinado  potencial del comunismo global.

imagePor otro lado, Fogwill, en su párrafo proustiano, está describiendo el idilio entre el lector y el escritor en términos de ese tipo de enamoramiento que da por supuesta la coincidencia en el modo de ser del amado y uno mismo. Son esos indicios de los que hablaba Deleuze en Proust et les signes (P.U.F., 1971). La obra de Proust trata en buena medida de cómo las señales son equívocas:

“Il y a donc une contradiction de l’amour. Nous ne pouvons pas interpréter les signes d’un être aimé sans déboucher dans ces mondes qui ne nous ont pas attendu pour se former, qui se formèrent avec d’autres personnes, et où nous ne sommes d’abord qu’un objet parmi les autres. L’amant souhaite que l’aimé lui consacre ses préférences, ses gestes et ses caresses. Mais les gestes de l’aimé, au moment même où ils s’adressent à nous et nous sont dédiés, expriment encore ce monde inconnu qui nous exclut. L’aimé nous donne des signes de préférence ; mais comme ces signes sont les mêmes que ceux qui expriment des mondes dont nous ne faisons pas partie, chaque préférence dont nous profitons dessine l’image du monde possible où d’autres seraient ou sont préférés”.

Entre el idilio amoroso y aquel que describe Fogwill hay pocas diferencias. ¿No será un libro que nos encanta una especie de trasunto del amor humano, aunque cosificado y por lo tanto más manejable?

proust

2. Adivinanzas (I). Por el humo se sabe dónde está el fuego, y además no te quemas. Las bromas Carambar/Proust y los signos.

Las adivinanzas nos tranquilizan, dan paz a nuestras mentes desaforadas, porque acertar restaura el orden, la lógica según la cual por el humo se sabe dónde está el fuego. Además, en las adivinanzas fonéticas o que responden a una  lógica infantil, en la medida en la que los indicios que se nos proporcionan para encontrar la solución pertenecen al ámbito del juego, de lo inesperado, de la lengua loca, nuestro ingenio improductivo (Marina) se ve puesto en causa . Pero, cómo va uno a saber que el plátano está escondido en oro no es, plata no es, o que la lengua está detrás de Una señorita muy señoreada, siempre va en coche y siempre va mojada . Quien acierta es porque está un poco pirado, desde luego, pero quien no lo hace es que solo sabe de cosas prosaicas. Las adivinanzas nos ofrecen una imagen distorsionada del mundo, una vía de escape de la insoportable realidad, al tiempo que nos hacer llevadero su despropósito. Tienen algo de un amable coqueteo con la locura.

imageQue los indicios lleven a una verdad tranqulizadora es cosa bien dudosa. La obra magna de Proust (À la recherche…), según Deleuze (Proust et les signes,PUF, 1971), trata precisamente de eso, de demostrar mediante la vérité romanesque (R. Girard), que a partir del humo no se sabe dónde está el fuego, o por lo menos que es fácil toparnos con fuegos que no esperábamos, sobre todo  en el amor:

“Il y a donc une contradiction de l’amour. Nous ne pouvons pas interpréter les signes d’un être aimé sans déboucher dans ces mondes qui ne nous ont pas attendu pour se former, qui se formèrent avec d’autres personnes, et où nous ne sommes d’abord qu’un objet parmi les autres. L’amant souhaite que l’aimé lui consacre ses préférences, ses gestes et ses caresses. Mais les gestes de l’aimé, au moment même où ils s’adressent à nous et nous sont dédiés, expriment encore ce monde inconnu qui nous exclut. L’aimé nous donne des signes de préférence ; mais comme ces signes sont les mêmes que ceux qui expriment des mondes dont nous ne faisons pas partie, chaque préférence dont nous profitons dessine l’image du monde possible où d’autres seraient ou sont préférés. (...) La contradiction de l’amour consiste en ceci : les moyens sur lesquels nous comptons pour nous préserver de la jalousie sont les moyens mêmes qui développent cette jalousie, lui donnant une espèce d’autonomie, d’indépendance à l’égard de notre amour”.

Ibid, p. 13

Pero la adivinanza lingüística, mero juego, es un simulacro placentero del lado feliz que esconde el hallazgo debido a un esfuerzo, tanto más si es futo del ingenio, si no deja a la vista los pasos seguidos para conseguirlo. En su intrascendencia, resolver una adivinanza nos recuerda el fuego que no quema, las música que no ensordece, el amor que que es solo un bálsamo. Los caramelos Carambar(Caram’bar, en su origen)franceses, a diferencia de las más o menos cursis citas de los Baci Perugina italianos, llevan en la parte de atrás del envoltorio todo un arsenal de juegos lingüísticos que no acierto a comprender cómo pueden los propietarios del negocio pensar que va a gustar a los niños de la Nintendo, más saboreadores de imágenes que de palabras. Si acaso, podrían hacer gracia a algún compañero del Petit Nicolas, al pequeño Perec (Je me souviens des Carambar et des Malabar), a Queneau o a algunos profesores de francés para extranjeros.

