viernes, 18 de octubre de 2013

En la arena escribí tu nombre, en la biblioteca te confesé el mío. Al límite de la cursilería.

 

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“Luego subió el morro, volvió a tomar altura y ya estaba volando sobre el centro de Concepción. Y ahí, en esas alturas, comenzó a escribir un poema en el cielo. Letras de humo gris negro sobre el cielo azul rosado que helaban los ojos del que las miraba. JUVENTUD… JUVENTUD, leí”. (Bolaño, Roberto, La literatura nazi en América, Planeta, 1999, p. 210)

scritte sui muri, errori degli innamorati

Hablar en una biblioteca bajito, justo por encima del límite del susurro, oírte decir cosas serias con la voz dudosa de quien no domina el aliento, saborear las palabra que adquieren cuerpo y saben a trozos de marrón glacé, a pastillas de café con leche de Camilo de Blas. Quedar en un banco de la sala de lectura solo para hablar, sentir la emoción de que lo que dices es para mí, que me buscas con tu verbo, que siento tu emoción  dulce disuelta en el discurso, que se pega a las palabras como pelillos de azúcar hilada. Y saber que al final tendremos que salir al pasillo, ir al jardín, sentarnos junto a la escultura de Diana cazadora.

Hablar donde no se puede, decir hola en una iglesia,  escribir donde no está previsto, en la arena, en las nubes, en un ordenador, cuando todavía, hace 30 años, tenía el halo de prestigio de lo nuevo, recordar el calor de las palabras cuando nacieron, su latido primitivo, su capacidad para nombrar mágicamente las cosas, mágicamente, de manera que pesen más que las cosas mismas que nombran, hagan más daño aun o den más placer que los arañazos, las caricias. Escribir tu nombre en la arena, en las paredes, en el agua, en la palma de mi mano, es nombrarte más allá de lo que fuiste, escribir poesía sin haber escrito un poema.

scritte sui muri, errori degli innamorati

 

scritte sui muri, errori degli innamorati

 

scritte sui muri, errori degli innamorati

(Fuente de las cuatro fotos  anteriores)

 

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miércoles, 16 de octubre de 2013

Los animales en cautividad de Wolf-Dietrich Ademeit. Dignidad por narices.

Me pongo de pie en los días negros.
El paladar amargo,
chorreando la pereza de un animal de circo
(Motín,  Charo de la Varga)

El fotógrafo alemán Wolf-Dietrich Ademeit ha hecho más de setecientas instantáneas de animales de zoo. Las hay en blanco y negro y en color. Las primeras tienen los fondos oscurecidos, de manera que destaca mejor el perfil de los animales, generalmente retratados de uno en uno o en pareja. En las declaraciones que leo en el sitio web del que están copiadas las fotos que reproduzco al final de este pequeño texto de introducción, Aderneit comenta que empezó a retratar a animales cautivos en 2006 para poner en evidencia la gracia y la belleza de esas criaturas. Dice, además, que la gente le suele comentar que sus fotos muestran la dignidad que caracteriza a los animales privados de libertad.

Miro una cuantas de estas instantáneas y no puedo evitar acordarme de mis momentos cautivos en grupo, cuando era un boy scout, cuando hice la mili, en alguna que otra terapia, quizá de vacaciones con mis hermanos, en una breve y única turné por los pueblos de Almería para representar Esperando a Godot…y me veo en la piel de esos animales, dejando  pasar el tiempo mientras juego con algún insignificante objeto, un boli, quizá o unas llaves con las que me hurgo las uñas. Lo hago sentado al sol, el mejor amigo, del solitario sin depresión. También me veo andando por el cuartel sin una meta clara, entablando conversación con algún colega que, como yo, reniega de la experiencia cuartelera, pero aprecia por un instante la compañía. Me veo desperezándome, intentando alejarme de los demás, desganado, sin fuerzas. A veces, para vengarme de las privaciones, me entra un ataque furibundo de ansia lectora y entonces arranco unas páginas de mi libro de Proust y me las llevo a la garita para leerlas durante la guardia, porque ya me sé la historia de la llegada de los bárbaros o de los tártaros. No hay mucha dignidad en todo ello, a menos que se entienda la dignidad como un resto de resistencia, una respuesta ensimismada a la pérdida de libertad. Si acaso, veo una brizna de nonchalance en el mono que parece un majo desnudo y peludo de Goya, o un eco de la elegancia en esa sensual cebra que recuerda a la esfinge sin secreto de Wilde. Pero quizá quienes mejor expresen la dudosa dignidad del cautiverio dulcificado, parecido tal vez al de las cárceles doradas de los centros de vacaciones con todo pagado, los cruceros de muchas estrellas para familias enteras, las residencias de tercera edad, los zoos de Alemania, sean esos lobos que miran desconfiados, pero dispuestos a vender su alma al diablo, tristes, tan juntos, tan limpios y aseados que hacen dudar sobre si en algún momento les preguntaron si querían ser dignos en un zoo.

