viernes, 30 de octubre de 2015

¿Por qué siempre decir jalogüín? Porque es más fácil decir jalogüín que decir “día de los muertos”. Entradas periódicas

 

¿Por qué decimos jau?/¿Por qué decimos  jau?/ Porque es más fácil decir jau, que decir cómo has estao… (Peter Pan, W. Disney)

Versión original: Why does he ask you, "How?"
Why does he ask you, "How?"… (Peter Pan, W. Disney)

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato(Fuente de la foto)

Pues eso, que Halloween tiene la maldita gracia de lo que no se sabe bien qué es, como Japón, tan de moda entre los que nunca hemos estado allí,  o España para algunos románticos que no habían pisado el suelo patrio y veían bandidos y manolas por doquier. Además, con cuatro ideas básicas, de esas que se aprenden en las clases de idiomas, uno ya sabe lo bastante de Jalogüín o de lo que haga falta. Yo tampoco sé mucho al respecto, pero tengo entendido que un grupo de niños desarrapados se acerca a tu puerta y, en actitud mafiosamente infantil, te someten a una especie de simulacro de chantaje… En fin, que las cosas serias me despiertan el espíritu cascarrabias y pienso que todo se hace para  tratar a los muertos de perfil, no vaya a ser que digan, déjate de paridas, a la mierda las calabazas, que yo quiero los crisantemos de siempre y un paseo bordeado de cipreses

Me cuesta recordarlos  también a mí  y, sobre todo, si pienso en Ella, negra morte, todo se me oscurece, me da pavor calcular las veces que me ha pasado cerca en estos años solapada en la enfermedad, años, una caída un poco tonta.

Muertos más cómodos de recordar son los muñecos que un día tuvimos. Tal vez no sea casualidad que me encuentre estos días que huelen a ceniza con una galería de fotos llamada "Much Loved", del fotógrafo irlandés Mark Nixon. Se trata de viejos peluches que merecerían un orfanato, como dice Tom

Quei vecchi peluche tanto amati, la raccolta del fotografo Nixon

Waits de las bicicletas en desuso. Los miro buscando encontrar en sus ojos  algún parecido con el muñeco que un buen día enterré en un armario y del que no me volví a acordar, al que tanto quise y después me apresuré en abandonar para dejar atrás la infancia. No lo encuentro por ningún sitio. No sé mirar a estos muñecos con ojos chicos, pero hay algo que me ablanda en esos tejidos que han soportado mal  el trajín de la lavadora, costuras que han acabado cediendo ante tanto tirón, brazos que acabaron en casa del vecino.

Otros días mis muertos me aparecen en los pequeños actos en los que estaban presentes y hoy no están. Arden las ausencias entonces por un instante, breve, pero intenso, como un bofetón con la mano fría. Hoy, jalogüín, sin embargo, no me queda nada de ellos, parientes, amigos, héroes de tebeo, presentadores, cantantes. Los muertos que llevo dentro se han hecho caprichosos, y el niño que también llevo dentro, como un peluche abandonado con mirada de vidrio, está mas muerto que vivo él mismo, salvo cuando asoma la cabeza al trasluz de algún recuerdo agridulce.

Quei vecchi peluche tanto amati, la raccolta del fotografo Nixon

Quei vecchi peluche tanto amati, la raccolta del fotografo Nixon

Pero, ya que estamos en vena de disfraces y ocurrencias, de yoes añadidos, postizos o anhelados, he aquí unas fotos de las posibilidades que da jalogüín, muchas más, seguramente que el día de los muertos. se me ocurre, por ejemplo que a un niño se le puede bautizar Jalogüín. Seguro que a más de uno le parecía un nombre como cualquier otro, cosa imposible si el al bebé le quisiéramos llamar Díadelosmuertos.