He aquí algunos ejemplos de las adivinanzas Carambar y su humor anti consola dor:

Nivel B2 (MCERL)  (Fuentes: 1, 2)

- Quel est le comble d'un juge gourmand?  Manger des avocats.

- Quel est le comble pour un avion?  D'avoir un anti-vol.

- Qu'est-ce qui tombe sans faire de bruit?   La nuit!

- Comment appelle-t-on un squelette bavard? Un os-parleur!

- Que fait un dessinateur dans une baignoire?   Des bulles!

- Quelle est la ville la plus longue?   C'est Toulon!

- Qu'est ce qui est jaune et qui court très vite?   Un citron pressé.

- Comment fait-on pour ranger des pains au chocolat dans une pâtisserie?   Dans l'ordre décroissant!

Pourquoi les femmes de ménage préfèrent-elles faire le ménage chez les musiciens?  Parce qu'elles ont un do mi si la sol fa si la si ré!

Comment se nomme le mari d'une voyelle?  Un voyou!

Quels fruits trouve-t-on dans toutes les maisons ?  Les mûres et les coings.

Y he aquí algunos ejemplos de otros juegos, más o menos finos, más o menos rebuscados, a veces deliciosos, a veces de gusto algo retrógrado:

- Deux anges font la causette : - Quel temps fera-t-il demain ? - Nuageux. - Ah ! Tant mieux, on pourra s'asseoir.

- C'est une jolie petite antenne de T.V. qui est tombée amoureuse d'un
paratonnerre. Elle murmure : "Dis, tu y crois toi, au coup de foudre ?"

- Quelle est la ressemblance entre un facteur et un jongleur ?
Il leur faut tous les deux beaucoup d'adresse.

- Quelle est la ressemblance entre un parachute et l'humour ?
Quand on n'en a pas, on s'écrase !

- Quel est le sport le plus fruité ?
La boxe, parce que quand on te met une pêche dans la poire, tu tombes dans les pommes, t'as pas intérêt à ramener ta fraise et tout ça pour des prunes.

- 2 icebergs discutent : - Alors il paraît que ta femme à accouché ?
- Oui, on a eu un beau petit glaçon !

- Chéri, dis-moi ce que tu préfères, une femme jolie, ou une femme intelligente ? - Ni l'un, ni l'autre, chérie, tu sais bien que je n'aime que toi.

3. ¿La mala música? Rincón último. Muere Augusto Algueró

Muere Augusto Algueró, autor de tantas canciones de goma arábiga, pegamento Imedio, Supergen y hasta Loctite. Recuerdo que alguna vez me pillé, quizá bajando unas escaleras o al salir del metro, cantando canciones suyas. Inmediatamente me reprimía y callaba, pero no podía evitar acabar la frase, y hasta repetirla al cabo de unos minutos. Cuántas otras veces, sin embargo, no me habré dado cuenta, ensimismado en la melodía, de que estaba tarareando algo suyo, cuántas veces otras alegrías, otros anhelos, no se habrán disfrazado con retales de sus notas.

En cierto sentido, se puede decir que la música pop, la canción ligera, es la heredera del folclore en el capitalismo. Hubo un tiempo en el que entre la música culta y la popular había buena comunicación y no solo durante el romanticismo. “La gran música en la tradición europea, afirmaba el joven Bernstein, había crecido orgánicamente a partir de fuentes nacionales, tanto en un  sentido material (melodías folclóricas que sirven como fuente para la composición) como en un sentido espiritual (música folclorizante que expresaba el espíritu de un lugar).

image

La concepción en dos niveles de Bernstein, que reconoce en igual medida la autonomía de la música y su función social, constituye un buen ejemplo para explicar por qué la música negra conquistó aquellos espacios con menos prejuicios de la Norteamérica  blanca” (El ruido eterno, Ross, Alex, Seix Barral, 2009, p., 160). Hoy la gran industria discográfica parece haber apostado por otras opciones y, salvo marcadas individualidades, casi todo resulta fruto de recetas industriales, producto precocinado intercambiable, chunda chunda, grititos, ridículas exhibiciones vocales o sobreactuaciones a lo Bumbury. Quizá sean los cantantes hispanoamericanos los que mejor han conservado el vínculo con los ritmos folclóricos, de los que las grandes figuras internacionales beben sin parar.