Meraviglia allo zoo, gli scatti artistici di Ademeit

 

Meraviglia allo zoo, gli scatti artistici di Ademeit

 

Meraviglia allo zoo, gli scatti artistici di Ademeit

 

Meraviglia allo zoo, gli scatti artistici di Ademeit

 

Meraviglia allo zoo, gli scatti artistici di Ademeit

 

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lunes, 14 de octubre de 2013

Otros años nuevos. Fin de fiesta

 
Cada año nuevo
Cielo y tierra en armonía
El primer día

¡Qué soledad!
Después de los juegos artificiales
una estrella fugaz. (Masaoka Shiki)

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sábado, 12 de octubre de 2013

Visiones apocalípticas el día del Pilar. Baudelaire en los escaparates de los alrededores.

 

“No paso nunca delante de un fetiche de madera, un Buda dorado, un ídolo mejicano, sin decirme a mí mismo: Quizá es el dios verdadero.”

“Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine, sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu.”  (Charles Baudelaire)

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Sondeo a mi quiosquero, un hombre simpático e ingenioso, para ver si comparte mis sueños apocalípticos sobre la Plaza del Pilar, y me confiesa que en una de sus pesadillas recurrentes cuando se acercan las fiestas se produce una enorme crecida del Ebro.  Baturros arrastrados por la corriente tienen dificultades para mantenerse a flote, a causa de los trajes típicos. Pero lo más sorprendente, me confiesa el quiosquero, es que veo cómo la imagen de la Virgen es arrastrada por el agua y al día siguiente, cuando vengo al quiosco a ordenar los periódicos, leo que ha sido encontrada, mojada, pero intacta, en un huerto murciano.

La potencia de esta pequeña imagen de la virgen es tal que no puede dejar de producir desvaríos de la razón. El mío cosiste en verme paseando al amanecer sobre una plaza del Pilar que se ha convertido en grandes cascotes, porque debajo algo muy importante que no llego a saber qué es. Voy con mi pero, y no paro de decirle que tenga cuidado, que se va a hacer daño, y que deje de olisquear, no vaya a descubrir algo desagradable.

Manuel de Lope en Iberia. La imagen múltiple (Debate, 2005) veía la basílica de El Pilar de Zaragoza como una central nuclear religiosa de la que capilla de la virgen sería el núcleo del reactor, y los curas y personal a cargo del templo, los técnicos que se ocupan de su mantenimiento.

La zona de enfriamiento de las aguas podría ser la fuente que en forma de cascada se encuentra en un extremo de la plaza, demasiado grande como para no sospechar que se trata de algo más que una mera plaza de ciudad. La conocida ofrenda que se celebra estos días, según la diseñó no mucho ha Bigas Luna, que tenía acciones en un local (El Plata, cabaret ibérico) no muy distante de allí, supone la colocación a la vista de todos de una réplica de la imagen de la Virgen. A cualquiera que pase por allí sin conocer de qué se trata le sorprenderá el tamaño de la virgen en relación al alboroto y profusión floral que la rodea, como ocurre con la grandiosidad del templo mismo en relación a su advocación. De ahí que la comparación con un reactor nuclear tenga sentido y quizá también que produzca delirios como el del quiosquero y el mío.

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Baudelaire en el blog:

- Contra Baudelaire, prevaricador ocasional.
- Otro (auto)retrato de Baudelaire. En la mirada está el principio de la condenación y de la salvación individual.

viernes, 11 de octubre de 2013

¡Más nada! y no ¡Más luz!, dijo Goethe antes de morir.

 

(Fuente de la imagen)

“El dudar y el no dudar, fue lo penúltimo que dijo Goethe, al parecer. Es decir, una frase de Wittgenstein. Y, poco después, las dos palabras que son sus más famosas: Mehr Licht! (¡Más luz!). Sin embargo, lo último que dijo Goethe realmente no fue Mehr Licht! sino Mehr nicht! (¡Más nada!). Sólo Riemer y yo –y Kräuter- estábamos presentes. Los tres, Riemer, Kräuter y yo, nos pusimos de acuerdo para hacer saber al mundo que lo último que dijo Goethe fue  Mehr Licht!  y no Mehr nicht! Por esa mentira, que es una falsificación, sufro todavía hoy, después de haber muerto ya hace tiempo Riemer y Kräuter”.

Bernhard, Thomas, Goethe se muere, Alianza editorial, 2012, p. 40, trad. M. Sáenz.

jueves, 10 de octubre de 2013

Alice Munro, premio Nobel. El diablo y la verdad están en los detalles.

Las grandes novelas son como las estaciones o lo años, largos ejercicios espirituales, viajes en tren de una punta a otra del país interior que nunca acabamos de conocer. Los grandes cuentos son partes del día, ratos al sol, satisfactorias visitas a la nevera.