Antiguos disfraces de jaloguín:

(Fuente de las fotos)

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

Halloween d'altri tempi: quei travestimenti dal passato

miércoles, 28 de octubre de 2015

Gimnasia facial: la monotonía del hipócrita o con la encía por delante

    Monsters(Fuente de la imagen)

Me dice mi experiencia, fuente de la que no hay que fiarse demasiado, pero tampoco desdeñar completamente, que el hipócrita común suele adoptar una postura única en la vida y que muchas veces esa postura consiste en ir con la encía por delante, mostrando una especie de perenne sonrisa de fingida beatitud, como si quisiera fardar de su felicidad. Es una mueca de papel de envolver demasiado tirante y si te fijas con atención, en los momentos de descuido, se les raja el envoltorio , dejando ver lo que hábilmente esconden, el monstruo indiferente que llevan dentro. Porque su actitud es pura ficción, postura, negación de la cambiante realidad,  indiferencia, al cabo, hacia los males ajenos. Pero es que en los casos extremos, también ocultan la realidad a sí mismos, a sus allegados, a los que tiranizan con la cotidiana muestra de la sus dentaduras y encías, sonrisa a la hora de desayunar, que hay que ser felices, coño, sonrisa a la hora de comer, que las lentejas abrasadas están cojonudas, sonrisa para merendar, que el bollicao es delicioso, sonrisa para dormir, que a dormir toca. Ah, y, claro, duermen roncando, ya que lo hacen con la boca abierta, para que se les siga viendo la encía. No vaya a ser que descubramos al monstruo que llevan dentro y le jodamos el negocio, el bufete, la consulta, la canonjía. Son esos monstruos de los que, cuando por razones misteriosas, explotan y la montan, pasando de la sonrisilla al cuchillo, en un cambio vertiginoso de actitud, sus vecinos dicen que eran excelentes personas que les cedían el paso en la puerta, les esperaban para subir en ascensor y siempre decían buenos días, aunque algunas veces les chocara que lo dijeran por la noche; son esos monstruos a los que cuando les pides ayuda, solidaridad, apoyo, te dejan de lado, porque quieren seguir sonriendo a diestra e siniestra, ser amigos de todos, equidistantes en sus negocios, sus bufetes, sus consultas, sus canonjías.

domingo, 25 de octubre de 2015

Qué contraria es la fotografía al fluir de las cosas, qué amiga, sin embargo, de la importancia que damos a algunas de ellas. Entradas reaprovechadas

(Fuente del gif)

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Algunos Gifs (Graphics Interchange Format) provocan una especie de hipnosis, proponen pequeñas secuencias de actos que uno querría pasarse toda la vida haciendo, ajeno a lo que ocurre a su alrededor, ciego incluso ante lo que le está pasando por dentro. Uno de mis Gifs otoñales favoritos consiste en pillar por sorpresa una novela y pasarme tres días leyéndola, con cara de perro absorto que solo atiende a la comida, tres cuartos de hora,  y vuelta a arroparme con las páginas del libro. Fueron días de adolescencia con, pongamos por caso, Chandler o Hammett, días a medio camino entre la cama y el sillón, que no volverán. Como un perro con el hocico pegado al suelo en pos de un rastro, intento revivirlos, pero persigo una ausencia irrecuperable, he hecho de ese instante un ritual que me permite olvidar que lo que busco es una ausencia que no va a revivir.