La muerte de Algueró me ha traído a la cabeza, no sé si justamente o no, el famoso Elogio de la mala música, de  Proust, un  elogio de cierto tipo la música popular, que, por cierto, a Proust siempre le supo levantar. Digo que la asociación entre Algueró y la mala música no sé si es justa y si ante sus composiciones hay que “taire un moment" losdédains esthétiques”. Desde luego, Algueró, por lo que se refiere a “l´importance du rôle social de la musique”, ocupará un lugar relevante en la memoria de varias generaciones:

imageimageimage

Proust, Marcel, Les plaisirs et les jours, Gallimard, 1924 (Folio, 1973), p., 229-231.

Encuentro esta traducción en una página web:

ELOGIO DE LA MALA MÚSICA

DETESTAD la mala música, no la despreciéis. Se toca y se canta mucho más, mucho más apasionadamente que la buena, mucho más que la buena se ha llenado poco a poco del ensueño y de las lágrimas de los hombres. Sea por eso venerable. Su lugar, nulo en la historia del Arte, es inmenso en la historia sentimental de las sociedades. El respeto, no digo el amor, a la mala música es no sólo una forma de lo que pudiéramos llamarla caridad del buen gusto o su escepticismo, es también la conciencia de la importancia del papel social de la música. Cuántas melodías que no valen nada para un artista figuran entre los confidentes elegidos por la muchedumbre de jóvenes romancescos y de las enamoradas. Cuántas"sortijas de oro", cuántos "Ah sigue dormida mucho tiempo", cuyas hojas son pasadas cada noche temblando por unas manos justamente célebres,mojadas por las lágrimas de los ojos más bellos del mundo, melancólico y voluptuoso tributo que envidiaría el maestro más puro —confidentes ingeniosas e inspiradas que ennoblecen el dolor y exaltan el ensueño y que, a cambio del ardiente secreto que se les confía, ofrecen la embragadora ilusión de la belleza. El pueblo, la burguesía, el ejército, la nobleza, así como tienen los mismos factores, portadores del luto que los hiere o de la alegría que los colma, tienen también los mismos invisibles.

mensajeros de amor, los mismos confesores queridos. Son los músicos malos. Este irritante estribillo, que cualquier oído bien nacido y bien educado rechaza nada más oírlo, ha recibido el tesoro de millares de almas, ha guardado el secreto de millares de vidas, de las que fue inspiración viviente, consuelo siempre a punto, siempre entreabierto en el atril del piano, la gracia soñadora y el ideal. Esos arpegios, esa "entrada"han hecho resonar en el alma de más de un enamorado o de un soñador las armonías del paraíso o la voz misma de la mujer amada. Un cuaderno de malas romanzas, resobado porque se ha tocado mucho, debe emocionarnos como un cementerio o como un pueblo. Qué importa que lascaras no tengan estilo, que las tumbas desaparezcan bajo las inscripciones y los ornamentos de mal gusto. De ese polvo puede elevarse, ante una imaginación lo bastante afín y respetuosa para acallar un momento sus desdenes estéticos, la bandada de las almas llevando en el pico el sueño todavía verde que las hacía presentir el otro mundo y gozar o llorar en éste.

Un par de canciones compuestas por Algueró:

Penélope

Y el corazón contento, con un Palito Ortega que recuerda al ángel lleno de gracia nonchalante de Teorema (Pasolini).

4. Pena, penita Proust. Je hais quelques dimanches

1526107_819305814784612_1131434734176427974_n

1.

Quizá no hubo días en nuestra infancia más plenamente vividos que aquellos que creímos dejar sin vivirlos, aquellos que pasamos con un libro favorito. Todo lo que, al parecer, los llenaba para los demás, y que rechazábamos como si fuera un vulgar obstáculo ante un placer divino: el juego al que un amigo venía a invitarnos en el pasaje más interesante, la abeja o el rayo de sol molestos que nos forzaban a levantar los ojos de la página o a cambiar de sitio, la merienda que nos habían obligado a llevar y que dejábamos a nuestro lado sobre el banco, sin tocarla siquiera, mientras que, por encima de nuestracabeza, el sol iba perdiendo fuerza en el cielo azul, la cena a la que teníamos que llegar a tiempo y durante la cual no pensábamos más que en subir a terminar, sin perder un minuto, el capítulo interrumpido; todo esto, de lo que la lectura hubiera debido impedirnos percibir otra cosa que su importunidad, dejaba por el contrario en nosotros un recuerdo tan agradable (mucho más precioso para nosotros, que aquello que leíamos entonces con tanta devoción), que, si llegáramos ahora a hojear aquellos libros de antaño, serían para nosotros como los únicos almanaques que hubiéramos conservado de un tiempo pasado, con la esperanza de ver reflejados en sus páginas lugares y estanques que han dejado de existir hace tiempo (M. Proust - Sobre la lectura)