Hay novelas que fingen basarse en un detalle seminal. En Pastoral americana, Roth, otro permanente candidato al Nobel, quiere juega a hacer creer que todo el desarrollo posterior de la trama parte de un beso inoportuno del protagonista a su hija, una especie de versión femenina y degradada de Jesucristo. Pero es solo un ardid de escritor. En algunos cuentos de Munro un detalle consigue descubrirnos un universo oculto, un gesto esconde  un drama o por lo menos, a través de él, la escritora consigue hacérnoslo creer. Su pericia está tanto en lo que dice como en lo que calla, su habilidad reside en saber elegir los ángulos, las tonalidades, una frase, un silencio, un movimiento durante un baño en un lago que da sentido a todo. Sí, ya sé que lo dicho vale para cualquier narración, pero en las más largas hay posibilidades de rescate, mientras que en  las cortas todo pende de un toque, de un detalle.

Esa es la Munro que yo recuerdo, maestra a la hora de hacer pasar el mundo por el ojo de una cerradura, la que encontré en Secretos a voces y en Escapada.

Cómo se acaba el placer real. Los efectos del tiempo y del hombre sobre la piedra de los reyes de Judea e Israel

  Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos, 160
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados, 165
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados (J. Manrique, Coplas por la muerte de su padre)
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Aprendí
la interminable lista
de reyes de Judea e Israel y el mundo
no fue mío
                      ni tu historia
violeta como tus ojeras de doncella (Pseudo M. V. Montalbán)

(Saul, David, Salomón, Roboam, Jeroboam, Nadab, Baasa, Ela, Zimri, Omri, Acab, Ocozías, Joram, Jehú, Joacaz, Joás, Jeroboam II, Zacarías, Salum, Manahem, Pekaia, Peka , Oseas, Abiam, Asa, Josafat, Joram, Ocozías, Atalía, Joás, Amasías, Azarías, Jotam, Acaz (Joacaz), Ezequías, Manasés, Amón, Josías, Joacaz II, Joacín, Joaquín y Sedequías)


Tienen las listas la virtud de mostrarnos la diferencia en el marco de la unidad. Detalles de lo mismo, facetas de una misma cara, aspectos de una misma idea. La primera serie que vi de cuerpos maltratados por la enfermedad fue en un atlas dermatológico: chancros, llagas, descamaciones, eccemas, reflejos del mal que está a la vuelta de la esquina, a la vuelta del amor, porque era un atlas de enfermedades venéreas, no venenéreas, como yo me empeñaba en decir, quizá porque leía el adjetivo de la portada demasiado deprisa, no me fueran a pillar con el libro en las manos. Aquellas fotos me enseñaron los estragos de la enfermedad, pero sobre papel cuché, porque la enfermedad de verdad, propia o ajena, solo la conocería mucho más tarde.


Después, vi la serie de los apóstoles del Greco en Toledo. Volví con fiebre de la visita. El fulgor de su mirada  en aquella pequeña sala adensaba tanto el aire que parecía una tienda de  chucherías. O, quizá, aquellas miradas más bien aceraban la atmósfera, como si los cuadros, las paredes, perdieran consistencia, como en una tienda de vinagrillos. Solo me quedó en la memoria la expresión ajena al mundo de los doce magníficos y el dragoncito de San Juan.


Foto2774Tuve, por fin, la suerte de ver juntos bastantes de los retratos de El Fayun. Son hombres y mujeres pintados en una especie de quintaesenciados fotomatones, hechos para ser pegados en la documentación que hay que presentar en la garita de la frontera con el  más allá. No creo que ningún cura o funcionario se atreviera a rechazar el ingreso de los hombres y mujeres que aparecen en esas tablillas. En realidad, tal es la nobleza y la densidad de sus miradas que al funcionario de turno no le quedaría más remedio que informarles discretamente que el más allá es solo un invento para que no se dejen de pagar impuestos de todo tipo.image


Por fin, hace poco, tuve la suerte de toparme medio por casualidad con la serie de los reyes de Judea en el Museo medieval de Cluny. Son esculturas maltratadas por el tiempo y por la santa saña revolucionaria en 1793. Parece ser fueron tomados por reyes de Francia y por ello arrojados al vacío desde la fachada de Notre Dame. Supongo que ya en el suelo sufrirían todo tipo de ultrajes por parte de los sublevados. Si hubieran sabido que una de las líneas  hereditarias estaba emparentada con el mismísimo Jesús, quizá  los resultaros hubieran sido peores. El caso es que los reyes acabaron escondidos en los bajos de un banco de París y de ahí pasaron a  manos del estado. Los restos de policromía aumentan  el contraste entre lo que un día fueron y lo que han acabado siendo, simples cuerpos maltratados por el tiempo y por la mano del hombre, una de las pocas circunstancias (nada desdeñable, por cierto) que el común de la gente compartimos con los monarcas 

He aquí algunas fotos de esos reyes:
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