Los gifs son secuencias, bolitas de existencia, de ricino o de anís, más o menos significativas, más o menos extensas, que vuelven una y otra vez a empezar. Son algo más que fotos, pero pertenecen a la misma familia. Algunas enfermedades o manías son como gifs animados, Nadal que toquitea las botellas de agua, Gus, de Braking bad que se ajusta la corbata, Rajoy que sufre el pinochesco tic del guiño mentiroso. Hasta en la vida social hay gifs intermitentes, como el de la campaña electoral que no se cumple. Pero quizá donde cobran su verdadera dimensión los gif es en los mitos. Sísifo a vueltas con su piedra o el hígado de Prometeo picoteado por el águila, el pobre Ícaro escaldado, cosas del carácter empedernido o del instinto que nos esclaviza. Como dice Pániker que decía Jung, hay que pasarse la primera parte de la vida construyendo un yo fuerte que permita rechazar los asedios de los ejércitos invasores, vecinos, socios del mismo club, militantes del mismo partido, compañeros de trabajo, proyecciones ideales de uno mismo, para en la segunda parte derretir esa personalidad a fuerza de sencillez y comunión con el cosmos y los otros. Para lograrlo, nada de procurarse experiencias fuertes a partir de los cuarenta, nada de buscar revivir primeros amores, primeros viajes, primeras lecturas, fines de semana entre las páginas de un libro, intentos abocados a la insatisfacción. Prepararse para ser buenos abuelos, si es que llega la dicha y mucha buena serie televisiva …pero, por momentos, ¡qué nostalgia de la nostalgia, qué ganas de pegar el hocico al suelo lleno de hojas caídas!

sábado, 24 de octubre de 2015

La K de Kafka, según Mark Strand. Je suis Samsa

La noche de hoy es sorprendente, porque los relojes han de atrasarse una hora. Es seguramente ese espacio de tiempo artificial el momento ideal para que la metamorfosis en proyecto que  llevamos dentro se cumpla. Todos, en efecto, somos Samsa, IMGP4357 (2)

(Fuente del texto que aparece a continuación)

K de Kafka, y la autoridad de su peculiar realismo. En el primer párrafo de La metamorfosis, ha ocurrido lo inexplicable. Gregor Samsa despierta y ve que se ha transformado en un monstruoso insecto. Nuestro asombro queda inmediatamente mitigado por la tranquilidad con que el narrador describe al “nuevo” Gregor, ya que le interesa que nos imaginemos a Gregor mucho más que hacernos sentir algo por él. A lo largo de la historia, mientras Gregor se va desintegrando, nuestros sentimientos por él van aumentando considerablemente. Pero al principio lo único que sabemos es que Gregor ha sufrido una extraña metamorfosis. No se trata de que solo se sienta como un insecto, ni de que su despertar sea una ilusión y en realidad siga en un sueño incómodo. Es un insecto de verdad. La fuerza del relato depende de que aceptemos esta verdad excepcional. Si Gregor gritara al ver por primera vez su cuerpo, dejaríamos de inmediato de creerle. Ello indicaría que sabía o sentía el alcance de su desgracia cuando, en realidad, su desgracia no había hecho más que empezar. La descripción metódica y distante que Kafka ofrece de Gregor, que establece el tono, así como las fases de la historia, dificulta que el lector pueda revertir —aunque quisiera hacerlo— la extravagante premisa de la narración. Sería demasiado trabajo. Los hechos insisten en que cualquier duda que tengamos acerca de lo que ocurrió está condenada a carecer de fundamento. Estamos más seguros, de momento, si creemos en la desventura de Gregor que si no, porque, si no creemos en ella, ¿en qué creeríamos? No habría ninguna historia, y, lo que resulta igual de penoso, no habría ningún universo que acogiera lo inesperado.

miércoles, 21 de octubre de 2015

domingo, 18 de octubre de 2015

Quiasmo vandálico en la catedral de León. Duró lo que el rayo tras la zarza

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Dejando a un lado las meramente religiosas, hay muchas razones para que a uno le parezca mal este tipo de grafiti. Supone enseñorearse salvaje e ilegítimamente de un bien común, al menos en cierta medida, y su contenido es contrario al parecer de muchos, que, creyentes o no, pueden sentirse molestos u ofendidos, incluso desde un punto de vista laico, dado el tono claramente provocativo.