«Il n'y a peut-être pas de jours de notre enfance que nous ayons si pleinement vécus que ceux que nous avons cru laisser sans les vivre, ceux que nous avons passés avec un livre préféré. Tout ce qui, semblait-il, les remplissait pour les autres, et que nous écartions comme un obstacle vulgaire à un plaisir divin : le jeu pour lequel un ami venait nous chercher au passage le plus intéressant, l'abeille ou le rayon de soleil gênants qui nous forçaient à lever les yeux de la page ou à changer de place, les provisions de goûter qu'on nous avait fait emporter et que nous laissions à côté de nous sur le banc, sans y toucher, tandis que, au-dessus de notre tête, le soleil diminuait de force dans le ciel bleu, le dîner pour lequel il avait fallu rentrer et pendant lequel nous ne pensions qu'à monter finir, tout de suite après, le chapitre interrompu, tout cela, dont la lecture aurait dû nous empêcher de percevoir autre chose que l'importunité, elle en gravait au contraire en nous un souvenir tellement doux (tellement plus précieux à notre jugement actuel que ce que nous lisions alors avec amour) que, s'il nous arrive encore aujourd'hui de feuilleter ces livres d'autrefois, ce n'est plus que comme les seuls calendriers que nous ayons gardés des jours enfuis, et avec l'espoir de voir reflétés sur leurs pages les demeures et les étangs qui n'existent plus.» (Fuente)

Non vi sono forse giorni della nostra infanzia che abbiamo vissuto così pienamente come quelli che abbiamo creduto di aver trascorso senza viverli, i giorni passati in compagnia di un libro prediletto. Il gioco per il quale un amico veniva a cercarci durante il brano più interessante, l'ape o il raggio di sole fastidiosi, che ci costringevano ad alzare gli occhi dalla pagina o a cambiare di posto, le provviste che ci avevano dato per la merenda e che lasciavamo accanto a noi su una panca, senza toccarle, mentre sul nostro capo la forza del sole andava diminuendo nel cielo azzurro, il pranzo che ci aveva costretti a tornare a casa e durante il quale pensavamo solo a quando, subito dopo, saremmo saliti a terminare il capitolo interrotto, vale a dire tutto ciò che, a quanto sembrava, riempiva quei giorni per gli altri, e che noi respingevamo quale ostacolo volgare a un piacere divino, e di cui la lettura avrebbe dovuto farci percepire soltanto l'inopportunità, tutto ciò ce ne imprimeva invece un ricordo così dolce (tanto più prezioso, a nostro giudizio attuale, di quello che allora leggevamo con amore) che, se ci capita ancor oggi di sfogliare i libri di una volta, altro non vediamo in essi se non gli unici calendari che abbiamo conservato dei giorni fuggiti, e con la speranza di veder riflesse sulle loro pagine le dimore e gli stagni che non esistono più."  ( Il piacere della lettura, Milano, Il Saggiatore – NET n. 1, 2002, pagg. 9-10, nella traduzione di Cesare Salmaggi, edizione fuori commercio) (Fuente)

10357831_686613701425769_2968956880956978299_n(Fuente de la imagen)

2

"Tant que la lecture est pour nous l'initiatrice dont les clefs magiques nous ouvrent au fond de nous-même la porte des demeures où nous n'aurions pas su pénétrer, son rôle dans notre vie est salutaire. Il devient dangereux au contraire quand, au lieu de nous éveiller à la vie personnelle de l'esprit, la lecture tend à se substituer à elle, quand la vérité ne nous apparaît plus comme un idéal que nous ne pouvons réaliser que par le progrès intime de notre pensée et par l'effort de notre coeur, mais comme une chose matérielle, déposée entre les feuillets des livres comme un miel tout préparé par les autres et que nous n'avons qu'à prendre la peine d'atteindre sur les rayons des bibliothèques et de déguster ensuite passivement dans un parfait repos de corps et d'esprit."  (Marcel Proust, Sur la lecture, La République des Lettres)

Mientras la lectura sea para nosotros la iniciadora cuyas llaves mágicas nos abren en nuestro interior la puerta de estancias a las que no hubiéramos sabido llegar solos, su papel en nuestra vida es saludable. Se convierte en peligroso por el contrario cuando, en lugar de despertarnos a la vida personal del espíritu, la lectura tiende a suplantarla, cuando la verdad ya no se nos presenta como un ideal que no esté a nuestro alcance por el progreso íntimo de nuestro pensamiento y el esfuerzo de nuestra voluntad, sino como algo material, abandonado entre las hojas de los libros como un fruto madurado por otros y que no tenemos más que molestarnos en tomarlo de los estantes de las bibliotecas para saborearlo a continuación pasivamente, en una perfecta armonía de cuerpo y mente.

Marcel Proust: in compagnia di un libro