Cabe, sin embargo, señalar que el grafiti revela lo mismo que las provocaciones a las que a menudo el profesor debe hacer frente en el aula, el cuestionamiento de una autoridad que debe ser demostrada antes que impuesta. Existe seguramente tras el ácrata que hizo estas pintadas un desmedido reproche hacia un discurso que encuentra falso y en cuya legitimidad no cree. Las frases, no exentas de cierta voluntad de estilo, puesta de manifiesto por la figura retórica sobre la que están construidas, es muy probable que apunten al corazón de una institución cuyo discurso se debate entre la necesidad de ser aceptado sin cuestionamientos, gracias a la fe, y la dificultad que eso supone en el mundo de hoy en día. Además, se añade a lo anterior el nefasto ejemplo cotidiano de muchos de sus ministros.

Si no me equivoco, nada más acorde con la dicha cristiana que atraer al que no cree al rebaño de los creyentes. En eso también se parece la iglesia a los profesores con vocación. Podríamos pensar que si quien ha hecho estas pintadas se convirtiera, sería recibido con toques de campana de bienvenida en esa misma catedral agredida. Por mi parte, me conformaría con que unas buenas clases de educación cívica, le hicieran encauzar su malestar por otras vías menos agresivas. Aunque, más allá del desafortunadísimo sitio escogido para expresarlo, en lo que el grafiti pueda tener de impertinencia, también habría que recordar aquello que  señalaba Benet:  “Yo creo bastante en la eficacia de la impertinencia, sobre todo en la de determinadas opiniones impertinentes… En cierto modo esas opiniones son, por impertinentes, las más útiles, las más atractivas.Si las opiniones se matizan, pues se vulgarizan, y entonces caen en el lugar común. En cierto modo, la opinión radical puede hacer daño, pero no deja de ser un extremo del campo de la opinión, lo linda… Una opinión tajante es más atractiva que una opinión mesurada. Me gusta ir por el mundo con ideas radicales. Ya que uno no puede radicalizarse en la vida pública, sí al menos en la vida privada.” (Benet, Juan, Ensayos de incertidumbre, edición de Ignacio Echevarría,  Barcelona, Debolsillo, p. 477).

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Al día siguiente:

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viernes, 16 de octubre de 2015

Un día 16 de octubre de 1854 nació O. Wilde. En su tumba: Graffiti con amor: da mi basia mille, deinde centum, dein mille altera, dein secunda centum, deinde usque altera mille, deinde centum. Reedición de entradas.

“El ataúd era barato, y el coche fúnebre, de aspecto lastimoso…Cuatro carruajes siguieron al coche fúnebre (llevaba el número 13). Gide dijo que siete personas siguieron el ataúd, pero Miriam Aldrich dijo que eran catorce, incluida ella misma...Cuando se bajó el ataúd, Douglas casi se cae a la tumba... Fue enterrado en la tumba decimotercera de la fila séptima de la sección decimoséptima en Bagneux…Las humillaciones de Wilde habían terminado... Los restos de Wilde fueron trasladados de Baigneux al Père Lachaise cuando se levantó aquí el famoso monumento funerario de Epstein, en 1909. Cuando Ross murió, en 1918, en su testamento pidió que sus cenizas fueran puestas en la tumba, lo cual se hizo. El monumento lleva una inscripción de la Balada de la Cárcel de Reading:
And alien tears will fill for him/Pity’s long-broken urn/For his mourners will be outcast men/And outcasts always mourn
Ellmann, Richard, Oscar Wilde, Edhasa, 1990, p. 660-662 y 666.


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“Una avenida de olmos sin hojas en el Père Lachaise y de repente algo que se asemeja a una fortaleza o un castillo, y allí pegado, acurrucado, un ser con forma de pájaro y cara de hombre…Con su otra ala, que por lo tanto no veo, está adherido a la pared de la tumba, de modo que tampoco sé si en esta ala …está el mismo texto que figura en la que observo, una información sobre el pájaro tan peculiar que está enterrado aquí y que fue demasiado impetuoso y colorista  para su hipócrita época”.
Nooteboom, Cees, Tumbas de poetas y pensadores. Fotos de Simone Sassen, De Bolsillo, 2009, p. 324.

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1892. 1er janvier. “Wilde ne m’a fait, je crois, que du mal. Avec lui, j’avais déappris de penser”. (Gide, A, Journal, Folio, 2012. p. 45)


Hace unos meses Wilde me aparecía casi allá por donde me ponía a curiosear. Primero, en una anotación del Journal de A. Gide, la que encabeza este párrafo; después, en una reseña de la Revista de libros sobre la traducción de sus ensayos y en el estudio de la larga enfermedad que sufrió su mujer, Constance Lloyd. ¿Por qué Oscar Fingal O’Flagertie Wills Wilde no le dejaba pensar a Gide? Parafraseando a R. Longhi sobre El Greco, Wilde quizá es demasiado deliciosamente poético para ser olvidado, demasiado personal para ser principio de una nueva tradición (Breve pero auténtica historia de la pintura italiana, La balsa de Medusa, 1994, p.130). La brillantez de sus síntesis en forma de aforismo deslumbra tanto que ciega la razón, porque está todo tan definitivamente condensado que se le quitan a uno las fuerzas y las ganas de glosar o vagabundear por los matices que la cuestión pudiera plantear. Deslumbra, como un perfecto eslogan publicitario de neón intelectual. También cansa.
Seguramente, Wilde nunca formará parte del canon de los cánones. El Retrato de D. Gray, por momentos, se me cae de las manos, que suelen ser bastante firmes. Mi recuerdo más intenso está ligado a la descripción de la ciudad al amanecer cuando los afortunados vuelven a casa y los desgraciados, bocata en faltriquera, acuden al trabajo.
Parte de la poesía, algún espléndido cuento, sus ideas, tal vez eso es lo que haya legado al porvenir. Y sobre todo su sufrida coherencia, lo que hace creíbles a las personas, predicar o espantar con el ejemplo: Cristo dandy, Mandela esteticista, mártir victoriano, personaje de Coetzee, su dignidad hizo que, a partir de 1985, su tumba del Père Lachaise se llenara de besos, y que, tras la restauración de 2011, los paneles protectores del mausoleo volvieran a llenarse de altera mille basia.

Merlin Holland, nieto del escritor, señaló con razón el día de la inauguración de la tumba restaurada, poco antes de que se volviera a llenar de besos,  cómo el "Graffiti tends to be protestatory. Other graves of people who are admired tend to get little bits of paper with notes scribbled and flowers. The kissing phenomenon is reserved entirely for Oscar. [I am] deeply touched that this man who had been … hounded out of England is now adored by all his fans. But the destruction of the monument was terrible. It was such a mess … this is just not the way to show your love for him."

miércoles, 14 de octubre de 2015

(Sin) recambios G. Alix. La exposición del Musac: Pecios del buque Verdad

Advertencia: Salvo indicación expresa,  las fotos que aparecen en la entrada no son sino malas instantáneas hechas por mí de los originales expuestos en el MUSAC (León)

ALBERTO GARCÍA-ALIX. Chopper (2014). Ed. 2015. Cortesía del artista.ALBERTO GARCÍA-ALIX. Chopper (2014). Ed. 2015. Cortesía del artista. Fuente: Musac

En las sombras neogóticas de los chasis, en las divinidades, nuevas Ateneas, que nacieron armadas de coqueto casco, bandid@s jainitas del aire, o en aquellas diosas que evocan una especie de elegante Swinging Madrid de extraradio; en los monarcas de arrabal, en las reliquias de

ALBERTO GARCÍA-ALIX. Fred (2010). Ed. 2015. Cortesía del artista.ALBERTO GARCÍA-ALIX. Fred (2010). Ed. 2015. Cortesía del artista. Fuente: Página web del MUSAC

IMGP5631una escatología descreída, cetros aceleradores, cables látigo que hacen rugir o pastar a los caballos; en las motos,  -que más que ruidosos y anodinos ingenios mecánicos parecen proyectos perfeccionistas de otra manera de vivir- toma cuerpo el hermoso espejismo de una melancólica pero decidida y refinada voluntad de distinción, el intento, tal vez ensimismado, de escaparse a un universo paralelo. Tienen algo los moteros de Alix del anhelo de la caballería tardomedieval, poblada por personajes obcecados en mantener códigos a contracorriente, en poner quilómetros de distancia, reales y figurados, frente a una realidad insoportable. Comparten todos ellos una hermosa e inútil añoranza de libertad, de búsqueda quizá reaccionaria de desalienación. Quién sabe si los moteros no harán votos como los de los caballeros errantes, dispuestos a mantener un ojo guiñado hasta el final de una batalla o a no bajar de su montura hasta no tomar Jerusalén, quién sabe qué apuestas harán los moteros, empeñados quizá  en no meter la primera marcha hasta llegar a Finisterre o en resolver dameros malditos sobre la moto. Su vida es al cabo expresión tardía de un anhelo de santidad sin dios, último refugio heroico.

El artista rebelde busca las formas alternativas de vida en los intersticios por los que se cuela algo distinto de la maldita globalización uniformizadora impuesta por el capitalismo liberal rampante. Pasolini, por ejemplo, durante un tiempo, quiso buscar esa sal de la tierra en el subproletariado emigrante del sur al norte de Italia. Creía que “aquellos marginados del incipiente estado del bienestar habían logrado preservar una inmensa potencia política capaz de desafiar la cultura capitalista” (1). El universo de Recambios Alix parece menos consciente, menos politizado, pero al tiempo más sentido, más vivido en primera persona.  De la tribu de la que rescata vestigios fotográficos le interesa tanto la ética como la estética, la parafernalia tanto como las densas relaciones sociales de sus miembros. Enternece esa especie de sagrada familia motera, padre con el retoño a cuestas, ligeramente sobrealimentado y con unas patolas que dan ganas de comérselas. Si sustituimos la moto por el burro, casi parece una parada del camino hacía a Egipto por un camino que en este caso lo es todo.

ALBERTO GARCÍA-ALIX. Castellón 40 (s.d.). Cortesía del artista.ALBERTO GARCÍA-ALIX. Castellón 40 (s.d.). Cortesía del artista. Fuente: Página web del MUSAC

Y enternece estéticamente, en este caso, lo que parece un  autorretrato con barba de unos días y nariz tostada, radios como ideas, quizá porque es el epítome del ideal de rigurosa existencia inquieta que mueve a estos 

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nuevos caballeros andantes con el paraíso entre las piernas, no se sabe bien si a la búsqueda o huyendo de entuertos y enredos. Ay, qué querrán ser si un día despiertan de su locura. Don Quijote proyectó hacerse pastor, pero no le dio tiempo. Entre tanto, Alix encuentra pecios de la verdad de la vida en sus usos y costumbres. Una certeza tengo, en los ratos de insomnio, a menos que se hayan vuelto locos de remate, estos nobles no se imaginan a sí mismos como emprendedores, lo que antes llamábamos empresarios, la figura que el pensamiento dominante quiere que asociemos con el espíritu de aventura, con la libertad.

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ALBERTO GARCÍA-ALIX. El argentino y su Yamaha 1000 (1989)ALBERTO GARCÍA-ALIX. El argentino y su Yamaha 1000 (1989). Fuente: Página web del MUSAC

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(1) Rendueles, César, Capitalismo canalla, Barcelona, Seix Barral, 2015, p. 183.

martes, 13 de octubre de 2015

La taquilla de un cine que cerró hace años. León, octubre de 2015

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León, octubre de 2015. Meto la máquina de fotos a través del hueco que queda entre los paneles que han colocado para cerrar el hueco de la taquilla, antes seguramente cubierto con un cristal. La reja, con la puertecilla central a través de la que se pagaba, evoca la entrada de un gran edificio. El contraste entre el  aire señorial del proyecto y el semiabandono en que se encuentra en la actualidad me llaman la atención. Con la ayuda del flash, sin saber lo que estoy fotografiando, disparo varias veces. El resultado son las fotos que aparecen en esta entrada.


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Todos los cines de barrio y muchos de estreno cerraron al mismo tiempo hace no sé cuántos años. De un día para otro amanecieron abandonados. Fue cuando definitivamente ya no se podía llevar la merienda de casa, ni botellas de vidrio con agua del ayún, ni comer pipas, ni entrar y salir de la sala para descansar de tantos romanos, cuando en las filas de atrás ya no hacía el mismo calor y las manos habían dejado de ser felices. De repente, los programas dobles dejaron de existir, no tuve nunca más jaquecas producidas por  las caras de aquellos pistoleros espagueti que tocaban la armónica del infierno. También mi abuela, con la que iba al cine, se ausentó silenciosamente una noche para siempre. Entró por la boca del metro de Manuel Becerra y no la volví a ver. Antes, como todos los días, había dejado la cena casi hecha, las patatas fritas, a la espera de que volviera mi madre para freír los huevos. O quizá no, los huevos siempre estuvieron hechos,  en un nebuloso nimbo sin tiempo, un milagro siempre reciente, calentito aún. Murieron aquellos cines que fueron colchones de amor, enciclopedias populares, reyes de los sábados. Me decía un amigo que los romanos y los cristianos medievales y en general todo cristo que llevara túnica se metía mano a escondidas del director, del público. Fue la primera vez que oía la expresión, meterse mano, con ese pronombre –se, que hace recíproca la acción. Le di vueltas al asunto y me quedé con la duda de si  uno a sí mismo puede meterse mano o solo meter mano, cosa que es mucho peor, porque la gracia no reside  tanto en la parte activa como en la pasiva.

Antes de entrar en el paraíso había que pasar por la taquilla. Sigue siendo necesario, pero ahora en casi todos los cines, multicines, hay multitaquillas, mientras que antes estabas condenado a la vía única, tras la que te esperaba una señora, casi siempre entrada en edad y cargada de laca, que a veces hacía punto mientras se ocupaba de dar las vueltas. En lugar de Perded cualquier esperanza, como dice Dante que está escrito a la entrada del infierno, ir al cine, por lo menos como atisbo, significa recobrar la ilusión. La taquilla en mi imaginario siempre siempre tuvo escrito encima, impreso sobre cartulina o escrito en letras de neón, la frase contraria a la de Dante, Aquí se abre una ventana a la ilusión.

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lunes, 12 de octubre de 2015

12 de octubre. Apocalipsis pilarista. Entradas remasticadas

“Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine, sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu.”  (Charles Baudelaire) 
Traducción: “No paso nunca delante de un fetiche de madera, un Buda dorado, un ídolo mejicano, sin decirme a mí mismo: Quizá es el dios verdadero.”
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Me cuenta mi quiosquero, un hombre simpático e ingenioso, uno de sus recurrentes sueños apocalípticos sobre la Plaza del Pilar. Al acercarse el 12 de octubre se produce una enorme crecida del Ebro, nunca vista, diga de un rebrote de fervor trasvasista.  El sueño es una mezcla de cine de acción e instantáneas de un improbable reportaje en papel cuché de, pongamos por caso, Diez Minutos. Como en un caleidoscopio manejado por un brujo perverso, aparecen baturros arrastrados por la corriente. Cada poco, para respirar, sacan a flote los morros en forma de boca de pez, pero se les va viendo cada vez más agotados por el esfuerzo de intentar no hundirse a causa de los ajustados trajes típicos. Los siluros carnívoros del sueño, de los que pronto serán pasto, aguardan pacientes, sabedores de que sus carnes tolendas saben mucho mejor que el barro que les toca zamparse a diario. Las baturras corren sin embargo mejor suerte, pues se quedan enganchadas a la maleza de la orilla por las orejas, gracias a sus pendientes. Algún siluro las visita, pero más que nada para susurrarles galanterías al oído a punto de desgarrarse.

De repente, sin embargo, las aguas comienzan a amansarse, los remolinos pierden velocidad, algunos maños incluso consiguen agarrarse a los pilares del Puente de Santiago, hasta que como por encanto la corriente se para y las aguas se dividen en dos, dejando, además de varios carriles bici expeditos, unos claros semisecos. En seguida, hay ya alguno que se empieza a aclarar la voz para echarse un cantecito típico de su lugar de origen, mientras otros intentan recomponerse el traje, aligerándose del barro que les cubre. Al poco, quien más quien menos empieza a bailar, aquí sevillanas, ahí pericotes, allá danzas endiabladas, y acullá una jota, cabe la basílica. Se oyen olés, oles, halas, halás y hasta algún Alá mezclado entre los múltiples acentos de las tierras de España. Todos gritan viva el Pilar, y viva el Pilal repite el grupo japoaragonés, justo antes de que los remolinos empiecen de nuevo a formarse y el espacio libre dejado por las aguas a vuelva a estrecharse. 

El quiosquero se ve  a sí mismo diciéndoles adiós, buen viaje, salúdenme a sus parientes, hasta que nos volvamos a ver, mientras nota que los únicos que se han librado esta vez de los rápidos son un grupo de bailarines de sardana que se había puesto a salvo sobre una elevación en la que han izado un mástil con una bandera que en el sueño no se podía identificar.

“Pero, lo más sorprendente -me confiesa mi amigo- es que veo cómo la imagen de la Virgen es arrastrada por el agua y al día siguiente, cuando vengo al quiosco a ordenar los periódicos, leo que ha sido encontrada, mojada, pero intacta, en un huerto murciano. Al final del sueño, en vez de aparecer las palabras The end, como me suele pasar, leo sobre la pantalla de mi frente despejada Némesis”.

La potencia de esta pequeña imagen de la virgen es tal que no puede dejar de producir desvaríos de la razón. El mío, más realista que el del quiosquero, cosiste en verme paseando al amanecer sobre una plaza del Pilar que se ha convertido en grandes cascotes, porque debajo algo muy importante que no llego a saber qué es. Voy con mi pero, y no paro de decirle que tenga cuidado, que se va a hacer daño, y que deje de olisquear, no vaya a descubrir algo desagradable.

Manuel de Lope en Iberia. La imagen múltiple (Debate, 2005) veía la basílica de El Pilar de Zaragoza como una central nuclear religiosa de la que capilla de la virgen sería el núcleo del reactor, y los curas y personal a cargo del templo, los técnicos que se ocupan de su mantenimiento. La zona de enfriamiento de las aguas podría ser la fuente que en forma de cascada se encuentra en un extremo de la plaza. Desde luego, el espacio es demasiado grande como para no sospechar que se trata de algo más que una mera plaza de ciudad de poco más de medio millón de habitantes. Quizá es un aeropuerto ideado por los americanos. Se lo diré a mi quiosquero,  a ver si ha tenido algún sueño esclarecedor.

Esta inmensa plaza, el día 12 y 13 de octubre se resume en la pirámide que ideó Bigas Luna, al siempre tuve por un descreído de aúpa. Nadie mejor que ellos, los descreídos, sin embargo, para las puestas en escena populares, barrocas o surrealistas. Piensen si no en las provocadoras imágenes religiosas de Buñuel. La conocida ofrenda que se celebra estos días incluye la colocación a la vista de todos de una réplica de la imagen de la Virgen encima de dicha pirámide. A cualquiera que pase por allí sin conocer de qué se trata le sorprenderá el tamaño de la virgen en relación al alboroto y profusión floral que la rodea. Según van pasando las horas, las flores empiezan a marchitarse y producen efluvios, de ahí quizá provengan delirios como el del quiosquero y el mío. No se me ocurre otra explicación.

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